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Monográfico | Agustín de Betancourt

Agustín de Betancourt en Almadén

Joaquín Fernández Pérez

Catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid.

Interior de un baritel con la maquinaria de un malacate que se conserva en el Parque Minero de Almadén (Ciudad Real).

En este trabajo se analiza la estancia de Agustín de Betancourt en Almadén en julio de 1783 y el informe sobre sus minas, en forma de tres memorias, solicitado por el conde de Floridablanca. En la descripción analítica del desagüe Betancourt aparece como precursor de la organización industrial, demuestra su conocimiento de la mecánica de bombas atractivas, tornos y malacates y se aprecia su ingenio inventivo. Además, el ingeniero investiga la naturaleza de los gases en los hornos de tostación y manifiesta su sensibilidad hacia los «infelices» operarios que quedaban «trémulos» o «azogados» por respirarlos. Unas conclusiones que engrandecen la figura de tan ilustre ingeniero canario.

En junio de 1783 Agustín de Betancourt y Molina ha terminado brillantemente su preparación en los Reales Estudios de San Isidro y en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Tiene 24 años y prolongar su formación como pensionado en París requiere pasar una prueba para mostrar su valía. En Aranjuez, donde veranea y descansa la Corte, se entrevistará con su protector José Moñino y Redondo, conde de Floridablanca y secretario del Despacho de Estado. Es el político más influyente del momento y está interesado en un amplio programa de reformas, que incluye pensionar a jóvenes en el extranjero. En febrero de 1783 ha terminado el gran asedio de Gibraltar de 1779 comenzado en abril con resultados catastróficos para España y Francia. Reina la paz y las tareas propias del reformismo ilustrado van a tomar un nuevo impulso. La prueba para el joven Betancourt está decidida, su cumplimiento le abrirá las puertas a la confianza del poderoso secretario del rey Carlos III: deberá visitar las minas de azogue de Almadén y elaborar un informe sobre las mismas.

Betancourt emprende el viaje desde Aranjuez, pasa por Malagón, Ciudad Real y el valle de Alcudia. Tiene la desventaja de su escasa formación minera y metalúrgica, pero conoce los fundamentos de la hidráulica, es un consumado mecánico desde su temprana juventud, y tiene una mente analítica que le permitirá reconocer con facilidad las diferentes tareas, señalar los principales defectos de las máquinas utilizadas y proponer mejoras.

¿Conoce el joven Betancourt la importancia del azogue para la Hacienda de la Corona?¿Tiene idea de cuáles son los procesos metalúrgicos relacionados con su obtención? ¿Ha oído hablar del método de amalgamación en frío de Bartolomé de Medina que se utiliza en las minas de plata americanas? (1) Lo ignoramos, pero puede que durante su visita se entere de todos estos pormenores y de la importancia de su misión. No está allí para recomendar cómo hacer mejor las cosas, sino para demostrar que tiene la preparación para hacerlo.

Esta prueba guarda más relación con un futuro relacionado con la minería y la metalurgia. Sin embargo, no fue así: Betancourt acabaría vinculado a las obras públicas, a la enseñanza, al estudio y el desarrollo de diferentes máquinas, y a la dirección de grandes empresas e instituciones.

En este primer encargo aparecen sus dotes de analista de tareas sencillas y complejas, que propone enmendar como precursor que fue de la organización industrial. Se enfrenta a problemas hidráulicos y propone soluciones que luego acabarán adoptándose. Demuestra sus conocimientos mecánicos en los diferentes ingenios de las minas. Comprenderá el funcionamiento de unos hornos de tostación cada vez más eficaces tanto en el ahorro de combustible como en su eficacia para la condensación. Confirma una buena preparación.

Minas de Almadén. Hornos de Aludeles-Bustamante. (Ciudad Real)
Frontispicio de Primera Memoria de las Reales Minas de Almadén, de Agustín de Betancourt, 1783, Madrid (T. I). Mss/10427 V. 1. Fondo antiguo. Biblioteca Nacional de España.

