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Donostia/San Sebastián | Javier Olaverri Zazpe

Concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Donostia/San Sebastián (1987–1991)

“San Sebastián, con su calidad de vida, debería ser capaz de atraer talento externo”

Javier Olaverri fue concejal de Urbanismo formando parte de una coalición entre Eusko Alkartasuna (EA) y Euskadiko Ezkerra presidida por Xabier Albistur (EA). Sus cuatro años de gestión supusieron un cambio radical en el urbanismo donostiarra y el inicio de una forma diferente de trabajar, siempre primando el interés público. Creó la Oficina del Plan General (OPG), encargada de elaborar el plan urbanístico, que se aprobó definitivamente en 1995. Con el apoyo de la OPG, puso en marcha actuaciones que estaban paradas, en la mayoría de los casos modificándolas en beneficio de la ciudad. Entre sus principales aportaciones están los planes de Zuatzu, Miramón y Errotaburu (prácticamente 100% de vivienda de protección pública), así como la incorporación de Eskuzaitzeta como reserva de suelo con destino a actividades económicas.

Pablo Otaola Ubieta (Coordinador del número 3646).

¿Cómo era San Sebastián en 1987?

Esta ciudad siempre ha tenido un cierto modernismo a la hora de hacer urbanismo y eso se nota, por ejemplo, en el Ensanche de Cortázar de 1865. Pero, junto a esa racionalización técnica, siempre ha habido una habilidad fabulosa para especular con el suelo que ha conseguido que aquí todo sea de lujo. Hagas el peor barrio que hagas, aquí siempre es de lujo. ¿Cómo se puede impedir tener una ciudad en la que todo sea de lujo? Esto no figura en los manuales de urbanismo, pero forma parte del urbanismo real donostiarra.

Cuando llegamos al Ayuntamiento en 1987 vimos que la ciudad se había quedado anclada en 1977. Digamos que no había habido una reacción urbanística. Nos regíamos por un plan de 1962 que diseñaba una ciudad para 300 000 habitantes, cuando San Sebastián en aquel momento tenía del orden de 150 000. Como, por suerte o por desgracia, el plan no era viable técnicamente hablando, se había colapsado. Bajo el plan de 1962 solo se hicieron las operaciones más claras; luego hubo algunas intervenciones públicas para construir algo de vivienda y el resto era lo que le gusta al promotor donostiarra: pequeñas píldoras aquí y allá, todas de lujo, todas carísimas; un proceso que terminó con un colapso de la ciudad, que no crece, que no tiene vivienda y que, además, parece que no le preocupa.

¿Por qué cree que la vivienda es tan cara en San Sebastián?

La explicación que a mí me ha ayudado más a entenderlo la obtuve cuando, creo que con ocasión de la lectura del censo del año 1990, vi la respuesta a la pregunta: «¿Cómo ha conseguido usted su vivienda?» El 41% respondió que por donación. ¿Qué es un donostiarra desde el punto de vista de la vivienda? Un señor que tiene un patrimonio inmobiliario que espera vender al doble de su precio a cualquier guipuzcoano o turista que venga por aquí. A este donostiarra le interesa mantener unos precios altísimos para vivir de la herencia cuando herede. Así, los precios altos no le asustan como deberían asustarle porque se escapa de ellos por la vía de la herencia. Nunca he vuelto a ver esa pregunta en el censo y sería muy interesante ver cómo ha ido evolucionando la respuesta. Esta es una explicación que justifica que una ciudad que siempre está diciendo que la vivienda expulsa a la gente de la ciudad nunca diga al político que actúe al respecto, ni le premia si se pone a ello.

¿Cómo era el Ayuntamiento en 1987?

El Ayuntamiento estaba dominado por una burocracia que funcionaba por inercia y sin mucho impulso. Además, políticamente se había cometido un error enorme: separar la concesión de las licencias del área de Urbanismo. Había un concejal de un partido para una cosa y otro de otro partido, para la otra. Y, además, si uno era de Alianza Popular y el otro de Herri Batasuna, imagínate. Había una parálisis total.

Como anécdota, solo el alcalde y un concejal tenían despacho en el Ayuntamiento. El resto de los concejales trabajaban desde su casa. La primera guerra interna fue conseguir despachos para los concejales del gobierno y de la oposición, porque sin eso no entendíamos cómo se podía trabajar. Los cuatro concejales con delegación de Euskadiko Ezkerra nos instalamos en el antiguo despacho del secretario.

Cuáles eran los problemas urbanísticos en aquel momento?

La ciudad tenía un plan de 1962 que no dirigía y las fuerzas vivas habían conseguido dominarlo. Había una parálisis total.

Había llegado la ley del 75, que obligaba a renovar los planes, y aquí nadie lo renovaba porque no se atrevía a meterle mano a esa inmensa bola de gente que estaba esperando jubilarse con ese pequeño terreno de 3000 metros cuadrados diciéndose: «eso al menos vale medio millón». 

Xabier Agirre (EA), Javier Olaverri (EE), Félix Soto (HB) y Xabier Albistur (EA) durante un pleno municipal. Fuente: Ayuntamiento de Donostia/San Sebastián.
Edificios del Parque Tecnológico de Miramón. © Aitor Ortiz.

San Sebastián era una ciudad cara por lo que merecía la pena tener suelo, aunque fuera pequeñito. Era cuestión de esperar porque todos sabían que no se podían hacer planes a corto plazo.

¿Cuáles fueron las primeras decisiones que tomó en materia de urbanismo?

Pensaba que no se podía seguir así, que en algún momento había que atreverse a poner unas reglas de juego operativas, que funcionasen, que pudieran ser tramitadas y que soltaran la energía latente que había en la ciudad. Y esa era la labor de un Plan General.

