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Coyuntura
Resiliencia de las infraestructuras frente al cambio climático
Mario Aymerich Fabregat
Ingeniero de caminos, canales y puertos.
Según un reciente informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente, como consecuencia del cambio climático: «Europa es actualmente el continente que se calienta más rápidamente, y se espera que el número de fenómenos meteorológicos extremos aumente a medida que aumenten las temperaturas mundiales».
Los desastres naturales (1) son consustanciales con la dinámica de nuestro planeta desde siempre y seguirán produciéndose sin que se puedan evitar (2). Sin embargo, es posible intentar minimizar sus efectos con políticas e instrumentos adecuados a las distintas circunstancias y niveles de riesgo de cada territorio. Entre los factores que aumentan la vulnerabilidad frente a los desastres naturales y sus consecuencias cabe destacar: el cambio climático; la ocupación del suelo y la urbanización; el desconocimiento del riesgo por parte de la población; la posible inoperancia/ ineficiencia de las autoridades ante un desastre y sus consecuencias que, además de las pérdidas humanas y materiales directas, generan costos elevados en reconstrucción, recuperación y servicios sociales.
Según un informe de la ONU de 2021, los cambios observados en el clima son inequívocos a escala global y son cada vez más evidentes a escalas regional y local. El cambio climático está teniendo un impacto profundo y cada vez más evidente en el todo el planeta, y muy especialmente en mar Mediterráneo, con consecuencias significativas para los ecosistemas y las comunidades humanas que dependen de él.
Un ejemplo reciente de ello son las DANA (3) que afectaron al litoral oriental español el pasado otoño de 2024 y que, además de la inmediata devastación material y humana, dejaron secuelas a muy largo plazo en todas las zonas afectadas (desde Huelva y Málaga hasta Tarragona, siendo la zona más afectada la provincia de Valencia) cuya recuperación va a ser muy compleja y costosa y comprende:
- Rehabilitación y reconstrucción de infraestructuras y edificaciones dañadas (de todo tipo), que han requerido relevantes actuaciones inmediatas y necesita de importantes inversiones a medio y largo plazo.
- Recuperación económica: la recuperación económica de las zonas afectadas será un proceso lento y complejo, y tiene un importante impacto a nivel emocional en la población.
- Cambio climático: este tipo de eventos extremos se están volviendo más frecuentes e intensos debido al cambio climático, lo que plantea la necesidad de adoptar medidas de adaptación y mitigación.
En definitiva, se generó una sensación muy extendida entre la población de que, aunque las predicciones meteorológicas fueron acertadas en tiempo y forma, la gestión de la emergencia por parte de las autoridades valencianas y estatales fue un fiasco absoluto (con la excepción de algunos alcaldes). Además, la respuesta ante la situación de emergencia fue deficiente, lenta y desesperante para la población.
Lucha contra los efectos del cambio climático
Según la Agencia Europea del Medio Ambiente, «el cambio climático es un multiplicador de riesgos que puede exacerbar los riesgos y las crisis existentes. Los riesgos climáticos pueden […] dar lugar a desafíos sistémicos que afectan a sociedades enteras, y los grupos sociales vulnerables se ven especialmente afectados».
Si bien son muy numerosos y diversos, en el ámbito mediterráneo, los principales efectos del cambio climático en nuestro país son: (i) el Mediterráneo se está calentando a un ritmo mucho más rápido que la media global, lo cual provoca alteraciones en los humedales costeros y la generación de las DANA; (ii) se está elevando el nivel del mar, con lo que las zonas costeras y sus infraestructuras son más vulnerables; (iii) se observa que los temporales marinos van rolando hacia el suroeste, lo que supone un grave peligro para la seguridad de los puertos; (iv) las estaciones están cambiando, con inviernos más cálidos y veranos más calurosos que provocan sequías más prolongadas e intercaladas con episodios de mayor frecuencia e intensidad de lluvias torrenciales; y (v) todos estos fenómenos afectan negativamente a la economía, en sectores tan importantes como la agricultura, el turismo, el comercio y la pesca.
