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Monográfico | La Rioja / Logroño
El santo ingeniero (santo Domingo de la Calzada, patrono de los cuerpos de obras públicas)
'In memoriam': David Mena, exalcalde de Santo Domingo de la Calzada
José Pablo Sáez Villar
Calcetaense.
Ingeniero de caminos y prior de la Cofradía de Santo Domingo de la Calzada.
El próximo 10 de mayo de 2026 se cumplirán 86 años de la Orden del Ministerio de Obras Públicas, firmada por Alfonso Peña Boeuf, en la que, a petición de los ingenieros de caminos, «se declara a santo Domingo de la Calzada patrono oficial de los cuerpos que integran los diferentes servicios de obras públicas», un patronazgo que se extendió, pocos años después, a los ingenieros de caminos y a los ingenieros técnicos de obras públicas.
Domingo García, “el de la calzada”, fue un «ingeniero» que abarcó todas las disciplinas de la ingeniería, desde el diseño y planificación a la construcción y la conservación, además de ser un precursor de la ingeniería de seguridad vial. Recordemos la vida y obra de este santo laico del medievo que justifica las razones de este patronazgo, al que también se sumaron en 1964 los administradores de fincas.
Los orígenes de Domingo
Los biógrafos, o hagiógrafos con mayor propiedad, establecen el año 1019 como fecha probable del nacimiento de Domingo García, y 1109 como el año de su muerte. Conflictivo se presenta su lugar de nacimiento, fruto, posiblemente, de que entre la vida del santo y sus principales biógrafos transcurriesen no menos de quinientos años —nos referimos a fray Luis de la Vega (1606) y José González de Tejada (1702). Ambos se inclinan a afirmar que el nacimiento de Domingo García tuvo lugar en Viloria, en la provincia de Cantabria, (al este de Burgos, a quince kilómetros escasos de la ciudad de Santo Domingo de la Calzada), siendo sus padres Jimeno y Orodulce. En cambio, otros, encabezados por fray Pedro de la Vega (1541) y Doménico Laffi (1681), se abonaron a la tesis de que era natural de Villoria, en Calabria (Italia), en especial las bulas de Urbano V (1362) que establecen que el santo era originario de Tuscia (Italia).
Su juventud sufre la misma falta de datos históricos que hemos venido apuntando. Si hacemos caso a la tradición oral, Domingo García cursó estudios en el Monasterio de Valvanera, donde solicitó ser monje benedictino, pero no fue aceptado. Tampoco lo fue en el otro gran monasterio de La Rioja, el de Suso, en San Millán de la Cogolla, lo que le impulsó a llevar una vida de eremita. Para ello aprovechó las ruinas de un pabellón de caza de los reyes de Navarra, que con los años transformaría en un hospital de peregrinos y sería el núcleo en torno al cual se fundaría el burgo que dio lugar a la ciudad de Santo Domingo.
La llegada a Calahorra de san Gregorio de Ostia en 1039 anima a Domingo a acercarse a este obispo italiano y acompañarle y ayudarle durante su estancia en La Rioja, lo cual constituye un punto de inflexión en su vida. Según recogen algunos biógrafos, al parecer realizaron el Camino de Santiago y a su vuelta, conocedores de las penurias que sufrían los peregrinos, construyeron el primer puente de madera sobre el Oja.
En 1044 san Gregorio fallece y Domingo vuelve a su primitivo retiro, si bien ahora no como eremita sino como ingeniero, y comienza a centrarse en la atención a los peregrinos jacobeos.
Una calzada
Hasta la modificación que realizó el rey Sancho III el Mayor, rey de Navarra, el Camino de Santiago discurría desde Pamplona a Salvatierra, continuando a Vitoria y desde allí hasta Briviesca y Burgos.
Hacia el año 1100 el rey Sancho III el Mayor modifica el Camino llevándolo desde Pamplona a Puente la Reina, Estella, Logroño y Nájera. Desde ahí se tomaba la antigua calzada romana de la Vía Aureliana hasta Herramélluri, punto en el que bien los peregrinos se dirigían a Briviesca y de ahí continuaban hasta Burgos, o bien bajaban a Belorado y proseguían su camino hacia Burgos.
Santo Domingo, consciente de las necesidades de los peregrinos, realizó una modificación sensible del Camino, tanto en su longitud, de más de 32 km, como en su tipología y estructura; de hecho, que fuese conocido como Domingo “el de la calzada” implica que el camino por él construido tenía naturaleza de calzada, y no de senda, sendero, pista, vereda, trocha, vericueto o cañada.
