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Ingeniería y cooperación al desarrollo | Eva Granados
Secretaria de Estado de Cooperación Internacional y presidenta de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID)
“La cooperación internacional es hoy una política de Estado y una responsabilidad global”
En un contexto global marcado por múltiples crisis simultáneas —climática, energética, alimentaria y de gobernanza—, la cooperación internacional se reafirma como una herramienta esencial de solidaridad, pero también de corresponsabilidad global. España ha dado un paso decisivo con la aprobación en 2023 de la nueva Ley de Cooperación para el Desarrollo Sostenible y la Solidaridad Global, acompañada del Plan Director de la Cooperación Española (2024-2027), que redefine las prioridades, la coordinación entre actores y los instrumentos.
Esther Ahijado Fernández (coordinadora del número 3657)
Desde diciembre de 2023, Eva Granados ocupa el cargo de secretaria de Estado de Cooperación Internacional y la presidencia de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), posición desde la que lidera la acción exterior de España en materia de desarrollo sostenible y solidaridad global. Formada en Ciencias Políticas y con experiencia en gestión pública, Granados ha recorrido una trayectoria diversa vinculada siempre al compromiso con los derechos sociales, la equidad y el fortalecimiento institucional.
Su perfil combina una mirada estratégica con una sensibilidad especial hacia el impacto real de las políticas públicas en las personas. Esta combinación le ha permitido afrontar el reto de impulsar una nueva etapa para la cooperación española en un momento clave, marcado por la aprobación de la nueva Ley de Cooperación para el Desarrollo Sostenible y la Solidaridad Global de 2023 y la puesta en marcha del Plan Director 2024-2027.
En esta entrevista, Eva Granados nos comparte sus reflexiones sobre los principales desafíos y oportunidades de la cooperación internacional española, el papel del conocimiento técnico en el desarrollo sostenible y las nuevas alianzas necesarias para construir un futuro más justo, desde una cooperación más inclusiva, diversa y transformadora.
Para comenzar, ¿cómo describiría el papel de la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional dentro de la acción exterior del Estado español?
La Ley 1/2023 de Cooperación para el Desarrollo Sostenible y la Solidaridad Global reconoce a la Secretaría de Estado competencias en la planificación y la ejecución de la acción del Gobierno en el ámbito de la política de cooperación para el desarrollo sostenible, y ejerce la dirección política de la cooperación para el desarrollo sostenible de la Administración General del Estado y organismos dependientes, asegurando el principio de coherencia de políticas.
Somos la expresión de la solidaridad de la sociedad española y nuestra misión es aumentar el impacto de la cooperación internacional en los procesos de desarrollo de nuestros países socios y en todo el espacio multilateral. En nuestro país trabajamos en equipo, dialogamos y acordamos con todos los actores del sistema español de cooperación internacional: el conjunto de la Administración General del Estado, las entidades locales y las comunidades autónomas, las organizaciones no gubernamentales de desarrollo (ONGD) y de la sociedad civil, los actores sociales como sindicatos y patronales, la economía social y el mundo académico, principalmente representado por las universidades y centros de estudio.
Desde su llegada al cargo y a la presidencia de AECID, ¿qué visión está impulsando para esta nueva etapa de la cooperación española?
Nuestro trabajo este año y medio se ha concentrado en la aprobación de la nueva hoja de ruta que es el Plan Director hasta 2027, en un momento de cambios profundos en la esfera internacional, y en el despliegue efectivo de la ley con los nuevos instrumentos, avanzados y necesarios, para hacer frente a los nuevos retos de la cooperación internacional para el desarrollo sostenible.
El equipo España de cooperación lo forman las cooperaciones de las comunidades autónomas y los municipios, las ONGD, los agentes sociales y económicos, nuestras universidades y, al frente de todas ellas, el Gobierno de España, con la AECID, la Fundación para la Internacionalización de las Administraciones Públicas (FIAP) y la Fundación Carolina. Un sistema español de cooperación al desarrollo más trabajado, con alianzas más sólidas para que nuestra acción tenga mayor impacto en el desarrollo sostenible de nuestros países socios.
En este periodo, además, la cooperación española ha sido evaluada por el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de la que somos miembros, que ha destacado el ambicioso proceso de modernización acometido por nuestro sistema y nos ha felicitado por los resultados. Estamos transformando nuestra cooperación.
La cooperación internacional ha cambiado mucho en las últimas décadas. ¿Cómo entiende hoy España el desarrollo sostenible y la solidaridad global?
