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Málaga
Veinte años de la renovación de la calle Larios
Juan Gavilanes Vélaz de Medrano
Arquitecto
Francisco González Fernández
Arquitecto
El origen de la calle Marqués de Larios
Málaga es una ciudad condicionada geográficamente, como tantas del Mediterráneo, por su bahía, abrigada respecto al mar y protegida por el monte Gibralfaro sobre el que se asienta su alcazaba.
Es una ciudad que heredó una trama urbana cerrada en sí misma, de calles angostas y manzanas grandes, de origen musulmán, y que se adaptó bien al modelo conventual tras la reconquista en 1487.
Con motivo de la liberalización del tráfico marítimo promulgada por el rey Carlos III, se originó un resurgimiento económico que trajo consigo una importante pujanza durante el siglo XIX. En esa época Málaga se convirtió en un territorio de migración al que llegaron familias de todo el mundo.
Esta bonanza económica provocó la transformación de la ciudad conventual previa hacia un desarrollo en altura sobre la misma trama, con edificaciones de cuatro plantas de aspecto colonial. A su vez, tuvieron lugar operaciones de cirugía urbana de trazado municipal que intentaron higienizar el casco urbano, reduciendo el tamaño de las manzanas originales con aperturas de calles paralelas. Así surgió, a finales de XIX, el proyecto de la calle Larios (1891), la mayor apertura innovadora sobre la ciudad histórica.
La calle del Marqués de Larios supuso un profundo cambio en la trama urbana ya que se orientó hacia el puerto para unirlo con la plaza mayor. Este corte de 16 m de anchura que unió la actual plaza de la Constitución con el puerto conllevó el giro de 90º del antiguo eje principal de la ciudad, que pasó así del original este-oeste al nuevo norte-sur, con una innegable vocación comercial.
El corte de la trama medieval que supuso la apertura de esta calle en el XIX, obra del arquitecto Eduardo Strachan, tuvo uno de sus mayores aciertos en el cosido que estableció con la trama histórica, uniendo todas las calles adyacentes a través de las esquinas curvas, que diseñó en las nuevas manzanas que conforman la calle Larios. Mediante esta solución se consigue percibir esta calle con edificios parejos, de esquinas curvas, suaves y continuas que acuerdan con el resto de la trama a ambos lados de la nueva calle. Cada edificio posee distinta longitud al enlazar las calles laterales en diferentes posiciones y anchuras con la calle Larios. Pese a esta diversidad de encuentros, la calle presenta una gran armonía al mantener la altura de los edificios y poseer todos ellos una misma composición tripartita de fachada que transmite unidad
Más de un siglo después, el tráfico de finales del siglo XX desvirtuaba bastante la apreciación de la calle e impedía percibir con claridad el espacio público de esquinas redondas que la caracteriza.
A la izquierda, calle Marqués de Larios a principios del siglo XX (fuente: Archivo Histórico Municipal de Málaga). A la derecha, antes de su renovación, habitualmente ocupada por vehículos. (fuente: archivo fotográfico de Gavilanes, González y Pérez).
El Plan Urban como herramienta para la regeneración del Centro Histórico
Desde mediados de los años 90 del pasado siglo, los distintos planes Urban supusieron un revulsivo económico de origen europeo con el que el Ayuntamiento acometió mejoras en las calles del centro histórico con la voluntad de semipeatonalizarlas.
Desde el año 1999, el equipo de arquitectos integrado por Juan Gavilanes, Francisco González y José Ignacio Pérez intervino junto a la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU) en los proyectos de renovación urbana de las calles ya peatonales de Santa María y Sánchez Pastor y también, en las nuevas peatonalizaciones de las calles Strachan, Torre de Sandoval y Bolsa. Fue el primer equipo externo de arquitectos en hacerlo con la nueva corporación, a través de la concejala del distrito del centro histórico Olivia González y con el apoyo de la Oficina Municipal de Rehabilitación del Centro Histórico, dirigida por José María Gómez. El encargo lo tramitó la GMU, que hasta entonces elaboraba los proyectos de renovación de calles con los fondos Urban con técnicos propios, arquitectos e ingenieros.
La renovación urbana y la peatonalización de estas calles a partir de 1999 provocó una amplia rehabilitación de edificios y la llegada de negocios de hostelería. Esta actividad económica y el éxito de estas intervenciones movió al Ayuntamiento a acometer el proyecto conjunto de renovación urbana y semipeatonalización de la calle Marqués de Larios y de la plaza de la Constitución. Se trataba de lugares principales por donde pasaba el tráfico rodado y cuyos proyectos fueron encargados de nuevo al equipo de arquitectos formado por Gavilanes, González y Pérez en el año 2002. Posteriormente ese mismo equipo proyectó también la renovación urbana de la plaza de las Flores (2005) y de las plazas Spínola, Carbón y Siglo (2007).
Proyecto de renovación urbana de la calle Marqués de Larios
El proyecto que planteó el equipo redactor para la calle Marqués de Larios consideró tratar toda la superficie de la calle al mismo nivel, eliminando las aceras y usando para la pavimentación mármoles de distintos colores. En estos proyectos del semipeatonalización el suelo pasa a comportarse como una fachada, relacionando su materialidad con los edificios que la conforman.
