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Editorial

Una ciudad entre colinas

© Eneko Goia

Hay ciudades cuya singularidad no sería reconocible sin la geografía de su emplazamiento. Donostia/San Sebastián lo fue hasta mediados del siglo XIX por su crecimiento al pie del monte Urgull, hasta que el derribo de sus murallas dio lugar al primer proyecto de Ensanche, limitado por las márgenes del Urumea, el comienzo de la bahía de La Concha y las faldas del monte Aiete. La ciudad, entonces, no miraba más allá, y su reconstrucción después del incendio de 1813, seguida de la propuesta de Ensanche de Cortázar de 1860, no era capaz de entender las posibilidades de su emplazamiento. Ni siquiera la modificación posterior del Ensanche por parte de Goicoa en 1881, prolongando y aprovechando la nueva fachada urbana del Urumea y creando la transición con la ciudad histórica a través del bulevar, fue capaz de ver la singularidad de su emplazamiento.

Lo que va a caracterizar a partir del siglo XX a la ciudad, junto con su centro histórico y su Ensanche, va a ser la bahía de La Concha, como espacio de referencia limitado por las colinas del monte Urgull, la isla de Santa Clara y el monte Igeldo, que dibujan desde el mar lo que hoy es un gran espacio de centralidad, cuyo fondo son las playas de La Concha y Ondarreta, la playa más reciente, construida después del Palacio Miramar. Aún le quedará todavía en épocas más recientes a Donostia/San Sebastián por construir un nuevo espacio de centralidad en torno a la playa artificial de Zurriola, coronada hoy por el Kursaal. El ferrocarril, localizando su estación en la margen derecha del Urumea, abrirá después de su canalización este espacio antes inundable a la ciudad, comunicada por el puente de María Cristina, proyectado por Ribera a principios del siglo XX.

Siendo esta la ciudad en la que se reconoce el turista, Pablo Otaola, coordinador también de este número de ciudades, ha querido mirar más allá. La ciudad hoy es el resultado del planeamiento desde los años 80, a nivel de Plan General y a nivel de Planes Parciales y Especiales. La ciudad, hoy, es también el resultado de los planes de movilidad apoyados en la potenciación de los recorridos de los peatones, de los ciclistas y del transporte público. Es el resultado de las obras públicas, que, como en otras ciudades, han sido fundamentales en su construcción, y es el resultado, como imagen de identidad de la ciudad, de su arquitectura, de sus festivales de cine y de jazz, de su gastronomía, y de escultores como Chillida y Oteiza, que fallecieron allí.

Las obras públicas han sido fundamentales para rematar el perfil litoral de la ciudad

La redacción del Plan General, aprobado tardíamente en 1995, tuvo como apoyo la oficina creada en 1988, que impulsó planes parciales en torno a la margen izquierda del Urumea, en Amara y Loiola, y entre los montes de Igeldo y Aiete, que terminaron por ocupar en los años 90, con viviendas colectivas, las partes llanas de la ciudad. El resto eran colinas que, a través de viarios curvos adaptados a la topografía, fueron llenando de viviendas fundamentalmente unifamiliares estas colinas, en las que se consiguieron algunos parques y equipamientos. Hoy, es una ciudad de llanos y colinas, que intentó integrar el nuevo Plan General de 2010, desde la movilidad, la mezcla social y de usos, y la apuesta por el transporte público viario y ferroviario, extendido ya a escala metropolitana. La apuesta desde comienzos de los años 90 por la movilidad peatonal, ciclista y el transporte público en esta ciudad, a la que hacíamos referencia en el número 3626 de esta nueva etapa de la Revista de Obras Públicas, la ha convertido en un elemento de identidad y de cultura urbana, y en ella no solo ha tenido un papel el aumento de las aceras, con la reducción de las calzadas y de la velocidad de los vehículos en ellas, sino también la apuesta por el transporte público en autobús y la transformación del transporte ferroviario, con la construcción de nuevas estaciones en la anterior red, para integrar a la población de los nuevos barrios que habían crecido en torno a las anteriores vías, con usos residenciales, industriales, logísticos y terciarios que Julián Ferraz agrupa en cerca de 400.000 habitantes. ETS/RFV, en este sentido, ha tratado de convencer de las ventajas del modo ferroviario frente a otras alternativas de transporte. El metro en construcción, a través del centro de Donostia/San Sebastián, cuya previsión es ponerlo en servicio en 2025, va a servir para complementar el papel del ferrocarril.