De manera convencional y aceptada internacionalmente, se considera que frente a los efectos de un desastre natural hay que actuar en tres fases:
- A) Fase de urgencia: En ella es prioritario el rescate y auxilio inmediato a los afectados y debe ser abordada primordialmente por agentes especializados (servicios de rescate y sanitarios, cuerpos policiales y ejército, servicios de suministro de agua y electricidad, servicios sociales, reparación de infraestructuras esenciales). Para ello es necesario tener previstos planes de alerta y acción adecuados, dotados de los medios materiales que hagan falta, así como disponer de una coordinación eficiente entre todos los actores. En este sentido, tanto la Administración estatal como las comunidades autónomas y los ayuntamientos, cada uno a su nivel disponen de numerosos y detallados Planes de Protección Civil para actuar durante esta fase.
- B) Fase de medidas de mitigación: Consiste fundamentalmente en la rehabilitación o reconstrucción de edificios e infraestructuras dañados a medio plazo (en su ubicación original (4) o en otros más seguros y viables), o bien en la construcción de equipamientos provisionales, acompañados de ayudas materiales a las víctimas en forma de seguros, ayudas directas o préstamos ventajosos. La tramitación de estos expedientes debe ser lo más rápida, eficaz y personalizada posible y contemplar desde la preparación rápida de estudios de impacto ambiental y social hasta a la redacción, licitación y ejecución de los proyectos, incluyendo la pronta movilización de recursos financieros.
- C) Fase de acciones de adaptación y prevención: Acciones largo plazo para minimizar o eliminar en la medida de lo posible los efectos negativos que un futuro desastre natural pueda provocar. Para ello es necesario llevar a cabo un exhaustivo análisis de riesgos con el fin de identificar las medidas que se deben adoptar para minimizar dichos riesgos5, que van desde la planificación racional del entorno hasta la construcción de nuevos edificios e infraestructuras según las normas constructivas y en los lugares adecuados.
Resiliencia de las infraestructuras
Se denomina resiliencia a la capacidad de resistencia frente a los efectos de los desastres y, por lo tanto, es necesario que todo el territorio y, en particular, sus infraestructuras estén dotados de la máxima resiliencia posible frente a cualquier tipo de amenaza6 a corto y a largo plazo. Mejorar la resiliencia de las infraestructuras es, sin embargo, un desafío complejo que requiere un enfoque multidisciplinario y la colaboración de diferentes actores. Esto genera una serie de desafíos y oportunidades:
- Desafíos: la implementación de medidas de resiliencia requiere una visión a largo plazo, una fuerte voluntad política y una inversión sostenida. Además, es necesario abordar la complejidad de los riesgos y las incertidumbres asociadas al cambio climático.
- Oportunidades: la construcción de infraestructuras resilientes puede generar beneficios económicos y sociales a largo plazo, como la creación de empleos y la mejora de la calidad de vida.
- Al invertir en resiliencia, no solo se protegen las infraestructuras, sino también la vida y los medios de subsistencia de las personas. En este sentido, las estrategias más importantes para mejorar la resiliencia son:
- Evaluación de riesgos: identificar los riesgos a los que están expuestas las infraestructuras y evaluar su vulnerabilidad.
- Planificación de la emergencia: desarrollar planes de emergencia detallados que incluyan protocolos de respuesta, evacuación y recuperación.
- Incorporación de tecnologías: utilizar tecnologías como sensores, sistemas de monitoreo y análisis de datos para detectar y responder a eventos adversos de manera temprana.
- Construcción de infraestructuras resistentes al cambio climático, incluyendo todas las medidas de mantenimiento y limpieza necesarias para asegurar su rendimiento óptimo.
- Colaboración interinstitucional: fomentar la colaboración entre diferentes instituciones y niveles de gobierno para coordinar esfuerzos y compartir recursos.
- Participación ciudadana: involucrar a la ciudadanía en la identificación de riesgos y en la implementación de medidas de resiliencia.
- Educación y capacitación: capacitar a los profesionales y a la población en general sobre cómo actuar en situaciones de emergencia, fomentando la denominada «cultura de la prevención».
