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Málaga | Félix Sánchez Maldonado
Ingeniero de caminos, canales y puertos
“En la costa de Málaga, el cambio vino de la mano de Luis López Peláez”
La entrevista al ingeniero de caminos Félix Sánchez Maldonado tiene un doble objetivo: de un lado, recordar las actuaciones de la Demarcación de Costas en Málaga durante los años ochenta y noventa, que fueron clave para facilitar el desarrollo turístico de Málaga; de otro, destacar la figura de Luis López Peláez, un ingeniero fundamental en la historia reciente de las costas españolas.
Pablo Otaola Ubieta (coordinador del monográfico).
Jefe de la Demarcación de Costas de Andalucía Oriental de 1980 a 2003, Luis López Peláez fue, además, ponente de la primera Ley de Costas española (1988), que planteó aspectos muy novedosos que hoy nos parecen normales, como la limitación de las construcciones en el litoral, o la garantía de acceso público y libre a las playas. Félix fue uno de sus principales colaboradores entre 1986 y 2003.
A principios de los años ochenta, ¿cuál era la situación de la costa de Málaga?
En aquella época la cultura general sobre la naturaleza de la costa, entendida como bien escaso y muy frágil que demanda cuidados constantes y una mínima ordenación en beneficio de todos, se encontraba en mínimos. Una situación que sobre todo era fruto de la legislación existente hasta ese momento (Ley de 1969). Por ello, en este sentido, el alumbramiento de una nueva Ley de Costas en 1988 fue un gran acontecimiento.
En general, en toda la provincia la situación de la costa era desordenada, a consecuencia del dominio urbanizador, muy apetecible en la franja litoral en ausencia de un ordenamiento respetuoso con las características antes citadas. De hecho, la ocupación del dominio público marítimo-terrestre se produjo incluso con las infraestructuras generales: como el desdoblamiento de la N-340 sobre las playas del este de la capital, sustituidas por un potente cordón de escollera de 2 km de longitud; o el enterramiento en la playa del colector general de saneamiento integral a lo largo de casi todo el litoral de la provincia.
¿Cuándo se inició el cambio?
El cambio fue una consecuencia obligada de la Constitución Española de 1978, en virtud de lo dispuesto en su artículo 132, que encomienda al Estado la protección y conservación del dominio público marítimo-terrestre y de las playas.
En mi opinión, se inició en el Ministerio con la creación, en 1982, de la Dirección General de Puertos y Costas y el nombramiento de Fernando Palao Taboada como su Director General. Entonces se abordó e impulsó una nueva organización administrativa, en la que ocupó un lugar prominente un conjunto de ingenieros de caminos procedentes, en su mayoría, del Centro de Estudios Hidrográficos de Madrid (Laboratorio Ramón Iribarren de Puertos y Costas), que aportaron una visión vanguardista al estudio de los fenómenos litorales, una visión que se incorporó de inmediato a todas las actuaciones de la Dirección General.
Las nuevas técnicas exigían el conocimiento de la dinámica litoral, esto es, el transporte de las masas de arenas y su depósito en los bordes litorales para formar las anheladas playas o evitar las detestadas barreras, que alteran o impiden la circulación y el tráfico marítimos.
Con esta nueva filosofía, se inició la regeneración de playas, aplicada con tanto éxito en el litoral de Málaga. El cambio vino de la mano de Luis López Peláez, nombrado jefe de la Demarcación de Costas de Andalucía-Mediterráneo, con sede en Málaga.
Si tuviera que elegir una actuación, sería la llevada a cabo en La Malagueta
Félix, usted trabajó codo a codo con Luis López Peláez. Hábleme de él.
Luis llegó a Málaga como ingeniero de la Regional de Carreteras (Almería, Granada, Jaén y Málaga), creo que con el plan REDIA. Y de allí pasó a la Jefatura de Costas en 1980, cuando se jubiló el responsable anterior.
