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Monográfico | Agustín de Betancourt

Los ingenieros espía

Dolores Romero Muñoz

Doctora en Historia y Territorio.

Directora del programa CEHOPU-CEDEX.

Vista de las costas de Mallorca con su rada. En: Recueil des cartes des costes de Catalogne et des isles de Majorque, Minorque et Yvice avec les plans particuliers desplaces de ces isles, Veuës, ports et moüillages, pris sur les lieux par le S.r Pene ingenieur ordinaire du Roy en 1680, Archives du Service Historique de la Defense de Vinncennes, SHD, Marine, SH 92

Durante la Edad Moderna, las cabezas coronadas de Europa tomaban a su servicio ingenieros provenientes de las zonas bajo su gobierno o de sus aliados con el fin de asegurar su fidelidad en los múltiples asuntos concernientes a sus territorios, pues estos eran los protagonistas de su reconocimiento y construcción.

En el caso de la monarquía de España, a pesar del secreto que se cernía sobre los asuntos del gobierno en sus amplios territorios, fue ineludible la presencia de ingenieros enviados por sus enemigos, comisionados para espiar las costas y fortificaciones. Inevitables en una época de enfrentamientos militares en Europa, estos encargos tenían un fundamento de carácter bélico, buscando las debilidades defensivas de los reinos o el rearme de sus enemigos. En aquella época, el poder político en Europa organizaba sistemas y servicios de espionaje y contraespionaje. El objetivo principal era conocer las costas, los pasos terrestres y los lugares idóneos para una posible incursión.

Este fue el caso de algunos episodios conocidos a partir de la documentación de archivo, cuando, tras la toma de la veneciana ciudad de Candía en Creta en 1669 por los turcos, se abrió una nueva fase de tensiones bélicas entre la monarquía católica y el Imperio otomano. A través del espía Luis Fernández Merino llegaban hasta la corte noticias inquietantes sobre el rearme de una poderosa armada turca (1). A ello se unía el peligro derivado de las seculares pretensiones francesas sobre los reinos españoles de Italia, en concreto Sicilia, cuya defensa había sido abandonada desde hacía años (2).

Con todo, unos de los casos más conocidos fue el magnífico atlas resultante de los trabajos de espionaje del ingeniero a las órdenes del rey francés Luis XIV, Charles de Pène (3). El gran atlas de plazas fuertes de las islas Baleares ilustra perfectamente lo que conlleva un documento de este tipo. Fue realizado con carácter «oficial» por encargo del monarca a un equipo de ingenieros reconocidos, aunque con un resultado poco científico (4). No obstante, el director de la operación Charles de Pène (c. 1635-1701), director por entonces de la galería de las maquetas existentes en el Musée des Plans-Reliefs de París, había recibido instrucciones detalladas sobre una misión destinada a realizar «planos particulares y exactos de la ciudades, fortalezas y castillos para poder conocer todas las partes de las fortificaciones tanto dentro como fuera». El atlas es en realidad una obra «de presentación» ricamente adornada con un frontispicio y cartelas a la aguada realizadas en oro, pero sin demasiado valor estratégico (5).

El espionaje industrial en la Europa de la Ilustración

A partir del siglo XVIII, y muy especialmente durante el periodo de la Ilustración, el espionaje militar dejó paso a otro de carácter industrial, cuando el marqués de la Ensenada encomendó a varios personajes relevantes una serie de viajes con el fin de conocer de forma confidencial las novedades técnicas surgidas en países como Francia, Inglaterra o los Países Bajos. Allí fueron enviados Antonio de Ulloa o Jorge Juan para conocer las mejoras en la artillería y otros inventos destinados a proveer a los astilleros y arsenales de la Corona española.