Solamente con una visión integradora a medio y largo plazo se puede conseguir que los posibles impactos de los desastres naturales que van a afectar a un territorio en el futuro sean lo menos dañinos posible para sus infraestructuras y su población. Evidentemente, los recursos financieros que cada una de estas fases requiere son distintos y van desde fondos públicos reservados hasta inversiones privadas. Su movilización debe estar adaptada a las necesidades de cada momento y tipo de actuación, requiriendo una planificación acorde y una flexibilidad importante
En previsión de catástrofes venideras, el ordenamiento jurídico debería dotarse de las modificaciones necesarias que, de manera permanente, puedan ser aplicables a muy distintas materias en tales ocasiones: desde el derecho privado y desde el derecho público. Estas modificaciones deberían afectar a seguros, plazos, empleo, formación y educación, así como a la adaptación de planes de inundaciones, revisión del material cartográfico que requieran, a los planes urbanísticos. Deberían además incluir dotaciones presupuestarias específicas para los casos en los que la vivienda o el uso residencial haya de ser necesariamente impedido, por ser incompatible, a los efectos de salvaguardar vida y propiedad de los residentes. Tal cosa implicaría algo más que la expropiación de los bienes existentes, ya que requiere la puesta a disposición de vivienda en lugares que garanticen la vida con indemnidad.
Desastres naturales en España
España no es ajena a los desastres naturales. A lo largo de su historia, ha experimentado diversos fenómenos que han dejado una huella significativa en su territorio y en su población. Los peores y más frecuentes desastres naturales que nos afectan son las inundaciones y, a continuación, las seguías e incendios forestales, y los temporales marítimos (7). Para hacer frente a ellos, las medidas de adaptación o prevención son muy numerosas. De manera concreta, las acciones preventivas más importantes a implementar para mejorar la resiliencia de nuestras infraestructuras son:
- Infraestructuras hidráulicas: construcción de sistemas de laminación de avenidas y drenaje eficientes, protección de las costas y restauración de los humedales.
- Edificios: diseño sismorresistente, uso de materiales resistentes al fuego y sistemas de ventilación natural.
- Construcción: evitar en lo posible las zonas de riesgo o edificar teniendo en cuenta los mismos con medidas de prevención.
- Redes de energía: diversificación de fuentes de energía, refuerzo de las redes de distribución y sistemas de almacenamiento de energía.
- Transporte: diseño de infraestructuras de transporte resilientes a eventos extremos, como túneles ventilados y puentes reforzados.
- Ciudades inteligentes: utilización de tecnologías de la información y la comunicación para gestionar de manera eficiente los recursos y responder a las emergencias.
- Financiación: asegurar una financiación adecuada y sostenida para la implementación de medidas de resiliencia.
Finalmente, es importante destacar que la gestión de riesgos es un proceso continuo que requiere la colaboración de diferentes actores, como las Administraciones públicas, los profesionales técnicos y la ciudadanía. A modo de ejemplo, el Informe sobre riesgos naturales en Cataluña preparado por RISKCAT en 2018 realizó un análisis exhaustivo de los riesgos naturales a los que está sometida Cataluña y la posible mitigación de los mismos, incluyendo una revisión de la legislación aplicable y la elaboración de unas recomendaciones finales (8). Cabe recordar aquí que tanto la Agencia Catalana del Agua como otros organismos oficiales (por ejemplo, el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, y el Instituto Cartográfico de Cataluña) disponen de mapas detallados donde se identifica, para cada zona del territorio, el tipo y nivel de riesgo a los que pueden estar sometidos con distintos periodos de retorno (tanto por tormentas como por temporales costeros).
Por otro lado, existen numerosos planes para hacer frente a estas situaciones, como el Plan Territorial de Protección Civil de Cataluña, que se aplica para gestionar riesgos o emergencias no incluidos en los planes especiales y que pueden afectar a la vez a un volumen considerable de personas, o que pueden tener una repercusión importante (salvo el riesgo bélico y de las centrales nucleares). Es un plan de emergencias multirriesgo y complementario de los planes especiales que también se puede aplicar en ámbitos territoriales inferiores si se valora que no es suficiente la capacidad de respuesta de la administración local o del titular del equipamiento con su plan de autoprotección, o bien cuando estos lo soliciten al órgano competente en protección civil.
En cuanto a los planes especiales, son muy numerosos y cada uno hace referencia a un riesgo concreto, como son: aludes, nevadas, incendios forestales, inundaciones, vientos huracanados, sismos o contaminación de aguas marinas. Finalmente cabe recordar que en España existen numerosos documentos con recomendaciones y medidas de adaptación al cambio climático, como las diversas Guías de adaptación al riesgo de inundación y otros documentos asociados (MITER).
