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Extraordinario | Julio Martínez Calzón
Julio Martínez Calzón, Colegiado de Honor del Colegio de Arquitectos
Juan Navarro Baldeweg
Doctor arquitecto, académico de Bellas Artes.
Queridos familiares de Julio, queridas amigas, queridos amigos:
Hay personas que están siempre presentes en nuestros pensamientos. Personas que nos ayudan a valorar sucesos y situaciones en los pasos de nuestra vida y que además son compañeros que conocen y participan en nuestros intereses, en nuestras inclinaciones y preferencias, así como en lo estrictamente profesional.
Para mí, Julio Martínez Calzón fue una de esas personas. Un interlocutor y partícipe necesario en las áreas de la convergencia de la arquitectura y la ingeniería. En su profundo conocimiento e inteligencia encontramos muchos arquitectos el firme apoyo necesario para la concepción y realización de obras que eran singulares o especialmente difíciles desde el punto de vista estructural.
Por esa destacable y singular participación de Julio en numerosos proyectos fue nombrado Colegiado de Honor en el año 2017 por el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
En mi caso, colaboramos, por citar algunas obras, como ya se ha dicho, en los molinos del río Segura, en el Palacio de Congresos de Salamanca, en el Centro de Altamira, en las Consejerías de Mérida y en los Teatros del Canal. Julio fue un aliado imprescindible en estas y otras obras que realicé como arquitecto.
Por estas colaboraciones tuvimos tiempo y ocasión de hablar, por ejemplo, de las estructuras, que diferencian sus comportamientos de acuerdo a la naturaleza física de sus componentes creando un juego de forma espacial y materia, con elementos apropiados a la dualidad compresión-tracción, como ocurre en las estructuras que denominamos «tensegrity».
La aportación de Julio Martínez Calzón fue extraordinaria en la concepción de este tipo de estructuras que reparten funciones conforme a la naturaleza de los elementos materiales empleados: las denominadas estructuras mixtas.
Julio desarrolló nuevos objetivos en esta modalidad estructural, amplió su diseño y exploró sus singulares posibilidades. Tuve ocasión de expresar públicamente mi admiración por un puente de estructura mixta realizado por Julio Martínez Calzón en un ciclo organizado por este Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos titulado Ingeniería y Arquitectura.
Manifesté muy concretamente mi gran aprecio por el puente sobre el Ebro en Tortosa, una de las obras de ingeniería en España cuya belleza valoro de un modo muy especial. Se trata de puente con apoyos de hormigón armado, expresivos en su forma de anclarse al suelo, de resistir el empuje de la corriente del agua y de abrirse en unos cortos brazos para recibir las vigas cajón corridas de acero corten que trazan en el aire las líneas oscuras de su vuelo sobre el gran vano del río.
Esta mención es solo un ejemplo que propongo por lo concreto de mi recuerdo, pero con un parecido entusiasmo podría ampliar la alabanza a otros puentes de nuestro gran ingeniero.
Realizó también Julio, obras con métodos propios estructurales en procesos constructivos autogenerativos, unas obras cuya realización cubre una dinámica de estados regidos por un programa simultáneo que ordena su secuencia de transformaciones.
La torre de Collserola de Norman Foster en 1990 es un hito en este tipo de solución estructural. La mente de Julio Martínez Calzón parecía estar siempre ocupada en los más variados temas científicos y estéticos. Su curiosidad le llevó a abarcar un amplio territorio de conocimientos en matemáticas, física, astronomía y ciencias de la tierra, así como en geología y en ciencias de lo artificial.
También se interesó por los orígenes y el desarrollo del pensamiento filosófico de cualquier época. Julio Martínez Calzón habitaba mentalmente un universo de muchos niveles y le gustaba transitar por las bellas artes, la poesía y la música.
Con frecuencia pensé en la razón de esa inclinación, que le llevaba a adentrarse en una morada emocional para así equilibrar su pensamiento dominado por el rigor de la lógica y la ciencia exacta de su profesión.
Seguramente esa transición era el reflejo de un deseo de conocimiento volcado a las actividades humanas que pueden conducir a lo indefinido o a lo vago, algo distintivo de la actividad creativa que se orienta a lo que está por descubrir.
Julio Martínez Calzón realizó una interesante incursión en la exploración de las artes visuales en su amplísimo estudio de la pintura decimonónica universal. Abordó la pintura del siglo XIX con una visión estética conceptual. Primero, se centró en la Europa centro-occidental y Gran Bretaña y después, en la Europa periférica y los Estados Unidos de América.
Por tanto, el mundo del arte atrajo a nuestro insigne amigo más allá de los territorios hollados por la razón: el arte se intenta en un juego interactivo que enlaza al creador con su obra y con un espectador o destinatario.
El juego de los términos de ese triángulo es móvil y no es siempre firme. Cambian el curso histórico, pues lo que se valora puede en un momento decaer o ser estudiado al ser sustituido por nuevos valores. Y este libro de Julio y, en especial, su presentación digital, permite una recepción viva, no privilegiada de antemano.
El caso es que Julio Martínez Calzón, además de un gran ingeniero, fue un explorador que sobrevoló una gran amplitud de temas. Investigó con entusiasmo y hay que decir que nos contagió a todos, sus amigos, en sus búsquedas, en excursiones por el más amplio horizonte.
Julio Martínez Calzón permanecerá en nuestro recuerdo con su actitud vital verdaderamente ejemplar. Su trabajo merece todo nuestro reconocimiento y admiración. Su dedicación, nuestro agradecimiento y su persona, el mayor afecto.
Gracias.
Discurso pronunciado en el Colegio de Ingenieros de Caminos, en el acto de homenaje celebrado el 28 de noviembre de 2023.