Nos encontramos en una coyuntura a la que, al retraso en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se le añade el aumento de conflictos internacionales de rápida expansión, como la crisis en el Sahel, la guerra en Ucrania y la situación insostenible en Gaza, sobre la que se cierne además un cuestionamiento del derecho internacional en general y humanitario en particular.
Nuestra respuesta, ahora más vigente que nunca, ya estaba recogida en el prólogo de nuestra Constitución, en la que se insta a «colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra».
Por eso es importante explicar a la ciudadanía qué, cómo y por qué hacemos cooperación. En definitiva, reivindicar la cooperación para el desarrollo sostenible. Y en España estamos siendo coherentes frente a los conflictos y a las desigualdades como forma de entender el desarrollo sostenible y la solidaridad global, y hacemos bandera del apoyo a un multilateralismo solidario renovado, como han manifestado el ministro de Exteriores y el presidente del Gobierno.
Nuestra política de cooperación para el desarrollo sostenible es nuestra contribución a un mundo más próspero, inclusivo y en paz. Por eso, en la reciente Conferencia de la ONU sobre Financiación para el Desarrollo, además de haber logrado adoptar el Compromiso de Sevilla para movilizar más financiación y hacerla más justa y eficiente, España, junto con el secretario general de la ONU, ha promovido la Plataforma de Sevilla para la Acción, que aúna más de 130 iniciativas de impacto, como las relativas a la salud global, a la localización, a la necesidad de tener en cuenta el carácter multidimensional del desarrollo, a la mayor protección de los agricultores para reforzar el sistema agroalimentario y así luchar contra el hambre y la pobreza, a la financiación de la igualdad de género, o el hub global para Canjes de Deuda, que contempla la posibilidad de permutar en ciertos casos el pago de la deuda por la realización de inversiones sostenibles.
Además, hemos presentado el Plan Sevilla de Apoyo al Multilateralismo, en el que, frente al recorte, España ofrece refuerzo. El plan está constituido en torno a tres ejes de acción: i) refugio, con mayor presencia ONU en nuestro país y política de atracción de grandes citas internacionales; ii) refuerzo: objetivo del 0,7%, reorientando las contribuciones a aquellos sectores más afectados por las retiradas de fondos de otros donantes y mejorando la forma de realizar las aportaciones españolas, anunciándolas de manera plurianual y contribuyendo al presupuesto ordinario para dar predictibilidad y estabilidad a las agencias internacionales; y iii) reforma: España coordinará una plataforma que trace el camino e impulse la acción para transformar la arquitectura de la gobernanza global.
La Conferencia de Sevilla no acaba en Sevilla, y ahora hay que aterrizar los compromisos adquiridos. Desde el Gobierno de España seguiremos manteniendo viva la llama de la cooperación internacional para el desarrollo..
La aprobación de la nueva Ley de Cooperación para el Desarrollo Sostenible y la Solidaridad Global ha marcado un punto de inflexión. ¿Cuáles considera que son sus aportaciones más relevantes respecto al marco anterior?
El origen de esta Ley ya es muy importante, porque nace del consenso político de casi todo el arco parlamentario y con el apoyo unánime de la sociedad española como expresión de su solidaridad.
Además, su construcción fue fruto de un ejercicio participativo con todos los actores de la cooperación (sociedad civil, actores sociales, academia y los diferentes niveles de la Administración) por lo que contiene y representa todas las sensibilidades de una sociedad diversa y un Estado descentralizado con diferentes identidades.
La Ley nos marca el rumbo de este proceso de fortalecimiento de la cooperación española, estableciendo el compromiso prioritario de alcanzar el 0,7% de la renta nacional bruta en Ayuda Oficial al Desarrollo en el año 2030, con un 10% destinado a la acción humanitaria, otro de los patrimonios de nuestro sistema.
El despliegue de la Ley se aterriza en instrumentos puestos en marcha a través de los diferentes reales decretos. Comenzamos con el estatuto de las personas cooperantes, mejorando sus condiciones, sus derechos y sus obligaciones, y prestigiando su carrera profesional; a continuación, llegó el Plan Director, que es la hoja de ruta para los próximos cuatro años; y seguimos con el estatuto de la AECID.
Hay otra parte importante que es la gobernanza de la política, que se refuerza con los nuevos órganos de coordinación. Ya se ha puesto en marcha la Conferencia Sectorial de Cooperación para el Desarrollo Sostenible y la Solidaridad Global, en la que el Ministro y los consejeros y consejeras de todas las CC. AA. coordinan la acción solidaria en el mundo junto con las entidades locales y comunidades autónomas, y la Comisión Interministerial para mejorar la coordinación en el seno de la Administración General del Estado.
