[pms-logout text="Bienvenido, {{meta_user_name}}" link_text="Salir"]
[pms-logout text="Bienvenido, {{meta_user_name}}" link_text="Salir"]

Monográfico | Agustín de Betancourt

Miscelánea betancouriana

Fernando Sáenz Ridruejo

Ingeniero de caminos, canales y puertos.

Viaducto del Lladoner.(Barcelona)

Se ha escudriñado con tanto cuidado todo lo referente a Betancourt que resulta difícil encontrar una simple cita que no haya sido ya reproducida y analizada. En este escrito nos limitamos a recopilar unos cuantos datos desconocidos incluso por los «betancouristas», por haber aparecido en textos dispersos, no dedicados específicamente a don Agustín. A veces, esos datos son erróneos o están desvirtuados por transcripciones confusas, pero tienen el interés de haber contribuido a forjar, más que las noticias verdaderas, la leyenda de Betancourt.

Opinión de Betancourt sobre los artesanos españoles

Resulta de interés un comentario de Joseph Townsend que no había sido recogido por los estudiosos hasta que lo reprodujimos en el estudio introductorio a la edición de la Descripción del establecimiento de Yndrid (1). Denota el elevado concepto que Betancourt tenía del genio español y de la capacidad de los españoles para la invención.

Townsend, después de haber recorrido España durante cerca de un año, publicó en 1791 A journey through Spain in the years 1786 and 1787. Refiriéndose a la variedad de instrumentos de labranza que encontraba en Cataluña escribe:

«En cualquier país por el que discurra, el viajero encontrará máquinas o métodos para facilitar el trabajo, de reciente creación o, al menos, desconocidos para él; y me inclino a pensar que, si está atento, ninguno le aportará más cosas que España. No digo esto guiado únicamente por las observaciones pasajeras que he tenido ocasión de realizar; lo hago pensando en un excelente inventor español, el señor Betancourt, que se ha batido con los artesanos más ingeniosos de toda Europa y que, estoy convencido, no por un prejuicio nacionalista sino por un íntimo conocimiento, considera a sus compatriotas entre los de imaginación e inventiva mecánicas más fértiles».

Townsend pudo conocer a Betancourt en Inglaterra, en el tiempo comprendido entre su viaje y la publicación del libro. Lo evidente es que esta opinión del sabio español, que no figura en ninguno de sus escritos, parece de primera mano y es reveladora del elevado concepto en que tenía a sus compatriotas en una época en que otros viajeros menos perspicaces quedaban deslumbrados por las novedades de cualquier tipo que encontraban en «la Francia» o «la Inglaterra». Por otra parte, esto demuestra que, ya en 1791, Agustín de Betancourt gozaba de tanto prestigio que era citado como una autoridad por un autor inglés ante los lectores de esa nacionalidad.

Joseph Townsend.

En la clásica edición de García Mercadal hay otra referencia a Betancourt. En una nota a pie de página, al tratar del trayecto de Madrid a Aranjuez, se afirma: «Se ve sobre este camino una serie de telégrafos que establecen una comunicación rápida entre la capital y Aranjuez. Estos telégrafos están construidos según los principios del señor Betancourt. Hay en cada telégrafo una lente guarnecida, en el hogar de su ocular, de hilos cruzados, que colocan paralelamente con los brazos del telégrafo con que se corresponden, y el grado de inclinación de los hilos indica el carácter que quieren anunciar».

Como es sabido, hacia 1794 Betancourt y Breguet empezaron a estudiar su sistema telegráfico, que fue presentado en 1797, sin éxito, en Francia, y se instaló en el camino de Aranjuez entre 1798 y 1801. Esta nota no figura en las ediciones de 1791 o 1792 y se añadió en la edición francesa de 1809, que es la utilizada por García Mercadal. Hay que tener en cuenta que el traductor al francés fue el ginebrino Pictet-Mallet, compatriota de Breguet de quien, sin duda, procedía la noticia.

Noticias de Betancourt por Wilhelm von Humboldt

El hermano de Humboldt recorrió España entre 1799 y 1800. Su diario está repleto de expresiones despectivas hacia los paisajes que atraviesa, las ciudades que visita y las personas que amablemente le reciben. Estuvo en Madrid del día 11 de noviembre al 26 de diciembre de 1799 y se entrevistó, entre otros, con Proust, Cavanilles, Moratín, el ministro Urquijo, el conde de Guzmán, Cabarrús, Juan López de Peñalver y con los canarios Bernardo Iriarte, Clavijo y Lugo.

