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El Camino | Alcibíades Serrano

Ingeniero de caminos, canales y puertos. Catedrático de Mecánica de Rocas

“Las matemáticas son poesía”

Este ingeniero de caminos, canales y puertos, catedrático de Mecánica de Rocas, es un referente mundial en geotecnia. Alcibíades Serrano ha hecho importantes aportaciones a la cimentación sobre rocas colapsables y desarrolló el método de los campos asociados. Exdirector del Laboratorio de Geotecnia del CEDEX, sus libros de Mecánica de las Rocas son de consulta obligada para constructores y universitarios. Tras superar un ictus, asegura con humor que es “un piroclasto que colapsa”.

Daniel Rodríguez 

©Enrique Guillermo Pérez

Un flamboyán exuberante asciende desde el suelo de la calle hasta casi el quinto piso donde vive Alcibíades Serrano en Tenerife. La tierra le extraña. Pareciera que el árbol quisiera acercarle un manojo de exóticas flores rojas a este Premio Nacional de Ingeniería que ha dedicado su vida a auscultar, a través de las matemáticas, el latido de las rocas y los suelos.

Cuando Alcibíades Serrano (La Matanza de Acentejo, 1935) camina por el salón, sobre su cabeza aletean derivadas, cálculos y ecuaciones diferenciales imposibles. Su mente brillante le permitió estudiar Bachillerato de manera autodidacta, cursar Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, y Ciencias Exactas al mismo tiempo y resolver en sueños problemas matemáticos muy complejos. Pese a todo, asegura que reconoce “el valor del azar”.

Ha publicado más de 100 artículos de investigación, numerosos libros y ha sido profesor del Área de Geotecnia y Cimientos de la Escuela de Caminos de Madrid. Entre sus aportaciones destaca la de encontrar la ecuación que rige la resistencia de las rocas colapsables, los piroclastos. También ha asesorado en más de 150 obras públicas, contribuyendo así a cimentar con solidez una España que necesitaba desarrollar autovías, líneas ferroviarias, puentes, túneles, canales, presas, puertos y centrales nucleares.

La intimidad de este ingeniero de caminos, canales y puertos está recubierta por una resistente corteza de discreción. Para lograr este encuentro fueron necesarias distintas prospecciones fallidas hasta que, finalmente, su hija propició el acceso al núcleo interno de este referente mundial en la investigación de Mecánica de Rocas que ha concedido escasas entrevistas.

El doctor Serrano recibe cordial y dispuesto. Su amplia y luminosa vivienda contrasta con la casa modesta, incomunicada y sin luz eléctrica en la que pasó su infancia en La Gomera, la isla en la que sintió la irresistible llamada de la ingeniería de caminos y de la geología.

Siendo usted un niño encarcelaron a su padre por motivos políticos.

Mi padre había llegado a las Canarias desde Cuenca. Entró en el partido de Azaña, en Izquierda Republicana, creo que fue secretario de la Agrupación de La Matanza, en Tenerife. Cuando empezó la Guerra Civil, el mismo día 18 de julio, lo llevaron preso. Y ya no volvió hasta finales del año 39, después de haber pasado 2 años y medio años encerrado en Santa Cruz en la prisión de Fyffes, y un año en un campo de concentración de trabajos forzados en Marruecos.

Cuando mi padre salió, yo aún no había cumplido 5 años. Le volvieron a integrar en la carrera, como maestro, pero desterrado al sitio más lejano posible y con dificultades de acceso porque no había carretera para llegar a Tamargada, el lugar en La Gomera donde vivíamos. Había que ir en mula o con falúa desde San Sebastián de la Gomera hasta Vallehermoso.

¿Recuerda el momento en el que la geología y las rocas comenzaron a ser algo importante en su vida?