En este contexto se sitúa la labor de Agustín de Betancourt al ser pensionado en 1784 para proseguir sus estudios en París en el campo de la geometría y la arquitectura subterránea. Los años de formación en Madrid (1778-1783) habían orientado a Betancourt en una doble vertiente hacia la ciencia y el arte, que lo acompañarían de por vida, tal y como se mostró en la composición del célebre Real Gabinete de Máquinas. Aunque la mayoría de los ingenieros comisionados en Europa provenían de las Academias de Matemáticas, en el caso de Betancourt su formación la adquirió en los Reales Estudios de San Isidro, una institución regida por los jesuitas donde cursó Cálculo, Álgebra, Geometría o Matemáticas (6).

En las salas de la Academia de San Fernando, con maestros como Maella, desarrolló sus extraordinarias habilidades para el dibujo y ese innegable sentido artístico que, como se ha mencionado, está presente en los dibujos y planos recopilados en el Gabinete, realizados en buena medida de su propia mano (7).

Detalle de la máquina de vapor de doble efecto
Fuente: Collections de L'École Nationale de Ponts et Chaussées.

En Francia, donde vivió Betancourt durante varios años, la obtención de secretos industriales extranjeros y su introducción y puesta en funcionamiento en el país contó siempre con el beneplácito del Estado y, aún más, desde la ley de patentes de 1791, que al reconocer «a cualquiera que aporte el primero una industria extranjera en Francia las mismas ventajas que si fuera el inventor» sancionaba jurídicamente el robo y apropiación de la propiedad industrial de otros países. En este sentido, las actividades de Betancourt en lo tocante a detectar cualquier invento innovador servirían como un ejemplo más de su facultad como ingeniero, capaz de percatarse con el conocimiento de pocos elementos, de los detalles que convierten un invento en singular y, además, copiarlo, mejorándolo en ocasiones.

Este fue el caso de la máquina de vapor. Aún sin querer entrar en su funcionamiento en estas pocas líneas, cabe decir que constituyó uno de los avances más considerables de la época permitiendo, con el recurso de la potencia del vapor revolucionar la producción industrial en todo el mundo. Como se sabe, el invento se remonta a los primeros ingenios de Savery o Newcomen, aunque estos fueron mejorados gracias principalmente a las innovaciones introducidas por los ingleses Boulton y Watt. Un breve viaje a Inglaterra en pos de las últimas novedades de estos —la máquina de vapor de doble efecto— y el fugaz examen exterior del ingeniero, le permitieron conocer el ingenio. Asimismo, en Londres pudo observar una máquina parecida funcionando en una fábrica de harinas y un nuevo modelo de telar mecánico. Estas observaciones le bastaron para que a su vuelta a Francia en 1788 desentrañara su funcionamiento para más adelante poner en marcha la primera máquina de este tipo en el continente. Los resultados de este viaje fueron recogidos en una memoria titulada Memoire sur une machine á vapeur á double effet, presentada en 1789 a la Académie des Sciences de Francia.

En 1790 los hermanos Pèrier, basándose en el modelo de Betancourt, recurrieron a la novedosa tecnología con magníficos resultados en los molinos instalados en la isla de Los Cisnes, en el Sena. Ello animó a Betancourt a proseguir sus investigaciones sobre esta nueva y prometedora fuente de energía con el fin de llevarla a la práctica en otras de sus novedosas instalaciones mecánicas —como la draga de vapor de Kronstadt, las máquinas para limpiar canales, o las esclusas de émbolo buzo—, o desde el punto de vista teórico. Así, en 1790, ofrecía a examen a la Académie gala su Memoire sur la force expansive de la vapeur de l’eau, un estudio precursor en materia de termodinámica cuyo original se encuentra en la École de Ponts et Chaussées parisina.

Según García-Diego, Watt se enteró de lo que había hecho Betancourt, apuntando el envío por parte del canario a España del modelo de la máquina «como hace con todo lo que ve», en alusión al Gabinete que, «además le había enseñado el secreto a Pèrier», y, en conclusión advertía el británico, «debemos desconfiar cada vez más de los extranjeros», pues gracias a ello se pudo introducir en Francia la fabricación de esas máquinas sin tener que pagar royalties a los propietarios de la patente (8).

