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Monográfico | Agustín de Betancourt

Betancourt, el ingeniero total

José Antonio Martín Pereda

Dr. Ingeniero de Telecomunicaciones. Académico de la Real Academia de la Ingeniería.

Antonio Colino Martínez

Expresidente de la Real Academia de la Ingeniería.

Retrato de Agustín de Betancourt. Litografía. Siglo XIX

El siglo XVIII supuso, gracias a las múltiples revoluciones científicas y tecnológicas que surgieron, un vuelco total a todos los usos y costumbres que la sociedad había seguido durante siglos, y solo algunos grandes personajes de esos años llegaron a abarcarlas. Se necesitaba una mente completamente abierta ante lo que se avecinaba y también saber cómo acomodar los avances en una sociedad que generalmente se resistía a cambiar. Agustín de Betancourt fue uno de esos personajes.

Desde sus Memorias sobre las minas de Almadén, de 1783 —que constituyeron una de las principales fuentes para el conocimiento de la tecnología minera—, y el lanzamiento, ese mismo año, del primer globo aerostático en España, la trayectoria de Betancourt fue recorriendo todas las incipientes ingenierías existentes hasta ese momento. En 1784, en su primer viaje a París, inició la recopilación de todo el material relacionado con la ingeniería civil en Europa con el que crearía el Real Gabinete de Máquinas. Tras sus viajes a Inglaterra llevó a Francia las bases de las máquinas de vapor desarrolladas por Watt, que incorporó al Real Gabinete y sirvieron para la construcción de las primeras máquinas industriales que dieron energía a los molinos. Tras la catastrófica rotura de la presa de Puentes en 1799, creó los Estudios de la Inspección General de Caminos y Canales destinados a la formación de técnicos en ingeniería civil que pronto, en 1802, pasaron a ser la Escuela de Caminos y Canales. Un año después, con un proyecto de profundo valor ecológico sin que este concepto hubiera nacido aun, trabajó sobre la regulación del rio Genil a su paso por Granada. Este proyecto no fue del agrado de Godoy e implicó que, tras un breve tiempo, Betancourt abandonara España y pasara a Rusia donde su obra fue más apreciada que en su propio país.

Sus años en España implicaron el surgimiento de una serie de actividades que condujeron, años después, al nacimiento de la mayor parte de las ramas de la ingeniería que constituyen la base de la sociedad del siglo XXI. La ingeniería civil, de minas, la agronómica, de materiales, industrial, incluso la ingeniería aeronáutica y de las comunicaciones dieron incipientes pasos que poco a poco se asentarían. De todas ellas, la de comunicaciones fue la que desarrolló mayor controversia en Europa por su enfrentamiento con otra tecnología francesa que intentaba anular la presencia de cualquier competidor. Hasta para los litigios del siglo actual entre compañías rivales, Betancourt fue un precursor.

En este artículo se dará un breve resumen de la polémica mantenida con Claude Chappe, creador del sistema francés de telegrafía óptica, que demuestra que los conflictos entre desarrollos siempre han estado presentes en la ingeniería.

Polémica con Chappe en torno al telégrafo óptico (1, 2, 3, 4)

En el intervalo entre 1792, fecha del segundo viaje de Betancourt a París, y su regreso allí en 1796 tras haber estado tres años en Inglaterra, la situación política europea había cambiado drásticamente. Tras el Terror de 1793, Robespierre es guillotinado en el 94 y se configura un Directorio, que en el 96 se alía con España contra Gran Bretaña. Todas las relaciones internacionales cambian y Betancourt decide asentarse ese año en Francia.

Mientras tanto, el desarrollo de telégrafo óptico de Claude Chappe había culminado su historia con la implantación en 1794 de la primera línea telegráfica entre París y Lille, a la que pronto siguió otra entre París y Landau. Esa noticia no quedó oculta y otros países se hicieron eco de lo ocurrido en Francia. Suecia e Inglaterra intentaron replicar el invento de Chappe con las noticias que llegaban a sus países. Con toda seguridad Betancourt las conocía, porque en septiembre de 1794 había aparecido un pequeño artículo en el Gentleman’s Magazine, una revista mensual londinense y referente acreditado del panorama intelectual inglés, con algunos detalles sobre el mismo. En octubre, en un espectáculo musical de Charles Dibdin, el compositor y autor británico, introducía en una de sus obras un poema de John Skelley, en el que los asistentes podían oír: «If you’ll only just promise you’ll none of you laugh / I’ll be after explaining the French telegraph! / A machine that’s endowed with such wonderful pow’r / It writes, reads and sends news 50 miles in an hour» («Solo si prometen no echarse a reír, les hablaré del telégrafo francés. Una máquina de tanta potencia, que escribe, lee y envía noticias en una hora a 50 millas»).

