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Monográfico | DANA
El marco geomorfológico, histórico e hídrico de la crecida
Juan Bautista Marco Segura
Doctor ingeniero de caminos, canales y puertos. Catedrático de Ingeniería Hidráulica, Profesor Ad Honorem UPV
La llanura aluvial de Valencia es propicia al surgimiento de DANA similares a la actual. Durante 2000 años hay constancia de varias, incluso de mayor intensidad y extensión, que han obligado a modificar el curso de los ríos. Esta área se caracteriza por un conjunto de relieves inversos y semiendorreicos propios de regiones áridas que alejan el agua de los cauces. Además, el efecto de distribución de obstáculos y vías de comunicación es muy notable. El impacto catastrófico se debe fundamentalmente al crecimiento urbano desordenado de los años del primer desarrollo económico.
Valencia es una fundación romana de más de 2000 años ubicada ahí donde el Turia dejaba de ser navegable, y situada en una llanura aluvial que abarca 90 km de costa. A este ámbito afluyen el Turia y el Júcar con todos sus afluentes, incluido el río Magro ya en su tramo final. El amplio espacio interfluvial lo ocupa el lago de la Albufera. La red fluvial la completan una serie de cuencas menores que descienden desde el entorno montañoso, como el barranco de Carraixet, al norte, y los barrancos del Poyo, de Picassent, del Tramuser, etc., al sur. Estos últimos desaguan en el lago de la Albufera.
En aquella época, el río Turia desembocaba al mar en Pinedo, cerca de donde lo hace el nuevo cauce actual, debido a la deriva costera. Se sospecha que, ya en época romana, el Turia fue desviado de su antiguo trazado por el sur de la ciudad.
Hay constancia de que toda esta llanura aluvial está sujeta a grandes inundaciones por su carácter llano y el círculo montañoso que la rodea. De hecho, las excavaciones arqueológicas registran capas de gravas del siglo IV en el interior de los pozos de la ciudad romana. También hay capas de lodos de inundación datadas en el siglo X, tras un período de intensa deforestación.
Una característica geomorfológica es la formación de potentes conos aluviales y relieves convexos en todos los cauces que afluyen al llano. Este tipo de formación se produce cuando el cauce, al perder capacidad de arrastre debido a una disminución brusca de la pendiente, deposita los sedimentos en sus márgenes y se eleva y pierde capacidad hidráulica conforme avanza. Esto es un delta interior, con un relieve inverso, donde el cauce ocupa el lugar más alto y la pendiente aleja las aguas desbordadas hacia el exterior, donde se sitúan vías preferentes.
Conforme crece la importancia de la crecida, la inundación comienza a producirse más cerca del vértice, aguas arriba. Paradójicamente, la margen del río es el lugar más seguro, mientras que los mayores calados se registran precisamente en los bordes laterales exteriores del cono, por lo que se acentúa el efecto sorpresa.
Este efecto de relieve inverso está presente en todas las corrientes. Aparece en los ríos Júcar, Turia, Poyo, Magro, y también en el Segura, el Guadalhorce o el Llobregat; es característico del ámbito mediterráneo. Es una situación opuesta a la de los grandes ríos continentales como el Ebro, el Tajo o el Rin, es decir, el ámbito continental o atlántico, donde el río ocupa siempre el lugar más profundo del valle. La legislación y las normativas técnicas están pensadas para este segundo caso, más frecuente.
Prosiguiendo con nuestra historia, en el siglo XIII, tras la reconquista de Jaume I, una crecida rompió la flecha del Turia y llevó la desembocadura a su lugar actual. El Turia dejó de ser navegable y el puerto se trasladó a su situación costera actual.
Estructura geomorfológica del entorno de Valencia
En 1517 se registra la crecida más importante, que causó más de 1000 muertes en Valencia. Se desbordaron simultáneamente el Júcar, el Turia y todas las cuencas intermedias: Magro, Poyo, etc. A consecuencia de ello se creó la Junta de Murs i Valls y el encauzamiento del Turia en Valencia en el siglo XVI. Las crecidas desaparecieron durante la Pequeña Edad de Hielo (s. XVII-XVIII) y, coincidiendo con el calentamiento, se reanudaron en 1731. En esa fecha se produjo una crecida de la rambla del Poyo, que en aquel tiempo vertía al Turia a través de los terrenos del actual aeropuerto, y en consecuencia fue desviada al barranco de Torrent. Se reanudó de todas formas el encauzamiento del Turia y, en 1791, ambos cambios ya se habían producido.
El efecto de relieve inverso es característico del ámbito mediterráneo
En 1874 se produjo la gran riada de San Carlos en el Júcar y, ya en 1957, la inundación de Valencia por el Turia, tras la cual el río se desvió con la Solución Sur, que cambió por completo la estructura de la ciudad y el puerto. En aquella ocasión solo se salvó la ciudad romana, y se registraron crecidas en el Poyo, el Magro y el Carraixet. El núcleo de la DANA se centró ligeramente más al norte que en esta ocasión, pero fue similar en extensión y en intensidad. También fue similar la DANA de 1982, que se produjo en la cuenca media del Júcar y ocasionó la crecida que destruyó la presa de Tous.
En 2000 años tenemos constancia de crecidas tan intensas como la actual, con un posicionamiento diferente, pero con características similares de precipitación. No obstante, en este caso existe una clara vinculación con el calentamiento global. Las mayores crecidas se producen sistemáticamente en las épocas más cálidas. En esta ocasión, hay lugares en los que las aguas han corrido sobre terrenos Miocenos o Pleistocenos (Chiva, Torrent), lo que apunta claramente a los efectos del cambio climático.
Sin embargo, el efecto más demoledor ha sido el de la antropización del territorio.