Tengo recuerdos maravillosos. Mi vida empieza en la Gomera, creo, porque prácticamente no tengo ningún recuerdo anterior al año 40, que es cuando llegué allí. La Gomera ha sido para mí un paraíso terrenal porque era un valle entre un macizo, que estaba frente de mi casa y yo, que estaba en una loma.

Todo abajo era un valle idílico de palmerales. Vivía en una casa de piedra sin luz eléctrica y nos iluminábamos con velas.

El primer momento que recuerdo relacionado con la geología fue desde mi casa. Veía el túnel que se estaba construyendo enfrente y encima había un pitón basáltico que se llama el Roque de Vallehermoso y que tengo clavado en la mente. Me maravillaba ver aquellas paredes verticales como si fueran la torre de un castillo.

¿Y de dónde surge su vocación de ser ingeniero de caminos?

La maestra María Luisa Beltrán de Lis, hija del último gobernador español de una isla de Filipinas, contaba que, cuando se perdieron las Filipinas en el año 1898, venían repatriados a España a través del Mar Rojo y saliendo por el canal de Suez. Me explicaba que el canal lo había hecho el ingeniero francés Ferdinand de Lesseps. Se me quedó grabado toda la vida. Entonces, en vez de decir “quiero ser bombero”, pensé “¡quiero ser ingeniero de caminos, canales y puertos para hacer un canal como el de Suez”.

¿Fue al colegio o le dio clases su padre?

Las primeras clases me las dio mi padre. Era un aficionado en historia antigua, por eso me llamó Alcibíades. Para él, Alcibíades, discípulo de Sócrates, era un ejemplo de lo que se debe ser en la vida.

Luego tuve algún profesor particular. En segundo curso ya dije que no necesitaba profesores. Me dediqué a estudiar solo y me presentaba en La Laguna en junio. Me examinaba de todas las asignaturas y sacaba muy buenas notas, iba un año por delante.

Ya no necesité más profesores hasta que entré en la universidad y con 16 años me fui a Madrid ayudado, en parte, por una beca del Cabildo. Resultó que tenía un expediente inmejorable porque había tenido notas superiores a 9 y había sacado un premio extraordinario en la reválida.

¿Cuándo empezó a cuajar la idea de estudiar Ingeniería de Caminos?

A los 13 o 14 años. Tenía un conocido que había ido a Madrid a estudiar una carrera técnica, a los tres años se dio cuenta de que no estaba capacitado y volvió a La Matanza. Entre sus libros tenía el Análisis Algebraico de Julio Rey Pastor, un gran matemático español de principios de siglo que luego tuve la oportunidad de conocer en los años 50. Para mí él era un ídolo porque ese libro fue el que me descubrió lo que de verdad eran las matemáticas.

Empecé a leerlo y a estudiármelo por mi cuenta. Ahí decidí que me interesaban las matemáticas, y que además, quería estudiar algo técnico porque no se podía vivir de las matemáticas como ahora.

Usted estudió Ciencias Exactas al tiempo que estudiaba Caminos.

Sí, cuando terminaba el curso de Caminos me ponía a estudiar Ciencias Exactas como un loco hasta a finales de agosto durante, unas 16 horas diarias, hasta el examen de finales de septiembre.

La carrera de Ciencias Exactas tenía unas 20 asignaturas y cada curso aprobaba cuatro o cinco. Así lo hice hasta que llegué a quinto de Caminos, que fue cuando me llamó José Entrecanales. En septiembre ya estaba trabajando y no pude acabar Ciencias Exactas.

¿Cómo se fraguó su interés por la geotecnia?

En la carrera, en segundo curso, con el profesor de Geología, Clemente Sáez, padre de Clemente Sáez hijo, que luego sería Premio Nacional de Ingeniería y catedrático en Madrid, y con José Antonio Jiménez Salas, catedrático de Mecánica de Suelo y Geotecnia, con el que acabaría trabajando y que ha sido como mi director espiritual.

Presa de Cedillo (Cáceres), en cuya obra trabajó Alcibíades Serrano.
El ingeniero en Lanzarote (Islas Canarias).

