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Monográfico | DANA
Inversiones y acciones según TECNIBERIA
Joan Franco Poblet
Ingeniero de caminos.
Presidente de TECNIBERIA.
En primer lugar, quiero manifestar la solidaridad de TECNIBERIA con todos los afectados por la DANA, así como nuestra voluntad de compartir el dolor con todos ellos. En situaciones como la vivida, y conscientes de que es probable que se repitan, la clave es reducir eficazmente el riesgo; para ello resulta necesario lo siguiente:
- la evaluación temprana de los posibles peligros naturales;
- una educación adecuada sobre estos fenómenos;
- implementación de sistemas de vigilancia con aviso y alerta suficientemente eficaces;
- una planificación territorial que tenga en cuenta la peligrosidad natural; y
- el desarrollo de planes de emergencia adecuados y bien estructurados.
Dicho lo anterior, hay que considerar que la reconstrucción tras un evento catastrófico de inundación debe enfocarse sobre tres fases:
1. Respuesta urgente a través de una declaración de zona catastrófica para poder desplegar la máxima ayuda a las familias y, a la vez, diseñar y ejecutar con la máxima urgencia y sin demora. Habrá tanta capacidad de ingeniería como sea necesaria. Simultáneamente, comenzar a implantar campañas de educación para saber cómo actuar frente a fenómenos de este tipo.
Es preciso colocar con la máxima urgencia a la gente en casas (preferentemente las suyas), permitiendo su movilidad y con todos los suministros vitales (agua, energía, comunicaciones, etc.) en marcha.
Es fundamental considerar de emergencia los contratos de reparación de infraestructuras, equipamientos o servicios.
La magnitud de los daños es tal que muchas administraciones locales carecen de la capacidad y los medios humanos y materiales para realizar su reposición dentro de unos plazos razonables. Por ello, hay que activar mecanismos que permitan al ministerio colaborar con estas administraciones.
En cuanto a las campañas de educación, hay que invertir en procesos de aviso, de alerta temprana y en educar a la gente. No hay que perder de vista que muchas muertes se producen al ir a buscar el coche, en sótanos, en plantas bajas de edificios en altura, etc.
Es absolutamente necesaria una fuerte inversión en todo el sector del ciclo del agua
2. Evaluación de daños en paralelo a la formulación de proyectos y la reconstrucción de las infraestructuras y zonas más afectadas, pero teniendo en cuenta las exigencias que conlleva el cambio climático.
El cambio climático implica actuaciones que, en la actualidad, no están debidamente contempladas y que condicionan de forma clara el dimensionamiento de nuestras infraestructuras ante fenómenos más cambiantes y severos.
En esta segunda fase deben tenerse en cuenta los siguientes aspectos:
- Establecer nuevos umbrales para el período de retorno.
- Revisar la política territorial y urbanística de nuestras administraciones públicas, actuando sobre las zonas inundables a través de:
– deconstrucción, expropiación o traslado forzoso de viviendas o negocios;
– desprogramación de buena parte del suelo todavía sin urbanizar que se haya proyectado edificar en zonas inundables;
– incorporación de mapas de riesgos naturales;
– introducción del concepto mitigación proyectando un urbanismo que nos ayude a bajar la temperatura en verano a través de más suelos de tierra, plantación de más árboles, hacer que el hormigón no sea el exclusivo protagonista…
3. Relanzar y transformar el territorio para adaptarlo a la emergencia climática considerando los siguientes aspectos:
- comunicaciones. Establecimiento de sistema de comunicaciones que facilite la coordinación de aviso, alerta y ayuda a través de la inteligencia artificial y los drones.
- obras nuevas de adaptación y mitigación del cambio climático, entre ellas:
– reforestaciones;
– monitorización exhaustiva de rieras y barrancos;
– localización de micropresas como elementos de laminación de avenidas;
– incremento de la capacidad de encauzamiento y desagüe;
– ejecución de corredores verdes para ganar más espacio de renaturalización de la zona conectados a encauzamientos ya existentes o, incluso, a nuevos encauzamientos con capacidad suficiente de desagüe;
– nuevas infraestructuras con períodos de retorno más elevados.
Con todo lo dicho, es probable que no logremos evitar el daño pero, con toda seguridad, lo paliaremos mucho.
Para terminar, hay que añadir que es absolutamente necesaria una fuerte inversión en todo el sector del ciclo del agua por medio de una planificación a largo plazo (2025-2050) y con una potente coordinación y colaboración público-privada allí donde sea viable, tanto en la gestión del agua como en la prevención de inundaciones.