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Monográfico Julio Martínez Calzón
Puentes, estructuras, actitudes de Julio Martínez Calzón
Fernando Ruiz Ruiz de Gopegui
Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Coordinador del monográfico.
Julio Martínez Calzón nació en Valencia en 1938. Solía decir que fue un lugar de nacimiento casual, porque no tenía raíces en esa ciudad, pero que le alegraba poder considerarse mediterráneo.
Falleció en Madrid el pasado 26 de septiembre de 2023, el mismo día en que buena parte de sus amigos asistíamos al funeral de otro compañero muy querido: Pepe Calavera. Dies horribilis, podríamos decir, rememorando a la reina de Inglaterra.
Julio terminó la carrera en 1962 y en 2006 publicó lo que puede considerarse su biografía profesional: Puentes, estructuras, actitudes. En su presentación señalaba que pretendía hacer un balance y resumir su pensamiento y realizaciones. No sabía entonces que aún le quedaban diecisiete años para completar una vida profesional de una riqueza sin par.
Al final de la presentación del libro hizo referencia a José Antonio Fernández Ordóñez, «con quien mantuve largo tiempo una profunda relación de encuentro». El primer capítulo de este monográfico es fruto de aquella relación. En 1976 el Gobierno de la República China invitó a Fernández Ordóñez, en su calidad de presidente de nuestro Colegio, a una larga visita para ver las infraestructuras del país. José Antonio formó un grupo de expertos en diferentes disciplinas, entre los que se encontraba Julio, cuyas notas fueron el origen de la crónica del viaje.
Para la preparación del resto del número, se ha contado con la impagable colaboración de dos ingenieros que acompañaron a Julio en largas etapas de su vida. Se trata de Francisco Millanes y Álvaro Serrano. Tras varias reuniones, confeccionamos la lista de nombres que tenían mucho que decir sobre Julio y sus aportaciones, y las ordenamos en los tres capítulos que Julio nos propuso en su libro.
El primero de ellos, «Puentes», está encabezado por el propio Francisco Millanes, que conoció a Julio en 1973 como profesor de Estructuras Mixtas y que acabó como catedrático continuando su labor docente. Entretanto, desde MART2 —la empresa fundada por Julio—vivió intensamente los primeros años de actividad, con sus primeros puentes y estructuras singulares.
Nadie mejor que David Fernández Ordóñez, actualmente secretario general de FIB, podía hablarnos de la fructífera relación entre Julio y su padre, «unos magníficos ingenieros, cultos e ilustrados, pero con personalidades muy diferentes aunque complementarias» en palabras de Millanes.
Jesús Ortiz, otro de los compañeros en MART2 y con quien Julio escribió el libro con el que muchas generaciones de ingenieros han estudiado estructuras mixtas, nos relata el impacto que le produjeron las clases de Julio.
Jean-Marie Crémer y Vincent de Ville de Goyet, del Bureau d’Etudes Greisch de Bélgica, nos cuentan como en 1988 se reunieron en Lieja, con Julio y Francisco Millanes para poner en común de forma generosa sus conocimientos y descubrieron «un hombre elegante, distinguido, discreto pero cálido, que hablaba un francés perfecto».
De otras experiencias de puentes internacionales, concretamente en Uruguay, nos habla Jorge Kliche, que afirma poder hablar en nombre de los «colegas de la Dirección Nacional de Vialidad, los profesionales de las empresas contratistas, los ingenieros estructurales uruguayos que dieron apoyo durante la construcción, y los técnicos que participaron a pie de obra» en puentes como el del río Santa Lucía o el puente de las Américas.
Julio falleció cuando aún tenía muchos proyectos en la cabeza
Jorge Bernabéu, profesor titular en la Escuela de Caminos de Arte y Estética de la Ingeniería, explica que las realizaciones de Julio «aúnan sofisticación tecnológica con una profunda sensibilidad estética», conciliando componentes aparentemente disociados: técnica y estética, clasicismo y modernidad, construcción y poesía, hormigón y acero.
En el prólogo de Puentes, estructuras, actitudes Julio hace referencia a los constructores con las siguientes palabras: «deseo reconocerles con toda gratitud el apoyo que me han otorgado en todo momento y en todas las obras, y con quienes creo haber podido alcanzar siempre una magnífica relación humana y armónica». Javier Asencio, Luis Peset y Felipe Tarquis fueron tres de esos constructores que colaboraron con Julio en diversas obras, y acaban su artículo diciendo: «Julio fue un hombre bueno y nuestro amigo. Así de sencillo».
En 2012 MC2 se integra en el Grupo TYPSA, que tiene una gran cartera de proyectos internacionales y puede potenciarse con la especialización y el prestigio de su fundador. Jose Luis Sánchez, el director del departamento de Estructuras, nos explica esta fusión.
Julio, tanto en su función docente, como proyectista, tuvo una relación activa con las asociaciones y, en concreto con ACHE, resultante de la fusión en 1999 de ATEP y GHEO merced al trabajo de una comisión gestora de la que Julio era miembro, tal y como nos recuerda Miguel Ortega.
Termina el capítulo dedicado a Puentes con Jose Manuel Ballester, Premio Nacional de Fotografía en 2010, que acompañó a Julio en algunos de sus viajes y dice de él: «Julio me enseñó a mirar los puentes». Nos deja como muestra algunas de sus fotografías.
Encabeza el capítulo de Estructuras un artículo de Álvaro Serrano, que sucedió a Julio en su última y larga aventura empresarial, MC2, de la que actualmente es consejero delegado. Sus vivencias complementan, por razón de edad, las que se pueden leer de Francisco Millanes.
