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La Clave | El complejo mundo de los puertos
Paisaje portuario: la forma de mirar las obras marítimas
La ingeniería es una relación entre el ser humano y el territorio. En los puertos, es el contacto entre dos masas de una energía inusitada: el mar y su incertidumbre y la tierra, con su fuerza, usos, servicios y crecimiento constante. Los diques abrazan el océano con dimensiones notables, alcanzan grandes profundidades y requieren volúmenes extraordinarios de material. Estas estrechas líneas dentro del mar son objeto de discusión técnica, física y matemática. El objetivo de este artículo es que los lectores y usuarios puedan disfrutar de la componente humanística, estética, paisajística y ambiental de las obras marítimas.
Palabras clave: Diques rompeolas, verticales y mixtos. Paisaje construido. Espaldón. Estética.
Engineering is a relationship between the human being and the territory. In the case of harbours, it is the contact between two masses of an unusual energy: the sea and its uncertainties, and the land, with its strengths, uses, services, and permanent growth. The breakwaters with its large dimensions embrace the ocean reaching remarkable depths and requiring large volumes of materials. These narrow lines in the sea are the subject of technical, physical, and mathematical discussions. The purpose of this paper is to allow readers and users to enjoy the humanistic, aesthetic, and environmental components of the maritime works.
Keywords: Vertical and composite breakwaters. Constructed landscape. Crown wall. Aesthetics.
Vicente Negro Valdecantos
Doctor ingeniero de caminos, canales y puertos.
Catedrático en la ETSICCP de la UPM.
Son muchas las personas y libros que me han marcado en la vida, tanto a nivel profesional como particular. Durante los estudios de la tediosa carrera de ingeniero de caminos, las figuras de Pedro Suárez Bores y de José Antonio Fernández Ordóñez encarnaron mi fascinación por el mar y la necesidad de dotar a las obras de espíritu, razón y simbología, atendiendo a su ser y existencia en un territorio, de forma sostenible, equilibrada y respetuosa con el medioambiente y cumpliendo siempre con su función.
Casi veinte años después, la lectura de Paisaje construido y una aproximación a la idea de lugar de Miguel Aguiló significó otra revolución interior. Ahora, ya en la madurez, cada día más cerca de despedirme de la docencia y la investigación, leo las reflexiones del profesor Manterola en la publicación de la Fundación José Entrecanales Ybarra Vida, obra y pensamiento con relación al diseño y la estética, que trata de ese ámbito tan sutil donde cualquier obra —no solo los puentes, también los diques— cruza las líneas de la belleza. Necesitamos aprender a contemplar la ingeniería. Acostumbrarnos a mirarla. No solo tenemos que resolver los problemas de la técnica sino también los de la forma, esto es, debemos poner «forma a la técnica».
Los diques son mi vida. Son la emoción por las acciones y la respuesta a la energía de las olas; son la interacción suelo‑estructura y cómo pasar del papel a la obra, que tanto cuesta y tan complicado resulta de entender. Es, también, el «arte de construir». Saber que nuestra profesión nació para ello, y que mejora la calidad de vida de las personas que vivimos en la sociedad.
Enfrentarse a la violencia del mar, luchar contra la fuerza de las olas, tuvo en sus inicios una actitud de sumisión. Entre el desconocimiento de las acciones y el rudimentario desarrollo de los barcos, el ser humano buscó lugares adecuados que ocultaran su indefensión.
El aprendizaje y entendimiento de la energía del océano condujeron a la adaptación, esto es, a buscar pequeños accidentes geográficos naturales que actuaran de diques, y también a desarrollar técnicas primitivas para aumentar calados y controlar el movimiento de las arenas en las desembocaduras.
El ego, el poder y el conocimiento dieron lugar a una etapa de conquista. Esta etapa de dominio es semejante al sometimiento de los egipcios con sus pirámides, o de los romanos con sus acueductos. Es una dominación basada en resolver problemas mediante la obra civil.
Aunque los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda 2030 (Asamblea General ONU, 2015) son relativamente recientes, colaborar con el planeta y preservarlo, evaluar los horizontes del cambio climático, los eventos extremos y la subida del nivel del mar han conducido a una fase de respeto, imprescindible en el diálogo con el mar cuando se realiza una panorámica descriptiva de las obras portuarias como la presente.