El 29 de octubre de 2024, un núcleo convectivo centrado en Turís-Chiva generó una crecida en las cuencas del Poyo, el Magro y la margen derecha del bajo Turia. La crecida en el Turia fue controlada por la Solución Sur, que llegó a transportar 2000 m3/s, lejos de su capacidad, que es de 5000 m3/s.
Esquema de un cono aluvial
Los efectos en el Magro fueron más graves. Utiel, en la cuenca alta, se inundó. La presa de Forata (37 hm3) laminó un pico de 2000 m3/s a 1100 m3/s. No obstante, al situarse el núcleo principal aguas abajo, se llegaron a registrar caudales de 2000 m3/s en el enorme cono aluvial del Magro. Se inundaron las poblaciones de L’Alcudia, Guadassuar y, sobre todo, Algemesí, en la desembocadura del Júcar, el cual desbordó por sus lugares habituales hacia la Albufera y el Estany de Cullera.
La rambla del Poyo se origina en los montes de Buñol y es uno de los cuatro barrancos que desaparecían en el Pla de Quart. Es una formación semiendorreica llana que rebosaba por diferentes lugares hacia el Turia y los barrancos de la Saleta y Torrent. En el siglo XVIII, se traza el nuevo camino de Madrid por Contreras. Dicha vía parte por medio el Pla de Quart, con un trazado que no ha variado hasta nuestros días (A3). Por ello, para sanear los terrenos y evitar el vertido al Turia, se desvió artificialmente su cauce al barranco de Torrent. A partir de entonces, el conjunto se conoce como rambla del Poyo, aunque en origen eran dos cuencas diferentes.
En esta ocasión, aunque el puente de la A3 era suficiente, los caudales desbordados aguas arriba circularon desviados por los terraplenes y polígonos industriales hacia el barranco de La Saleta, inundando Aldaia y Alaquàs. La incorporación a la Solución Sur resultó insuficiente, pues se juntaron de nuevo en La Torre con los del Poyo. La línea de AVE, con un trazado excelente, separó esta zona inundable de la del Poyo.
Tras superar la zona del Pla de Quart, los caudales, que alcanzaron la cabecera del barranco de Torrent, inundaron diversos barrios construidos entre 1969 y 1970 en el interior del cauce hasta alcanzar su cono aluvial. Esta formación es un cono doble. El actual se desarrolla poco antes de Catarrotja y se superpone a un cono más antiguo cuyo vértice se ubica en un cambio de alineación entre Picanya y Paiporta. Los caudales desbordados se recogen, por el norte, en un paleocauce entre La Torre y Sedaví y en el contacto entre ambos conos entre Massanassa y Alfafar; y, por el sur, se vehiculan a través del barranco de Albal.
Esta sería la situación natural si no se hubiera desarrollado un continuo urbano de 10 km de longitud entre el nuevo cauce del Turia y Silla, a lo largo del cual discurren cuatro vías de comunicación norte-sur. Desde Picanya hasta la V-3, el cauce de la rambla del Poyo tiene hasta cinco cuellos de botella. Cuando se canalizó, solo pudo lograrse una capacidad de 800 m3/s.
A la entrada de Paiporta se sitúan cuatro puentes juntos, cada uno con el tablero a diferente altura. Uno de ellos, el de FGV, con la rigidez de alzado característica del ferrocarril, distribuye el flujo desbordado que se desplazó hasta la Solución Sur. A continuación, hay un tramo no canalizado donde el polideportivo de Paiporta, que bloquea el flujo, reduce al 50% la capacidad del tramo anterior. Ya entrando en Catarrotja, se sitúa el cruce de la CV-400 y, más adelante, el puente protegido de la N-340. Más allá se encuentra el ferrocarril de La Encina y, por último, el puente de la V-31.
Cada una de estas estructuras y sus terraplenes en alzado reparten el flujo en dirección transversal hasta que las aguas pueden superarlas, ya sea a través de los pasos inferiores que funcionan en carga o saltando sobre las vías o las New Jersey, con lo que se generan secciones críticas con sus correspondientes remansos aguas arriba. Esta ha sido la zona cero de la catástrofe.
Una modelación matemática siquiera preliminar (F. Vallés, 2024) ha sido capaz de reproducir todos estos efectos. Se observa, en la imagen de abajo, cómo las vías preferentes geomorfológicas se imponen sobre la traza urbana superpuesta. Estas zonas son las que han sufrido los mayores daños.
Con todo, ha aparecido un elemento que los métodos de modelación hidráulica no han considerado hasta ahora: el automóvil. Nuestros modelos no tienen en cuenta los vehículos flotantes —que taponan calles hasta los primeros pisos y los pasos inferiores y elevan hasta 2 m la lámina de agua— ni los vehículos pesados, lanzados como proyectiles en los polígonos industriales.
La raíz básica de todo esto es territorial, dadas las precarias condiciones urbanísticas de este corredor urbano. En las imágenes superiores se muestra la zona en 1957 y 2024. En 1957, fecha de la última inundación, solo se aprecian los pequeños pueblos huertanos, que totalizaban 35 000 habitantes, mientras que hoy son 160 000, junto con una enorme extensión de suelo industrial y de servicios. Este cambio se dio en apenas 15 años, cuando se produjo el éxodo del campo a las ciudades y apenas existía una legislación territorial o urbanística con parámetros mínimos. En aquel momento tampoco existía la consciencia medioambiental. Toda esta conurbación hizo uso de las acequias de riego como saneamiento. Durante 20 años, la población y la industria vertieron a la Albufera una carga contaminante que hoy en día luchamos por eliminar.
Por tanto, ambos problemas —la inundación y la eutrofización de la Albufera— tienen la misma raíz. Estamos pagando, en el fondo, la factura de los años iniciales del desarrollo económico.