De la estancia de un mes Betancourt en Almadén no ha quedado constancia documental salvo en sus memorias. Nada sabemos sobre sus relaciones, si es que las hubo, con el superintendente Gaspar Soler y hasta qué punto este le facilitó el trabajo. Hace mención de Josef Agustín Castaño como «gobernador» de Almadén y alusión a un «director» o «facultativo minero» al cargo de las labores mineras y del cerco de fundición. Por entonces este era Heinrich Cristopher Störr, con el título de director, o delineador, de minas, que también estaba al cargo de la Academia de Minería, la cual por entonces tenía unos pocos alumnos. No sabemos dónde estuvo alojado Betancourt ni quiénes le informaron, aunque en la Primera Memoria reconoce que durante su visita «creí de mi obligación aprovechar el tiempo que permaneciese allí, dedicándome a examinar alguno de los ramos más principales de aquellas minas y los métodos que en ella se observan. Con este objeto, las frecuenté y recorrí varias veces: examiné, inquirí y apunté lo que juzgué más preciso, y formé planos, y vistas de lo que me pareció más útil e instructivo». (2)

Él conocía el encargo y procuró no proponer ni ofrecer soluciones mejores, algo que, al parecer, cualquier informante se sentía obligado a hacer:

«He hecho los reconocimientos, sin espíritu de reformador, ni de proyectista, porque no tenía misión para lo primero, ni lo segundo es de mi genio, y toco algunas cosas que me han parecido dignas de remedio, suplico a V.E. las reciba con su acostumbrada benignidad, como efecto de un zelo que solo aspira al mejor servicio del Rey y ha hacerse digno de la protección de V.E.». (3)

Por las tres memorias que dejó redactadas e inéditas hasta su publicación en 1989, sí puede deducirse que sus visitas al interior fueron frecuentes y que no se inventó, como Guillermo Bowles, lo que decía que había visto. Betancourt afirma que Bowles no llegó a entrar en la mina y que escribió de oídas cuanto dice de ellas en su libro. Un juicio, a nuestro parecer exagerado.

De izquierda a derecha, Torno y malacate, carretillas y carretón para sacar y transportar el mineral. Prensa para frenar propuesta por Betancourt. Camaretas de condensación, aludeles, herramientas de recogida y empacado del azogue. Tornos con escalera y frenos y malacate para subir un caldero con mineral. Cajón con rodillos inventado por Betancourt. Hornos de aludeles en diferentes vistas. Memorias de las Reales Minas de Almadén, 1783, Madrid (T.II). Mss./10428 V. 2. (T.III). Mss./10429 V. 3. Fondo antiguo. Biblioteca Nacional de España.

Con detenimiento observó el trabajo de los mineros, el de los que manejaban las bombas «atractivas» allí utilizadas para desaguar las minas. Estudió y dibujó los tornos para el desagüe por medio de sacas de cuero y los malacates, que servían para subir el mineral en espuertas por los tiros y pozos o para bajar la madera, las herramientas y a los propios mineros. Asistió a las cochuras en los hornos de Bustamante, en el Cerco de Buitrones, así como al levantamiento de los aludeles o arcaduces, donde se condensaba el azogue, y, por último, asistió al empaque del metal en valdeses de cuero para su transporte en carretas y caballerías a las Atarazanas de Sevilla. De esta ciudad partía el azogue por el río Guadalquivir a Sanlúcar o a Cádiz, de donde —bien en navíos de la flota, o bien en los buques de aviso o correos— atravesaría el Atlántico hasta llegar a Veracruz y de esta ciudad costera a las diferentes minas de la Nueva España con el exclusivo fin de ser utilizado para amalgamar en frío el mineral de plata de baja ley convenientemente pulverizado.