Facsimil de la primera carta de Eymar.

El telégrafo que había instalado Chappe en Francia lo había desarrollado con la ayuda de Abraham Louis Breguet, el relojero suizo más acreditado en Europa en aquel momento. Si la idea básica del telégrafo era de Chappe, todos los mecanismos necesarios para cumplir su función con la necesaria rapidez y facilidad habían sido obra, esencialmente, de Breguet. Pero en 1796 las relaciones entre ambos se habían enfriado y ese año Breguet colaboraba intensamente con Betancourt. En esa colaboración se gestó un nuevo telégrafo cuya idea básica era conseguir un manejo más sencillo, una mayor fiabilidad en el envío de información y, sobre todo, una mayor rapidez.

El telégrafo de Chappe estaba compuesto por un travesaño central que podía girar en torno a su centro y adoptar cuatro posiciones diferentes, y dos brazos situados en sus extremos que también podían girar de forma independiente y tomar siete orientaciones. En total podían conseguirse 98 posiciones netamente diferenciadas con las que se podían transmitir otros tantos símbolos de los que cuatro se reservaban para señales de control y 94, para posibles números, letras y sílabas. Los mecanismos que había diseñado Breguet permitían llevar los movimientos de los torreros en el interior de la estación a la parte superior de la torre.

La propuesta de Betancourt, por el contrario, no tenía más que un largo indicador, que denominó flecha, que giraba en torno a su punto medio y que podía adoptar 36 posiciones diferentes, separadas 10o entre sí. El objetivo de Betancourt era enviar únicamente letras de manera que no fuera necesario disponer de un diccionario de símbolos. Es evidente que si la separación entre dos letras era de solo 10o, sería prácticamente imposible diferenciar una posición de la contigua. Para resolver este problema Betancourt ideó un mecanismo que constituye su verdadera aportación original al sistema.

El fundamento del sistema se basa en aprovechar las características que tiene el ojo humano de ser mucho más sensible al paralelismo entre dos líneas que al valor absoluto de inclinación que puedan tener. Para aprovechar este hecho, la flecha giraba sincronizada con los dos telescopios que estaban dispuestos en cada estación, el de observación de la torre precedente y el de la siguiente. Estos telescopios tenían incorporado un hilo que giraba con el telescopio y una pequeña flecha como referencia angular. La posición de ese hilo, al situarse paralelo a la flecha de la torre anterior daba la letra transmitida. Ese giro se transmitía, al mismo tiempo, a la flecha de la torre en la que se realizaba la observación y era transmitida así a la siguiente. Esta forma de trabajo, totalmente diferente de la de Chappe, es muy posible que no fuera entendida por él. La seguridad en la transmisión que proporcionaba era superior a la de este, ya que los posibles errores disminuían gracias al sistema de coordinación de los telescopios. La transmisión, por otra parte, de letras y números facilitaba a los operarios de las torres intermedias conocer el contenido de lo que estaban transmitiendo, cosa que no ocurría en el de Chappe, en el que el contenido estaba codificado. Con toda seguridad, si el sistema de Betancourt se hubiera desarrollado como el del francés, se habrían adoptado métodos para una transmisión cifrada, así como códigos de envío o de funcionamiento. Su corta vida impidió que se desarrollara de forma completa.

