[pms-logout text="Bienvenido, {{meta_user_name}}" link_text="Salir"]
3650 | Extraordinario Julio Martínez Calzón
Las obras creadas por Julio Martínez Calzón y José Antonio Fernández Ordóñez
David Fernández-Ordóñez Hernández
Secretario general de la Fédération Internationale du Béton.
A finales de la década de los años 60 y durante los años 70 y 80 había una confianza total en la ciencia a la hora de proyectar puentes. Era normal oír a proyectistas de estructuras y puentes el dicho que “lo que está bien calculado es estético”. Es justo en este momento cuando Julio Martínez Calzón y José Antonio Fernández Ordóñez se proponen proyectar y construir puentes juntos.
Empiezan a trabajar juntos por las tardes, como una actividad complementaria a la que les ocupaba profesionalmente a cada uno de ellos. Se presentan a concursos para poder realizar los proyectos y direcciones de obras de puentes. En el primer concurso quedaron segundos. Se trataba del puente de la Glorieta de Cuatro Caminos que ganó el gran ingeniero Carlos Fernández Casado. Sin embargo, ganan el segundo concurso al que se presentan para un puente urbano sobre La Castellana. Éste fue todo un alegato de lo que estos dos ingenieros excepcionales, tan distintos y tan complementarios, se disponían a concebir en las siguientes décadas.
El trabajo que desarrollaron en este puente define de claramente como fue su colaboración. Julio completamente innovador en el cálculo en general y en particular de los puentes mixtos en España. De hecho, el Puente sobre el Paseo de la Castellana es el primer puente mixto en España, realizado además con acero cortén. Otra innovación técnica fue la solución de las pilas verticales descentradas sobre la bóveda del metro que evitó hacer pilas inclinadas y que proporcionó al puente una sensación de serenidad que está detrás de la imaginativa solución oculta a los ojos. José Antonio trasladó a esta obra su sólido conocimiento de la historia y del arte, así como de las técnicas de prefabricación. Su labor principal fue la del diseño conceptual de la obra y su implicación con el entorno. Aspectos importantes para el diseño de este puente fueron, además del concepto de estructuras mixtas, el uso por primera vez de hormigón blanco en las pilas de puentes, el uso de elementos prefabricados blancos para la losa de compresión o el diseño de los capiteles con profundas referencias historias.
Otro aspecto que fue fundamental en el diseño de este puente fue la relación profunda de José Antonio con los artistas de su tiempo y con el mundo del arte en general lo que les permitió que Eusebio Sempere actuara como autor en el diseño de la barandilla y conjuntamente con ellos en el diseño del Museo de Escultura al Aire Libre en el que artistas de gran relevancia donaron las obras para ser expuestas en este singular museo.
A partir del éxito de esta primera obra vinieron otras en las que se reflejaba la complementariedad y el profundo diálogo entre ambos, cada uno aportando sus personalidades y su historia. Uno estuvo siempre más dedicado al diseño conceptual y el encaje de la obra en el entorno y el otro poniendo el foco en la introducción de técnicas de análisis y sistemas constructivos avanzados para las obras que ambos realizaban. El Puente del Diablo en Martorell es otro gran ejemplo de esta colaboración enmarcando un puente con tablero mixto y pilas pretensadas de hormigón blanco tremendamente ajustado y esbelto con diseño de las pilas absolutamente singular y que además dialoga de forma respetuosa con el antiguo Puente del Diablo, situado unos metros aguas arriba.
Su colaboración continuó con el Puente del Milenario en Tortosa en la que resolvieron un gran vano con una solución en pórtico, tan poco habitual por su complejidad, y con el diseño del tablero mixto de cortén y de las pilas en hormigón blanco de una plasticidad extraordinaria.
Entre otras de sus muchas colaboraciones están los primeros puentes atirantados con elementos prefabricados en España, uno en Alcoy y otro en Sevilla, donde hallaron soluciones prefabricadas con técnicas muy avanzadas y complejas tanto en la fabricación como en las conexiones, no utilizadas hasta ese momento, combinadas con un especial detalle en el diseño de las pilas, con áridos y color de hormigón con tonos rosáceos en Alcoy y con una solución de pila mixta que hace referencia a la arquitectura sevillana en el Puente del Centenario en Sevilla.
Al principio de su colaboración su impulso era contra el uso común de la pura tecnicidad que se aplicaba casi en la totalidad del diseño de puentes en aquella época. De hecho, era algo insólito que se plantearan problemas y soluciones por motivos estéticos o históricos en el diseño de puentes. En las décadas siguientes el diseño de puentes evolucionó en España hacia una explosión de soluciones pretendidamente bellas o arriesgadas, con alarde de recursos visualmente espectaculares sin mucho análisis o soporte estético o histórico que lo justificara. Esto les llevó a plantear para el concurso del Cuarto Puente sobre el Urumea en San Sebastián una solución estricta formalmente, pero de una alta complejidad técnica y constructiva. Con este alegato por lo estricto ganaron el concurso y afortunadamente el puente se pudo construir unos años más tarde.
Puente del Centenario, Sevilla
«El puente se asienta en dos conceptos técnico-históricos fundamentales en nuestro trabajo. En primer lugar, la superación en nuestra profesión de la antigua y arraigada división entre ingenieros metálicos e ingenieros hormigoneros; y en segundo lugar, la prefabricación, es decir, la utilización de grandes elementos estructurales previamente esculpidos para ser sabia y ordenadamente engarzados in situ».
Tres puentes, tres ciudades. Artículo de José Antonio Fernández Ordóñez. 1998
Cuarto puente sobre el Urumea, San Sebastián
«Nuestro puente nace de un discurso técnico riguroso, despojado de toda pretensión estética. Esta es hoy la única vía para trabajar dignamente en nuestra profesión. Una ingeniería con una sobriedad y un rigor sin piedad en la elección de los medios de expresión, con una preocupación casi obsesiva por la exactitud en la elección de los materiales y la perfección técnica en la realización de los detalles, pero sin renunciar a que su planteamiento y apreciación global constituya una obra de total armonía y dignidad».
Memoria del Cuarto Puente sobre el Urumea en San Sebastián