¿Esta práctica de tutelar a alumnos se sigue produciendo hoy?

En mi caso sí, en cierta manera lo hice con mis colaboradores, con Claudio Olalla y ahora con Rubén Galindo. A mí me tuteló Jiménez Salas. Es la idea medieval por la que los conocimientos se van transmitiendo del maestro al discípulo.

Así que usted empezó a trabajar con José Entrecanales, un referente de la geotecnia y fundador de la empresa que hoy es Acciona.

Sí, él fue uno de los iniciadores de la geotecnia española y fue el maestro de Jiménez Salas. Por eso, tuve la suerte de entrar en la cuna de la geotecnia en España. Allí estuve 5 años, luego fui al Laboratorio de Geotecnia y Cimientos.

Jiménez Salas, además de ser el asesor geotécnico de Entrecanales, era el director del Laboratorio. Entonces no se llamaba CEDEX, se llamaba Centro de Estudio y Experimentación de Obras Públicas. Años después me dijo que me fuera con él.

En aquel tiempo, en los años los años 60, con la excepción de Salas y Entrecanales, la geotecnia española no destacaba en el mundo, y sin embargo, España necesitaba hacer una transformación extraordinaria.

Y eso lo vio Jiménez Salas y por eso decidió que yo tenía que ir a la Universidad de Cambridge porque ahí estaba el futuro de la geotecnia. Las teorías que se estaban desarrollando en Cambridge sobre la plasticidad de los suelos y las teorías de estado crítico serían el futuro. Tenía razón.

Todo lo que está bien ahora en el mundo de la geotecnia es el resultado de las investigaciones de Kenneth Roscoe y de sus ideas; modificadas y ampliadas, por supuesto, pero la base está en Cambridge. Jiménez Salas me buscó una comisión de servicios para estar un año con Roscoe con la obligación de empaparme de él, traerme a España todo lo que se estaba haciendo y conocer la manera en la que se investigaba allí.

¿Si no hubiera traído aquellas teorías de Cambridge la geotecnia en España hoy sería igual?

Supongo que otra persona hubiera ido a Cambridge pero cuando vine a España montéde inmediato un curso de doctorado con Jiménez Salas para explicar lo que había aprendido en Cambridge y empecé a difundir las teorías por España.

Detalle de la mano del ingeniero de caminos y geotécnico. ©Enrique Guillermo Pérez
Alcibíades Serrano, con un libro escrito por su hija Elena. ©Enrique Guillermo Pérez

¿Qué aportación hizo usted a esas teorías?

El método de los campos asociados, que ha sido el trabajo más complejo que he hecho en mi vida. Desarrollé las ideas en Cambridge y se las conté al profesor Roscoe en la Navidad del año 1968. Hasta entonces solo se había estudiado el campo de tensiones, lo había estudiado Sokolovsky y lo estaba aplicando Roscoe; pero yo dije que había que estudiar también el campo de deformaciones y que había que ligar los dos campos.

Esa ligazón era muy compleja porque era un problema de 21 ecuaciones diferenciales ligadas unas a otras para poder resolver el problema y me atreví a meterme con él.

¿El problema matemático más complejo que ha resuelto es el de los campos asociados? ¿Cómo se inspiró para resolverlo?

Sí, fue el más complejo. Las ideas las tenía bastante claras, pero estuve todo el curso para establecer y escribir la teoría y todas las ecuaciones, las derivadas con variantes de los campos tensoriales. O sea que desarrollarla me llevó todo el curso.

¿Lo escribía directamente, o lo tenía en la mente y luego lo escribía?

Yo siempre primero lo he tenido en la mente y luego lo escribía. Eso le extrañaba mucho a Claudio Olalla, porque al escribirlo a lo mejor había algún signo que estaba mal, pero el resultado estaba bien y yo le decía: “Esto es que he ido deprisa y en vez de un “+” he puesto un “-”, pero, como el desarrollo completo ya lo tenía hecho, lo continué hasta el final y por eso está bien”.