La gestión de riesgos es un desafío global que necesita de un enfoque técnico multidisciplinar y de la implicación de toda la sociedad
Recomendaciones
A partir de las anteriores consideraciones y con el objetivo de aumentar la resiliencia de nuestro territorio en general y de nuestras infraestructuras en particular, este autor considera que es necesario:
- Reforzar el sistema integral de gestión de riesgos. Un proceso complejo y multifacético que requiere una planificación a largo plazo, una inversión sostenida y la participación activa de todos los actores involucrados con el fin de aumentar la resiliencia de nuestras comunidades y reducir las pérdidas humanas y económicas causadas por los desastres naturales. Además, requiere de una revisión de los protocolos de actuación frente a eventos desastrosos.
- La gestión de riesgos debe considerar los efectos del cambio climático, como el aumento del nivel del mar, la intensificación de eventos extremos y la acidificación de los océanos. La gestión de riesgos es un desafío global que necesita de la cooperación internacional para compartir conocimientos, experiencias y recursos. Por ello se recomienda utilizar la metodología propuesta por la ONU para comprobar regularmente la resiliencia de nuestras infraestructuras.
- Una gobernanza multiactor y los equipos de respuesta multidisciplinarios. Se trata de elementos clave para una gestión efectiva de los riesgos a lo largo de todas las fases del proceso. Al combinar la participación de múltiples actores con la diversidad de conocimientos, se pueden construir comunidades más resilientes y mejor preparadas para enfrentar los desafíos del futuro.
- Asegurar una comunicación efectiva y lo más personalizada posible durante la fase de urgencia. Para ello, antes es preciso realizar campañas de educación continua en materia de gestión de riesgos, incluyendo la realización periódica de simulacros. Además, es importante considerar la vulnerabilidad social de las distintas comunidades en el momento de diseñar estrategias de prevención y respuesta.
- Realizar una planificación territorial efectiva considerando los riesgos climáticos y promoviendo la resiliencia a través de la elaboración de mapas para la zonificación de riesgos y la construcción de infraestructura verde y edificaciones resistentes en zonas seguras evitando efectos barrera. La participación de los agentes sociales en este proceso es fundamental.
- Diseñar y llevar a cabo estrategias de mantenimiento preventivo con un enfoque que abarque todo de ciclo de vida, de modo que se puedan identificar y mitigar riesgos, optimizar los recursos, prolongar la vida útil de las infraestructuras y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
- Agilizar y modernizar los procesos de licitación a través de la digitalización y la estandarización, desde la publicación hasta la adjudicación, eliminando el papeleo y acelerando las comunicaciones. Además, es necesario simplificar los formularios administrativos y los criterios de evaluación, reduciendo la burocracia y favoreciendo la transparencia. Complementariamente, es preciso utilizar los procedimientos de urgencia en los casos en que sea posible.
- Agilizar y modernizar los procesos de evaluación de impacto ambiental a través de un enfoque más estratégico y digitalizado. En particular, durante las etapas iniciales, se propone el uso de la Evaluación Ambiental Rápida, que es un enfoque ágil para evaluar los posibles impactos ambientales de un proyecto o actividad —especialmente en situaciones de emergencia o crisis— diseñado para proporcionar información oportuna a los tomadores de decisiones, permitiéndoles diseñar acciones informadas para minimizar el daño ambiental.
- Adaptar y simplificar la legislación con el fin de agilizar todos los procesos ligados a la materialización eficaz de las tres fases en las que se debe afrontar un desastre, eliminando trabas administrativas y obstáculos operativos que ralenticen las respuestas que necesita la población en cada caso, desde el auxilio inmediato y la dotación de vivienda o la recuperación de la actividad económica hasta la ejecución material de los proyectos pasando por una planificación urbanística y de las infraestructuras con criterios racionales.
- Los mecanismos de financiación deben estar basados en una gran flexibilidad en la movilización de fondos y, además, estar orientados a la obtención de resultados concretos en términos de reducción de riesgos y aumento de la resiliencia. En la medida de lo posible, es recomendable intentar acceder a fondos internacionales específicos, como los orientados a proyectos de adaptación al cambio climático.
