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Coyuntura
Urge más que nunca descarbonizar la economía
Reflexiones sobre el Informe Hansen
Luis Irastorza Ruigómez
Ingeniero de caminos, miembro de la Academia de Urbanistas.
En estos momentos se está produciendo una ralentización en la ambición por parte de varios agentes económicos muy relevantes cuyo compromiso es esencial para conseguir la neutralidad climática a mediados de este siglo en los países industrializados, condición imprescindible para cumplir con los Acuerdos de París. Sin embargo, un artículo liderado por James Hansen, que dirigió el Instituto Goddard de la NASA desde 1981 a 2013 y referente mundial de la ciencia climática, concluye, de manera muy consistente, que los modelos del IPCC han subestimado el enfriamiento producido por los aerosoles y, consecuentemente el calentamiento producido por los gases de efecto invernadero, por lo que al reducir aquellos para mejorar la calidad del aire se va a producir una aceleración en el calentamiento del planeta desde los +018ºC/década entre 1975 y 2020 hasta los +0,2-0,3ºC/década, lo que nos puede aproximar a un Punto de No Retorno que se produciría por el colapso de la Corriente del Golfo, la aceleración del deshielo de la placa occidental de la Antártida y una elevación muy rápida del nivel del mar, algo que se produjo en el último período interglacial hace unos 120.000 años en menos de un siglo, cuando la temperatura en la Tierra era de +1ºC sobre la temperatura preindustrial, inferior a los +1,5ºC actuales y a los +2ºC que podrían alcanzarse en 2045.
Ralentización actual en la lucha climática
Desde hace unos meses, puede observarse una preocupante pérdida del entusiasmo en el activismo climático que hemos venido viviendo a lo largo de los últimos años, en los que agentes económicos muy relevantes venían adquiriendo importantes compromisos e iniciaban profundas transformaciones en sus organizaciones para conseguir la necesaria neutralidad climática en 2050.
Este proceso de creciente desapego se ha venido produciendo desde algo antes de las elecciones presidenciales en EEUU de noviembre de 2024, aunque no hay duda de que la elección de Donald Trump como presidente, con su lema de “America first” o bien “Make America Great Again” (MAGA) y el consiguiente rechazo del multilateralismo, única manera de abordar el calentamiento global de la Tierra -probablemente el problema más relevante que tiene la humanidad en este siglo-, lo ha acelerado.
Como botón de muestra de lo anterior, los seis bancos más importantes de EEUU -JPMorgan, Citgroup, Bank of America, Morgan Stanley, Wells Fargo y Goldman Sachs- han abandonado la alianza la “Net-Zero Banking Alliance” (NZBA), creada a partir de la Cumbre Climática Mundial de 2021 en Glasgow con el objetivo de ayudar a sus miembros a alcanzar sus objetivos de emisiones netas nulas y que reunía al 40% de los activos bancarios mundiales.
Adicionalmente, BlackRock, el mayor grupo de inversión del planeta, con 10 billones de euros en activos bajo gestión, acaba de anunciar en enero de este año su salida de la iniciativa “Net-Zero Asset Management” (NZAM), creada también a partir de la Cumbre Climática Mundial de 2021 en Glasgow, que reunía a finales de 2024 a 325 gestores de activos que gestionaban un patrimonio de 57,5 billones de dólares, alineados con el objetivo de realizar los mayores esfuerzos para que el incremento de temperatura del planeta no supere 1,5ºC y alcanzar la neutralidad climática antes de 2050.
La situación en la UE
La Unión Europea ha venido ejerciendo el liderazgo climático en el mundo desde sus inicios a principios de la década de los 90 y lo hizo por tres razones, que son complementarias entre sí. En primer lugar, los líderes políticos europeos fueron conscientes desde el principio que el desafío del calentamiento global iba a ser uno de los vectores de transformación económica más relevantes durante un largo período de tiempo, dada la magnitud del problema y la necesidad de hacerle frente en todos los países.