Se podría decir que, en realidad, en aquella época, las Jefaturas de Costas carecían de un papel significativo dentro de la administración del Estado en las respectivas provincias marítimas, toda vez que no contaban tampoco con atributos de cierto peso específico, ni reglamentaria ni presupuestariamente. Como ejemplo, siempre que salía este asunto, Luis comentaba que cuando él llegó a Costas, en la plantilla solo había un vigilante de playas del que dependían las labores reglamentarias de policía desde Málaga hasta Huelva.
Hasta ese momento, las tareas de la Jefatura de Costas eran prácticamente administrativas. Luis tenía una gran capacidad de trabajo y, aunque venía de Carreteras, enseguida entendió que había que cambiar la forma de trabajar en la costa. En aquel momento estaba en sus albores el tratamiento científico de los oleajes y de las corrientes litorales, y se empezaba a hablar de la regeneración de playas.
En nuestra oficina, Luis hizo algo totalmente innovador respecto al resto de España al sectorizar el litoral malagueño de tal forma que cada ingeniero jefe de servicio era el responsable de resolver todos los asuntos técnicos y reglamentarios de su sector: Manuel Béjar Luque llevaba la Oriental; Luis, la Central; y yo, de Marbella al límite provincial. Era una organización transversal muy efectiva.
Mi relación con Luis era de confianza mutua. Era un hombre de muchos contrastes, y le eran propias virtudes como la determinación y el empuje, de forma que cuando, tras reflexionar, decidía hacer algo lo llevaba a cabo con voluntad de hierro. Era todo un líder. Aquí hizo muchos amigos y …muchos enemigos. Yo tuve más de una discusión fuerte con él a causa de su proceder sin perder de vista el objetivo, o sea, sin reparar en los flecos que surgían a un lado y a otro. Pero Luis tenía una gran virtud: no era rencoroso; si tenías una bronca con él, al día siguiente era como si no hubiera pasado nada. Su impulso fue fundamental para lograr la transformación de la costa de Málaga. Como anécdota, él se jactaba de haber sufrido 21 querellas por paralización de obras y… de haberlas ganado todas.
Por otro lado, Luis tenía una gran amistad con Fernando Palao Taboada. Recuerdo que me contó que, poco después de que Fernando hubiera llegado al cargo de Director General de Puertos y Costas, este vino a visitar Málaga. Luis le habló entonces de la necesidad de elaborar una nueva Ley de Costas y Fernando le dijo que se pusiera manos a la obra. En ese momento empezó a gestarse la ley de Costas de 1988.
¿Qué originó la creación de las playas de Málaga?
Primero, a principios de los años ochenta y antes de que yo entrara en la Demarcación de Costas, Luis ya había acometido la transformación de la playa y el paseo marítimo de Pedregalejo, si bien con técnicas de diseño aún algo arcaicas: con muchos espigones y áreas de mar con dificultades para renovar sus aguas. Aquel fue el inicio.
Pero siempre he pensado que la gran transformación que sufrieron las costas de Málaga fue posible sobre todo por dos circunstancias. Por un lado, el temporal de lluvia y de mar que azotó Málaga en octubre de 1989, que puso de manifiesto las innumerables carencias de todo tipo en las infraestructuras del litoral, tanto en la capital como en la provincia en general. Por otro, al mismo tiempo, la implicación decidida del gobernador civil de Málaga, Francisco Rodríguez Caracuel, para conseguir de Madrid los medios económicos necesarios para resolver los problemas ocasionados por el temporal y los que ya existían con anterioridad: saneamiento, pavimentación, playas, etc.
¿Cuál fue la labor del gobernador civil?
Recuerdo que, estando aún media ciudad anegada, el gobernador reunió con carácter de urgencia a los responsables estatales de la provincia para pedirles una relación exhaustiva de las necesidades en el ámbito de sus respectivas competencias y, sobre todo, su valoración económica.
A la semana siguiente, creo recordar que, solamente en Costas, ya habíamos sobrepasado una inversión necesaria de 2.000 millones de pesetas. Sin embargo, en las reuniones sucesivas, el gobernador siguió insistiendo en que había que aprovechar el momento para mejorar la provincia en todo lo que se pudiera, en particular, sus playas y paseos marítimos.
