[pms-logout text="Bienvenido, {{meta_user_name}}" link_text="Salir"]
[pms-logout text="Bienvenido, {{meta_user_name}}" link_text="Salir"]

Extraordinario | Julio Martínez Calzón

Julio Martínez Calzón: ese renacentista

Carlos Castañón Jiménez

Director de Estructuras, Arquitectura y Edificación de IDOM.

El 28 de noviembre de 2023 tuve el honor de participar en el acto homenaje a Julio Martínez Calzón organizado en el Colegio de Ingenieros de Caminos donde presenté «Julio, más allá de la técnica» como complemento a las aportaciones de mis compañeros de mesa ingenieros y arquitectos.

En esta ocasión, mi contribución a la Revista va acompañada de artículos firmados por personas más autorizadas que yo para hablar de su relación con la pintura, la poesía, la filosofía o la música; por ello, esta vez mi colaboración viene a ser un extracto de aquella conferencia.

Entré en MC2 en 2002, tras acabar la carrera de Caminos, Canales y Puertos en la ETSI de la UPM. María Corral, sobrina de Julio Martínez Calzón, a quien hoy homenajeamos, era compañera de clase y amiga mía y me incluyó en una lista de compañeros de promoción que Julio le pidió realizara. Y así, junto con ella, Álvaro Serrano y Belén Ballesteros, pasé a formar parte del estudio de ingeniería de Julio Martínez Calzón, MC2.

Mi pasión por las estructuras, mi destreza en lo tecnológico y mi formación musical por un lado, y, por otro, mi amor por la ciencia en general y por la astronomía en particular hicieron que desde los primeros años Julio entablase conmigo una relación muy particular, más allá del vínculo natural establecido como uno más de los ingenieros de MC2 y, años después, como integrante del NED, el Nuevo Equipo Director, como él nos llamaba, formado por Álvaro Serrano, Ginés Ladrón de Guevara y mi persona.

Tras sumergirme estos días en los muchos escritos de Julio que conservo, tanto personales como publicados, no publicados o por publicar, así como en fotos y notas de viajes, correos, wasaps, notas propias de reuniones y veladas que le gustaba organizar, conferencias, he seleccionado unas pocas «escenas» sobre su persona que me gustaría compartir a continuación.

Son vivencias compartidas con él, recuerdos, reflexiones y algunas citas suyas que de ninguna forma pretenden abarcar, ni podrían, lo que Julio era, pero confío en que podrán dar una idea de algunas de sus facetas, y se deben leer como complemento a lo que otros escribirán acerca de diferentes aspectos humanísticos.

Cultura

Cualquier persona que compartiera un rato con Julio se daba cuenta inmediatamente de la amplitud de su saber y de los intereses tan diversos que cultivaba, más allá de ser un insigne ingeniero. Su cultura además era precisa, demostrando que detrás de cada tema del que hablaba había un estudio y una asimilación propias y no una mera sucesión de ideas difusas o a medio entender. Todos los que le conocíamos sabemos bien de su amor por la música, la filosofía, la pintura, el arte en general y la ciencia, en especial, la astrofísica.

Astrofísica

A la entrada de su despacho en MC2, en los últimos años situado en la calle Víctor de la Serna, se podía ver, en gran formato, la icónica fotografía de la nebulosa del Águila del telescopio espacial Hubble y conocida como Los Pilares de la Creación. Ya se pueden figurar los comentarios que suscitaba por parte de las visitas. En cierto modo, era una carta de presentación para quien fuera a entrar en su despacho.

Ese interés por la astrofísica y el cosmos en toda su amplitud estuvo siempre presente y lo trasladaba y relacionaba con otros ámbitos de su interés:

  • la poesía (les invito a leer su poema «En la silente hora del brezo» de su libro Puentes, estructuras, actitudes, un canto a la creación en el que el autor que recorre la evolución del cosmos, desde el Big Bang hasta la actualidad);
  • la música (entre los escritos me he encontrado sus impresiones sobre el disco de la Sinfonía de las Lunas, de Amanda Lee Falkenberg, como hiciera Holst con Los Planetas);
  • las esculturas del sistema solar que tenía en casa;
  • sus dibujos (pueden encontrar en su libro una serie de dibujos sobre los planetas);
  • el último libro en el que estaba trabajando, difícilmente catalogable, en el que, al igual que en La silente hora del brezo recorre el Universo, la Tierra y el Origen de la vida, para pasar luego al Conocimiento y al Misterio y acabar en la Mente, aportando tanto el estado del arte como impresiones personales sobre todos estos aspectos.
Los Pilares de la Creación. Fotografía tomada por el telescopio espacial Hubble. Gas interestelar y polvo en proceso de formación de estrellas en la nebulosa del Águila (1995).