Se estima en 12 000 quintales la producción anual de azogue en Almadén por aquellos años. Con esa cantidad y dada la merma del mercurio en el proceso de amalgamación en frío, se obtenía una cantidad cuatro veces mayor de plata4, es decir, 48 000 quintales. De esta plata se estima que venían para la Hacienda de la Corona la quinta parte, esto es, un quinto real. Unos nada despreciables 9600 quintales o 441 689 kilos de plata. Esta plata amonedada se convertía en 16 080 129 de pesos fuertes o «reales de a ocho» de 27,46 gramos.5 Esta moneda se utilizaba en todas las transacciones mundiales de la época. Servía, a su vez, para tranquilizar a los diferentes banqueros y acreedores de la Corona y para perpetuar su confianza cuando se devolvía con ellas una parte de las deudas contraídas.

Betancourt no se ocupa del laboreo en el interior, ni de las tareas de ademar o de fortificación con maderas y mampostería. Las minas bien ademadas se mantenían «limpias y desahogadas» (6), limpias para circular o trechear por ellas con facilidad los «destajeros» y desahogadas para que el aire fuera respirable.

A continuación, haremos una breve descripción de las tres memorias. En ellas el joven Betancourt considera la mina como una fábrica y recomienda cómo producir más y con menor coste.

En la Primera Memoria se ocupa de la extracción de agua en la mina. (7) Esto suponía un gasto considerable en personal y máquinas. Se achicaba el agua como en los pozos utilizando calderos de metal o zacas de cuero, elevándolos a calderas o depósitos sucesivos hasta su extracción por un pozo a cielo abierto o vertiendo el agua en un socavón que la conducía por gravedad al exterior. (8) Se utilizaban también bombas aspirantes e impelentes, que en la época en que las visitó Betancourt eran de troncos de roble de grosor variable, ahuecados con barrenas de diferente diámetro, con pistones de madera, válvulas de cuero para evitar el retroceso, y palancas para accionarla manualmente. En algunos casos, las bombas eran manejadas por un solo bombero, pero en otros se necesitaban dos cuando el diámetro del cuerpo interior de la bomba era excesivo y la cantidad de agua aspirada pesaba mucho.

Describe las bombas, los operarios que las construyen, la altura máxima a que puede elevarse el agua, los «compositores» que las reparan y los «bomberos» que las accionan. Sus recomendaciones son, en el caso de las zacas elevadas con tornos, que debería equilibrarse el peso del cintero ya que los de veinte varas pesaban mojados cerca de 100 libras. Bastaba para ello con que el cintero fuera continuo. Además, indica que los operarios encargados de llenar las zacas y de verterlas pasaban parte del tiempo sin trabajar, esperando la llegada de la zaca vacía o llena. Concluía que las bombas son mucho más eficientes que las zacas, si bien su construcción debería mejorarse.

Labores de pesado y empacado del azogue en valdeses. Memorias de las Reales Minas de Almadén, 1783, Madrid (T.III). Mss./10429 V. 3. Fondo antiguo. Biblioteca Nacional de España.
Retrato de Agustín de Betancourt, pintado por Marcos Baeza Carrillo. Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife.

Así lo expresa Betancourt:

«..si se equilibrase el peso del cintero (lo que es sumamente fácil) con la misma fuerza sacarían los quatro hombres duplicada cantidad de agua de la que hoy extrahen…[sic]..los mismos seis hombres (cuatro en el torno uno abajo llenando la zaca y otro arriba vaciándola) aplicando igual fuerza en tres bombas, levantarían en el propio tiempo duplicada cantidad de agua, con ahorro de la mitad de jornales». (9)

El meticuloso análisis de las labores de la extracción de agua, el trabajo que requieren, las entradas o turnos necesarios, el número de operarios, los tiempos empleados en las diferentes tareas y los rendimientos obtenidos. Son una buena prueba para considerar a Betancourt como un precursor de las técnicas analíticas seguidas en lo que más adelante se llamaría Organización Industrial y Sociología del Trabajo, ambas disciplinas seguidas en las fábricas en los inicios de la Revolución Industrial y muy incipientes por aquel entonces.

