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Málaga

Una paradigmática ciudad portuaria

La transformación urbana del puerto de Málaga

Alejandro Luis Grindlay Moreno

Dr. Ingeniero de caminos, canales y puertos.

Ángel García Vidal

Ingeniero de caminos, canales y puertos.

No hay otra infraestructura que caracterice tanto a una ciudad como la portuaria. De hecho, en general, ambas entidades han tenido un origen común y han evolucionado conjuntamente. El que sean dos realidades diferenciadas dará lugar a que se verifiquen distintas etapas en su relación, como se va a poner de manifiesto en multitud de ciudades portuarias. En el caso de Málaga, con casi tres milenios de historia, esta relación será paradigmática y la ciudad siempre fomentará su apertura hacia el puerto. Así pues, se van a poder reconocer una serie de periodos: desde sus orígenes unitarios hasta los desarrollos industriales de finales del siglo XIX, los cuales marcarán un segundo período de crecimiento-distanciamiento que, a su vez dará paso a un tercero de aislamiento y separación, reconocible claramente por la implantación del cerramiento portuario de las primeras décadas del siglo XX, para finalizar con un cuarto período de acercamiento e integración que va desde los últimos años del pasado siglo y se abordará en el presente artículo.

Antecedentes históricos y primeras etapas (1)

En este singular enclave de la costa mediterránea se van a ir sucediendo el paso y asentamiento de los primeros pueblos navegantes: fenicios, griegos, cartagineses y romanos. El primigenio desarrollo urbano del lado tierra acompañará al germen de la actividad portuaria en sus playas. En la ciudad medieval musulmana, cercada por las murallas, la actividad portuaria estará focalizada en el entorno de la Puerta del Mar, junto a las atarazanas (cuyo vestigio permanece como portada del mercado decimonónico). La historia moderna del puerto va a comenzar propiamente a finales del siglo XVI con la construcción de su dique-muelle de levante al pie del castillo de Gibralfaro, que definirá el recinto portuario con el malecón al pie de las murallas del mar. Tras la demolición de estas a finales del siglo XVIII, va a formarse el frente urbano-portuario malagueño, dominado por el imponente edificio de la Aduana (actualmente sede del museo de Málaga). En las primeras fotos del siglo XIX el cantil de los muelles es un hervidero de personas y mercancías mostrando la unidad existente.

La ciudad va a ir creciendo en torno a su puerto; por una parte, sobre los arrastres que la dinámica litoral va a ir depositando apoyados sobre el dique de levante a lo largo de su construcción y, por otra, sobre los que el río Guadalmedina va a ir depositando junto a su desembocadura. Eso dará lugar, respectivamente, a los barrios de la Malagueta y de la Alameda en torno al homónimo paseo ilustrado. La ciudad será igualmente testigo en las primeras décadas del siglo XIX de un incipiente desarrollo industrial y de la erección del hito portuario de la Farola, al final del dique de levante. Ya en las últimas décadas de dicho siglo verá las destacadas aperturas de las calles del Marqués de Larios y de Molina Lario, que vendrán a intensificar la conexión del centro urbano con el área portuaria en torno a la Plaza de la Marina.

Estos años serán también los de la primera gran ampliación portuaria, que va a crear una superficie extraordinaria junto a lo que luego será el centro histórico. De este modo, la separación de la ciudad del mar pasará de los 20 metros de media a los más de 200 para la creación del puerto moderno. 

Fuente: Elaboración propia.

Lo que, en principio, se pretendió que fueran solares para financiar las costosas obras portuarias finalmente se rescatará por iniciativa de Cánovas del Castillo —malagueño y por entonces presidente del gobierno— para la creación del gran parque de la ciudad, a modo de prolongación de la Alameda y constituyendo una magnífica transición con el puerto. 

Además, junto a estos nuevos espacios libres, el frente urbano portuario va a atraer la nueva fachada institucional y administrativa de la ciudad, acentuando su carácter central. Así, los nuevos solares generados entre el Parque y la Alcazaba serán ocupados sucesivamente por los edificios de Correos (posteriormente sede del rectorado de la universidad), el Banco de España y el Ayuntamiento junto a las sedes de otras administraciones, como la de Obras Públicas y la militar, que lindan con el ulterior Paseo de la Farola.

La delimitación administrativa de los terrenos portuarios a finales del siglo XIX se materializará posteriormente, en las primeras décadas del siglo XX, con el cerramiento de «la verja», dando lugar a la etapa de separación y aislamiento de un recinto que irá intensificando su actividad portuaria. No obstante, la ampliación del Muelle 1 y su calzada de servicio exterior junto al barrio de la Malagueta darán lugar en los años setenta al Paseo de la Farola, constituyéndose como un extraordinario balcón mirador de la ciudad sobre el propio puerto.

Pero la separación no solo vendrá de dicha verja sino también de la barrera generada por la vía de borde y el gran crecimiento del tráfico y sus externalidades en el potente eje viario litoral que discurre entre ambos por el denominado Paseo de los Curas.

La relación entre la ciudad y el puerto no fue fácil durante los años 90

El diálogo puerto-ciudad a finales del siglo XX

En las últimas décadas del siglo XX, las superficies portuarias aparentemente desocupadas van a ser objeto de la atención y las demandas ciudadanas buscando la apertura de la ciudad hacia el mar. Paralelamente, ante la pérdida de su principal tráfico, el de crudo, el puerto se reorientará a nuevos tráficos de mercancías contenerizadas y de cruceros. Sin embargo, dada su situación central en la ciudad, su progreso solo podrá dirigirse mar adentro, apoyándose sobre sus estructuras y sin poder ocupar nuevos tramos de costa. Así, la ampliación portuaria —con la prolongación del dique de levante y un extenso nuevo muelle para contenedores apoyado sobre el de poniente— permitirá la transformación urbana de sus muelles centrales para usos ciudadanos.