En segundo lugar, representaba una oportunidad irrepetible de conseguir la independencia energética de la UE, algo que no había resultado posible al no tener reservas suficientes de combustibles fósiles dentro del territorio europeo, lo que permitiría, adicionalmente, ahorrar cantidades ingentes de importaciones de dichos combustibles, que se estiman actualmente en unos €350.000 millones anuales. Y, por último, el liderazgo en la lucha contra el calentamiento global del planeta iba a requerir el desarrollo de tecnologías que podía permitir a Europa recuperar un liderazgo económico que se había ido debilitando con el tiempo, al permitirle más adelante la exportación de estas nuevas tecnologías al resto de países del mundo, que también tendrían que abordar su transición energética.
La evolución de los hechos ha resultado bastante diferente a lo que la UE había pensado que iba a suceder, como lo demuestra la magnífica radiografía que realiza el Informe Draghi “The future of European competitiveness” (septiembre 2024) sobre los diferentes sectores de la economía europea, concluyendo que Europa necesita un profundo cambio de ritmo en su posicionamiento en las tecnologías críticas del futuro (inteligencia artificial, criptografía, ciberseguridad, capacidad computacional, computación cuántica, internet de las cosas, minerales críticos) si quiere mantener su posición como actor independiente, financiar su modelo social y ser un referente de responsabilidad climática.
Del Informe Draghi se desprende la necesidad por parte de la Unión Europea de realizar un enorme esfuerzo de inversión en innovación en las tecnologías anteriores para recuperar el enorme retraso acumulado con respecto a EEUU y China y con el objetivo de evitar convertirse en dependiente de ambos países, lo que haría imposible el tercero de los objetivos derivados del liderazgo climático que ha venido inspirando la política europea durante los últimos 30 años, que sería poder vender su tecnología al resto de los países durante la necesaria transición verde de sus economías.
El mencionado Informe cuantifica el esfuerzo inversor adicional necesario en la UE para recuperar el retraso acumulado en un 5% anual de su PIB, es decir, unos €800.000 millones adicionales a la inversión actual, lo que requeriría que la inversión se incrementara desde alrededor del 22% del PIB al 27% del mismo, lo que, en un principio y hasta que mejorara considerablemente la productividad de su economía, requeriría un endeudamiento adicional.
Consecuencias de la salida de EE. UU. del Acuerdo de París
Por otra parte, la solicitud formulada el pasado mes de enero por EEUU de salirse por segunda vez del Acuerdo de París de 2015, formulada al día siguiente de que Donald Trump asumiera la presidencia del país, va a producir, muy probablemente, un retraso considerable en la implementación de los compromisos de los diferentes países en la reducción de sus emisiones de gases de efecto invernadero, entre otras razones, al haber sido aquel el máximo emisor en términos acumulados entre 1850 y finales de 2024 (1), con un 16% de las mismas, seguido de la UE 27, con un 11% y de China, con un 11% (2).
Emisiones de gases de efecto invernadero durante 2023. Por países
Como consecuencia directa de ello, es bastante probable que se ralenticen los esfuerzos necesarios que deben de realizar los países emergentes -responsables de más del 65% de las emisiones actuales de gases de efecto invernadero, proporción que va creciendo cada año- para descarbonizar sus economías, que han venido reclamando a los países desarrollados, en concreto a EEUU y a la UE, máximos responsables de la difícil situación en que se encuentra el mundo, que lideren los esfuerzos de transformación de sus economías en neutras en carbono al considerar que estos tienen una deuda histórica con ellos.
El creciente enfriamiento frente a la necesaria acción climática para descarbonizar las economías que se ha venido produciendo en los últimos tiempos ha influido en que únicamente siete de los 195 países miembros del Acuerdo de París hayan entregado sus “contribuciones determinadas nacionales” (NDC por sus siglas en inglés) antes de la fecha límite, que fue el 10 de febrero de este año. Dichos compromisos deben actualizarse cada 5 años y constituyen el elemento troncal del Acuerdo de París, debiendo marcar, en este caso, objetivos ambiciosos en el periodo 2025 a 2035 que permitan alcanzar la neutralidad climática en 2050.
Los siete países que han presentado contribuciones determinadas nacionales han sido EEUU, Brasil, Emiratos Árabes Unidos, Suiza, Reino Unido, Uruguay y Nueva Zelanda, debiendo tener en cuenta que el compromiso de EEUU es, en estos momentos, papel mojado, por su reciente solicitud de salir del Acuerdo de París.
