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Como dice César Lanza, coordinador de La Clave de este número de la revista, la Inteligencia Artificial (IA) como tecnología informática para el tratamiento de datos tiene una historia que se remite, al menos, a mediados del siglo anterior. Aunque se atribuye a Alan Touring la autoría intelectual del intento de creación de una máquina inteligente que pudiese competir con la mente humana (con el precedente anterior de nuestro Leonardo Torres Quevedo de construir una máquina para jugar al ajedrez), es John McCarthy, en 1956, quien acuñó el término de IA con el objetivo de unir esfuerzos anteriores de investigación en torno a la cibernética, los algoritmos y las teorías de redes bajo este nombre que ha llegado hasta nuestros días.
Desde entonces, los ordenadores empezaron a resolver problemas de mayor complejidad, proceso que se generalizó a partir de finales de los años 80 del siglo XX con los ordenadores personales y el acceso a internet durante los 90. A ello se añadió, en el nuevo siglo, el Internet de las Cosas. El aumento de la capacidad que tenían anteriormente las herramientas informáticas mediante la llamada inteligencia artificial para almacenar y analizar datos está detrás de los gigantes tecnológicos que hoy conocemos: Google, Apple, Facebook, Amazon, Nvidia, etc. El valor de estos datos es que pueden ofrecer servicios a todas las escalas, descubriendo, mediante algoritmos supervisados o no supervisados, patrones a través de métodos estadísticos, susceptibles de un aprendizaje automático que se asemeja a nuestro cerebro. A ello se unen las llamadas redes neuronales por capas, que introducen nuevas formas de aprendizaje que explican la situación de euforia actual en torno a la capacidad de la llamada IA.
La inteligencia artificial, a partir de los datos digitalizados, es capaz de ofrecer información oculta, imposible para la mente humana en los campos como la salud, el transporte, la hidráulica, la industria, la administración, la gestión, etc., a través de nuevas aplicaciones que comercializan las grandes tecnológicas. Este es uno de los grandes retos de la Inteligencia Artificial.
Mediante la llamada inteligencia artificial generativa (IAG), que incluye técnicas de aprendizaje automático, reconocimiento de patrones y aprendizaje profundo, es capaz de generar textos a partir de preguntas, como con el programa ChatGPT, comercializado por Open AI, que va por su versión 4, o el programa Bard, de Google, que nos permite conversar con el ordenador, y ello se extiende a la creación de imágenes, vídeos, músicas… que están poniendo en alerta al mundo cultural relacionado con la creación.
En la ingeniería civil, ningún campo va a ser ajeno a la IA, por su capacidad de analizar un gran volumen de datos y construir modelos numéricos digitales, sustituyendo a técnicas tradicionales de análisis como los elementos finitos, que no tienen capacidad de retroalimentarse. En la actualidad, ya se trabaja con gemelos digitales, como pusimos de manifiesto en los dos números que publicamos sobre investigación aplicada en la ingeniería (3535 y 3641), pero en el futuro ello se generalizará a medida que tengamos capacidad de tratar y analizar mayor volumen de datos.
En la ingeniería civil, ningún campo va a ser ajeno a la IA
En la selección de artículos que ha hecho César Lanza para La Clave de este número, no aparecen artículos sobre puertos, análisis estructural o energía que habían sido solicitados previamente por retrasos de sus autores, pero sí aparecen artículos sobre la gestión del agua, el transporte, la transformación de las empresas y la construcción, que, sin duda, requerirán de un segundo número en el futuro en campos como los anteriores, o el diseño, el urbanismo, el mantenimiento o la reparación a través de sensores conectados a las estructuras o edificios, la geotecnia, la predicción frente a los cambios climáticos o los desastres naturales. Un campo, por tanto, prometedor frente a las técnicas apoyadas en la IA, que todavía plantea numerosas incertidumbres frente a las técnicas tradicionales.
En la sección Coyuntura hemos recogido dos artículos, uno de José Ramón Navarro, por haberse cumplido cien años del libro “Hacia una arquitectura” (1923), fundamental para la introducción del lenguaje de la máquina (automóviles, barcos, aeroplanos…), pero también del lenguaje del ingeniero admirado por Le Corbusier en el proyecto de una arquitectura que había sido ajena durante el siglo XIX a los lenguajes de la ingeniería y que dará lugar al llamado Movimiento Moderno, más en los lenguajes formales que en las formas de construcción, incluida la escala de las obras de ingeniería.
El segundo artículo de esta sección hace referencia a una ampliación de GoING (Grandes obras de ingeniería), como muestra del patrimonio de las obras públicas en España, realizado por la Fundación Miguel Aguiló a través de un convenio con la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, que ha ampliado el patrimonio de las 120 obras anteriores a otras cien más, y en cuyo trabajo han colaborado también las Demarcaciones del Colegio.
La sección del Colegio la hemos dedicado al reciente IX Congreso Nacional de Ingeniería Civil, celebrado el 19 y el 20 de febrero, con el lema Ingeniería para pensar el mundo, en el que se han tratado temas como la adaptación a un mundo ambientalmente cambiante o la industrialización en la construcción. Los ingenieros de caminos ante el reto del Net Zero en el año 2050, la IA aplicada a la ingeniería civil, o la igualdad, el talento y la remuneración son temas que están transformando la ingeniería civil o de caminos, canales y puertos en estos momentos.
Hemos recuperado, además, la sección dedicada a la Universidad con el artículo de Pedro Díaz Mejía sobre las matemáticas en los estudios de ingeniería de caminos, canales y puertos, que, a mayores de la queja de la percepción de la menor formación que tienen los estudiantes que acceden a nuestras Escuelas, está la necesidad de las matemáticas para la toma de decisiones, en especial las basadas en los datos, como vemos en los artículos que acompañan a La Clave de este número, con las técnicas de análisis de datos actuales y el aprendizaje automático.
Finalmente, en la sección Libros hemos recogido una reseña de los publicados por Luis Villegas sobre “Un viaje por los caminos y puentes de Cantabria”, con dos ejemplos de lo que es un extenso trabajo de investigación en torno al patrimonio de esa comunidad.
Asimismo, hemos publicado una reseña del libro coordinado por José Romo, Alejandro Pérez-Caldentey y Manuel Cuadrado, de lo que puede ser considerado como un texto definitivo sobre los efectos de la alta velocidad en los puentes.
Como todos los años, Miguel Aguiló nos recuerda su extraordinario libro sobre una ciudad mundial, pero en este caso rebasando la escala de la urbe para entrar en la región urbana, uniendo dos ciudades como Philadelphia y Washington, una de ellas convertida en capital nacional y la otra, cercana, expresión de todo tipo de conflictos con actuaciones sugerentes respecto al tráfico, como las de Louis Kahn.