Con este enfoque, el proyecto propuso dos bandas principales de paseo más engalanado. Esas bandas recorren la calle a modo de alfombras de un extremo a otro, con un detalle de arranque en la posición en la que se colocó la portada inaugural en 1891, en la proximidad a la plaza de la Marina y una solución de remate al llegar a la plaza de la Constitución. Para estos paseos principales se utilizó mármol Crema Marfil, con despieces de tamaño medio y franjas estrechas transversales con disposición aleatoria de mármol Verde y Veteado Río, que proporcionan una pincelada de color a todo lo largo y un carácter más festivo.
Para el centro de la calle y los bordes con las edificaciones, se optó por un tratamiento más neutro, acordándose así una jerarquía por zonas. Para estas zonas de fondo se utilizó mármol Sierra Elvira, que transmite un color gris cálido, en piezas de igual tamaño a modo de adoquín intermedio y de menor tamaño para los bordes con la edificación. Este adoquinado facilitaba los acuerdos con las calles adyacentes, respetando los trazados curvos de la calle y, a su vez, permitía mitigar las irregularidades de los locales comerciales.
El mármol Crema Marfil fue elegido por ser el predominante en los zócalos de la mayoría de los edificios del centro histórico malagueño del siglo XIX. El uso de este color claro permite que la calle se ilumine con la luz de Málaga y aporte una sensación de mayor amplitud, viveza y alegría. El espesor que se usó para todas las losas y adoquines de mármol fue de 10 cm sobre solera de hormigón armado.
Estas calles se dibujaron con una acusada precisión geométrica gracias al uso del CAD, lo que permitió hacer las combinaciones de tamaños y piezas con gran exactitud. A esto se le unió el uso de maquinaria de corte de piedra, que hoy día permite cualquier tipo de cortes, a gran velocidad y con cualquier medida.
Los arquitectos dieron bastante importancia al alumbrado público, partiendo de la idea de que se estaba trabajando en la rehabilitación de un espacio público histórico. Para ello, se recuperaron las últimas farolas originales que el Ayuntamiento conservaba identificadas a través de fotografías históricas de la calle, en la que siempre están presentes. Estas farolas aparecen en el proyecto como el único elemento vertical presente en el mismo y que sirve para articular el espacio de la calle, de 250 m por 16 m, al conformarse una especie de sección en V y permitir que la calle se entienda más como un paseo y no tanto como una plaza larga, una sensación que se tuvo durante la obra cuando la calle se encontraba despejada antes de su instalación. Para ello, se hicieron réplicas de fundición a partir de las originales y se utilizó una óptica actualizada que favoreciera el máximo confort visual (SGS). En el proyecto de 1891 las farolas fueron utilizadas como un elemento de alta tecnología y distinción que incorporaba el alumbrado por gas, de influencia parisina.
Otros elementos nuevos que se incorporaron desde el proyecto fueron los bancos, diseñados como grandes losas de 22 cm de mármol Veteado Río, que flotaban sobre la calle. Aunque inicialmente hubo mucha polémica para que pudieran instalarse a causa de algunas quejas de comerciantes y políticos, al final fueron salvadas.
Tanto desde el proyecto como durante la obra, se trabajó a dos niveles: por un lado, los ingenieros de la GMU actuaron en la renovación de los servicios urbanos y, por otro, el equipo de arquitectos se encargó de la ordenación del espacio urbano mediante la pavimentación, el alumbrado y el mobiliario.
El proyecto transmite todavía hoy la lectura que se hizo para potenciar la historia de la calle del Marqués de Larios como uno de los episodios urbanos más destacados de la ciudad.
Durante la obra, el Ayuntamiento permitió dejar la calle abierta para que fuese exhibida a la ciudadanía. Se colocaron unas pasarelas que conectaban los tránsitos con los comercios y además el planning de obra se hizo público y fue consensuado. La obra no interrumpió nunca la vida en ese trozo de ciudad.
Durante las fases de proyecto y, sobre todo, a lo largo de la obra hubo reuniones con todos los grupos ciudadanos implicados: vecinos, comerciantes, hosteleros, cofradías, técnicos, políticos y constructora para consensuar e ir informando de cada uno de los pasos. Eso facilitó que, al final, todos los implicados identificasen el proyecto como propio.
En este proyecto todas las partes intervinientes siempre fueron conscientes de la responsabilidad que suponía actuar en el corazón de la ciudad. La renovación urbana de la calle del Marqués de Larios y la plaza de la Constitución fue inaugurada en la Navidad de 2002 con la asistencia de unas 10 000 personas.
Hoy en día, la calle Larios está llena de vida a cualquier hora. Al principio del proceso de transformación hubo ciertas reservas por parte de comerciantes e incluso de políticos debido a la supresión del tráfico, pero al final se constató que la intervención funcionaba y embellecía el lugar. Se había conseguido subrayar la importancia de la calle del Marqués de Larios en el conjunto de la ciudad desde el punto de vista de su identidad y no tanto por su dimensión, sino por su capacidad simbólica. Esta actuación sirvió de punto de partida, con la autoestima renovada, para las profundas transformaciones que se han ido sucediéndose en la ciudad de Málaga a lo largo de estos últimos veinte años y las que vendrán en los años venideros.