Telégrafo de Betancourt

El 13 de octubre de 1796, Betancourt presenta al Directorio de la República Francesa su proyecto de telégrafo con el título de «Description de télégraphe inventé par les Citoyens Bréguet et Betancourt», gracias a la mediación del diputado Ange Marie d’Eymar, conde de Eymar, que antes había sido diputado por la nobleza y ahora ya estaba plenamente integrado en el Directorio. El proyecto constaba solo de tres páginas con una breve descripción de sus partes y funcionamiento. Eymar lo hace suyo y lo acompaña con una carta en la que muestra sus ventajas y elogia a los autores por «su talento y sus obras en la mecánica». Recuerda que Breguet colaboró con Chappe en su telégrafo y, por ello, conoce bien su funcionamiento. Los documentos se remitieron a Lazare Carnot, miembro del Directorio, que a su vez encargó a Gaspard de Prony, primer director de la Oficina de Catastro, que hiciese las pruebas necesarias para determinar las características del invento. Hechas estas, su conclusión es altamente elogiosa en todos los sentidos: rapidez, facilidad de manejo y coste económico. Chappe, aunque de forma anónima, no tarda en responder el 30 de diciembre señalando que el nuevo sistema es una mala copia del suyo, sin nada original y sin aportar detalles técnicos. Breguet y Betancourt contestan a Chappe el 9 de enero de 1797, rebatiendo su escrito, esta vez ya de forma más detallada e incorporando una análisis económico y técnico que demostraba que su sistema era significativamente más barato que el del francés y más fiable.

El 27 de enero Betancourt vuelve a España y deja a Breguet un poder como responsable de sus temas económicos, así como de las gestiones necesarias para que su telégrafo sea adoptado por el Directorio. Breguet hace llegar de nuevo un estudio más extenso a la consideración del mismo. Prony vuelve a hacer un informe en el que se reafirma en sus consideraciones previas y publica en la Gazette Nationale ou Le Moniteur Universel una carta al geómetra Monge, director de la Escuela Politécnica. En ella, además de cuestiones técnicas referidas a los sistemas en disputa, añade varias consideraciones políticas sobre las ventajas del telégrafo en la posible invasión de Inglaterra por parte de Napoleón. Acaba su escrito pidiendo una comparación entre ambos sistemas.

Chappe no tarda en responder con otra carta al mismo periódico, así como al Conservateur, a La clef du Cabinet y a Le Republicain, que inicia con: «El español Betancourt, harto de robar descubrimientos ajenos, se ha asociado con el ciudadano Breguet para sacar alguna cosa de su propio fondo anunciando un nuevo telégrafo». Le califica como copia mutilada de su telégrafo, añadiendo que es una imitación del inglés y, al tratar de demostrar la superior calidad técnica del suyo, demuestra que no había entendido cómo funcionaba el del español agregando que «la nueva máquina era un hermano bastardo y abortado del telégrafo actual».

Betancourt contribuyó al nacimiento de la mayor parte de las ramas de la ingeniería

Dos días después aparece otra carta pública de Eymar en La Gazette National (5) replicando a ese escrito. Su lenguaje es absolutamente diferente intentando ser cortés y ateniéndose solo a aspectos técnicos sin entrar en las descalificaciones de Chappe. Hace una larga revisión de los méritos científicos de Breguet y Betancourt que, añade, han sido ampliamente reconocidos en toda Europa y concluye, de nuevo, con las ventajas de su sistema. A este escrito Chappe ya no responde y, ante la polémica suscitada, el Gobierno francés ordena al ministro del Interior que el Institut National des Sciences et Arts emita un dictamen sobre ambos sistemas. Betancourt se encuentra de nuevo en París. Este dictamen es solicitado por el Directorio el 29 de noviembre de 1797 y se encarga a la Academia de Ciencias que realice las pruebas pertinentes. Esta forma una comisión de expertos integrada por Laplace, Lagrange, Borda, Prony, Delambre, Coulomb y Charles. Sus nombres eran incontestables por todos y su dictamen debía ser definitivo. Ambos autores debían remitir a la Academia modelos operativos de sus sistemas y memorias detalladas de su funcionamiento. Betancourt redacta una nueva memoria, más detallada, con una amplia colección de planos de su equipo, así como un modelo del equipo para dos estaciones. Chappe responde con una carta dirigida a los comisionados solicitando que no sigan con las pruebas y oponiéndose a ellas. A mediados de diciembre se entrevista con miembros del Directorio, se niega a presentar sus equipos y finalmente el Directorio renuncia a hacer las pruebas comparativas. Las razones políticas que presentaría Chappe, y que no se conocen, debieron influir de forma definitiva.