Figura 1. Ejemplo de la curvatura en las alineaciones de los diques de abrigo. Zumaya, en la desembocadura del Urola (Guipúzcoa), y Ciutadella (Menorca).
En estas conversaciones, en este diálogo con la frontera real definida por las obras marítimas, se plantean tres casos a modo de paisaje construido: los mantos de los diques rompeolas —con los Cubos de la Memoria de Llanes, en Asturias, un ejemplo esencial del arte del maestro Ibarrola; la geometría de los diques curvos (Figura 1), con sus alineaciones escalonadas o laminando la energía por medio de la ritmicidad de sus alineaciones mediante conos difusores o cámaras de amortiguación, con ejemplos en Zumaya, Ciutadella, Breña Baja, Cubelles, Laredo o Brighton; y, finalmente, el borde sólido con espaldones, como La Restinga (Figura 2), Tazacorte, Málaga, Blanes, Ciutadella, o Castellón.
El manto de los rompeolas
El dique significa refugio. Es un abrazo al mar para conseguir superficie de agua abrigada, un contraste entre la energía de las olas y la calma de las dársenas. Es un elemento muy difícil de calcular ya que pasamos de la fuerza infinita de la inmensidad azul a un pequeño lugar donde se deben dar condiciones de sosiego.
Un dique es un hilo fino. Solamente observamos su línea, no vemos los grandes volúmenes sumergidos que se requieren para su construcción. Los diques, por tanto, implican riesgo. Por ello, en función de su tipología, precisan unidades que resistan la fuerza del oleaje. Es el caso de los rompeolas. Esto se consigue mediante el manto principal y las piezas que lo conforman.
Estos elementos muestran su resistencia. Cuanto más grandes y pesados mayor será su firmeza, su solidez frente al vigor del mar. Los puertos están en el origen del nacimiento de las ciudades, y hoy en día se encuentran en debate con ellas por sus dimensiones y especialización.
Sin embargo, los antiguos rompeolas se integran en el bullicio, haciendo que la ciudad viva hacia al mar y no de espaldas a este. Es el caso de Llanes, en Asturias. A comienzos del siglo, el maestro Agustín Ibarrola convirtió esta villa, de por sí maravillosa, en un polo de nueva atracción. En la escollera del puerto plasmó la memoria del artista, la memoria del arte y la memoria del territorio. Su obra Los Cubos de la Memoria refleja el lenguaje figurativo que nos facilita un rompeolas, proporcionando una nueva dimensión de la forma, la estética y la resistencia en los abrigos (Figura 3).
Figura 3. Memoria del artista, del arte y del territorio (Llanes, Ibarrola, 2001–2006).
Otra pieza del manto exterior de los diques conocida, tal vez, por aspectos desfavorables, es el dolo. Los recuerdos de la avería de Sines, en Portugal, en el invierno de 1978, o los daños en el dique norte de San Cibrao (San Ciprián), en Lugo, tras los temporales de diciembre de 1982, con olas máximas de 13 metros, o de diciembre de 1986, donde se superaron los 16 metros, convirtieron este elemento en «maldito». Sin embargo, lo he seguido viendo por el mundo, siempre en elementos relativamente pequeños, con excelente trabazón y oleajes poco energéticos.
Es el caso de la marina de Ashdod en Israel. Parte de los dolos del parque fueron pintados con grafiti y distribuidos por la playa con la fauna y la flora marina, dando otro atractivo, muy singular, a esta franja costera de arena dorada finísima de la costa sur israelí (Figura 4). En el Museo Herencias del Mar del Laboratorio de Puertos de la ETSICCP de la UPM, el artista Juan Ramón Segura pintó la obra Dibujándolos con la que homenajeó al paisaje hebreo simbolizando la luz, el mar y la vida.
Finalmente, en el parque etnográfico de Morás, en Xove, Lugo, se realizó en 2019 una actuación sobre los dolos que llevaban desde los años 80 del siglo anterior en el acantilado, como un cementerio olvidado de las piezas perdidas. El impulso de Lucía Sánchez Meitín permitió una presentación diferente de las piezas del manto de un rompeolas al pintar uno de ellos de un atractivo color rosa.