Estaba al día de los últimos avances científicos, suscrito a varias revistas y en contacto con expertos de diversas materias. Aún le estoy viendo leer mientras comía en un bar próximo a MC2 el último número de la revista Investigación y Ciencia (la versión española de la revista Scientific American), recientemente desaparecida, o el de Sky & Telescope, que eran publicaciones a las que estaba suscrito. Y le recuerdo también en las muchas charlas a las que le acompañé en el CSIC sobre alguna disertación de astrofísica especializada.

Era miembro de la Sociedad Planetaria, la mayor organización internacional no gubernamental dedicada a la promoción de la exploración espacial del sistema solar y la divulgación científica, fundada por Carl Sagan.

Ciencia ficción

La ciencia ficción era una de las grandes aficiones de Julio. Desde los grandes maestros, como Arthur C. Clarke (a quien admiraba), Kim Stanley Robinson, Ursula K. Leguin o Isaac Asimov (que le parecía demasiado frío) hasta Ted Chiang, el escritor chino de ciencia ficción de referencia hoy en día, nunca dejó de leer ni de hablar de ciencia ficción.

Releyendo correos y wasaps suyos me he encontrado con sus impresiones sobre el libro El Marciano, de Andy Weir, que le había dejado prestado y que él se llevó a Arizona durante su estancia en Taliesin West. Se identificaba con el protagonista —un astronauta que queda aislado en Marte— y me decía cómo nuestros intercambios por correo le recordaban los que el protagonista mantenía con la NASA durante su aislamiento y hasta su regreso a casa.

Renegaba, sin embargo, del género de la fantasía. A diferencia de lo que ocurre en la ciencia ficción —donde el autor desarrolla una idea o un mundo basados en un marco científico justificado, aunque en este momento sea ficción—, la fantasía por lo general inventa mundos con unas reglas difícilmente creíbles o que apelan a fuerzas sobrenaturales (magia).

Resulta paradójico este rechazo a la fantasía en alguien que dedicaba gran parte de su creatividad e ingenio en hacer realidad algunas de las fantasías de los arquitectos… O quizás es totalmente coherente con su forma de abordar la ingeniería, al tratar de encontrar posibles hilos argumentales sustentantes de ideas arquitectónicas que, en apariencia, pudieran parecer fantasiosas, y dotarlas de un marco estructural para hacer frente a las inapelables leyes de la física que rigen más allá del papel. Tensibilizar la forma, como a él le gustaba decir.

Pero me estoy yendo hacia la ingeniería. Vuelvo a la ciencia.

LHC

En octubre de 2014 recibí, a través del Imperial College de Londres, por ser antiguo alumno, una invitación para visitar el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN en Ginebra, donde el año anterior se había anunciado la detección de una nueva partícula consistente con el bosón de Higgs. Le pregunté a Julio si se quería apuntar y no lo dudó ni un minuto.

Allí fuimos y disfrutamos como niños ante lo que es, sin duda, —igual que lo fue el telescopio espacial Hubble y posteriormente lo ha sido el James Webb— una de las máquinas más complejas construidas por el ser humano y que ha permitido ampliar nuestro conocimiento sobre el universo y la materia. Aún recuerdo sus intervenciones durante las varias charlas que recibimos de los investigadores y las preguntas que les hacía a los operadores de los instrumentos.

Fontcuberta

Julio Martínez Calzón visitando las instalaciones del LHC en el CERN (Ginebra).

En la oficina de Víctor de la Serna, tenía un cuadro de grandes dimensiones de Joan Fontcuberta colgado en la pared frente a su mesa: un paisaje virtual generado con un programa de renderización 3D desarrollado para usos militares o topográficos, pero que el artista engañaba alimentándolo con obras maestras de la pintura en vez de información cartográfica. Esta que ven es la imagen del cuadro en cuestión, generado a partir de El Grito, de Munch, y que tenía Julio frente a su mesa, en gran formato.

Recuerdo su emoción cuando, tras investigar y probar el proceso seguido por el artista, le mostré cómo generar uno de esos paisajes partiendo de una foto de su puente de Juan Bravo. Le regalé dicha imagen, que guardó detrás del cuadro. Me imagino que ahí sigue.

Viaje a China. Ocho Vistas de los ríos Xiao y Xiang

Voy a hacer ahora el relato de un viaje que realicé con Julio, que pienso que refleja muy bien cómo era y cuáles eran sus inquietudes artísticas.

Antes, un poco de contexto. En 2008 estuve a cargo del proyecto de la estructura del Pabellón de España en la Expo de Shanghái, de Benedetta Tagliabue, un proyecto al que tengo mucho apego tanto en lo profesional —es un ejemplo perfecto de cómo hacer realidad un diseño «de fantasía»— como por lo personal, ya que durante los muchos viajes que tuve que realizar a China, conocí a mi mujer, Li Juan. En algunos de estos viajes me acompañó Julio, que era muy entusiasta y conocedor de la cultura china.