Desde nuestra profesión se pueden y se deben poner nuestros diversos conocimientos y experiencia a disposición de las Administraciones públicas para actuar como asesores en la definición de las actuaciones orientadas a aumentar la resiliencia de nuestras infraestructuras frente a los desastres naturales y al cambio climático, siguiendo las líneas apuntadas en este artículo. En este contexto, el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos ha expresado claramente la necesidad de establecer un Pacto de Estado del Agua, que permita minimizar los efectos del cambio climático sobre nuestro territorio.
Referencias
1
European Environment Agency. European Climate Risk Assessment. Executive summary. EEA Report 01/2024 https://www.eea.europa.eu/publicationseuropean-climate-risk-assessment
2
Generalitat de Catalunya. PROCICAT: Pla territorial d’emergències de Catalunya. https://interior.gencat.cat/es/arees_dactuacio/proteccio_civil/plans-proteccio-civil/plans-territorials/procicat/index.html
3
Kelly, Charles and Moritz Hauer (2018), Guidelines for Rapid Environmental Impact Assessment in Disasters. Version 5–2018. [Actualización técnica]. Disponible en: https://eecentre.org/wp-content/uploads/2018/01/REA_2018_final-6.pdf
4
Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITER). Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables. https://www.miteco.gob.es/es/agua/temas/gestion-de-los-riesgos-de-inundacion/snczi.html
5
OECD (2019), Responding to Rising Seas:OECD Country Approaches to Tackling Coastal Risks, OECD Publishing, Paris. https://doi.org/10.1787/9789264312487-en
6
UN, Intergovernmental Panel on Climate Change. IPCC Technical Summary. 2021. https://www.ipcc.ch/report/ar6/wg1
7
UNDRR and CDRI (2023), Global Methodology for Infrastructure Resilience Review, United Nations Office for Disaster Risk Reduction (UNDRR) and Coalition for Disaster Resilient Infrastructure (CDRI). https://www.undrr.org/quick/82016
Notas
1
No se consideran en este documento los desastres antrópicos como son: vertidos o emisión de contaminantes, episodios peligrosos relacionados con la seguridad industrial o acciones terroristas.
2
Recientemente, el Banco Europeo de Inversiones ha hecho público el resultado de una encuesta en los 27 Estados miembros de la UE que indica que, a medida que los desastres naturales aumentan en frecuencia y gravedad, los costos del cambio climático son cada vez más evidentes. Todo ello supone una amenaza significativa para las infraestructuras y la estabilidad de los suministros de agua y alimentos, que ponen de relieve la urgente necesidad de estrategias integrales de adaptación al cambio climático.
3
DANA significa Depresión Aislada en Niveles Altos. Es un fenómeno que se caracteriza por una masa de aire frío que queda aislada y circula en altitudes muy elevadas, lejos de la influencia de la circulación general de la atmósfera. La combinación de un Mediterráneo caliente después del verano y de una DANA puede crear condiciones propicias para lluvias torrenciales e inundaciones desastrosas.
4
Normalmente, los habitantes prefieren seguir en el mismo lugar original, aunque tengan un alto nivel de riesgo (por ejemplo, zonas inundables), pero a veces es más recomendable buscar ubicaciones más seguras.
5
Cabe recordar que un riesgo es la combinación de la probabilidad de que ocurra un cierto efecto negativo y la magnitud de tal efecto en caso de que se produzca. Existen metodologías muy elaboradas y probadas que permiten realizar un riguroso análisis de riesgo.
6
En este contexto, hay que tener en cuenta que, cuando hablamos de infraestructuras, nos estamos refiriendo tanto a las obras civiles como a edificios de todo tipo, incluyendo las redes de transporte y de suministro de servicios.
7
Sin olvidar casos puntuales, pero bastante recientes, como el terremoto de Lorca o la erupción del volcán de La Palma.
8
Evidentemente, las demás comunidades autónomas y el Estado, así como numerosos ayuntamientos, tienen previstos procedimientos de actuación similares, desarrollados con un mayor o menor grado de detalle, que no es preciso mencionar aquí; lo importante es que, llegado el caso, se conozcan y se apliquen adecuadamente.