Nos queda el Consejo Superior de Cooperación, que será el órgano consultivo y el espacio plural de participación en la definición de la política de cooperación internacional para el desarrollo.
El Plan Director de la Cooperación Española (2024-2027) ya está en marcha. ¿Qué prioridades establece y cómo se está alineando con los grandes retos globales, como el cambio climático, la desigualdad o las crisis humanitarias?
El Plan Director tiene como faro la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible y la triple transición — social, económica y ecológica—, así como el modo en que toda nuestra cooperación tiene que trabajar para que esas transiciones sean justas.
Al objetivo central de combatir las desigualdades y la pobreza —que aumentó por primera vez en tres décadas tras la COVID‑19— unimos la necesidad de reducir la brecha de género desde un enfoque feminista, y de promover la democracia y la participación plena de la ciudadanía, salvaguardando los derechos humanos de todas las personas a la vez que protegemos el medioambiente.
Esta hoja de ruta tiene una priorización geográfica que establece especial atención a la posición preferente del norte de África, Oriente Próximo y el África subsahariana, en particular los países de África occidental, el Sahel y los de habla española y portuguesa; así como los países de América Latina, el Caribe y el marco iberoamericano. Son en total 35 países prioritarios, además de la población saharaui refugiada.
Para hacer posibles todos estos retos, seguimos reforzando el músculo económico de nuestra cooperación, como un esfuerzo colectivo de todas las administraciones públicas. Así, en 2024 la Ayuda Oficial al Desarrollo española creció un 12% tras superar los 4.000 millones de euros (430 millones más que el ejercicio anterior), de acuerdo con los datos publicados por la OCDE.
¿Qué implicaciones tiene este nuevo marco para la AECID como organismo ejecutor, y qué transformaciones se están abordando para adaptarse a esta nueva visión?
La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo es la piedra angular de nuestro sistema de cooperación. Su nuevo estatuto la hace más robusta y más ágil, preparada para trabajar en alianzas y con personal reforzado.
Además, como una parte de su presupuesto se canaliza a través de las ONGD mediante las convocatorias de subvenciones, es muy importante que se gestione de forma ágil y transparente, facilitando a las organizaciones que trabajan en el terreno toda la parte de implementación y justificación. Para ello se ha aprobado una nueva normativa de subvenciones para la cooperación al desarrollo en eque se refuerza la eficiencia y la rendición de cuentas.
Otra transformación imprescindible que se está abordando es la digitalización de la Agencia, que ha acometido la renovación de sus canales digitales de información y gestión, y que ya trabaja en el futuro portal de datos abiertos para poder conocer en un solo clic todo lo relativo a los proyectos y programas de la cooperación española.
Por último, la cooperación financiera también es un mandato de la AECID y, como palanca de los fondos públicos para atraer a otros recursos, vamos a transitar hacia el Fondo Español de Desarrollo Sostenible como instrumento modernizado de nuestra cooperación financiera.
En definitiva, una transformación integral que ha incluido la constitución de un consejo asesor internacional, una nueva imagen institucional y, como guinda, la reforma de las instalaciones de su biblioteca, convirtiéndola en un espacio para la investigación más confortable, accesible y moderno.
Girando hacia la parte más técnica de la cooperación, en sectores como el agua, el saneamiento, la movilidad o las infraestructuras resilientes, ¿cómo se asegura que los proyectos incorporen criterios de sostenibilidad, equidad y fortalecimiento de las capacidades locales?
Hay varios aspectos esenciales. En primer lugar, es clave que los proyectos respondan a necesidades detectadas por los propios actores sobre el terreno y que estén incluidos en la propia estrategia de desarrollo del país. Además, es fundamental que se tenga en cuenta no solo la situación actual, sino también las previsiones para el futuro: crecimiento estimado de la población, posible impacto del cambio climático…
Asimismo, es muy importante que las tecnologías y sistemas implementados se adecúen a la realidad del terreno, a las posibilidades económicas de la población y a las capacidades técnicas, organizativas y de procedimiento para su operación y uso. En el caso de la cooperación española, las actuaciones se acompañan siempre de iniciativas de fortalecimiento de capacidades, precisamente para que se adecúen a las necesidades.
Por ejemplo, en el caso del agua y el saneamiento, en los últimos años se han elaborado herramientas específicas que permiten analizar si los programas están teniendo en cuenta estos aspectos, tanto en la gestión integrada de los recursos hídricos como en los derechos humanos al agua y al saneamiento.
¿Podría compartir algún ejemplo reciente de proyectos impulsados por la AECID donde el componente técnico, y en particular la ingeniería civil, haya sido clave para su éxito?