En agosto de 2009, con el Pabellón a medio construir, Julio nos propuso a Li Juan y a mí aprovechar uno de estos viajes para emprender, a continuación, una aventura singular por la China profunda cuya idea le surgió tras ver un libro en casa de Juan Navarro sobre unas pinturas, las Ocho Vistas de los ríos Xiao y Xiang. En el libro se analizaba un rollo de pintura de la dinastía Song (siglo XI) con ocho paisajes del pintor Song Di (1015-1080) y los ocho poemas de Su-Xi (1036-1101) que los acompañaban.

Estos paisajes en el entorno de los ríos Xiao y Xiang, en lo que es ahora la provincia de Hunan (en aquel entonces, el reino de Chu), famosos desde la antigüedad por las cualidades de su luz tenue y atmósfera brumosa, ocupan un lugar especial en la historia y literatura chinas. Muchos artistas compusieron poemas o pintaron escenas basados en estos ríos, muchos de ellos sin haber visitado realmente la región, pero usando su imaginario de escenas de ríos y lagos cubiertos por neblinas.

El plan que nos proponía Julio era ir en la busca de esos dos ríos, tratando de encontrar los paisajes que casi mil años antes habían inspirado a estos autores. Parecía fácil…

No me voy a entretener en contarles los periplos que sufrimos para poder llegar a un sitio tan remoto y alejado de los destinos turísticos típicos del país, por carreteras sin asfaltar y deteniéndonos a comer en pueblos que celebraban nuestra llegada y nos decían que éramos los primeros occidentales en parar a comer allí. Julio, con su barba blanca, era siempre el foco de atención.

Julio Martínez Calzón, durante el viaje realizado con el autor por la provincia china de Hunan.

Realizar dicho viaje hubiera sido prácticamente imposible de no habernos acompañado Li Juan, de nacionalidad china, por aquel entonces mi novia y ahora madre de mis hijas. Julio la quería mucho.

En el camino pudimos empaparnos de la naturaleza del entorno y llegamos a ver con nuestros ojos esa luz y paisajes nebulosos inspiraron a los artistas mil años antes. Sin embargo, la llegada a la confluencia de los ríos Xiao y Xiang, que era nuestra meta, fue un poco decepcionante pues ahí nos encontrarnos con un entorno industrial. A Julio, sin embargo, no se le ocurrió mejor idea que recitar de memoria el poema Camino a Ítaca de Constantino Kavafis, celebrando la llegada al destino ansiado y lo aprendido durante el camino.

Conclusión

Julio nos deja un legado inmenso en la ingeniería, tanto en su obra realizada como en su saber hacer, que compartió con sus colaboradores más cercanos, los cuales nos esforzamos día a día en seguir sus pasos. Y deja una huella muy profunda como ser humano en todos los que le tratamos. Personalmente, es mucho lo que le debo, tanto en lo profesional como en lo personal.

Acabo con unas palabras suyas. Son cinco aforismos que he seleccionado de una colección que él tituló A mi existir y al tuyo. Un homenaje:

  • Vive tus días. Desliza tu oído, tu mirada, tu mente sobre lo que te rodea y hunde tu pensamiento hacia el fondo de tu sensibilidad interior; goza de la dulzura de tus movimientos.
  • Concéntrate en tu sencillo lugar para actuar todo lo mejor que puedas y que los de tu alrededor lo realicen también, siguiendo tu ejemplo a través de la bondad y el coraje que puede ponerse en las pequeñas cosas que todos tenemos pendientes.
  • Lleva adelante tus proyectos, aunque sean mínimos y sencillos, para convencerte de tu capacidad vital y de tu compromiso con lo real y con el entorno colectivo. Conlleva esos proyectos con el sencillo transitar de la vida que el respeto a los demás te concede y que debes incrementar con tu entrega a aquellos.
  • Transforma en belleza todo cuanto hagas, al captarlo en su espléndida profundidad y su perfección común. ¿Te has fijado en ese vaso, con qué esplendor soporta su simple contener, al ser llevado a tu boca? Magia total. O en ese sencillo trozo de tela que en tu bolsillo te procura una relación con tus órganos sencilla y cuidadosa. Todos esos objetos se apoyan en ti y te conceden su verdad para sentirse plenos; son tan formidables que no se manifiestan más que en su aportación y quedan luego a tu disposición sin pedir apenas cuidados; porque son respetables y forman el tejido de la verdad y debes forjarte en su ejemplo.
  • Acepta que no somos nada, pero durante un soplo del tiempo cósmico hemos respirado una existencia sublime. Venimos de algo y volvemos a ello y no existe en la propuesta ningún indicio de que debiera ser permanente, ningún margen por mínimo que sea de eternidad, salvo que quieras engañarte. Se han dado las conjunciones del azar que se desvanecerán luego en el todo. Eres energía y tiempo coagulados en un pequeño espacio corporal, minúsculo y bello; sí, es realmente muy poco, pero resulta trascendental. Piénsalo así.
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.