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Extraordinario | Julio Martínez Calzón
El despertar de un ingeniero
A la vanguardia del cálculo y del humanismo en el Instituto Eduardo Torroja
Ángel Castillo Talavera
Director del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja.
Rafael Fernández Sánchez
Presidente de la Fundación Torroja.
Rafael Piñeiro de Lecea
Arquitecto responsable de la Unidad Técnica de Asistencia Técnica-OSPO del IETcc-CSIC.
En el verano de 1962, un joven ingeniero de caminos de 24 años se incorporaba al Instituto Eduardo Torroja de la mano de Juan Batanero. Hacía poco más de un año que el que fuera su director y uno de los fundadores, el ingeniero Eduardo Torroja, había fallecido y el entonces Instituto Técnico de la Construcción y del Cemento cambió su nombre en homenaje a su figura, pasándose a llamar Instituto Eduardo Torroja de la Construcción y del Cemento (IETcc). Julio formaba parte del nuevo grupo de ingenieros que iniciaba su carrera profesional en el Instituto sin la figura de don Eduardo y que, con el tiempo, se convirtieron en referentes en la ingeniería nacional e internacional. Entre ellos, podemos destacar que en el año 1965 formaban parte del departamento de Estructuras Javier Manterola Armisén y el propio Julio Martínez Calzón. A los pocos meses de incorporarse al Instituto, Julio fue nombrado jefe de la sección de Ensayos Mecánicos.
Desde el primer momento, Julio compaginó su labor con el desarrollo de su tesis doctoral Comportamiento plástico de las estructuras hiperestáticas de hormigón y comenzó a intuir que había un camino intermedio entre el hormigón pretensado y las estructuras metálicas.
Siguiendo esta idea realizó múltiples ensayos con un nuevo tipo de conector, lo que le permitió desarrollar la nueva técnica de estructuras mixtas para edificación con la patente de vigas LAU, que posteriormente aplicaría a los puentes siguiendo la trayectoria que Eduardo Torroja había comenzado con el puente de Tordera.
Las fotografías muestran diferentes ensayos de conectores y de vigas mixtas que realizó en esos años y que le permitieron introducir cambios en el método de análisis de este tipo de estructuras, pasando de los basados en el comportamiento elástico y de tensiones admisibles, al análisis en rotura y plasticidad de los materiales.
Todo aquello lo plasmó en su primer libro Estructuras mixtas. Teoría y práctica, editado en 1966 por el Instituto Eduardo Torroja. Otros aspectos de su trabajo también quedaron reflejados en diferentes monografías del IETcc, como Estudio teórico experimental de la flexocompresión esviada en secciones de hormigón armado (1967) o en Comportamiento y cálculo anelástico de las estructuras hiperestáticas de hormigón armado y pretensado (1972).
Además de sus estudios teórico-prácticos, participó en multitud de otros ensayos mecánicos realizados en el Instituto. Intervino también en el proyecto de la nueva nave para ensayos mecánicos del Instituto, inaugurada en 1968, encargándose del diseño de la estructura metálica.
Quizás fuera una premonición, o no, de la vertiente humanista que manifestó a lo largo de su carrera profesional, pero la inauguración de la nave de ensayos se celebró con el estreno de la obra Cantata a la inauguración de una losa de ensayo con la interpretación a cargo de la orquesta del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, integrada por profesores y alumnos del mismo y dirigida por el profesor Gerardo Gombau, catedrático del citado Conservatorio. La partitura —para orquesta, sopranos y ruidos de elementos constructivos— contaba con la música del profesor Gombau sobre estructura, coordinación e ideas del profesor Aguirre de Yraola (jefe de sección del Instituto Eduardo Torroja).
La nueva nave de ensayos mecánicos del Instituto Eduardo Torroja es el resultado de la colaboración de todos los técnicos del Centro coordinados por su director, el Dr. Ing. de caminos Jaime Nadal. Intervinieron de forma especialmente activa en lo que se refiere al proyecto y ejecución, los doctores arquitectos Echegaray, Aguirre, Jenaro y Monteverde; los doctores ingenieros de caminos Batanero, Fernández Sánchez y Martínez Calzón, y el aparejador Rodríguez Ginestal.
En su vertiente humanista, junto a otros ingenieros del Instituto como Álvaro García Meseguer, Francisco Morán y Rafael Fernández, crearon la asociación APEC, pionera en tratar de corregir el machismo cultural y en buscar un lenguaje no sexista.
Durante los 10 años que Julio trabajó en el Instituto, impulsó el avance tecnológico apoyado en la investigación aplicada, la experimentación y la innovación, siendo un pionero que revolucionó las estructuras desarrollando las soluciones mixtas de hormigón y acero estructural.
En definitiva, Julio, siguiendo la senda iniciada por Eduardo Torroja, fue uno de los discípulos que mejor desarrolló el lema del Instituto Technicae plures, Opera única, ya que el gran legado de su obra nos enseña que la multidisciplinaridad es la base de los desarrollos tecnológicos de la ingeniería y de la arquitectura, tanto en obra civil como en edificación.
Dotó a la ingeniería de humanismo y consiguió que en una sola persona se entrelazara la música, la historia, la pintura, la literatura, la astronomía con la ingeniería y la arquitectura.
Gracias, Maestro, con mayúsculas, por tanto que nos has dado y dejado…