La necesidad de acelerar la transición energética
Por otra parte, las emisiones mundiales en el año 2024 han sido de 37,4 GtCO2, un 0,8% superiores a las de 2023, a las que habría que añadir 4,2 GtCO2 derivadas de cambios en el uso de la tierra, un 2,4% superiores a las correspondientes en el período 2014-2023, lo que nos aleja cada vez más de la posibilidad de alcanzar los objetivos del Acuerdo de París: conseguir que el incremento de temperatura en la temperatura de la Tierra esté considerablemente por debajo de 2ºC sobre la temperatura preindustrial y realizar los mayores esfuerzos para que no supere los 1,5ºC.
A pesar de todo lo anterior, de lo que no hay ninguna duda es que la urgencia climática es cada vez más apremiante y de que esta relajación que se está produciendo en los agentes económicos y en los gobiernos supone una muy mala noticia para el futuro del clima y, de una manera indubitada, para las futuras generaciones.
Causas de la aceleración del calentamiento global desde 2020
Prueba de ello lo constituye el reciente artículo publicado el pasado mes de febrero de este año titulado “Global Warming Has Accelerated: Are the United Nations and the Public Well-Informed?” (3) en la prestigiosa revista Environment por un grupo de científicos liderados por James Hansen, uno de los mayores expertos mundiales en ciencia climática (4).
En dicho artículo, de 40 páginas de extensión y con 175 referencias utilizadas a lo largo del mismo, explica las razones de la aceleración del calentamiento global que se viene produciendo desde 2020, que ha aumentado desde los +0,18ºC/década entre 1975 y 2020 hasta unos +0,4ºC/década a partir del año 2020.
Calentamiento global. Evolución
Para analizar las posibles causas de dicha aceleración, tiene en cuenta, para aislarlos, los efectos sobre el clima que han tenido las tres siguientes variabilidades climáticas: 1) la Oscilación Decadal del Pacífico (PDO, por sus siglas en inglés), un ciclo de variación de la temperatura de la superficie del mar, que es una manifestación a gran escala de la variabilidad tropical El Niño-La Niña; 2) la erupción volcánica submarina ocurrida el 15 de enero de 2022 de Hunga, al oeste del Pacífico y al este de Australia, que expulsó 150 millones de toneladas de vapor de agua y 1 millón de toneladas de SO2 a la atmósfera. Ha sido la erupción volcánica más importante desde la del Pinatubo, en Filipinas, ocurrida en 1991, que expulsó unos 20 millones de toneladas de SO2; y 3) la variabilidad de la actividad solar, que está en 2024 en un momento de máxima irradiancia, con un incremento de forzamiento radiativo de 0,24 W/m2 entre el máximo y el mínimo.
Eliminadas las tres anteriores causas que generan variabilidad climática, únicamente queda, como elemento relevante para explicar la aceleración del calentamiento, la variación en la emisión de aerosoles, pequeñas partículas emitidas bien por la actividad humana -por ejemplo, por la combustión de combustibles fósiles o de biomasa- o bien naturales. Hay que tener en cuenta que los aerosoles producen un forzamiento radiativo negativo o enfriamiento, que enmascara el calentamiento producido por las emisiones de gases de efecto invernadero, aunque existe una gran incertidumbre sobre la magnitud del mismo, dado que su influencia consiste en la suma de dos efectos de naturaleza muy diferente: por un lado, disminuyen la radiación solar que alcanza la superficie de la Tierra y, por otro, tienen una influencia en la formación de nubes, que resulta muy difícil de modelizar, lo que produce bastante incertidumbre en la magnitud del enfriamiento que producen. Además de que su efecto tiene una componente de localización geográfica del lugar donde se emiten los aerosoles.
A estos efectos, hay que tener en cuenta que la emisión de sulfatos por el tráfico marítimo ha descendido bruscamente en un 71% entre 2020 y 2024 (unos 10 millones de toneladas de reducción en la emisión de SO2 a la atmósfera) como consecuencia de los límites impuestos por la Organización Marítima Internacional (IMO) a la cantidad de azufre en el fuelóleo para la navegación en el océano, que pasó del 3,5% en masa al 0,5% a partir del 1 de enero de 2020.