Vista del Arsenal de los Diques del Departamento de Ferrol
Vista levantada en perspectiva y pintada por D. José Alonso Esquivel. Fuente: Museo Naval de Madrid. Inv. 3607.

Con todo, en general, la intención de la Corona española respecto a los viajeros y pensionados españoles era que tratasen de asimilar de forma indirecta la tecnología extranjera a través de la observación de sus aplicaciones en los países de destino. Ese fue el caso de uno de los primeros trabajos de Agustín de Betancourt en la capital vecina: el informe sobre los nuevos hornos utilizados en Francia para la destilación del carbón mineral, materia fundamental para la industria minera asturiana. Escrito en 1785, era el resultado del encargo del conde de Aranda, embajador español en París que defendía los intereses de los industriales asturianos, y del que dependían en buena medida los pensionados. La Memoria sobre la purificación del carbón de piedra, y modo de aprovechar las materias que contiene supuso la propuesta de Betancourt tras los repetidos fracasos en la utilización del carbón asturiano. La Memoria fue remitida por el embajador a la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Asturias y propició no ya solo el nombramiento de Betancourt como socio de mérito, sino un primer ensayo de los nuevos métodos de coquización de la hulla asturiana a partir del nuevo tipo de horno, alto y cerrado —como los que se utilizaban ya en Inglaterra y Francia— que, sobre la base de los descritos por el canario y como colofón de su trabajo, planteó nuestro ingeniero en una nueva muestra de su inventiva.

Asimismo, en los nuevos arsenales de la Armada española a la postre la máquina de vapor fue de gran utilidad. Fundados a raíz de la división de las costas españolas por parte de la Corona en departamentos marítimos, se establecieron las nuevas bases navales en La Habana, Ferrol, Cartagena y La Carraca (isla de León, Cádiz). En las nuevas instalaciones, la Armada española pretendía construir una flota de buques de guerra incorporando la tecnología más avanzada de la época. Un programa que abarcaba grandes empresas, como la fundación de una nueva ciudad ordenada al servicio de los astilleros y la creación de instituciones científicas y de las instalaciones necesarias para la construcción de los barcos, como gradas, varaderos, diques o fábricas de jarcias. Para el achique de las aguas de los diques secos —una operación necesaria para poder construir y carenar los cascos de los buques— en un principio se empleaba el penoso sistema de las bombas manuales hasta que, a principios del siglo XIX, se incorporó la potencia que suponía la tecnología de la energía del vapor para el achique de las aguas al objeto de construir en seco el casco de los buques. Para ello se propuso la construcción de una máquina de vapor, siguiendo algunos modelos de las máquinas de Betancourt para la elevación de las aguas, incorporando bombas movidas por la nueva fuente de energía. Por ello, no es de extrañar que algunos autores hayan apuntado la posibilidad de que Betancourt hubiera estado presente en estas instalaciones que buscaban modernizar la construcción naval con la incorporación de la tecnología más avanzada de la época.

En 1789, Agustín de Betancourt, recién regresado a París de su viaje a Inglaterra, estaba en la mejor disposición científica para informar a la Marina española de los últimos avances que existían en las grandes fundiciones de cañones instaladas en el país vecino. A tal fin realizó las correspondientes visitas para conocer las instalaciones de la fábrica de cañones instalada en la isla de Yndrid (9).

El año 1991, CEHOPU descubrió el magnífico manuscrito, olvidado en la Biblioteca del Palacio Rewal de Madrid, con el título Descripción del establecimiento de Yndrid, donde se funden y barrenan los cañones de hierro para la Marina Real de Francia dedicado al rey Carlos IV. El atlas constituye una de las pocas piezas que se han conservado del Gabinete de Máquinas, pues, como en anteriores ocasiones, la memoria y los espléndidos dibujos bellamente encuadernados se incorporaron al fondo reunido por Betancourt para ser trasladado a la corte. Dada la importancia de esta obra histórica, CEHOPU publicó una edición facsimilar en 2008 con el fin de hacer accesible una obra fundamental para entender la excelencia de los trabajos del insigne ingeniero.

