[pms-logout text="Bienvenido, {{meta_user_name}}" link_text="Salir"]
Cuando terminamos la carrera a finales de los años 70,nos pasábamos por el Colegio para colegiarnos, y allí recogíamos como regalo un pequeño librito de Alekséi Bogoliubov, titulado Un héroe español del progreso. Agustín de Betancourt (1973), que, en realidad, era la versión española que José Antonio García-Diego había impulsado de la obra que el mismo autor había publicado en 1969 en Moscú, haciéndose eco de su vida entre 1758 y 1824. El Colegio quería que conociésemos al fundador de nuestra Escuela, pero posiblemente fueron pocos en esa época los que lo leyeron.
La Revista de Obras Públicas había tardado más de 120 años, desde su muerte, en hacerse eco de este personajea través de un artículo de Pedro González Quijano, aunque su figura volvió a reivindicarse en los años 50 y 60. Incluso en la propia Escuela se localizó un busto en 1959, parecido al que un año antes se había colocado en su lugar de nacimiento: el Puerto de la Cruz, en Santa Cruz de Tenerife.
Desde entonces, el número de publicaciones dedicadas a Betancourt ha ido en aumento y destacaría como más recientes el magnífico libro que Antonio Romeu de Armas publicó en 1990 sobre Ciencia y tecnología en la España ilustrada. La Escuela de Caminos y Canales, sobre el nacimiento de nuestra Escuela, en que Betancourt es la figura central, aunque se extiende a un periodo posterior hasta mediados de los años 50 del siglo XIX. El libro, editado inicialmente por nuestro Colegio, ha tenido una nueva edición este año, con un prólogo de Fernando Sáenz Ridruejo y aumentando la letra y las ilustraciones del texto original, con motivo de los 200 años de la muerte de Betancourt.
Lo que se conocía ya entonces del fundador de nuestraEscuela permitió al CEHOPU organizar una gran exposición en 1996, comisariada por Ignacio González Tascón,de la que se editó un magnífico catálogo con título Betancourt. Los inicios de la ingeniería moderna, que todavía sigue siendo la mejor aproximación a la obra de Betancourt, tanto de su etapa en España, como de su etapa, a partir de 1807, en San Petersburgo y Moscú.
Esperamos que el monográfico sirva para conocer aún mejor la figura de este ingeniero ya sin olvido
En él, aparecen 16 artículos sobre su entorno familiar;sus estudios iniciales, con su capacidad de dibujo derivada de su estancia en la Academia de Bellas Artes de San Fernando; sus inventos, como el primer globo aerostático español o la máquina de vapor de doble efecto, derivados de sus estancias en París y en Londres; sus memorias sobre las minas de mercurio de Almadén;sus informes sobre el canal imperial de Aragón y el canal de Castilla, con un nuevo modelo de esclusa que recogió en la memoria de la Academia Francesa sobre la navegación interior; sus aportaciones al negocio de la seda; su invención, junto a Breguet, del modelo de telégrafo óptico; su informe de la rotura de la presa de Puentes; su papel en la formación del Real Gabinete de Máquinas, con López Peñalver, con máquinas para el transporte, la elevación del agua y la construcción; su labor en la inspección de canales y caminos, y, después, en la creación de la propia Escuela aquí, en España, con la publicación, con José María Lanz, de su Essai sur la composition des machines, publicado por primera vez en 1808, labor que continuará después en Rusia a raíz de las circunstancias de nuestro país y de haber caído en desgracia con Godoy. Betancourt, pensionado inicialmente en Francia y luego en Inglaterra, es un modelo de ingeniero ilustrado, cuyos conocimientos le vienen también de su relación con la ingeniería civil exterior.
De su etapa en Rusia, al servicio del zar Alejandro I, que le protegió inicialmente, a donde se fue con su familia, queda la memoria de su papel en la fundación del Cuerpoy del Instituto de de Vías de Comunicación, a semejanza de lo que había hecho en España; su papel como organizador del Comité de Construcciones y Obras Hidráulicas para la reconstrucción de San Petersburgo, en donde se acompañó de colaboradores formados por él en España para acometer proyectos de puentes, como el de barcas de San Isaac o el de Kamennoostrovskii sobre el Nevka; canales y obras de dragado; la fundación de iglesias, como la Catedral de Isaac, o estructurascomo la cubierta de la Sala de Ejercicios Ecuestres de Moscú, que hoy podemos visitar junto al Kremlin. Cuando nos acercamos a esta catedral, podemos ver una reproducción de su retrato, junto con las maquetas en madera del levantamiento de sus columnas y de la columna de Alejandro I, en donde asesoró al arquitectoAuguste Monferrant, que el propio Betancourt había recomendado a Alejandro I. Fue la caída en desgracia con este zar la que determinó el final de su vida, pero antes proyectaría la fábrica de moneda de San Petersburgo, la mejora de la fundición de cañones de Tula, abastecimientos de agua a algunas ciudades, y la Feria de Nizhni Nóvgorod, su gran obra final. Fue su viaje hasta Crimea, y su informe sobre el mal estado de las vías de comunicación, que no gustó a Alejandro I, lo que determinó el final de su vida profesional.
La conmemoración, en 2024, de los 200 años de su muerte, ha dado lugar a que el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, el Cedex y la Fundación Juanelo Turriano organizasen una gran exposición en la Biblioteca Nacional sobre su obra, comisionada por Daniel Crespo, de la que proviene el catálogo de la misma, con título Agustín de Betancourt. 1758-1824. Fundador de la Escuela de Caminos y Canales. Ingeniero cosmopolita (2024), con nuevos textos que contribuyen al proceso de recuperación de su memoria.
Este número monográfico de la Revista de Obras Públicas quiere contribuir también a ello, tanto en su etapa en España como en su etapa en Rusia, para el cual, tanto Ignacio Menéndez-Pidal como Fernando Ruiz, sus coordinadores, han hecho un gran esfuerzo de selección de artículos, con una aportación original de escritores rusos.
Junto con la Memoria sobre los medios para facilitar el comercio interior, con López Peñalver, como plan de acción para modernizar las obras públicas en España, aparecen artículos sobre su relación con la seda, su estancia en Almadén para la redacción de sus memorias, su relación con José María Lanz, su errónea interpretación como ingeniero espía, su relación con Alejandro I, su informe sobre el camino de Georgia, sus numerosos proyectos en Rusia realizados con sus colaboradores, su papel como padre de la escuela de ingeniería rusa, sus viajes por Rusia, su colaboración en el levantamiento de la columna de Alejandro I, en San Petersburgo, y la concepción de Betancourt por sus memorias, informes y obra como ingeniero total. El número recoge, además, dos entrevistas realizadas por Ignacio Menéndez-Pidal al director de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid, para conocer su presencia y su legado en las enseñanzas actuales, y al rector de la Universidad Estatalde Arquitectura y Construcción de San Petersburgo, que guarda memoria del legado de Betancourt en esta ciudad, en la que fue enterrado.
Esperamos, en este sentido, que este número monográfico sirva para conocer aún mejor la figura de este ingeniero ya sin olvido, que cayó en desgracia en sus dos etapas en España y Rusia, pero cuyo legado hoy, a partir del proceso de recuperación de su memoria, parece imborrable.