Los diferentes modelos utilizados por el IPCC (International Panel on Climate Change) estiman que la disminución de la emisión de aerosoles por la navegación marítima a partir de 2020 produciría un incremento del forzamiento radiativo de entre 0,07 y 0,15 W/m2. Sin embargo, dicha variación no explicaría, ni mucho menos, la aceleración del calentamiento que se ha producido en la superficie de la Tierra en los últimos años.
Después de un análisis muy concienzudo y detallado, el artículo dirigido por James Hansen concluye que dicho incremento producido por la reducción de la emisión de los aerosoles por las mayores exigencias en el porcentaje de azufre en los combustibles de los barcos requerido por la IMO, es del orden de +0,5 W/m2 -un orden de magnitud superior a los modelos del IPCC-, lo que produciría un calentamiento de +0,2ºC en la superficie de la Tierra en 2024 y explica bien los valores observados. De lo que se deduce que los modelos de la influencia de los aerosoles en el clima utilizados por el IPCC deben ser completamente reformulados al subestimar considerablemente el efecto producido por estos y, consecuentemente, minusvalorar el calentamiento producido por los gases de efecto invernadero.
De lo anterior se deduce que la temperatura en la Tierra permanecerá por encima de +1,5ºC a finales de 2024 (5) y, como máximo, podría estar ligeramente por debajo de +1,5ºC en 2025. Por lo que, dado que el aumento de temperatura se incrementará, probablemente, entre +0,2 y +0,3ºC por década, la temperatura global alcanzará +2ºC en 2045.
Posibles consecuencias de la aceleración del calentamiento global
Los modelos climáticos incluyen las placas de hielo, la atmósfera y los océanos y sus interacciones y retroalimentaciones. De todos ellos, el más difícil de modelizar es la dinámica de las placas de hielo, en la que los modelos utilizados hasta ahora por el IPCC parecen demasiado estáticos y no concuerdan con los análisis paleoclimáticos. Una aproximación complementaria ha sido la utilizada por el Instituto Goddard para la Investigación del Espacio de la NASA, que utiliza modelos climáticos atmósfera-océanos con supuestos empíricos verificables del comportamiento de las placas de hielo.
Las simulaciones climáticas realizadas por los autores del artículo les llevan a concluir que un aumento continuado de la fusión del hielo tendría como consecuencia el colapso de la corriente oceánica AMOC (Corriente del Golfo o Corriente de Recirculación del Atlántico Meridional) tan pronto como a mediados de este siglo, lo que produciría un incremento no lineal del nivel del mar de varios metros en 50 a 150 años.
Emisiones de gases de efecto invernadero durante 2023. Per cápita *
Para entender los riesgos que lo anterior supone, hay que tener en cuenta que en el último periodo interglacial -similar al que estamos hoy desde hace unos 11.000 años-, producido hace 120.000 años, hacia la mitad del mismo la temperatura de la Tierra era +1,0ºC con respecto a la temperatura en el Holoceno preindustrial y el nivel del mar y el tamaño de las placas de hielo de Groenlandia y de la Antártida eran similares a las actuales. Al final de dicho periodo interglacial, el nivel del mar aumentó en varios metros en un solo siglo, lo que, muy probablemente, se produjo debido a la paralización de la corriente del Golfo (AMOC), como puede observarse en los sedimentos del fondo marino.
La Corriente del Golfo transporta alrededor de 1.000 TW (terawatios) de energía desde el hemisferio sur al hemisferio norte, equivalente a unos 4 W/m2 en todo este último, que se concentra en la parte norte del mismo. La paralización de esta corriente hizo que esta energía permaneciera en el hemisferio sur, donde puede haber contribuido al colapso de la placa occidental de hielo de la Antártida.
Adicionalmente a lo anterior, la última vez que la temperatura de la superficie de la Tierra estuvo +2ºC sobre la temperatura preindustrial fue al principio del Plioceno, hace unos 5 millones de años, en donde el nivel del mar estaba unos 15 a 25 m más elevado que hoy en día.