En la entrevista que Pablo Otaola realiza a Eneko Goia, alcalde de Donostia/San Sebastián, nos habla de proyectos para esta ciudad, en la que, además de la elaboración de un nuevo Plan General, considera necesario enfrentarse con el problema de la vivienda, aprovechando las oportunidades de los cuarteles de Loiola y de la playa de vías de la estación de Easo; terminar el metro, que va a suponer un antes y un después para la ciudad, y la nueva centralidad de la estación de Atocha, que recibirá la alta velocidad cuando se termine la “Y Vasca”.

Como proyectos actuales, cita la importancia del Complejo Ambiental de Guipúzcoa, terminado en 2020, y como proyectos futuros, el GOe que va a desarrollar el Basque Culinary Center, en el barrio de Gros, y la apuesta clara que la ciudad está realizando por la ciencia y el conocimiento, con la ampliación también del Parque Tecnológico de Miramón.

El barrio de Gros, en continuidad con el bulevar, el centro histórico y el Ensanche, a través de los puentes de Zurriola (también de Eugenio Ribera) y de Santa Catalina, es hoy un barrio central de la ciudad, en donde la obra pública, con la prolongación de la escollera proyectada por Iribarren en los años 30 con una nueva de planta curva, permitió ganar la playa de Zurriola, en un extremo de la cual Rafael Moneo, que en este número nos cuenta sus tres proyectos en esta ciudad, ganó el concurso del palacio de congresos Kursaal.

Las obras públicas han sido fundamentales también para rematar el perfil litoral de la ciudad, dotando de identidad al paseo de La Concha-Ondarreta, a través del paseo que rodea el monte Urgull, prolongando la desembocadura del Urumea por un lado y el recorrido en desnivel desde el puerto, convirtiendo sus muelles en parte del paisaje urbano de la ciudad. También lo ha sido el vial Antiguo-Amara, a través de Aiete, en cuya concepción está el ingeniero José María Elósegui, cuya trayectoria intentamos reflejar a través de una entrevista, que recoge también su intervención en la presa de Arriarán y en el Peine del Viento de Chillida.

La celebración en 2024 del centenario del nacimiento de Chillida ha servido para poner en valor otra vez dos actuaciones de este escultor universal, como son el Peine del Viento y Chillida Leku. En la primera obra colaboró en su construcción el ingeniero de caminos José María Elósegui; en la segunda, como legado, están las esculturas y los planteamientos conceptuales de la obra de Chillida, cuyas esculturas de hormigón fueron realizadas por otro ingeniero de caminos, José Antonio Fernández Ordoñez. Ambos murieron casi el mismo año (JAFO murió en 2000 y Chillida, en 2002), soñando el proyecto de Chillida en la montaña de Tindaya, en Fuerteventura. La presentación de este número de la revista, a comienzos de 2024, va a coincidir con esta celebración, en la que estará presente también el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Las dos intervenciones de Chillida en esta ciudad nos las explica Kosme de Barañano.

Finalmente, una imagen de la ciudad son sus puentes, tanto los proyectados por Ribera para atravesar el Urumea,  junto al Ensanche, como los proyectados y construidos más recientemente, empezando por el cuarto puente, proyectado por José Antonio Fernández Ordoñez y Julio Martínez Calzón, para salvar el Urumea, de un solo vano. Esta será después la práctica de los puentes y pasarelas posteriores, de un río que la ciudad tardó en rebasar y que, por los meandros de su desembocadura, está detrás de las inundaciones y de la propia construcción de los nuevos barrios de la ciudad, necesitando canalizarse con muros y escolleras, como en Martutene, de los cuales han ido colgando los nuevos viales y paseos.

Junto a esta ciudad compacta en los llanos y dispersa en las colinas, como elementos de identidad de su paisaje urbano, está la conurbación en la que se localiza, con una continuidad urbana no solo hacia las villas de Pasaio, Lezo e Irún, sino también hacia las villas y ciudades del sur de Francia, de lo que sin duda es una región urbana que va más allá del área metropolitana, con sus extremos cercanos de Donostia y Bayona.

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