Ingenieros que coincidieron con Julio en MC2 fueron también Ginés Ladrón de Guevara y Miguel Gómez Navarro, que nos cuentan sus recuerdos en sendos artículos.
Al referirnos a «estructuras» ocupa un importante lugar la relación que Julio mantuvo con los arquitectos, con quienes encontró un espacio de respeto y colaboración fructífera. Son varios los que han respondido con entusiasmo a participar en este número.
En primer lugar, Juan Navarro, sin duda quien tiene mayor número de obras compartidas, como el Palacio de Congresos de Salamanca, o los Teatros del Canal de Madrid. De él dice: «En su profundo conocimiento e inteligencia encontramos muchos arquitectos el firme apoyo necesario para la concepción y realización de obras que eran singulares o especialmente difíciles desde el punto de vista estructural».
Francisco Domouso nos habla de las ocasiones en que llevó a Julio al COAM a debatir sobre arquitectura e ingeniería, mientras que Luis Fernández Galiano nos aporta el texto con el que prologó Puentes, estructuras, actitudes. Echamos de menos al otro prologuista, el filósofo Eugenio Trías, fallecido en 2013, a quien Xavier Güell se refiere más adelante.
Nilo Lletjós nos habla del intenso trabajo que supuso la construcción del Palau Sant Jordi, en cuyo diseño tuve la satisfacción de colaborar, siendo el momento en que conocí profesionalmente al profesor que me había causado admiración años antes en la Escuela.
Mauro Giuliani era un ingeniero con la carrera recién terminada en el Politécnico de Milán cuando en 1990 se incorporó a trabajar con Julio, estableciendo una relación que se prolongó con los años y con aficiones comunes, como la ópera y las visitas a las iglesias italianas.
El último artículo de este capítulo está escrito por Jose María Goicolea, actual director del departamento de Mecánica de los Medios Continuos, donde estaba adscrita la asignatura de Julio cuando abandonó definitivamente la docencia en 2003, a la que había dedicado parte de su esfuerzo desde 1965, cuando empezó como profesor encargado del curso Resistencia de Materiales, Elasticidad y Plasticidad. Fue en 1967 cuando comenzó a impartir las clases de Estructuras Mixtas de Hormigón y Acero, a las que hacen referencia varios de los autores.
El capítulo de Actitudes es el más diverso, ya que se refiere a las muy diferentes facetas que Julio abordó al margen de la técnica, lo que le convierte en un ingeniero verdaderamente singular. Nos introduce al capítulo Carlos Castañón, otro de los discípulos más queridos de Julio, que nos emocionó a todos en el funeral con sus interpretaciones de diferentes flautas. Su artículo es un rápido repaso por las diferentes facetas humanísticas y se profundiza en otras aportaciones.
Previamente, dos eternos compañeros de Julio: su secretaria de toda la vida, María José Bastante, y su delineante de confianza, Antonio Mayor, nos hablan de cómo era Julio en la distancia corta.
Para hablarnos de su acercamiento a la filosofía, Carmen García-Ormaechea, doctora en Historia del Arte, escribe sobre los viajes que realizaron a India a partir de 1980, acompañados en ocasiones por María Corral y su familia además de otros amigos, como Juan Benet o Enrique Pérez Galdós. Asia fascinaba a Julio y le cupo la suerte, cerca del final de su vida profesional, de ocuparse del Pabellón de España para la Expo de Shanghái.
Teresa Oñate, catedrática de Filosofía, nos da cuenta en un extenso artículo —cuya versión completa puede leerse en la versión digital de la Revista— de cómo unas clases en las que ella enseñaba Filosofía devinieron un diálogo en el que Julio correspondía hablando de Física y Tecnología.
César Lanza, que compartió varias veladas con Julio en la Residencia de Estudiantes, tan querida por ambos, nos describe su dimensión poética.
De música nos hablan dos directores de orquesta. Por un lado, Xavier Güell, que acercó a Julio a la radio para darnos a conocer sus gustos musicales y, por otro, Edgar Martín, que compartió con él el escenario del Teatro Real en mayo de 2023 para hablarnos de la relación entre la música y la ingeniería.
La pintura del siglo XIX es una monumental obra de tres tomos donde Julio nos aproxima a este arte; de ello habla José Manuel Bonet y nos aporta una fotografía que ha soportado mal el paso del tiempo, pero en la que están presentes muchos artistas que habrían contribuido gustosos con unas líneas a este número: Chillida, Bonet Correa, Amalia Avia, Juan Genovés, Cristóbal Halffter, Juana Mordó, Lucio Muñoz, etc.
A Mikel González y a su agencia de viajes Mundo Amigo Julio le confiaba la organización de unos viajes de «Turismo Cultural con mayúsculas» (en sus propias palabras) en los que le gustaba juntar a sus amistades.
Julio dejó un escrito que constituye su testamento vital. Se trata de Lo profundo sustante cuyo borrador había pasado para su corrección a Mario Colleoni, con quien hacía planes para visitar Florencia. Mario nos habla de sus últimos encuentros.
Julio falleció cuando aún tenía muchos proyectos en la cabeza. En el mes de julio se acercó al Colegio para proponernos algunos al presidente y a mí. No sabíamos que teníamos tan poco tiempo y algunos se truncaron. En mi humilde aportación a este número he querido dejar constancia de ellos.
Sin duda faltan muchas plumas que habrían tenido cabida en esta recopilación de testimonios, pero la limitación de espacio impide que estén. Es preciso señalar que todos aquellos a los que se contactó pidiendo sus recuerdos, respondieron de forma entusiasta y generosa. Muchas gracias a todos.