Esta modificación del trazado del Camino muy pronto es tomada como alternativa definitiva por los peregrinos. Tres son las razones que encontramos para la consolidación temprana de esta modificación: la primera es la construcción, por parte de santo Domingo, de un puente sin peaje de paso para así atravesar el impetuoso y caprichoso río Oja; una segunda razón debemos encontrarla en que el nuevo trazado acortaba el recorrido primitivo y, sobre todo, era mucho más seguro; y la tercera razón, o quizás la primera también, fue la labor de atención realizada por santo Domingo en el hospital que fundó en las ruinas de un pabellón de caza de los reyes navarros.
Esta modificación del trazado partía desde Nájera. Por San Millán, llegaba a la actual ciudad de Santo Domingo, continuaba por Grañón y Viloria de Rioja, y en Belorado se unía al antiguo Camino.
La construcción de la calzada es, sin duda, la obra que dio el sobrenombre a Domingo García, que pasó a ser conocido como Domingo “el de la calzada”. Nos encontramos ante la obra que muchos autores han definido como su obra cumbre (yo no participo de esta opinión, como quedará aclarado posteriormente), pero sin duda fue sobre la que se construyó el resto de su labor. Una labor que hay que entender como un todo: no es posible entender la calzada sin el puente, ni ambos sin el hospital, y ninguna de ellas sin el templo.
Si analizamos pausadamente las obras de Domingo, concluiremos que le guía una premisa que define y enmarca todas sus acciones: mejorar la seguridad del peregrino. Si trasladamos esa forma de actuar a las «calzadas» de hoy, a nuestras carreteras, concluiremos que nos encontramos ante un precursor de la seguridad viaria.
Un puente
Según establecen de forma unánime los biógrafos del santo, todo parece indicar que el primer puente que Domingo construyó era de madera. Posiblemente alguna riada lo destruyó y se vio en la necesidad de construir uno nuevo, este sí, ya más robusto y resistente.
Según cuentan diversas fuentes, el puente debía de tener veinticuatro arcos de medio punto, con anchas cepas y tajamares triangulares con aristas enfiladas a la corriente. Tenía también una pequeña capilla de sillería dedicada a la Virgen en el tajamar existente, entre el noveno y el décimo arco.
El puente posee una importancia simbólica de gran valor pues en torno a él se concentran varios de los más famosos milagros atribuidos al santo. Así nos encontramos con el de la resurrección de dos operarios tras el hundimiento de uno de los arcos del puente; el de la hoz, con la que el santo taló los árboles de un bosque (y que figura hoy, junto con la encina, en el escudo de la ciudad); o el milagro del amansamiento de dos toros bravos, cedidos como novillos por un vecino para acarrear materiales para su construcción (este milagro casi motiva a los toreros a nombrar patrono a santo Domingo, pero al ser nombrado patrono de los cuerpos de obras públicas, hizo que en los años 50 los toreros optasen por san Pedro Regalado), y el de la resurrección de un peregrino arrollado por un carro que transportaba piedra para el puente.
La relación del santo con los puentes no finalizó con la construcción del de madera ni el definitivo de piedra para cruzar el río Oja. Su fama de buen constructor hizo que el rey Alfonso VI le solicitase la reconstrucción de los puentes de Logroño y de Nájera —en los que le asistió su discípulo, colaborador y amigo san Juan de Ortega—, y también el mantenimiento del camino en todo su reino.
Un hospital
Sigue Domingo con su tarea de constructor, ahora de edificador. Aprovecha las ruinas del pabellón de caza para fundar un hospital para atender a los peregrinos. Desde noviembre de 1967 este hospital, ubicado junto a la catedral, es Parador Nacional de Turismo.
Durante un tiempo santo Domingo cambió su actividad de ingeniero por la de hospitalero, enfermero y médico.
Hay que destacar que junto a la puerta del hospital el Santo construyó además un pozo. Ciertamente, dada la naturaleza del terreno de Santo Domingo, donde el nivel freático no se encuentra a mucha profundidad, aquel pozo no debió de ser muy profundo, pero por si santo Domingo no hubiera demostrado suficiente su faceta ingenieril, esta queda complementada con este aspecto de ingeniería hidráulica, al que habría que añadir el dragado del cauce del Oja para obtener la piedra para la construcción de la calzada.
Un templo
Acabados la calzada, el puente y el hospital en funcionamiento, su labor no había finalizado. Domingo seguía pensando en mejorar la atención a los peregrinos jacobeos, no solo la física sino también la espiritual.
Domingo era seglar, pero profundamente creyente y amante del prójimo. Él entendía que el peregrino, que en buena medida hacía el Camino movido por su fe, en los momentos de descanso necesitaba poder orar a Dios en un entorno adecuado.