Diferentes observaciones sobre el caudal y energía transportados por la Corriente del Golfo (AMOC) han verificado una disminución del caudal y de la energía trasportados desde el hemisferio sur al norte. Por otro lado, diversos estudios prevén una disminución adicional de dicho caudal a medida que se incremente la temperatura superficial de la Tierra. De lo anterior se deriva que podemos estar aproximándonos peligrosamente a grandes disrupciones climáticas, que, si se permiten que ocurran, podrían alterar el clima futuro al traspasar el Punto de No Retorno, al producir un desencadenamiento de la fusión de las placas de hielo de Groenlandia y de la placa occidental de la Antártida.
Esto fue lo que ocurrió en el último periodo interglacial, hace 120.000 años, en menos de un siglo con +1ºC sobre la temperatura preindustrial y, más alejado en el tiempo y en un lapso de tiempo que desconocemos, en el inicio del Plioceno, con una temperatura de +2ºC sobre la misma.
Este artículo, uno de los más relevantes y trascendentales que se han escrito desde la publicación del Informe de Bases Científicas del IPCC en verano de 2021 y dirigido por James Hansen, una de las mayores autoridades mundiales en la ciencia climática, revela que existen evidencias claras de que los modelos climáticos utilizados por el IPCC no predicen de una forma realista la posibilidad de que se produzca el cierre de la Corriente del Golfo ni tampoco simulan el rápido incremento del nivel del mar que ha ocurrido en el registro paleoclimático.
El artículo concluye que la aceleración del calentamiento global producido desde el año 2020, una vez eliminados todos los elementos que introducen variabilidad al clima -El Niño-La Niña, la actividad solar y las erupciones volcánicas-, se debe a la disminución de azufre en el fuelóleo de los barcos exigido por la Organización Marítima Internacional (IMO), que ha desenmascarado el forzamiento negativo realmente producido por los aerosoles, que, en el caso de dicha reducción entre 2020 y 2024 sería de unos 0,5 W/m2 de enfriamiento en lugar de los 0,12 W/m2 previsto por los modelos del IPCC.
De lo anterior se deduce que la temperatura en la superficie de la Tierra alcanzará, probablemente, +2ºC sobre la temperatura preindustrial tan pronto como en 2045, debiendo tener en cuenta que con +1ºC se produjo en el último periodo interglacial un aumento de varios metros en el nivel del mar en menos de un siglo y que, al inicio del Plioceno, con una temperatura de +2ºC sobre dicha temperatura, el nivel del mar estaba entre 15 y 25 m por encima de la actual.
El aumento acelerado del nivel del mar en un periodo corto de tiempo constituiría una enorme catástrofe planetaria, al quedar inundadas más de la mitad de las ciudades del mundo y, entre otros, Países Bajos, los países insulares, Bangladesh y grandes áreas de EEUU y de China.
Líneas de acción para evitar el riesgo de traspasar el punto de no retorno
Es por ello por lo que resulta necesario trabajar de forma simultánea y con diligencia en tres líneas de actuación. En primer lugar, continuar profundizando en el conocimiento de la ciencia climática, de una forma especial en la dinámica de las placas de hielo a partir de las observaciones del paleoclima y para entender en profundidad el rápido aumento del nivel del mar que se produjo en menos de un siglo en el último periodo interglacial. En segundo lugar, en seguir con políticas para alcanzar la neutralidad climática, algo absolutamente imprescindible para evitar agrandar el peligro potencial de traspasar el Punto de No Retorno, de consecuencias catastróficas, y dado que existe un importante decalaje temporal entre el momento en que se producen las emisiones y el momento en que se alcanza el equilibrio debido a la inercia térmica del océano: un tercio en 5 años, otro tercio en 100 años y el último tercio en unos 1.000 años.
En tercer lugar, parece muy conveniente empezar a analizar posibles tecnologías de Modificación de la Radiación Solar (SRM, por sus siglas en inglés) mediante la inyección de aerosoles a la estratosfera o a la troposfera o bien de agua salada en el aire con el objetivo de aumentar la formación de nubes. Ello permitiría la disminución del calentamiento global para evitar traspasar el Punto de No Retorno, del que podemos estar muy cerca en muy pocos años.
Es evidente que la utilización de estas técnicas presenta cuestiones éticas que no se pueden obviar, como son: 1) si los impactos climáticos son inevitables con el escenario de reducción de emisiones más ambicioso; 2) si la utilización de las técnicas de SRM pueden evitar los impactos climáticos y la comparación de los beneficios derivados de ello con los posibles efectos secundarios que produciría su utilización; y 3) la influencia que podría tener la utilización de técnicas SRM en relajar los esfuerzos para reducir las emisiones.