En la Segunda Memoria se ocupa de los sistemas de acarreo, o «trecheo», en el interior de la mina —tanto de extracción del mineral como de introducción de maderas, herramientas o mineros— mediante tornos de tambor horizontal o malacates de tambor vertical movidos por hombres o por caballerías dentro de los bariteles.

Betancourt muestra su admiración por los malacates, que se utilizaban para la elevación de mineral y para el descenso de espuertas y maderas en el pozo de San Teodoro. La solera o zafra se cargaba a 82 varas de profundidad. Igual que en los tornos, también aquí recomienda equilibrar los cinteros para aliviar el peso.

En otro torno de tambor vertical —en este caso movido por operarios en la mina de Almadenejos— que se utilizaba para subir mineral por un socavón inclinado y enmaderado, se detiene el joven Betancourt y ofrece interesantes soluciones. Aquí, en lugar de un esportón se utilizaba una cuba metálica y una cadena de acero que hacía de cintero. La cuba se atoraba con facilidad con las maderas que forraban el socavón provocando frecuentes paros en la extracción y posteriores arreglos de la cuba y del forro de madera del socavón. Betancourt propone utilizar un cajón, que él mismo diseña, con dos rodillos en cada cara y que toca el forro de maderamen, lo que evitaría los frecuentes roces, el frenado, las roturas de las cubas cargadas de mineral y la caída de este. Recomienda la utilización de un mecanismo que llama «prensa» y que no es otra cosa que un ingenioso freno acoplado a los tornos que serviría tanto para disminuir la velocidad cuando se desenrolla el cintero o la cadena como para frenar en seco la ascensión y dar respiro a los operarios.

Baritel de San Carlos. Almadén (Ciudad Real).

Betancourt critica la tosquedad y el peso excesivo de los carretones (16 arrobas o 184 kg) movidos por forzados y utilizados para llevar una carga similar de mineral al cerco de los hornos. Señala que volcaban con facilidad impidiendo así la circulación del siguiente.

En la tercera y última memoria se ocupa de los hornos de fundición del Cerco de Buitrones y critica de nuevo a Guillermo Bowles por sus comentarios despectivos hacia los forzados de la mina. Describe sus propias vivencias sobre los descargadores de los hornos, los operarios más afectados por los vapores de mercurio, sobre todo con la apertura de los hornos, cuando estos todavía estaban a una temperatura de más de 80 grados Réaumur. (10)

Las experiencias de Betancourt con dos botellas, una vacía y otra llena de agua, que introducía en los hornos antes de su descarga, demostraron que el gas atmosférico y los gases que se desprendían en el horno eran de muy diferente naturaleza así como su contracción al bajar la temperatura. Con estos experimentos tan elegantes como sencillos demostró la existencia de vapores nocivos al abrir los hornos antes de haberse enfriado lo suficiente.

Propone sustituir los aludeles o arcaduces tradicionales por tubos de hierro de mayor longitud, (11) evitando así el engorroso trabajo del levante, que necesitaba un gran número de operarios y veedores o vigilantes para evitar el robo de mercurio. Betancourt recomienda un mejor sellado de todas las junturas para evitar pérdidas. Señala la conveniencia de construir nada menos que cinco nuevos dobles hornos (por entonces había ocho funcionando). Con más hornos en el mismo tiempo podía completarse mejor la tostación para que se evaporara todo el mercurio y prolongar el enfriamiento un día más antes de su descarga. Sus propuestas para conseguir una condensación más rápida en las camaretas eran una nueva pared de ladrillo en su interior y un canal de agua corriente que enfriara más rápido los vapores que allí llegaban.

Sobre el lavado posterior con agua del mercurio obtenido, su traslado a cubetas y posterior empaque en valdeses de piel una vez pesado, solo se limita a describir el proceso. Señala que sería conveniente transportarlo en recipientes de hierro, cosa que se adoptó ya avanzado el siglo XIX, cuando los arrendatarios eran los Rotschild y las minas de plata pertenecían al México independiente.