Sobre Betancourt escribe: «Originario de las islas Canarias, ha viajado por encargo del Rey, especializándose en Mecánica. Ha reunido para el Rey un gabinete de modelos, con muchas piezas, que está realizado con gran boato. Está instalado en el Retiro, donde tiene su habitación. Ha inventado también un nuevo telégrafo que ha puesto en el Retiro y que debe llegar hasta Cádiz. Este telégrafo es conocido por el Institut National de París. Tiene fisionomía chifonirte, más francesa que española»2. Es el primer, y tal vez único, testimonio de que Betancourt tenía el rostro «arrugado», como, al decir del autor, tienen los franceses.

Betancourt en la comisión de Geometría de la Academia de Bellas Artes

El 18 de febrero de 1801 se celebró una Junta Extraordinaria para el arreglo de la Sala de Geometría. Fue convocada, de acuerdo con lo convenido en la Junta del 8 de febrero, por el Consiliario marqués de Espeja, que la presidió. Asistieron Betancourt, Ortiz, De la Diezma, Arnal, Casanova, Varas y el secretario Bosarte. Según el acta, tras la exposición del marqués de Espeja, «se conferenció maduramente entre otros señores sobre la necesidad de instaurar el estudio de la Aritmética y Geometría en aquella sala del modo más conforme a las intenciones antiguas de la Academia continuadas en diferentes tiempos siempre con el loable fin del mayor aprovechamiento de los jóvenes». Se tomó, entre otros, el acuerdo de reimprimir el tomo primero de la obra grande del director D. Benito Bails (3).

Esta noticia no había sido recogida por los biógrafos de Betancourt, en especial, por Pedro García Ormaechea, que siguió su pista en las actas de las reuniones ordinarias de la Real Academia. Ormaechea dejó constancia de la presencia de nuestro ingeniero en la Junta del 8 de febrero, pero no supo de esta Junta Extraordinaria. Aunque nimio, este es un dato más a añadir a la actividad de don Agustín en 1801, un año tan trascendente en su biografía.

La opinión de los asistentes a la Junta queda enmascarada en ese párrafo tan ambiguo del secretario Bosarte; pero, conociendo la opinión de Agustín de Betancourt acerca de las enseñanzas de la Academia, parece evidente que no pudo agradarle este acuerdo de volver a las «antiguas intenciones». De hecho, a partir de este momento se detecta un cierto desapego de las actividades académicas. Ni asistió a las juntas durante más de un año, ni cumplimentó el encargo de informar sobre el tratado de don Santos de Ochandategui. Al cabo de dos años, ignorando los libros de Bails, mandaría traducir para la Escuela de Caminos la Geometría de Monge.

Wilhem Von Humboldt.

Dos oficios del inspector Betancourt en Santander

Tanto Betancourt como su predecesor el conde Guzmán dirigieron múltiples oficios a los representantes provinciales de la Superintendencia de Caminos dando instrucciones sobre cuestiones que la mayoría de las veces eran más burocráticas que de carácter técnico y relativas a la aplicación de los fondos. Ya en 1983 nos referimos a algunos de estos oficios conservados en el archivo de la Real Sociedad Riojana y publicados por Felipe Abad (4).

A continuación, reproducimos dos oficios de Betancourt que se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Santander.

Adjunto remito a VSS un exemplar de las Reales ordenanzas mandadas observar para conservación de los nuevos Caminos, y arboles laterales a ellos, para que VSS las hagan executar en la parte que les corresponda. Dios guarde a VSS muchos años. Madrid 16 de Diciembre de 1802 = Agustín de Betancourt.