Ikusi, que es una empresa importante de electrónica, nos dijo que se iba porque no tenía sitio para ampliar sus instalaciones. Yo pensaba que habría algo en este ayuntamiento, pero pronto comprobé que no había ni un metro cuadrado para ofrecerles. Me reúno con la cúpula de Urbanismo y les digo que la ciudad necesita suelo para la industria. Entonces me preguntan: «¿Y para qué quiere el Ayuntamiento suelo para la industria?» Y yo les contesto: «Primero, porque la Ley te lo da por la vía de la cesión del 10%; segundo, porque las ciudades necesitan comer y vivir: no todo el mundo es funcionario que vive del Ayuntamiento, la ciudad también tiene que ser un sitio de producción; y tercero, porque si una empresa se plantea venir o irse, la clave está en el suelo y, si no tienes nada que ofrecerle, no hay nada que negociar con ella». No es que les pareciera mal, sino que estaban sorprendidos. Conseguimos que Ikusi se quedara. Otra idea fue lanzar el mensaje a los factótums de la ciudad de que el urbanismo se iba a hacer con otras reglas. A quien viniera a pedir poner en marcha una tramitación urbanística, se le ponía una regla muy sencilla: el 50% de la plusvalía sería para el Ayuntamiento. Eso del 10% que dice la ley está muy bien para cuando se apruebe el Plan General. Y, además, que todos iban a ser tratados por igual.

¿Qué tal funcionó su propuesta del 50%?

Sorprendentemente pactamos. No con todos, algunos de los grandes se apartaron, pero otros siguieron, y al final se consiguió firmar un montón de operaciones con el criterio del 50%. Y así se pudieron poner en marcha trozos de ciudad. Mientras elaborábamos el Plan General había que poner en marcha actuaciones, y esas se hicieron con el 50%.

Nunca he conseguido entender la ley urbanística española. Que alguien venga al Ayuntamiento y te diga que tiene un terreno muy bueno en el que se pueden hacer 150 viviendas para lo cual solo necesita que el Ayuntamiento dibuje una raya en un sitio. Y, eso sí, que te cede el 10% porque la ley le obliga, que si no, tampoco. Esa persona viene aquí a que le regalemos, no sé, quince millones de euros. Eso no es normal. Al 50%, ya es otra cosa; igual entonces vale la pena entrar en el estudio de lo que propone.

¿Por qué eligieron a Patxo de León y la figura de una OPG?

La decisión de tramitar un Plan General se toma en el momento menos uno. Albistur y yo, antes de conocer los resultados electorales, pactamos que, si ganábamos, como esperábamos, pondríamos en marcha el Plan General, e incluso nos pusimos de acuerdo en su potencial director, que sería Patxo de León. Yo no le conocía personalmente, pero había ganado un Premio Nacional de Urbanismo por un planeamiento en Azpeitia y tenía las ideas muy claras de cómo hacerlo. Su elección fue un acierto total. Él propuso crear la Oficina del Plan General.

Plano de ordenación y ejecución de Zuatzu
Fuente: OPG y Google Earth.

¿Qué resaltaría de la Oficina del Plan General?

Con carácter general, mi impresión es que había claridad en las acciones. Todo el caos previo se ordena y se encauza. Además, fue capaz de adelantarse al plan general y poner en marcha actuaciones importantes sin tener que esperar a su aprobación final, por ejemplo, todo el plan de Ibaeta. Ese fue uno de los grandes éxitos: trabajar en el plan y, a la vez, adelantar actuaciones.

¿Qué actuaciones puso en marcha para la actividad económica?

Yo tenía muy claro que, además de la vivienda, había que hacer algo para favorecer la actividad económica. Ahí aparecen dos operaciones que creo que son significativas en la ciudad: Zuatzu y Miramón.

En Zuatzu se estaba a quince días de que la Diputación aprobara definitivamente la modificación del plan general para instalar allí un mercado de frutas. Les pedimos que lo pararan. Zuatzu está a la entrada de la ciudad y al lado de la Universidad, y pensaba que podríamos hacer ahí un parque tecnológico donde se concentrara el sector relacionado con la investigación. Aunque ha quedado mejor que con un mercado de frutas, la apuesta no ha salido bien del todo porque la gestión posterior no mantuvo la idea del proyecto inicial y ahora está lleno de despachos de arquitectos o de usos similares sin contenido tecnológico.

El suelo de Miramón era propiedad de la Kutxa y enseguida capté que lo que querían era hacer viviendas, mientras que nosotros queríamos hacer un parque empresarial de altura. Para que vieran lo que proponíamos, los llevamos a Cambridge para que conocieran un gran parque tecnológico unido a la universidad. Allí, Marcial Echenique nos lo enseñó y nos estuvo explicando muy bien cómo una entidad financiera puede aprovecharse de un parque tecnológico apadrinando a las empresas que llegan y, luego lo lógico es que sigan trabajando con ella. El negocio estaba ahí y no en la especulación de la ciudad. Volvimos e hicimos la operación del parque empresarial. La idea era que en Miramón entraran empresas punteras, mientras que en Zuatzu se concentraría el sector investigador. El resultado no ha sido el esperado, aunque en Miramón se han instalado algunas buenas empresas, pero ha faltado ambición. San Sebastián, con su calidad de vida, es una buena ciudad para vivir, trabajar y divertirse, y por eso debería ser capaz de atraer talento externo. Pero hace falta constancia.

Plano de ordenación y ejecución del Parque Tecnológico de Miramón
Fuente: MECSA/OPG y Google Earth.
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