Y el espacio para concentrarse ¿dónde lo encontraba?

En la cama, por ejemplo. En las madrugadas me despertaba y me dedicaba a pensar, sin escribir. Me lo imagino todo seguido y luego, cuando me despierto, lo escribo y luego se lo daba a los doctorandos.

¿Su vida la ha vivido en un estado mental matemático?

He soñado con matemáticas. Me acuerdo, en mi época buena de matemático, cuando estudiaba Caminos y Ciencias Exactas, soñaba con matemáticas; y he encontrado cosas en matemáticas soñando, como la Teoría de Polares, una teoría establecida, inventada por otro, por supuesto, pero yo la he soñado desarrollada.

¿Por qué siente esa pasión por las matemáticas?

Porque es lo más bello que he visto de la ciencia. Todo está claro, es como una poesía, se lee como va fluyendo el pensamiento, sacando una conclusión tras otra y llegando a un paraje lejano partiendo de unas bases muy sencillas, muy simples. Las matemáticas tienen una infinitud espléndida.

¿La poesía es matemática?

No, pero la matemática sí es poesía.

Roque El Cano, en La Gomera (Islas Canarias).

¿Cuál ha sido su contribución a la aplicación de las matemáticas a la mecánica de rocas?

Por ejemplo, las cimentaciones en los macizos rocosos. Cuando se va a segmentar una presa de gravedad, que es un prisma triangular de hormigón muy pesado, ¿qué deformabilidad tiene? ¿Cómo saber si se va a fisurar?

Hasta ahora no hemos tenido métodos matemáticos para saber cuál es la deformabilidad; solamente existían correlaciones entre cosas experimentales y resultados de módulos de deformabilidad. Eran cientos de correlaciones pero no había una teoría completa. Eso es lo que he tratado de desarrollar y he plasmado en el último artículo que hemos publicado a partir de una tesis doctoral. Hemos estudiado la deformabilidad de una probeta del macizo rocoso, eso sí lo podemos ensayar en el laboratorio. Aparte, se estudian las diaclasas definiendo sus orientaciones, sus rellenos, si son rugosas o no y si tienen o no flujo de agua. De este modo, podemos incluir toda esa información en un inmenso programa matemático y de ahí extraer cuál es la deformabilidad del macizo rocoso para que se pueda cimentar una presa.

¿Qué ha representado el CEDEX en el desarrollo de la geotecnia en España?

Pues el CEDEX al principio era lo único que había en España. Luego se empezaron a desarrollar universidades, la de Santander, la de Barcelona, por ejemplo, con Eduardo Alonso, que montó un equipo de investigación tremendo, conocido en todo el mundo. Gracias a todos ellos también la geotecnia española es muy conocida en el mundo. Pero todos son originarios del CEDEX o, la mayor parte de ellos, han pasado por ahí.

En uno de sus artículos destacaba la importancia de poder experimentar.

Claro, es fundamental. Por ejemplo, todo mi trabajo, la mayor parte de él, está basado en experimentos y, cuando no, en resultados prácticos. Por ejemplo, las cargas de hundimiento en pilotes, cimentaciones y rocas; aparte de que es todo un desarrollo teórico, la comprobación se produce viendo lo que le ha pasado a un pilote, viendo los ensayos y experimentos reales que se han hecho y que se publican como ensayos para testar una teoría.

¿Qué particularidad tiene la roca volcánica y la cimentación en ese tipo de suelos?

La particularidad fundamental es que algunas de las rocas volcánicas tienen leyes de resistencia completamente distintas a las de las rocas sedimentarias. Cuando usted aprieta más un elemento en una roca sedimentaria resiste más y en la roca volcánica, al principio, también. Sin embargo, cuando se pasa de cierto valor al apretar, de cierta compresión, la roca cruje como cuando cogemos un buñuelo y lo aplastamos, se rompe todo y se colapsa la estructura.