A pesar de todo, el sistema de Betancourt es probado por la Academia el 21 de marzo de 1798 en sesión pública e incluso con la presencia del embajador de España, que remitiría los resultados a Godoy. El 10 de abril Delambre lee las conclusiones.

El informe emitido por la Academia es absolutamente favorable en todos los aspectos. Recalca la facilidad de manejo, la fiabilidad de los datos transmitidos y la seguridad en su uso. Señala que no exige ningún tipo de aprendizaje previo y que, con solo conocer las letras, cualquier hombre de inteligencia normal puede usarlo. Como ejemplo, señala que una de las frases transmitidas estaba en latín, idioma que no conocía el operario, y que se recibió con la misma exactitud que cualquier otra. Eymar remite una carta a Le Moniteur con el resultado de las pruebas, indicando que solo resta la aceptación final del gobierno.

Chappe, ante el peligro que aquello puede suponer para el futuro de su sistema, envía una nueva carta en la que recuerda el buen funcionamiento que ha tenido su sistema en el pasado, acusa a los académicos de mentir y acaba con una serie de comentarios que merecen ser destacados: «Se me ha acusado de haber dicho que Breguet y Betancourt son extranjeros. Poco importa la perfección de su máquina. Pero sí importa a la República que el Gobierno no favorezca a extranjeros en nuestro detrimento…. Bonaparte ha anunciado en su discurso de recepción una gran idea: no debe hacerse ningún descubrimiento en las ciencias que no sea hecho por los franceses; es propagando ideas tales como se forma un espíritu nacional; los republicanos deben de creerse de una especie superior a la de los otros hombres. Los romanos no habrían sido tan grandes si no hubiesen estado persuadidos de que los otros pueblos eran bárbaros».

Lettres sur un nouveau télégraphe

Dos cartas de Eymar, dirigidas a Monge y Chappe, y fechadas el 12 y el 20 de brumario año VI (2 y 10 de noviembre de 1797), y una carta de Chappe, fechada el 15 de brumario año VI (5 de noviembre de 1797).

https://forohistorico.coit.es/index.php/biblioteca/libros-electronicos/item/lettres-sur-un-nouveau-telegraphe#fht-ifrm

La vida del telégrafo de Betancourt acabó así su trayectoria en Francia. Pero el informe remitido por el embajador español al Gobierno de España dio pie a que en diciembre de 1798 se planteara el establecimiento de una línea entre Madrid y Cádiz. A finales de 1798 se edificaron las primeras cuatro torres que se instalaron en el Buen Retiro, en el cerro Espartinas de Getafe, en Valdemoro y en el monte Parnaso de Aranjuez. La situación económica y política impidió que el proyecto siguiera el camino planificado y no se construyó ninguna más. Con ello, el telégrafo óptico en España quedó interrumpido y solo en 1844 se volvió al planteamiento de un sistema a nivel nacional. Pero entonces el sistema ya fue otro y nada quedó del que podría haber desarrollado Betancourt. Con ello, la posible creación de un cuerpo de telegrafistas por parte de Betancourt, igual que desarrolló con los ingenieros civiles, tuvo que quedar pospuesta por unos años.

En 1808 Betancourt se instaló ya definitivamente en Rusia y no hay datos de si allí intentó continuar con algún nuevo desarrollo de su telégrafo. Solo se conoce que colaboró en algunos temas con Piotr Kozen, militar que participó en muchas de las campañas contra Napoleón y que había desarrollado distintos sistemas para el ejército, principalmente de artillería. Kozen llevó a cabo la primera línea de telegrafía óptica en Rusia que enlazaba San Petersburgo con Shliesselburg y cuya función era la de informar sobre los embarcos en el lago Ladoga. No se sabe si los equipos instalados guardaban alguna relación con los de Betancourt porque no queda información de todo ello.

Notas

1

I. González Tascón, “Betancourt. Los inicios de la Ingeniería moderna en Europa”. COHOPU. 1996.

2

S. Olivé Roig, “Historia de la telegrafía óptica en España”. Ministerio de Transporte, Turismo y Comunicaciones. Madrid. 1990.

3

R. Villar Ribera, “Estudio del telégrafo de Agustín de Betancourt”. Tesis Doctoral. UPC. 2012.

4

J.A. Martín Pereda, “Historia de las Telecomunicaciones”. Guadalmazán. 2022.

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