Trazos curvos sobre el mar
Aunque los diques empezaron curvos, los requerimientos de la línea de atraque y la amplitud de las dársenas los hicieron rectos. En ocasiones, la energía del mar, las necesidades de reflexión de las olas los han vuelto convexos, jugando con la geometría, el ritmo y el lenguaje obra-mar.
Son numerosos los ejemplos que nos podemos encontrar en el litoral. A los descritos en la introducción de Zumaya y Ciutadella, se incluye el «curioso» dique de St. Monans, en Escocia, de líneas quebradas en busca de calado y refugio, o el maravilloso dique curvo de Laredo, en Cantabria (Figura 6).
Figura 6. Dique de St. Monans (Escocia) y dique curvo de Laredo (Cantabria).
En ocasiones, estas obras de defensa han querido representar paisajes naturales, como las formaciones fonolíticas o traquifonolíticas de Los Órganos, en La Gomera; el acantilado de Los Gigantes, en Irlanda del Norte; la cueva del Fingal, en la isla de Staffa, en las islas Hébridas escocesas. En este caso, a los finales de los ochenta del pasado siglo, la sensibilidad de Suárez Bores se pone de manifiesto con el paisaje de Los Cancajos, en Breña Baja, en la isla de La Palma, con un ejemplo de diques escalonados en mosaico con elementos yuxtapuestos (Figura 7).
Estos trazos reales, de líneas curvas o poligonales, pretenden armonizar las obras marítimas con el entorno. Cuando este es urbano, la integración con la ciudad facilita un territorio vertebrado y armónico, respetuoso y lúdico, de esparcimiento y paseo. Un puerto integrado en la vida de las personas, en lugar del «puerto en red» de cuarta generación, internacionalizado y conectado con todos los sitios del mundo. Estos diques invitan al sosiego y ofrecen de nuevo la idea de refugio, esta vez, interior.
En ocasiones, la sinuosidad de la alineación se combina con elementos que rompen las olas y disipan su energía entre sistemas amortiguadores dispuestos en coronación. Es el caso de la obra exterior exenta con canal intermedio de Ciutadella, en Menorca (Figura 8).
Como se decía en la introducción, en el mar estamos dando forma a la técnica, con todos los matices que el lector quiera extraer de la frase.
Borde sólido. El espaldón
La tercera parte de este ensayo sobre paisaje portuario está dedicada al borde sólido, al espaldón de nuestros diques de abrigo. La idea se asocia al «parapeto», la defensa de las olas, el controlador del rebase, que bloquea, en ocasiones, la visual del mar desde la ciudad. Solo a título de ejemplo se expone el antiguo espaldón de Santurce, de la autoridad portuaria de Bilbao, perfectamente integrado, y referente de lo expuesto con anterioridad, coronado a cota + 21.50 m (Figura 9).
Con independencia de problemas técnicos fácilmente resolubles gracias al nuevo Código Estructural (2021), el estilismo conseguido en los últimos veinte años, con muros esbeltos y apoyos al estilo de los arbotantes góticos, o elípticos combinando semiejes, constituyen retos en la geometría de unas obras que se caracterizan por su rigidez, su monolitismo y su ausencia de musicalidad.
En estos casos se está ante el simbolismo del elemento más ligero de una obra frente a los grandes volúmenes de hormigón. Ello facilita también el homenaje al torrero, con la escultura-baliza del farero con formas geométricas, elípticas y planas ensambladas, que llevan la luz en hormigón blanco. Se trata del diseño de José Ramón Ortega en el espaldón de Tazacorte, en la isla de La Palma.
En relación con esta obra tan singular, la erupción del volcán de Cumbre Vieja, entre septiembre a diciembre de 2021, proporcionó imágenes difíciles de olvidar para un ingeniero marítimo sensible (Figura 10).
Figura 10. Homenaje al torrero, obra de José Ramón Ortega. Espaldón de Tazacorte (isla de La Palma).
De los tres ejemplos señalados, Tazacorte combina los semiejes mayores y menores de las elipses en su primera fase para que la luz juguetee con la curvatura. Producto de los cortes por distintos planos de tres elipsoides, sirven de sujeción a un muro de una esbeltez exquisita. En la segunda fase, el apoyo y el debate de fuerzas solamente se realiza con una lucha de arcos. En la figura 11 se aprecia claramente ambas soluciones.