En orden de 28 del pasado nos dice el Excmo. Sr. Dn. Pedro Cevallos que, no haviendo el Rey tenido por conveniente aprovar el Arancel de derechos de Portazgo que VSS propusieron, se ha serbido resolber que esta Dirección General de Correos y Caminos remita a VSS una copia del Arancel general ultimamente aprovado para todos los Portazgos del Reyno, a fin de que por el se arreglen los de ese Camino, y el señalamiento de puntos en que deven cobrarse, remitiéndolo todo a S. Exa. para la aprovación de SM. En cumplimiento de esta Real orden remitimos a VSS una copia de dicho Arancel general para su inteligencia y gobierno, y como los Aranceles particulares de cada Portazgo deven resultar de las distancias que haia entre ellos, damos orden a Dn. Francisco Xavier Barra para que execute la medición en los terminos que le prevenimos. Dios guarde a VSS muchos años. Madrid 6 de Diciembre de 1804 = Agustín de Betancourt

El viaducto del Lladoner

El puente o viaducto del Lladoner (o Lledoner), situado sobre la riera de Rafamans, es una de las obras más importantes de la ampulosa carretera proyectada en época de Carlos III para conexión de Barcelona con Tarragona y Valencia. Su construcción duró desde 1761 a 1803 y a lo largo de los años ha pasado por muchas vicisitudes, como su voladura por parte del ejército republicano en 1938 para dificultar el avance de las tropas franquistas. En su estado actual, que corresponde a la reconstrucción de 1940-1943, tiene una anchura de 13 metros, 32 metros de altura y una longitud de 192 metros. Está formado por dos niveles de arcos sobrepuestos, con 9 arcos en el nivel inferior y 13 en el superior.

En 1803 Agustín de Betancourt, en su Noticia del estado actual de los caminos y canales en España, refiriéndose al despilfarro de la carretera de Barcelona a Valencia descalifica el viaducto en estos términos: «La extravagante empresa del puente de Lladoner en un barranco seco manifiesta claramente que la vana ostentación era el único móvil que guiaba a los que emprendían semejantes obras, creyendo sin duda inmortalizarse venciendo dificultades que no existían».

La leyenda, sin embargo, uniría los nombres de Betancourt y del Lladoner, a mayor gloria del ingeniero canario. El arquitecto francés François-Martin Lebrun, en su Methode practique pour l’emploi du béton (París, 1835), haciéndose eco de lo escrito por el coronel Raucourt (5), afirmaba que la construcción de este puente, excesivamente precipitada, había tenido que abandonarse por la ruptura de uno de sus arcos inferiores, pero que fue reemprendida con pleno éxito por Betancourt, que lo elevó a 150 pies de altura con una longitud de 700 a 800 pies. Añadía que lo hizo con mampostería maciza y que no se permitió el paso de vehículos hasta dos años después de su terminación.

No esta esta la única fantasía relacionada con el Lladoner. En la página de Inforural de Cervelló su construcción se retrotrae al siglo XVII. El periodista Victor W. Von Hagen en su Los caminos que conducían a Roma, (Barcelona, 1973) se remonta mucho más atrás y lo convierte en acueducto romano. Reproduce un grabado de Laborde y, al pie, escribe «magnificent aqueduct».

La construcción del puente del Lladoner, excesivamente precipitada, había tenido que abandonarse por la ruptura de uno de sus arcos inferiores, pero fue reemprendida con pleno éxito por Betancourt, que lo elevó a 150 pies de altura con una longitud de 700 a 800 pies

Antonio Gutiérrez y el nuevo sistema de navegación interior

En agosto de 1807, Betancourt preparó en París su memoria sobre «un nuevo sistema de navegación interior» con el invento llamado esclusa de émbolo buzo. Presentada a la Academia de Ciencias, esta institución nombró una comisión formada por Monge, Bossut y Prony que, con fecha 21 de septiembre, emitió un elogioso informe en el que se recomendaba su publicación. Al día siguiente salía para España la noticia, que se recogió en octubre de ese año, en la página 1043 de la Gaceta de Madrid:

FRANCIA–22 de setiembre

D. Agustín de Betancourt, inspector general de los caminos de España, ha comunicado al instituto una invención nueva que facilita considerablemente la construcción de canales, suprimiendo todo gasto inútil de agua. M. A. Pictet, tribuno, ha hablado de ella en el informe que ha hecho al cuerpo legislativo sobre los impuestos destinados a la construcción de caminos.

«No es propio, dixo, de esta tribuna explicar los pormenores de este invento tan ingenioso como sencillo; pero diré sumariamente en lo que consiste. Cada exclusa en lugar de un solo vaso, tiene dos contiguos, que comunican entre si por el fondo. El uno esta destinado a hacer subir y baxar los bateles por el método ordinario; pero el movimiento vertical del agua que los sostiene es producido por la simple inmersión o emersión de un pontón en el vaso contiguo. El pontón tiene un volumen igual al del agua que se necesita quitar o poner, y está tan ingeniosa y felizmente equilibrado, que un hombre solo basta para la maniobra que se necesita para hacer subir o baxar el barco más grande».