He de decir que, en todas las iniciativas de los sectores mencionados, es importante el componente de ingeniería civil. Pero, por señalar algún ejemplo específico, destacaría el trabajo llevado a cabo en Portoviejo, un cantón de la provincia de Manabí, en Ecuador. Allí se está realizando un importante proyecto de ingeniería combinado con un profundo componente social para incluir a las poblaciones de las zonas rurales dispersas y fomentar la participación y el empoderamiento de las mujeres.
Esta iniciativa cuenta con la participación de diversos socios internacionales, como el Fondo del Agua de la Cooperación Española, el programa de canje de deuda de España y la iniciativa Latin America Investment Facility de la Unión Europea, así como préstamos del Fondo de Promoción del Desarrollo de la AECID y otros financiadores como el Banco Interamericano de Desarrollo. Y a todo ello se suma la financiación del propio cantón de Portoviejo.
Este proyecto conjunto permitirá establecer un gran sistema de agua potable de 47 kilómetros de longitud para garantizar la disponibilidad de agua en cantidad y calidad suficientes durante todo el año, y la construcción de seis sistemas de saneamiento y cinco plantas de tratamiento de aguas residuales, así como de pequeños sistemas de recogida y evacuación de aguas pluviales. Además, para asegurar la llegada del servicio a las poblaciones más rurales y alejadas, las zonas dispersas del cantón están siendo atendidas específicamente con el presupuesto del programa del Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento de la Cooperación Española.
Uno de los principios de la nueva cooperación es la apertura a nuevos actores. ¿Qué espacios se están promoviendo para facilitar la participación de universidades, colegios profesionales, administraciones locales o empresas con vocación social?
Efectivamente, tal y como recoge el ODS 17 sobre Alianzas para el Desarrollo, el nuevo Plan Director establece entre sus objetivos la gobernanza del sistema de la cooperación española mediante la incorporación de nuevos instrumentos de coordinación y colaboración entre actores.
En este sentido, el pasado mes de febrero nació la Plataforma Española de Cooperación en Agua, Saneamiento e Higiene (PECASH), una iniciativa de la AECID para favorecer la articulación y colaboración entre los diferentes actores que trabajan el sector. Esta red aglutina la cooperación descentralizada —comunidades autónomas y ayuntamientos—, la sociedad civil, el sector privado, las universidades, los colegios profesionales, etc., y se articula a través de diferentes grupos de trabajo organizados en torno a temas específicos.
¿Qué mecanismos existen, o podrían crearse, para canalizar las capacidades técnicas de instituciones como el Colegio de Ingenieros de Caminos en programas de cooperación o formación especializada?
Las opciones en este sentido son múltiples. Por un lado, desde la AECID se está impulsando la colaboración a través de cooperaciones técnicas con las cuales se fomenta el intercambio de conocimientos técnicos y de gestión a fin de reforzar las capacidades de las instituciones del agua en América Latina y el Caribe.
También existe la figura de los hermanamientos, especialmente dirigida a los operadores del sector, y la Convocatoria de Innovación, que cada año lanza la AECID para seleccionar iniciativas que promuevan el desarrollo y se nutran del conocimiento para promover la cohesión social y la sostenibilidad medioambiental.
En cuanto a formación, el programa Intercoonecta lanza cada año una convocatoria para recibir propuestas de programación en capacitación técnica e innovación.
En definitiva, se ha realizado un gran esfuerzo para canalizar las capacidades técnicas de España hacia programas de cooperación, conscientes de que la capacitación es un aspecto esencial para la sostenibilidad de los programas.
Una última cuestión con la mirada puesta en el futuro ¿Qué mensaje trasladaría a los profesionales de la ingeniería, y en particular a los ingenieros de caminos, que desean contribuir al desarrollo sostenible desde la cooperación internacional?
Les diría que estén atentos a la próxima convocatoria pública de responsables de proyectos que va a lanzar la AECID. Desde la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo vamos a dar la oportunidad al talento joven de trabajar en cooperación con el lanzamiento de una próxima convocatoria de empleo. Además, dentro de nuestro amplio sistema —en las ONGD, el sector privado o en el académico— hay oportunidades para formar parte de este sector donde la cualificación cada vez es más importante, y se sitúa al mismo nivel que el compromiso y la solidaridad.
Nuestra cooperación necesita nutrirse de perfiles profesionales muy diversos, ya que la participación de personal cualificado es clave para seguir contribuyendo al desarrollo. Tal y como señalé, el objetivo es lograr una triple transición justa: social, económica y ecológica para cumplir con la Agenda 2030, y en este aspecto todo el conocimiento es necesario. Necesitamos más personas cooperantes ingenieras.