Y así resultó que, después de una campaña de cuatro años, la Demarcación de Costas de Málaga había gestionado inversiones en obras por importes de unos 7.000 millones de pesetas, con actuaciones repartidas a lo largo de todo el litoral de la provincia que transformaron el panorama general del borde marítimo.
¿Cómo fue el proceso a partir de ahí?
Al tiempo que se realizaban los estudios litorales, se acometieron los estudios de fondos marinos en busca de las arenas más convenientes para su dragado y vertido, en algunos casos con sus correspondientes estudios biológicos. Hubo momentos en que en esta costa trabajaron tres o cuatro de los barcos draga mayores del mundo. Considerando la competencia establecida por el mercado para movilizar ese tipo de dragas aquella fue una oportunidad única para acometer las regeneraciones que necesitábamos.
Y, entretanto, en tierra nos encargábamos de gestionar la limpieza o la demolición de los chiringuitos, lo que posibilitaría una nueva ordenación y que, como se ha confirmado totalmente en los tiempos que vivimos, favoreció la mejora de la oferta turística.
El proceso fue muy rápido. En marzo de 1990 se iniciaron las obras, que se prolongaron a lo largo de unos cuatro años. El resultado fue la regeneración y creación de playas y paseos marítimos como se recoge en el cuadro de la derecha.
¿Cuáles fueron los principales problemas con que se encontraron?
Inicialmente el dragado de las arenas del fondo marino no entrañaba problemas. Pero la prolongación en el tiempo de esa actividad alertó a los grupos ecologistas en sus exigencias medioambientales y ello nos obligó a caracterizar el medio, también desde el punto de vista biológico, lo que finalmente fue una mejora para el proyecto.
Luego, los problemas derivados del levantamiento de los chiringuitos para reubicarlos en concordancia con las características exigidas por la nueva Ley de Costas, así como para legalizarlos como instalaciones fijas en el dominio público marítimo-terrestre (título de la concesión), o instalación desmontable o de temporada (régimen de autorización).
Lógicamente hubo de todo, pero es remarcable que al levantar los chiringuitos se descubrió la existencia de fosas sépticas en la arena, ubicadas bajo o junto al chiringuito correspondiente.
de Costas en Málaga, cuál destacaría?
Si tuviera que elegir una actuación, sería la llevada a cabo en La Malagueta por su centralidad, por su importancia social al tratarse de la recuperación de una playa urbana de la que se beneficiarían muchas personas, por los volúmenes de materiales a mover y porque en esos momentos una playa tan abierta representaba una apuesta valiente.
¿Cómo se hizo la obra?
La obra se hizo en dos fases. La primera, en 1990, se componía de tres elementos principales: en primer lugar, el levantamiento del cordón de escollera y su sustitución por el vertido masivo de arenas. 1 700 000 m3 puede parecer excesivo, pero hay que tener en cuenta que, al pie de la escollera, el mar tenía 2 m de profundidad y había que restituir los fondos con una pendiente de equilibrio.
En segundo lugar, la construcción de un dique de escollera paralelo a la orilla, en fondos de 8 m, de 200 m de longitud y separado 250 m de tierra para proteger la zona central. Se vertieron 75 000 toneladas de escollera.
Y, en tercer lugar, un espigón en el extremo más oriental (la zona de El Morlaco) que, junto con el dique del Puerto, a poniente, configura el encaje de la nueva playa por ambos extremos.
Lógicamente, se sabía que, con el paso del tiempo, la dinámica litoral produciría reajustes hasta que se alcanzara el equilibrio de los fondos, los cuales habían sufrido una alteración significativa con esta regeneración. Por ello, se redactó un proyecto de readaptación y se contrató la segunda fase de la obra (año 2012), que básicamente constaba de dos unidades: la ejecución de escollera (ensanche y prolongación del dique central y espigón de levante) y la aportación de arenas.
La escasez de arenas obligó a emplear el producto de las excavaciones del Metro en la zona de la carretera de Cádiz, aprovechando que su subsuelo era, y es, una antigua playa. Examinado el material y visto que se podría obtener un volumen muy próximo al que necesitábamos, se abordó esta operación de reciclaje.