La memoria se publicó en 1808, pero, invadida España por las tropas francesas, que ocuparon y destrozaron el Buen Retiro, no es probable que llegara aquí hasta que, asentada la administración josefista, pudo pensar en reorganizar el cuerpo de ingenieros de caminos.

En 1811, cuando Betancourt llevaba ya tres años en Rusia, apareció en tres números de la Gaceta un extenso reportaje sobre el nuevo sistema de navegación6. Lo firmaba un tal A. G., que no podía ser otro que su discípulo Antonio Gutiérrez, el cual por entonces era catedrático de Física Experimental en el Instituto de San Isidro. Estaba lleno de alabanzas hacia la figura de su maestro y otorgaba al invento gran trascendencia para el futuro de la llamada «pequeña navegación».

Se puede asegurar, sin temor de pasar por temerario —concluía—, que es uno de los pasos más importantes en el arte de construir los canales, y que tendrá una gran influencia en la prosperidad de las naciones, facilitando la construcción de estas obras tan necesarias para la felicidad de los pueblos.

Las previsiones de Gutiérrez, como es sabido, no se cumplieron. En las zonas montañosas para las que el nuevo sistema estaba pensado, esos canales pronto serían sustituidos por vías férreas.

Un poema de Císcar a Betancourt, ignorando su muerte

Gabriel Císcar y Císcar (Valencia, 17.3.1760 – Gibraltar, 12.8.1829) fue un marino, científico y político, casi coetáneo de Betancourt, con quien compartía no pocos intereses y preocupaciones. Participó en todos los avatares de la guerra de la Independencia y de la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis. Condenado a muerte por Fernando VII, en octubre de 1823 se vio obligado a refugiarse en Gibraltar, donde subsistió con una pensión de mil reales mensuales ofrecida por el duque de Wellington. En sus últimos tiempos, alejado de los estudios científicos y de la política, publicó, en 1825, Ensayos poéticos y, en 1828, Poema Físico-Astronómico en siete cantos, de tono didáctico (7).

Aparecen allí numerosos científicos europeos, desde Galileo y Copérnico a Newton, Kepler, Laplace o Humboldt, y varios marinos españoles, como Mendoza Ríos, Mazarredo, Espinosa, Alcalá Galiano, Ulloa y, por supuesto, Jorge Juan, al que cita como «Don Jorge Juan».

Tratando sobre el termómetro y el calor, se dirige a Betancourt en estos términos:

Sobre materia tan interesante,

y sobre la expansión de los vapores,

tu, Agustín de Betancourt, el pie delante,

a los más ilustrados profesores

echaste, estableciendo una teoría

nueva, fundada en la alta Geometría.

De dó susurra humilde el Manzanares

al caudaloso Neva trasladado,

disfruta los honores singulares,

debidos a tu mérito acendrado.

Gózate en paz, y en medio de tu gloria,

nuestra amistad conserva en tu memoria.

Gabriel Císcar y Císcar (Museo Naval de Madrid).

En el canto II, pp. 85-86, al tratar sobre la fuerza expansiva del vapor, vuelve a recordar a don Agustín con estas ripiosas estrofas:

Es principio sentado y evidente

que, en general, los gases estrechados,

tienden a dilatarse, a todos lados,

con la misma potencia comprimente.

Y la de ácueo vapor, según los grados

De ígneo calor, el siglo precedente

calculó Betancourt exactamente.

Así es que, por el aire comprimido,

del metálico tubo prolongado,

con penetrante y horrísono silbido,

el mortífero plomo es disparado.

La incomunicación hizo que Císcar no supiera de la muerte de Betancourt, ocurrida cuatro años antes. Carlos Domínguez López (1941-2017) me remitió en 1995 una copia de estos versos con esta pregunta: «¿Cuándo se supo en España la muerte de Betancourt?». A buen seguro, en Tenerife se supo enseguida, pero la primera referencia que tenemos a su conocimiento en la península es de 1826.

El retrato de Betancourt

El duque de Osuna —que a finales de 1856 había llegado a la Corte de San Petersburgo como portador de una carta de Isabel II al zar Alejandro II— en julio de 1858 fue nombrado «ministro plenipotenciario cerca del emperador de Rusia». Por Real Orden del Ministerio de Fomento, de 17 de agosto de 1859, se le encargó la adquisición de una copia «lo más esmerada que sea posible, del retrato que existe en dicha corte de D. Agustín de Betancourt»8. Ese es el retrato que hoy existe en la Escuela de Caminos y que ha servido de modelo a los de mayor o menor calidad que existen en otros centros.

