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Edgar Martín Jiménez
Director de orquesta.
Tuve la inmensa suerte de conocer a nuestro querido Julio Martínez Calzón y tener una estrecha, breve e intensa relación preparando la gala de los premios de la Fundación Caminos celebrada en el Teatro Real el pasado 12 de mayo de 2023. Recuerdo nuestro primer encuentro en una terraza del paseo Pintor Rosales de Madrid. Mi primera impresión de él fue la un hombre mayor, lleno de vitalidad, energía, bondad y buen humor. Nada más vernos me regaló uno de los libros que muchos de los lectores tendrán en sus casas: Puentes, estructuras, actitudes (Ed. Turner, 2006). En ese mismo instante me empezó a hablar directamente de la importancia de la música y de las relaciones que hay entre los puentes y la música. Durante aquel encuentro me presentó y me regaló también un estudio que había realizado sobre la evolución de los cuartetos de cuerda desde F. J. Haydn hasta compositores actuales que yo no conocía aún, como Wolfgang Rihm o Shigeru Kan-no, hablándome de las relaciones y las nuevas vanguardias que habían surgido a finales del siglo XX en esta evolución de los cuartetos de cuerda.
Sin duda, aquello me hizo replantear mi posición en aquella primera reunión para poder poner la música ideal para la gala de la entrega de premios. Estaba ante una personalidad de la ingeniería de caminos, pero además ante una persona cultísima en las diferentes ramas del arte. A partir de entonces fue muy fácil hablar con nuestro querido Julio; fue muy fácil quererle; fue muy fácil compartir, ya que él, desde un primer momento, casi sin conocerme, me regaló muchas cosas suyas.
Desde ese primer encuentro intercambiamos ideas, comentarios, risas… Recuerdo perfectamente que podía bromear con él sobre muchas obras y compositores. Julio, con su mente abierta y siempre despierta, recordaba las melodías de todas las obras que comentamos. Y también he de decir que, entre broma y broma, siempre metía algún dato interesantísimo sobre arquitectura e ingeniería civil.
El día de la gala fue un gusto estar con él; con tanta experiencia de todo lo que había vivido, él estaba tranquilo. Ahora bien, cuando salíamos al escenario, se saltaba el protocolo que habíamos pactado y hacía lo que quería. Recuerdo que le dije: «Julio, recuerda que tú cuentas la anécdota del puente, luego yo hago la comparación musical con un par de ejemplos y, después de la música, me acerco a ti, charlamos un poco sobre la comparación y te despido para dirigir la obra completa». Pues, nada. Él dijo lo suyo, yo empecé a dirigir los ejemplos musicales con la orquesta, y él se marchó sin esperar a la charla conclusiva. Al terminar de dirigir, salí y le dije: «Pero Julio, te has ido sin despedirte». Y él me dijo: «Ya, bueno, es que creo que ya había quedado bastante claro».
Sin duda, Julio era un fenómeno, y así lo calificaban también muchos de los colegas con los que pude hablar. Yo no puedo decir lo contrario. Un hombre generoso, honesto, bueno, inteligente, listo, sencillo, con sentido del humor… Julio, eres un fenómeno.