Eso pasa en los piroclastos, aunque no en los basaltos o fonolitas, que son como todas las rocas sedimentarias del mundo. Los piroclastos son rocas colapsables y crean unos problemas tremendos en las cimentaciones. El reto es no pasarse de la carga de colapso, porque una vez que se pasado, se rompe la estructura y se transforma en arena y entonces hay que tratarla como un suelo.

Hay suelo volcánico en Canarias pero también en la península, por ejemplo, en la región de Olot. Toda esa zona en Cataluña tiene suelo volcánico y hay basalto y otras rocas volcánicas.

¿En qué ha contribuido su trabajo al conocimiento de las rocas volcánicas?

A encontrar la ecuación que rige la resistencia de las rocas colapsables, de los piroclastos, no de todas las rocas volcánicas, son rocas que tienen muchos poros y es esa estructura porosa la que colapsa. Se llama carga de colapso. Además, he desarrollado una técnica experimental para determinar la roca, o sea, no sólo la ecuación, sino que experimentalmente ensayamos la roca en un laboratorio para hallar cuál es la carga de colapso.

Los romanos ya usaban la ceniza de lava en la construcción de algunas obras, ¿qué se puede hacer con la que ha arrojado el volcán de La Palma?

Investigar sus propiedades. Habría que ensayar. También se podría investigar si con un medio barato se les puede dar propiedades puzolánicas. Esto hay que ensayarlo porque cada volcán tiene su propia composición.

¿Sobre el nuevo terreno ganado al mar formado por la lava del volcán de La Palma, en esa fajana, se podrá construir?

Se podría cimentar pero habría que estudiarlo porque hay que ver cuáles son las cargas de colapso. Por lo que también hay que ensayarlo.

¿La lava de La Palma no es igual a la de otros volcanes?

No, de hecho, con Áurea Perucho, la actual directora del CEDEX, he trabajado desde los años 90 en el comportamiento de los piroclastos. Por un lado, están las pequeñas cargas y, por otro, las grandes cargas, antes teníamos unas ecuaciones para los piroclastos poco cargados y otras ecuaciones para los piroclastos muy cargados.

Hasta principios de este siglo no conseguí unir los dos campos y, con una sola ecuación, explicar el comportamiento para cargas pequeñas y grandes cargas. La ecuación la publicamos con Margarita Conde, la doctoranda que hizo el trabajo de experimentación conmigo, que fue un trabajo inmenso con más de 250 muestras con las que ensayamos para que fuera verdadero. Ahora, con esa ecuación, en este último trabajo lo que he hecho es ver cómo, si nosotros encontramos la ley de resistencia, qué carga podemos darle a la cimentación que ponemos encima. Ese es mi último trabajo, con Rubén Galindo y Áurea Perucho, la carga de hundimiento en esos materiales como en el volcán de La Palma, ver cómo habría que cimentar y qué carga podría soportar ese volcán.

Central nuclear de Ascó II (Tarragona).

Además de ser investigador ha trabajado en numerosas cimentaciones.

Estuve asociado, de alguna manera, con José Antonio Torroja desde que vine de Cambridge. En el año 1969 José Antonio me fue a ver al Laboratorio de Geotecnia y me pidió si quería colaborar con él en todos sus puentes y, a partir de ese momento, todos los puentes que ha hecho José Antonio Torroja hasta el año 2007, que vine a Tenerife, le ayudé en el estudio de la cimentación.

Trabajó en la central nuclear de Ascó en la que hubo muchos problemas en el suelo.

Hay dos centrales nucleares, Ascó I y Ascó II, en la primera no hubo nunca ningún problema. En cambio, Ascó II me ha dado las mayores preocupaciones que he tenido en geotecnia. Porque sobre el suelo hay que tener una máxima presente, que es un verso de Percy Bysshe Shelley: “No despertéis a la serpiente dormida”. Pues bien, ahí se despertó la serpiente dormida.