Pero la relación entre la ciudad y el puerto no fue fácil durante los años 90, cuando hubo una contestación ciudadana que se manifestó con numerosas alegaciones para reducir la edificabilidad comercial y las actuaciones inicialmente previstas. Finalmente, en abril de 2004 se firma un protocolo de acuerdo entre la Autoridad Portuaria y el Ayuntamiento de Málaga en el que se sentaron unas bases compartidas para la integración en la ciudad de los Muelles 1 y 2 del puerto.

En el cuadro siguiente se reflejan las actuaciones realizadas desde la aprobación del Plan General en 1983 hasta la firma del Protocolo en 2004; esto da una idea de lo complejo que resultó llegar al acuerdo.

La extraordinaria integración urbana de los espacios portuarios malagueños en el s. XXI

Al igual que en numerosas experiencias nacionales e internacionales, las potencialidades urbanísticas portuarias malagueñas —su máxima centralidad, su calidad ambiental y paisajística, su calidad cultural y patrimonial, y sus amplias superficies con carácter de dominio público2— serán bien aprovechadas con la apertura y transformación de los Muelles 1 y 2, los paralelos a los Paseos de la Farola y del Parque respectivamente (con unos 4000 metros lineales y 200 000 m2), pero manteniéndose la titularidad y la actividad portuaria a lo largo de los mismos. El 1 como concurso de concesión a un privado, y el 2 como concesión a la Junta de Andalucía.

El consenso entre puerto y ciudad se alcanzará con la consideración del Muelle 2como prolongación de la masa verde del Parque hacia el mar tras la polémica demolición del silo, y la limitación de los usos comerciales y de ocio, que se concentrarán a lo largo del Muelle 1, pero respetando la rasante del Paseo y la visual de la Farola.

El diseño del Muelle 2 se resolverá gracias a un concurso internacional que ganará la propuesta denominada el «Palmeral de las Sorpresas» y su desarrollo por intervención del gobierno autonómico dentro del programa regional de espacios libres. Va a contener una serie variada de jardines y actividades al aire libre formalizada con una trama de palmeras y una original pérgola que discurrirá paralela al muelle (y una pretendida lámina de conexión con la ciudad hasta la plaza de la Marina, conformando un itinerario peatonal hasta el centro, que no llegará a realizarse). En ella se integrarán una estación marítima para cruceros de lujo y megayates, un museo y un espacio didáctico —el Aula del Mar—, junto con algunos quioscos-restaurantes cuyas terrazas se irán ampliando sucesivamente.

Desarrollo de los Muelles 1 y 2. Fuente: Elaboración propia.

La renovación de los muelles tuvo lugar entre los años 2007 y 2011, y no estuvo exenta de dificultades técnicas

©Julia Matuzova

Por otro lado, el denominado Muelle 1 se conformará, aprovechando la diferencia de rasante entre el Paseo de la Farola y el puerto, como un centro comercial abierto de moderno diseño, con bares y restaurantes (en 7500 m²), tiendas y boutiques (en 2500 m²). Además, en la esquina entre dichos muelles se establecerá un amplio espacio para eventos, conciertos y un mercadillo de artesanía, con una importante superficie de uso público (de 29 000 m²) (3).

La operación incluirá una amplia dotación de aparcamientos subterráneos bajo ambos muelles, con alrededor de un millar de plazas, lo que completará su rentabilización y asegurará el acceso no solo a los visitantes del propio puerto, sino a los del centro urbano.

La renovación de los muelles tuvo lugar entre los años 2007 y 2011 y no estuvo exenta de dificultades técnicas, como las del anclaje de los elementos de la singular pérgola construida.

El Muelle 1 en 2004, antes de la transformación, y en 2017. ©Alejandro Grindlay.

Ulteriormente, un nuevo atractivo vendrá a completar la oferta comercial y de ocio con la cultural, puesto que, en 2015, se implantará en la esquina entre ambos muelles la primera sede del museo Centre Pompidou fuera de Francia. Sus salas se dispondrán bajo la rasante del Paseo de la Farola y por encima aparecerá un atractivo lucernario cúbico con cristales de colores diseñado por el artista francés Daniel Buren.

El logro urbanístico de la transformación de los muelles fue acreditado con el premio Andalucía de Urbanismo otorgado por el gobierno regional en 2016. Y su éxito se puede cifrar, además, por el número de visitantes que, según la Autoridad Portuaria, fueron más de doce millones en 2019, así como por haberse constituido el puerto «en una de las imágenes más importantes de la oferta turística de la capital». (4) 

Vista del Muelle 2 en 2004, con el silo en el centro, y en 2022, tras la transformación. ©Alejandro Grindlay.

Referencias

1

Todo este proceso está detallado en el libro de Grindlay Moreno, A.L., Puerto y Ciudad en Andalucía Oriental, Editorial Universidad de Granada: Granada, 2008.

2

Grindlay Moreno, A.L., Ciudades y puertos. Revista Ciudades, Instituto Universitario de Urbanística. Universidad de Valladolid, 11, pp. 53 – 80, 2008.

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