Hace varios años un asesor de la Escuela, después de haber conseguido una certificación de que el retrato de Carlos IV allí existente era de Goya, anunció su intención de hacer lo propio con el de Betancourt: poco importaban los distintivos zaristas que figuran en su uniforme. Pues bien, si hemos de creer al ingeniero agrónomo don Eduardo de la Morena, parece que lo consiguió. La figura nº 1.1 de su tesis doctoral es «Retrato de Agustín de Betancourt y Molina por Francisco de Goya

(Fuente: Galería de personajes ilustres de la ETS de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid)» (9).

Diferentes son las vicisitudes del trastrueque de los retratos de don Agustín y de su hermano José. Se produjo en el catálogo de la exposición de 1996 y, a partir de entonces, varias instituciones, como la Escuela Politécnica de París y, en alguna ocasión, la mismísima Escuela de Caminos —cansadas de la imagen tradicional del ingeniero— adoptaron la del hermano.

Hoy siguen apareciendo datos sobre nuestro fundador desconocidos hasta para los betancouristas

Una disparatada biografía rusa

En los últimos años, después de consolidada la imagen histórica de Betancourt, su figura ha empezado a ser utilizada en la literatura y en otras manifestaciones artísticas, con lo que, en cierto modo, ha vuelto a ingresar en la leyenda. Un ejemplo es la excelente recreación teatral El hilo de Betancourt, desarrollada por el conjunto canario Helenaturboteatro.

Carácter muy distinto tiene el libro Betancourt, ingeniero por excelencia del ruso Dmitry Kuznetsov. Traducido al español por una soviética residente en Cuba y publicado aquí por Endymion, fue incorporado después a la Colección de Ciencias, Humanidades e Ingeniería del Colegio de Ingenieros de Caminos, sin que mediara el menor juicio crítico. A lo largo de sus 667 páginas se distribuyen cerca de 400 minicapítulos cuidadosamente desordenados en los que se mezclan historias e historietas de Betancourt en España, Francia, Inglaterra y Rusia. No estamos ante una biografía del inventor canario ni ante una biografía novelada, sino, más bien, ante una biografía fantaseada.

Los anacronismos y anatopismos son tantos y de tanto bulto —tan ridículos—, que hacen pensar que el autor ni sabía nada de la historia y la geografía españolas ni se molestó en consultarlas. Algunos ejemplos:

Betancourt nació en Santa Cruz en 1402. El conquistador de Canarias Jean de Bethencourt dejó en 1412 un encargado que robó las armas y los fondos y se volvió para la península en un barco que venía de América. «Exactamente en 1757 —se afirma ahí—, las islas Canarias se incorporaron a la monarquía española, durante el reinado de Carlos III (doble error pues quien reinaba en esa fecha era Fernando VI). Hasta la época de Carlos III no hubo en España y en la América hispana más que dos puertos. Para ir a Almadén pasando por Ciudad Real, Betancourt salió de Toledo siguiendo el curso del río Tajo. La familia de Lanz procedía de una ciudad española llamada Navarra.

Hay erratas achacables a la traducción y la transliteración de ida y vuelta, hecha por alguien que tampoco conoce España. Así, Jaén se convierte en Haena; Vitoria es Vittoria y Aranda Arande; Floridablanca, unas veces es conde, otra es duque y, a menudo, don Floridablanca. Goya aparece, en algún pasaje, como Goya y Lucentesa. Mariano Salvador Maella es citado como Sebastián Mael y Mariano Luis de Urquijo como «almirante». Betancourt era teniente general y en 1801 Godoy lo nombró «generalísimo». La Real Academia de Bellas Artes es el Consejo Real de la Academia de las Artes y Rumeu de Armas es Antonio Riume. A la Escuela de Caminos y Canales se le añaden, en algunas citas, los Puertos y, en otras, pasa a ser de Vías de Comunicación. Los Reales Estudios de San Isidro figuran como Escuela Real de San Isidoro.