¿Cómo era esa serpiente?

La serpiente era que Ascó I se hizo en una llanada al lado del río Ebro. Luego quisieron poner un reactor más nuevo, Ascó II, y ahí ya no había llanada, sino una loma de unos 70 metros de altura y hubo que excavar. Ahí se despertó la serpiente. ¿Qué pasa cuando me levanto del sillón? Que el cojín sube. Pues eso es lo que le pasó al suelo de Ascó II, que se levantó.

Al levantarse los estratos de marga se abrieron unas grietas horizontales que se comunicaban con el río. Además, esas grietas se agravaron debido a los empujes de la placa tectónica de Europa contra la africana. Al abrirse esas grietas la marga dejó de ser impermeable y empezó entrar agua del río Ebro. El problema se complica si esa marga contiene arcillas expansivas.

Para Ascó II, con actividad desde 1986, llegó a crear un modelo matemático para calcular lo que ocurriría en terreno en el año 2005

Sí, así fue. Me tuve que comprometer a crear una ley, un modelo matemático, que dijera cómo se iba a mover, eso fue en el año 80, y ya habían pasado cuatro o cinco años desde que vimos las primeras grietas circulares en el pozo del reactor. A partir de entonces empezamos a medir los levantamientos en muchos puntos de la central. A partir de que establecí la ley, supe que se siguieron midiendo los levantamientos del terreno y mis predicciones se cumplieron.

¿Qué opinión tiene de la energía nuclear?

Aunque he trabajado en nucleares, ya no me gusta la energía nuclear. El problema es qué hacemos con los residuos. Por ahora, no sabemos qué hacer con ellos y mientras eso no se resuelva no deberíamos usar la nuclear. Y eso que yo he estado en tres proyectos de nucleares, las dos de Ascó y la central de Vandellós, que hice completa. Es una cuestión de sostenibilidad. Quiero que mis nietos tengan un planeta donde seguir viviendo.

También dirigió la actuación en la bóveda del Auditorio de Jameos del Agua, en Lanzarote, de la que se llegaron a desprender piedras sobre una concertista.

En el proyecto del auditorio había que sujetarlo todo, pero sin que se viera, para que no volvieran a caer piedras. Primero hicimos unas topografías de todos los grandes bloques que había y todo eso lo sujetamos desde arriba con anclajes. La tapa del anclaje estaba recubierta con un material que provenía del mismo polvo que había ahí para que no se viera la diferencia. Los bloques pequeños que se podían desprender los dejábamos sujetos con fibra de vidrio y así lo sujetamos todo. Se inauguró y está funcionando, creo, desde el año 2005.

Bóveda del auditorio de Los Jameos del Agua, Lanzarote (Islas Canarias).

Otro de sus trabajos fue la cimentación del puente internacional sobre el río Miño.

El terreno de cimentación era granito, que tiene un problema, que es la alteración. Cuando el granito se meteoriza se transforma en jabre, que es una mezcla de arena y arcilla mucho más deformable y menos resistente que el granito sano. Se podía hacer una cimentación maravillosa, pero el problema era que había que comprobar si por dentro la roca estaba bien o mal, porque el puente es enorme, cruza todo el río.

Entonces hice unos sondeos para ver la transmisión de ondas, un sondeo en el centro y cuatro sondeos en cada esquina de la zona de cimentación. En ese sondeo pusimos unos audífonos para conseguir dar unas cargas, un golpeteo, en la parte central, y ver cuánto tiempo tardaba en llegar la onda desde la parte central hasta los bordes, y en función de la velocidad de onda, saber su composición interna con un programa y una serie de ecuaciones para resolverlo. Como resultado de las investigaciones se decidió cimentar mediante pilotes.

¿Qué está pendiente por resolver en el ámbito de la geotecnia?