A través de sus páginas, Betancourt aportaba una serie de notas históricas sobre la fabricación de cañones en Francia con tecnología inglesa. La factoría se instaló en la parte más alta de la isla de Yndrid, situada en el cauce del río Loira, dos lenguas más abajo de la ciudad bretona de Nantes, donde las mareas atlánticas eran ya considerables. La fábrica debía estar inundada por el nivel freático de manera que se pudieran fundir los cañones en posición vertical. A diferencia de los cañones fabricados con anterioridad, por ejemplo, en España, cuando estos se construían en hueco con la barrena o alma ya incorporada, en Yndrid la fundición se realizaba en sólido, utilizando para barrenarlos potentes máquinas, inicialmente accionadas por ruedas hidráulicas verticales que recibían su impulso por los desniveles de agua provocados por las mareas.

Máquina de vapor
Láminas extraídas del atlas Descripción del establecimiento de Yndrid, donde se funden y barrenan los cañones de hierro para la Marina Real de Francia (Agustín de Betancourt. 1791) . Constituye una de las pocas piezas que se han conservado del Gabinete de Máquinas. Lámina XI. Corte vertical de la máquina de vapor. Lámina XVII. Plan que contiene el volante de la máquina de vapor. Lámina XII. Pespectiva del balancín de la máquina. Biblioteca del Palacio Real de Madrid. IX–Mesa–97.

Los gastos elevados de la administración de la fábrica acometidos por el industrial inglés Wilkinson, llevaron a las autoridades francesas a sustituirle por M. Delamotte, un personaje accesible para Betancourt debido a que el galo había trabajado con los hermanos Pèrier, amigos del canario a raíz de la instalación de la primera máquina de vapor en Francia. A la sazón, Delamotte introducía innovaciones importantes en la fabricación de los cañones con la colocación de una máquina de vapor de simple efecto que garantizaba la energía necesaria para barrenar sin el recurso a un sistema tan variable e impredecible como el de las mareas. Betancourt justificaba en términos económicos este cambio considerando que esta nueva fuente de energía no costaba ni siquiera la cuarta parte que la hidráulica, abaratando la producción de cañones. En la Memoria, el ingeniero canario señalaba la superior calidad de los cañones cuando se funden en sólido, girándolos —como se hacía en Yndrid— y no moviendo las barrenas para fabricar el hueco o alma de los cañones. Este fue quizá su último trabajo durante su largo periodo de formación en Francia (1784-91).

Hasta nuestros días, han llegado la descripción y sobre todo los bellísimos dibujos que causan auténtica admiración por la calidad de la técnica de ejecución y las perspectivas. Estos avanzan una concepción moderna de la representación pictórica, en este caso, en elementos de carácter industrial, lo cual muestra el talento ilustrado tanto para el dibujo arquitectónico o ingenieril, poniendo el mismo cuidado y atención en cualquier tipo de construcción, ya fuera ornamental o utilitaria.

Referencias

1

Bunes Ibarra, M. Á. de, (2010) “El control de la información en el Mediterráneo desde Nápoles a Sicilia en la época de Felipe III”,en Juan Martínez Millán, Manuel Rivero Rodríguez, (Coords.), Centros de poder italianos en la Monarquía Hispánica (siglos XV-XVIII), Madrid, Ediciones Polifemo, Vol. I, 351-373.

2

García-Diego, J. A. (1988) “Agustín de Betancourt como espía industrial”, en Estudios sobre la historia de la ciencia y de la técnica, Mariano Esteban Piñeiro [et. al] (Coord.), Valladolid, Junta de Castilla León, pp. 105-125.

3

Navarro Brotons, V., “Los jesuitas y a renovación científica en la España del siglo XVII”, en Studia historica. Historia moderna, n.º 14, pp. 15-44.

4

Navarro Loidi, J. M, (2006) Las ciencias matemáticas y las enseñanzas militares durante el reinado de Carlos II, Madrid, Ministerio de Defensa. 2 tomos.

