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La mirada más allá de las estructuras

Este es el segundo número extraordinario que dedicamos en esta nueva etapa de la Revista a un ingeniero de caminos que nos ha dejado. El anterior se lo de dedicamos a José Antonio Torroja. A través de su coordinador, en este caso Fernando Ruiz, desfilan un sin número de colaboradores de Julio y de personas que le han conocido, para aproximarse a las dimensiones de su personalidad poliédrica, que no solamente abarcan el campo de la ingeniería civil y, en particular, el de las estructuras, tanto puentes como edificaciones, sino también sus esfuerzos para aproximarse a campos como el de la filosofía, la astrofísica, la música, la pintura y la poesía, aparte de su espíritu viajero para ilusionarse con aquello que veía en sus viajes e intentar difundirlo.

Nos sorprende y admira su obra inicial con José Antonio Fernández Ordoñez desde finales de los años 60; nos sorprenden sus publicaciones, desde su primerizo libro en el Instituto Torroja sobre Estructuras mixtas. Teoría y práctica (1966) hasta su Construcción Mixta. Hormigón y Acero (1978), que sirvieron para introducir las estructuras mixtas en España, después del Puente de Tordera que había proyectado el propio Torroja. Su libro Puentes, estructuras, actitudes (2006) es una recopilación de sus proyectos de puentes, de sus colaboraciones en el campo de la arquitectura y de su búsqueda de actitudes a través de la música, la poesía, y la filosofía. Su deseo de aproximarse a nuevos campos de conocimiento nos lo muestran los tres tomos que publicó sobre la pintura del siglo XIX al final de su vida, que no agotaban su búsqueda, como ocurría cuando hablaba de astrofísica.

En sus primeros puentes, Julio era cinco años menor que José Antonio, y creo que la carga estética que tienen Juan Bravo y Martorell, por ejemplo, por encima de sus valores técnicos, está todavía muy presente por la influencia de José Antonio, que, aparte de su defensa de la prefabricación, por los libros y el seminario que organizó en este sentido, estaba la enseñanza y su conocimiento y amistad con numerosos artistas que formarían parte del Museo al Aire Libre de Juan Bravo.

José Antonio, cuando empieza a colaborar con Julio a finales de los años 60 en el concurso del puente de Cuatro Caminos y en el de Juan Bravo, tiene ya una historia de colaboración con Fernando Higueras desde finales de los 50, como manifiesta el magnífico catálogo de la obra de Higueras que publicó el Museo ICO en 2023. En él se ve cómo José Antonio había conseguido introducir la prefabricación (una de sus obsesiones de entonces) como parte de la arquitectura en la obra de Higueras.

En los puentes de José Antonio y Julio, está también muy presente el cuidado por las formas, con una aspiración escultórica, especialmente en las pilas, que, aunque no le fuera ajena a Julio, José Antonio posiblemente tomaba las principales decisiones. Todo ello no era posible sin una fuerte formación técnica en la construcción mixta y en el hormigón pretensado, con las combinaciones del hormigón blanco y el acero cortén, en las que las decisiones de Julio fueron fundamentales.

De izquierda a derecha, Julio Martínez Calzón, José Antonio Fernández-Ordóñez, Pilar Belzunce y Eduardo Chillida. Sentado, Eusebio Sempere.

Fue esa colaboración entre la formación estética e histórica de José Antonio, con su apuesta por la escultura y la prefabricación, y la formación técnica de Julio, lo que permitió hacer esas primeras obras que nos siguen admirando entre los años 60 y 80, que tienen hitos como el Puente de Tortosa, en el que colaboró también Salvador Tarragó, el Puente de Alcoy y el Puente del Centenario en Sevilla en los 80, coincidente con la Exposición Universal de 1992, cuyo concurso de ordenación habían ganado con dos arquitectos.

En las colaboraciones que recoge este número extraordinario se muestra la iniciativa y la formación poliédrica de Julio Martínez Calzón. Pertenecía también al Consejo Editorial de la Revista de Obras Públicas, y en las últimas reuniones proponía hacer un monográfico sobre las infraestructuras de China, que él conocía desde su primer viaje en 1976, pero cuya escala había aumentado en las últimas décadas. Él se ocuparía de escribir sobre los puentes, y así aprobamos la redacción de ese número que reflejaba su admiración por las obras de ingeniería en aquel país, al que viajó en varias ocasiones, como se pone de manifiesto en las colaboraciones de este número.

Julio, en los puentes, reivindicaba la autoría, pero, en la edificación, con una amplia trayectoria de colaboraciones tanto a nivel nacional como internacional, con figuras como Arata Isozaki, Norman Foster, Juan Navarro Baldeweg, Enric Miralles, Antonio Cruz y Antonio Ortiz, Tadao Ando, Carlos Rubio, Enrique Álvarez Sala, etc., limitaba su papel a ser un colaborador, una especie de hombre orquesta, cuando la estructura es una parte fundamental de la definición arquitectónica, más allá de la solución técnica.

De la arquitectura no le preocupaban solo los problemas estructurales, sino también los sistemas constructivos de lo que proyectaba, como en una conferencia que dio en el COAM en el año 2007 dentro de un ciclo sobre Arquitectura e ingeniería, en la que hacía referencia a los cambios ocurridos en el campo de las estructuras desde los años 60 del siglo XX hasta la actualidad. Curiosamente, Julio Martínez Calzón dibujaba los detalles de sus estructuras a mano, aunque, como indicaba al principio de su artículo, los planteamientos estructurales en la arquitectura de los grandes edificios hoy, se basan en el extraordinario desarrollo temático generado por el tratamiento con ordenador de los esquemas fundamentales de la teoría de estructuras, en combinación con la aplicación en paralelo de las recientes mejoras alcanzadas en las propiedades de los materiales clásicos. Un libro como el de Razón de ser de los tipos estructurales, de Torroja, resulta hoy casi obsoleto.

Cuando organizamos en el Colegio reuniones entre ingenieros de caminos y arquitectos, él intervino en una mesa con Juan Navarro Baldeweg, mostrando el diálogo compartido que habían sido sus obras, independientemente de la fuerza de la propuesta arquitectónica, en donde los Teatros del Canal, en Madrid, fue una de sus obras más complicadas. Esta otra faceta de la obra de Julio Martínez Calzón serviría para llenar su trayectoria, más allá de los puentes, con una comprensión de las estructuras que reflejó en su libro. No era un hombre orquesta; era un creador de una parte fundamental del edificio, incluyendo los aspectos constructivos.

“Lo profundo sustante” muestra que Julio estaba mirando más allá de las estructuras

Todavía al final de su vida escribió un libro, cuyo título era Lo profundo sustante, que intentó convencer al Colegio para que lo publicara. Sus capítulos sobre el universo, la Tierra, la vida, la mente, el conocimiento, el misterio… muestran que Julio estaba mirando más allá de las estructuras, como una muestra de que sus intereses no se reducían a lo que había sido su principal interés profesional.

Sirva este número también de recuerdo de José Calavera, otro ingeniero de caminos, canales y puertos extraordinario, que nos dejó casi al mismo tiempo, a quien el Colegio dedicó un acto de homenaje, pero que también, por su trayectoria, hubiera merecido otro número extraordinario por su labor al frente de INTEMAC, entre otras actividades de proyecto, de publicación, de enseñanza y de construcción.

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