Los métodos de ensayo. Matemáticamente, con los métodos matemáticos que tenemos ahora ya se puede hacer casi de todo, pero ensayar todavía no se puede ensayar todo. Por ejemplo, buscar las cargas de colapso, cuesta hacer los ensayos de colapso porque los suelos de los piroclastos tienen muchas aristas, se rompe la cubierta que se pone para hacer el ensayo y hay problemas. Hay que mejorar mucho la investigación de campo, no tanto la de laboratorio.

Todo mi trabajo, la mayor parte de él, está basado en experimentos y, cuando no, en resultados prácticos

¿El cambio climático está afectando a los procedimientos que afectan a la mecánica de rocas?

No. Para la atmósfera dos grados de temperatura son importantes, sin embargo, para las rocas no lo es. Sí hay un problema en las arcillas expansivas. Cada vez que usted cambia la humedad de una arcilla expansiva, sea mucho o poco, se produce una variación del volumen de esa arcilla. ¿Si usted se hace una casa qué le pasa a lo que hay debajo de ella? Pues que está más frío, es más húmedo, y, si hay arcilla expansiva, se va a hinchar y se le va a agrietar la casa. Por lo tanto, cualquier cambio de humedad en una arcilla expansiva produce movimientos que pueden ser peligrosos.

En Madrid, por ejemplo, hay terrenos con arcilla expansiva. Y, si aumentan las temperaturas, también puede suceder que descienda la humedad, la arcilla se contraiga y se produzcan movimientos.

El aprovechamiento de residuos como relleno, ¿es una oportunidad para realizar una práctica sostenible en las obras actuales?

Deberíamos tratar de aprovecharlos. Habría que intentar reciclar todo lo que se pueda de los materiales de construcción porque estamos ensuciando el nido donde vivimos y el pajarito no puede vivir en un nido sucio.

¿A qué dedica ahora su vida diaria?

A leer y a repasar, porque se me están borrando las cosas. Por ejemplo, ahí tengo un estudio de problemas de dinámica que llevan a situaciones de caos. Pues ese libro lo he estado reestudiando ahora porque lo leí hace ocho o diez años pero se me ha olvidado. Estoy volviendo a estudiar cosas que he olvidado. Es como tener un cesto al que se le echa agua y el agua se va. Es una pena, pero es así. Trato de mantenerme.

¿La vida para usted ha sido un problema matemático?

No. Yo reconozco el valor del azar. ¿Por qué en mis comienzos me llamó Entrecanales y no, otra empresa?

Su hijo le envía fotos de cuadros que añora de su casa de Madrid, uno de ellos de Luis Feito, ¿qué significa la pintura en su vida?

Un regocijo, un descanso. Desde que era estudiante muchas veces me iba los sábados al Museo del Prado y me pasaba tardes enteras allí. Hasta hace poco iba los domingos por la mañana a ver solo un cuadro y le dedicaba media hora o tres cuartos de hora. El cuadro de Luis Feito que tengo en Madrid me parece un mundo en formación. Cuando surgió un planeta como la Tierra, en los primeros momentos, a lo mejor era así.

Ha superado un grave atropello y un ictus demostrando una gran resistencia, ¿a qué roca se parece?

Posiblemente, a los piroclastos porque es a los que más trabajo he dedicado en mi vida. Soy un piroclasto que colapsa, pero aquí estoy vivo.

En la fotografía de boda que tiene sobre la estantería aparece con su esposa en una ceremonia religiosa católica. ¿Cree en Dios?

Creí mucho, pero ya no creo. Siento no hacerlo porque así pensaría que hay algo más después de la vida.

¿Qué le hizo cambiar de opinión?

Estudiar. No me encaja la existencia de Dios. No me parece compatible con la física moderna.

Si tuviera que resolver la ecuación de su vida, ¿la vida es igual a…?

La vida es igual a amor.

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