Se cree que la consagración del templo tuvo lugar en 1106. La planta de la catedral calceatense, título que recibió apenas 120 años de su consagración como templo, no sigue la cruz latina tradicional, ya que tiene una ampliación a la derecha del ábside para dar cabida el sepulcro del santo en su interior, pues pidió de forma expresa ser enterrado junto al Camino de Santiago y fuera de la iglesia, aunque próximo a la misma. A él se le atribuye la profecía: «Dios hará que, en la posteridad, de ningún modo permanezca apartado de la Iglesia. Ésta buscará mis restos o ellos buscarán este privilegio». Y así sucedió.
La quinta joya
Dice una jota riojana: «Una calzada y un puente, / un templo y un hospital, / estas son las cuatro joyas / que dio el Santo a su ciudad». Sin duda, el jotero no tuvo su mejor día, pues se olvidó de la joya que mantiene vivo, no ya el recuerdo, sino la labor del santo pasados ya más de novecientos años de su muerte. El jotero se olvidó de la quinta joya, la que da mayor brillo y engarza a todas las demás. Se olvidó de la Cofradía de Santo Domingo de la Calzada, popularmente conocida como La Cofradía del Santo.
Esta cofradía fue fundada en el año 1106 por el propio santo junto con Pedro Nazar, obispo de Calahorra y Nájera quién fue además su primer prior. Tras el fallecimiento de Pedro Nazar, fue nombrado prior santo Domingo y, tras su muerte, acaecida el 12 de mayo de 1109, la Cofradía cambió su denominación por la de Santa María y del Bienaventurado Santo Domingo, siendo su nuevo prior san Juan de Ortega. Vista la fecha de constitución de la Cofradía del Santo, hay quien defiende que esta cofradía es la más antigua de España. Es una afirmación que, sin ser cien por cien veraz, hay que reconocer que tiene un punto de aproximación.
Buceando en la historia nos encontramos que la tradición oral señala que en torno a 1072, la infanta Urraca, en desagravio por la muerte de su hermano, el rey Sancho, durante el cerco de Zamora, constituye La Cofradía del Santísimo Sacramento, Nuestra Señora de San Antolín y Señor Santiago de Zamora, conocida como la Cofradía de la Concha, de modo que esta sería la más antigua de España, aunque la primera regulación documentada de la corporación son los estatutos, aprobados en 1503.
Posiblemente, y muy pocos años después, nos encontramos, siguiendo la tradición oral, con la constitución de la Cofradía de la Santa Caridad de Toledo, la Antigua, Ilustre y Real Cofradía de la Santa Caridad, Cristo de la Misericordia y Soledad de los Pobres, fundada durante el cerco que tenía sometido el rey Alfonso VI a la ciudad de Toledo en el año de 1085 para poder sepultar a los difuntos.
Tras estas dos cofradías, llegamos a la Cofradía de Santo Domingo de la Calzada y necesariamente debemos hacer referencia a la escritura de donación, procedente de los Cartularios de Santo Domingo de la Calzada. En ella la señora Mancia, cofradesa, hermana, y sierva de la Cofradía de Santa María y del Bienaventurado Santo Domingo dona toda la heredad que posee a la Cofradía. Esta donación data de mayo de 1158 de la Era Hispánica, que corresponde al año 1120 de nuestra era, de ahí su importancia, pues es una muestra de la activa labor que desarrollaba en épocas tan tempranas esta Cofradía dedicada a atender a los peregrinos jacobeos. En todo caso, sí se puede afirmar, sin ningún lugar a dudas, que la Cofradía de Santo Domingo de la Calzada es la cofradía asistencial más antigua de España y del mundo, pues todas las cofradías europeas son de fechas posteriores.
El reconocimiento de esta labor asistencial queda de manifiesto en el hecho de que cuando el Camino de Santiago recibió en el año 2004 el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, una de las personas que lo recogió junto con los obispos de las diócesis del Camino fue el prior de la Cofradía del Santo. Ello no es sino una muestra del reconocimiento público que recibe la labor asistencial de esta Cofradía. Tanto su antigüedad como la labor que viene realizando en la atención a los peregrinos jacobeos desde principios del siglo XII deberían ser motivos más que suficientes para que esta Cofradía hubiera recibido el título de Real y Pontificia.
Referencias
1
Fray Luis de la Vega (1606). Historia de la vida y milagros de Santo Domingo de la Calzada, Juan Bautista Varesio, Burgos.
2
José González de Tejada (1702). Historia de Santo Domingo de la Calzada, Abrahán de la Rioja, Viuda de Melchor Álvarez, Madrid.
3
Arturo Calvo Espiga (2019). Santo Domingo de la Calzada. El hombre y la obra. Cabildo Catedral de Santo Domingo de la Calzada.