Agustín de Betancourt termina su informe en forma de tres memorias el 15 de noviembre de 1783 de esta forma:

Confío que V. Exa. disimulará los defectos de estos escritos, y de los planos que los acompañan, en atención a haber sido escaso el tiempo que he tenido para ordenar mis apuntes y copiarlo todo, sin el sosiego que se requiere para limarlo, por el ansia con que espero la orden de V. Exa. para marchar a donde con mi aplicación me haga útil al servicio de S. M., y digno de protección de V. Exa. (12)

Se abría así el nuevo futuro, que tanto venía deseando, en París, la capital del mundo por entonces, donde bullían las ideas republicanas y democráticas de progreso y contra la tiranía que él mismo defendería13, aprendiendo de sabios y adquiriendo una excelente formación como maquinista, inventor, constructor, ingeniero y urbanista.

Notas

1

Véase Joaquín Fernández Pérez: Los frutos de la invención. La plata el mercurio y el azúcar. Contribuciones científico-técnicas de la America Colonial. Granada. Servicio de publicaciones de la Universidad de Granada. 1993.

2

Cfr. Reales Minas de Almadén de Agustín de Betancourt. Op. Cit. pág. 235

3

Ibidem.

4

Véase: Joaquín Fernández Pérez, Los frutos de la invención… Op. Cit.

5

Véase: Andrés Calderón Fernández, Rafael Dobado González y Alfredo García Hiernaux, «Del ‘real de a ocho’ a los muchos pesos: Plata, precios y tipos de interés en Hispanoamérica y el resto del mundo, 1750-1850». (2019). Estudios de Historia Económica n.º 75. Banco de España.

6

Véase: Reales Ordenanzas para la dirección, régimen y gobierno del importante cuerpo de la Minería de la Nueva España y de su Real Tribunal General de orden de Su Magestad. «Título 9º: De cómo deben labrarse, fortificarse y ampararse la minas». 1783. Madrid. Imprenta Real. pp. 83-94.

7

Para proponer soluciones al desagüe había sido enviado en marzo del mismo año y por orden de José de Gálvez, por entonces secretario de Indias, Tomás Pérez Estala, un cerrajero y maquinista que tenía experiencia en misiones de espionaje industrial. Propuso traer una máquina de vapor de Inglaterra para mover las diferentes bombas. Sin embargo, hasta 1799 no empezó a funcionar esta máquina para mover las bombas. Véase: Juan Helguera Quijada, «Tomás Pérez de Estala y la introducción de las primeras máquinas de vapor en las minas de Almadén a finales del siglo XVIII» en Doctor Jordi Nadal [homenaje]. La industrialización y el desarrollo económico de España. 1999. Miquel Gutiérrez coord. Barcelona. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Barcelona. Vol. 2. pp. 827-844

8

El desagüe de las minas por zacas fue tarea de la que muchos años se ocuparon los forzados. En la época que Betancourt visitó las minas ya habían abandonado esas tareas y se encargaban de otra tarea más penosa, que consistía en empujar los carretones en los que se cargaba la solera o mineral para extraerlo de la mina.

9

Ibid. Nota 3. p. 244

10

Sobre los orígenes de estos hornos, su invención americana, su mayor eficacia y menos gasto de combustible así como de su explicación por parte del químico Louis Proust, véase Joaquín Fernández Pérez e Ignacio González Tascón. “Las Minas de Almadén y las técnicas de amalgamación en la metalurgia hispanoamericana”. En Memorias de las reales Minas de Almadén de Agustín de Betancourt. Op. Cit. págs. 28-85

11

Los hornos de aludeles se siguieron utilizando en Almadén hasta principios del siglo XX . El encañado siguió siendo cerámico y las operaciones de recogida del mercurio mediante el levantamiento de los arcaduces las mismas.

12

Cfr. Memorias de las Reales Minas del Almadén. Op. Cit. 279

13

Véase: Antonio Rumeu de Armas: «El ilustrado Agustín de Betancourt. Leve cala sobre su mentalidad». Anuario de Estudios Atlánticos, n.º 31, pp. 315-342

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