Los problemas técnicos se deben resolver jugando con las formas
La estructura en Málaga fue de costillar; se usaron arbotantes góticos en un espaldón de paramento curvo para conseguir un choque ventilado con visuales interiores que invitan al paseo, e incluso a montar en bicicleta. En la fotografía se ve al profesor Leo Franco de la Universidad de Roma 3 disfrutando de un paseo por los arcos del borde sólido de la capital de la costa del sol (Figura 12).
Como se ha comentado con anterioridad, en la actualidad los problemas técnicos se deben resolver jugando con las formas. La ingeniería tiene sus riesgos. En ambiente marino existe la corrosión, y la solución puede ser el uso de armaduras de poliéster reforzado con fibra de vidrio, o el empleo de nuevos materiales que garanticen la durabilidad. De igual modo, el uso de cámaras de amortiguación y de bufadores controlará la reflexión en la ruta de entrada al puerto. Es el caso del nuevo espaldón de Escombreras o del dique Modesto Vigueras de Castellón (Figura 13).
Ha habido múltiples juegos de formas desde los primeros realizados en Málaga hace ya más de veinte años. El doble espaldón de Blanes o los frisos y esculturas de La Restinga multiplican las soluciones en las que se juega con el material mediante formas, colores y luces que proporcionan vida, función y arraigo, generando paseo, descanso, disfrute visual y minimizando el impacto de la obra.
Es importante no olvidar que el borde sólido debe responder también a criterios estéticos. No podemos olvidar la técnica. La ingeniería es territorio, por lo que nuestras actuaciones deben ser armónicas, sensibles, sostenibles y respetuosas. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible nos deben hacer recapacitar en estos momentos, cuando la ingeniería civil se encuentra en una etapa de encrucijada e incertidumbre. Nuestras inquietudes y reinvenciones serán el punto de partida para un paisaje construido que nos haga mirar siempre al mar.
Conclusión
Este artículo debe conducirnos a los ámbitos más sutiles de la obra marítima, donde se combina la técnica con la forma sin olvidar la vida útil, ni su funcionalidad durante la misma. El proyecto debe arriesgarse con una serie de reflexiones a la hora de concebir la estructura, manejando el material y optimizándolo a la vez que se juega con la estética y la realidad constructiva. El objetivo es la construcción con armonía, seguridad y técnica. Los mantos, las alineaciones y el borde sólido son algunos de los ejemplos singulares del paisaje construido portuario.
Referencias
1
Aguiló Alonso, M. (1999). El paisaje construido. Una aproximación a la idea de lugar. Colección Ciencias, Humanidades e Ingeniería, 56. Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. ISBN: 978-84-380-0152-3.
2
Aguiló Alonso, M. (2004). Al Abrigo de los puertos españoles. ACS. ISBN: 84-932996-1-1.
3
Aguiló Alonso, M. (2013). Qué significa construir. Claves conceptuales de la ingeniería civil. Abada Editores. ISBN: 978-84-15289-76-0.
4
Castañeda Fraile, A. (2009). El paisaje y los pequeños salientes costeros. [Tesis de doctorado, Universidad de Cantabria]
5
Fernández Ordóñez, J. A. (1984). La ingeniería total. En: Navarro Vera, José Ramón (2009). Pensar en la Ingeniería. Antología de textos de José Antonio Fernández Ordóñez. (pp. 51-65). Colección Ciencias, Humanidades e Ingeniería, 90. Madrid: Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.
6
Manterola Armisén, J. (2022). Vida, obra y pensamiento. Fundación José Entrecanales Ybarra. ISBN: 84-921092-7-0.
7
Martín Antón, M. (2018). Obras Públicas, evolución y paisaje costero. De la situación en España al gigantismo asiático. [Tesis de doctorado, Universidad Politécnica de Madrid].
8
Nárdiz Ortiz, C. (2021). Ingeniería, cultura y territorio. Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. ISBN: 978-8-4380-0547-7.
9
Negro Valdecantos, V. (2008). Las formas en la ingeniería del mar. Revista Ingeniería y Territorio. ISSN: 1695-9647. 84: 2-12.
10
Puertos del Estado (2012). Diques de abrigo en los Puertos de Interés General del Estado, 1986‑2011. Ministerio de Fomento.
11
Sánchez García, R. (2002). Solidez escultórica. Ampliación del Puerto de Tazacorte en la Isla de la Palma. CAUCE 2000, 109, (pp. 50‑57).