5

D’Orgeix, É. (2005). “Al servicio del rey. El espionaje francés de las plazas fuertes españolas en el siglo XVII”, en La fortificación y los ingenieros de la monarquía hispánica. Siglos XVII y XVIII, Madrid, Ministerio de Defensa, pp. 96-111.

6

Pessolano, M. R. “Il porto de Napoli nei Secoli XVI-XVIII”, en Sopra i porti di mare, Vol. II. Il Regno di Napoli, a cura de Simoncini, Giorgio, Napoli, Leo S. Olschki, 1993, pp. 67-123.

7

Romero, D. y Sáenz, A. (1996) “Exposición Betancourt. Los inicios de la ingeniería moderna en España”, en Revista de Obras Públicas, junio, n.º 3355, pp. 51-71.

8

Romero Muñoz, D. (2015). La navegación del Manzanares. El proyecto Grunenbergh, Madrid, Fundación Juanelo Turriano.

9

Romero Muñoz, D. (2021). Carlos de Grunenbergh, un ingeniero alemán al servicio de Carlos II en Sicilia, Madrid, CEHOPU.

10

Simoncini, G. “La Sicilia maritime fra XV e XIX secolo”. En: Sopra i porti di mare. Sicilia e Malta. III. Editado por Simoncini, Giorgio. pp. 9-69. Firenze, Leo S. Olschki Editore, pp. 1-38.

11

H. Verín, La gloire des ingénieurs: l’intelligence technique du XVIe au XVIIIe siècle, París, Albin Michel.

12

Vicente Maroto, I. y Esteban Piñeiro, M., Aspectos de la ciencia aplicada en la España del Siglo de Oro, Salamanca, Junta de Castilla y León.

Notas

1

Archivo General de Simancas, Legajo 3.296, doc. 25, ff. 149-154; AGS, E, Legajo 3.495, doc. 11, Pessolano (1993). pp. 67-123; Simoncini (1993). pp. 1-38. Bunes (2010). pp. 351-373.

2

Archivo General de Simancas, Legajo 3.494, ff. 93-95 Sobre la presencia de un ingeniero francés espiando las fortificaciones de Siracusa.

3

Pène, Ch. de. (1680), Recueil des cartes des costes de Catalogne et des isles de Majorque, Minorque et Yvice avec les plans particuliers des places de ces isles, veues, ports et mouillages, pris sur les lieux par les S.r Pene Ingenieur Ordinaire du Roy, 1680, Vincennes, SHD, Marine, SH 92. D’Orgeix, E. (2005), 107-108.

4

Pène, Ch. de. (1680)

5

D’Orgeix, E. (2005) pp. 107-108.

6

Los Reales Estudios de San Isidro, con rango de universidad, fue un centro pionero en España en la introducción de la ciencia experimental, encontrándose bajo la tutela de los jesuitas. En lo referido a las disciplinas físico-matemáticas y sus aplicaciones –Geometría, Aritmética, Estática, Cosmografía, Geografía, Hidrografía, o Astronomía– los jesuitas desempeñaron un papel destacado en este proceso al contar con una red de cátedras de Matemáticas en sus colegios que, en el marco de la ideología jesuítica, se mantuvieron activas durante la mayor parte de la centuria. Romero Muñoz (2015 y 2021). Sobre el papel de los jesuitas en la modernización de la ciencia en España. Véase Maroto, Vicente y Piñeiro, Esteban (1991). p. 172; Navarro Brotons (1996). pp. 15-44; Por su parte, Navarro Loidi (2006), pp. 65-77 y 155 y ss. asevera que durante este tiempo no existió ningún colegio regentado por otras órdenes.

7

Romero y Sáenz (1996), p. 53. «Exposición Betancourt. Los inicios de la ingeniería moderna en España» en Revista de Obras Públicas, junio, nº 3355, pp. 51-71.

8

García-Diego. (1988)-, pp. 105-125; Vérin (1983).

9

Samaniego, A. (17 de marzo de 1993). «Agustín de Betancourt. El espionaje industrial». El País

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