Resulta necesario continuar profundizando en el conocimiento de la ciencia climática
Conclusión
En los últimos meses se está produciendo una disminución considerable de la ambición de los agentes económicos para afrontar el calentamiento global. Ello es debido, fundamentalmente, a las dificultades encontradas para conseguir de una forma simultánea, continuar creciendo, mantener su posición competitiva en el mercado y avanzar de forma consistente hacia la neutralidad climática.
En el caso de los tres grandes bloques económicos -UE, EEUU y China-, la situación es muy diferente en cada uno de ellos. En el caso de la UE, la pérdida de liderazgo en varias de las tecnologías críticas de la transición verde – inteligencia artificial, criptografía, ciberseguridad, capacidad computacional, computación cuántica, internet de las cosas, minerales críticos-, pone en riesgo su capacidad para continuar siendo un actor independiente a escala global, mantener su modelo social y mantener su posición de liderazgo en la lucha climática.
En el caso de EEUU, su salida del Acuerdo de París supone una dificultad adicional para que el mundo alcance la neutralidad climática en este siglo -los países industrializados, antes de 2050-, al haber sido hasta ahora el máximo emisor histórico, con el 16% de las emisiones mundiales acumuladas desde 1850.
En el caso de China, aunque su compromiso internacional es de alcanzar su límite de emisiones antes de 2030 y de que sus emisiones “per capita” actuales (8,3 tCO2) han superado a países industrializados como la UE (5,8 tCO2) y Japón (8,0 tCO2), se ha convertido en líder indiscutible de algunas de las tecnologías más importantes de la transición verde, como las baterías eléctricas, las placas fotovoltaicas y los minerales críticos y está muy bien posicionada en otras, como la inteligencia artificial y la tecnología espacial.
Sin embargo, y a pesar de un cierto enfriamiento y de la pérdida de ambición y compromiso que se observa en la lucha contra el cambio climático, la urgencia para actuar es mayor que nunca. En primer lugar, las emisiones mundiales de CO2 en 2024 han sido de 37,4 GtCO2 (7), las mayores de los últimos años y superiores en un +0,8% a las de 2023, por lo que el remanente para alcanzar los compromisos recogidos en el Acuerdo de París de 2015 es cada vez más pequeño: de 235 GtCO2 para tener una probabilidad del 50% de no superar +1,5ºC a final de siglo; de 585 GtCO2 para una probabilidad del 50% de alcanzar +1,7ºC; y de 1.110 GtCO2 para la misma probabilidad de alcanzar +2,0ºC (8).
En segundo lugar, un artículo publicado en la revista Environment por un grupo de científicos liderados por James Hansen, autoridad mundial en la ciencia climática y que dirigió el Instituto Goddard de la NASA entre 1981 y 2013, concluye que los modelos climáticos utilizados por el IPCC subvaloran el enfriamiento producido por los aerosoles, por lo que al eliminar estos como consecuencia de las requerimientos más estrictos de calidad del aire, justifican la aceleración que se ha producido en el calentamiento global que se observa desde 2020. Para las siguientes dos décadas prevén un aumento de la velocidad de calentamiento, que pasaría de +0,18ºC/década a +0,2-0,3ºC/década, por lo que la temperatura en la superficie de la Tierra alcanzaría +2ºC en 2045.
El artículo concluye que es necesario tener en cuenta que el último periodo interglacial, ocurrido hace 120.000 años y en donde se alcanzó una temperatura media de +1ºC sobre la temperatura preindustrial, se produjo, al final del mismo, un aumento acelerado del nivel del mar, que se elevó en varios metros en menos de un siglo, y que en el inicio del Plioceno, cuando la temperatura de la Tierra era de +2ºC sobre la temperatura preindustrial, el nivel del mar era entre 15 y 25 m superior al actual.