Pintoresca es la historia de los jesuitas que, al decir del autor, dominaban el comercio entre España y las Indias, poseían las minas de plata de México y también explotaban las de mercurio de Almadén. Cuando en 1767 fueron expulsados de España, antes de irse, incendiaron las minas; estas se pasaron meses ardiendo, fue preciso inundarlas y así permanecieron muchos años hasta que fue Betancourt a extraer el agua y solucionar el problema. El único incendio que conocíamos data de 1755, pero ese es un pequeño detalle. Tampoco tiene importancia la afirmación de que Betancourt pasó cuatro meses en Almadén cuando realmente solo estuvo uno.

En España, según el autor, quemaban en la hoguera a quien pusiera en duda que el sonido de las campanas mejoraba las cosechas. Una de las razones que aporta para su salida de España del ingeniero es que la Inquisición consideraba el telégrafo óptico como un instrumento diabólico. Como los trabajos del telégrafo terminaron en 1801 —da por hecho que llegó hasta Cádiz— hemos de pensar que, o no actuaron contra Betancourt con demasiada diligencia, o él mucho tardó en huir. También se afirma en la obra que el reconocimiento secreto por parte de Rusia de las Cortes de Cádiz y de la Constitución de 1812 fue una maniobra de Betancourt para «vengarse de la Inquisición». No queda claro de qué se tenía que vengar Betancourt, aunque asombra que hubiera conseguido tanto poder como para condicionar la política exterior del Imperio Ruso.

Los disparates afectan también a muchos personajes de la historia de España, como Jovellanos, al que se convierte en josefista. Juan de Villanueva, que era ya una gran figura cuando Betancourt llegó a Madrid, aparece en este libro como su ayudante.

Y, lo que es más grave, el carácter de Betancourt, tal vez para adecuarlo a la mentalidad del lector ruso, se desvirtúa completamente. Don Agustín, que fue moderado y pacífico, aparece como un bebedor, pendenciero y agresivo. En el camino de Aranjuez a Madrid, Goya y Betancourt se emborrachan juntos en una posada en la que se quedan a pernoctar. En ella, cómo no, también había pasado la noche don Quijote. «Si Agustín Augústovich disentía de su interlocutor estallaba fácilmente», afirma el autor en cierto pasaje. En otro, nos cuenta que Betancourt manejaba todo tipo de armas y, en especial, el cuchillo, con el que estuvo a punto de cortarle las manos a un arriero. Dice también que, cuando se le murió una hija recién nacida, de no haberse interpuesto su mujer, hubiera estrangulado al médico.

Tampoco la aritmética resulta bien parada este libro. Cuando Betancourt llega a Londres, en 1794, su hija Carolina aún no tenía tres años; pero antes de salir de allí, en 1796, ya había cumplido los siete.

Sería de desear que el Colegio descatalogase esta obra y renunciara a su venta. Por fortuna, ahora dispone de una comisión encargada de estudiar los textos susceptibles de ser incorporados a sus colecciones

Notas

1

Betancourt, A. de, Descripción del establecimiento de Yndrid. 2008. Madrid, Ministerio de Fomento/Patrimonio Nacional, , pp. 37-38.

2

Humboldt, Wilhelm von. (1999) Diario de Viaje a España 1799-1800. Madrid, Cátedra,. p. 127.

3

ARABASF, legajo 1-31-9.

4

Sáenz Ridruejo, F. (1983). «Los primeros ingenieros de Caminos (1799-1839)», ROP, mayo, p. 369 Abad León, F. (1980). La Rioja provincia y región de España, Logroño, p. 39.

5

Raucourt de Charleville, Traité sur l’art de faire bons mortiers, deuxième edition, Paris, 1828.

6

Gaceta de Madrid, nº 96, 6 de abril de 1811; nº 99, 9 de abril de 1811 y nº 100, 10 de abril de 1811.

7

Císcar, Gabriel (1861) Poema físico-astronómico en siete cantos, dividido en artículos, publicado por el capitán de fragata D. Miguel Lobo, Madrid, Imprenta y Estereotipia M. Rivadeneyra.

8

Legislación de Obras Públicas, 2ª serie, t. VII, 1859, edición 1860, p. 396. Citada por García Ortega, Disposiciones, p. 274.

9

Morena de la Fuente Eduardo de la (2018). El Patrimonio Histórico de Agustín de Betancourt: Análisis de las aportaciones a la Ingeniería Civil mediante técnicas Cad/Cae. [Tesis doctoral]. Universidad Politécnica de Madrid.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.