Las simulaciones climáticas que han llevado a cabo los autores, realizadas utilizando modelos atmósfera-océano de fiabilidad comprobada con supuestos empíricos verificables del comportamiento de las placas de hielo, concluyen que la fusión continuada de las mismas causará el colapso de la Corriente del Golfo tan pronto como a mediados de este siglo, lo que contradice las predicciones del IPCC, basadas en modelos climáticos globales atmósfera-océano-placas de hielo. Dicho colapso produciría que la energía transportada por la Corriente del Golfo del hemisferio sur al hemisferio norte, estimada en unos 4W/m2 sobre el hemisferio norte -equivalentes a unos 1000 TW de energía-, permaneciera en el hemisferio sur, acelerando el deshielo de la placa occidental de la Antártida. Esto mismo fue lo que ocurrió en el último período interglacial, lo que probablemente motivó el aumento del nivel del mar en varios metros en menos de un siglo.
Por tanto, podemos estar aproximándonos de una manera muy peligrosa a un Punto de No Retorno, a partir del cual se desencadenase una aceleración en la elevación del nivel del mar de consecuencias catastróficas para más del 50% de las ciudades del mundo.
Para evitarlo, los autores proponen, además de acelerar los esfuerzos de reducción de emisiones para alcanzar la neutralidad climática y de continuar profundizando en la dinámica de las placas de hielo, explorar la posibilidad de utilizar tecnologías de Modificación de la Radiación Solar (SRM) mediante la utilización de aerosoles estratosféricos o troposféricos como herramienta auxiliar mientras se consigue la neutralidad climática, aunque ello provoca problemas éticos, de acuerdos políticos y de opinión pública considerables, para los que necesariamente se requeriría tiempo una vez identificada y valorada la solución técnica.
Notas
1
Las emisiones acumuladas entre 1850 y finales de 2024 han sido de 2650 GtCO2, de las que 435 GtCO2 (16%) corresponden a EEUU, 302 GtCO2 (11%) a la UE27 y 280 GtCO2 (11%) a China (“Global Carbon Budget 2024”).
2
China fue el país máximo emisor en 2023, con 11,9 GtCO2, seguido de EEUU, con 4,9 GtCO2, de India, con 3,1 GtCO2 y de la UE 27, con 2,5 GtCO2. A su vez, en cuanto a las emisiones “per capita” de 2023, EEUU fue el país en el que fueron más elevadas, con 14,4 t CO2/persona, seguida de Rusia, con 12,6 t CO2/persona, de China, con 8,3 t CO2/persona, de Japón, con 8,0 t CO2/persona y de la UE 27, con 5,6 t CO2/persona (“Global Carbon Budget 2024”),
3
https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/00139157.2025.2434494: “Global Warming Has Accelerated: Are the United Nations and the Public Well-Informed?”; James E. Hansen, Pushker Kharecha, Makiko Sato, George Tselioudis, Joseph Kelly, Susanne E. Bauer, Reto Ruedy, Eunbi Jeong, Qinjian Jin, Eric Rignot, Isabella Velicogna, Mark R. Schoeberl, Karina von Schuckmann, Joshua Amponsem, Junji Cao, Anton Keskinen, Jing Li & Anni Pokela; Environment: Science and Policy for Sustainable Development,
4
James Hansen (Iowa, Estados Unidos; 1941) dirigió en Instituto Goddard de la NASA para la Investigación del Espacio (GISS) entre 1981 y 2013, es miembro de la Academia de Ciencias de EEUU desde 1995, recibió el premio Fronteras del Conocimiento del BBVA en 2016, fue uno de los doce científicos que asesoraron al Papa Francisco con anterioridad a la publicación de la encíclica LAUDATO SI en 2015.
5
Según el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, coordinador del Servicio de Vigilancia de la Atmósfera del Programa Copernicus (C3S/ECMWF), la temperatura media en la Tierra a lo largo del año 2024 ha sido +1,59ºC sobre la temperatura en el periodo de referencia 1850-1900. Hay que tener en cuenta que esta temperatura incluye las variabilidades climáticas (actividad solar, actividad volcánica y Oscilación Decadal Pacífica), así como la reducción de los aerosoles debido, entre otros, a la navegación marítima.
6
Sin considerar las emisiones derivadas de cambios en el uso de la tierra, que han ascendido a 4,2 GtCO2 en 2024, un +2,4% sobre la media de las emisiones en el período 2014-2023.
7
Global Carbon Budget 2024.