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La Clave | José Luis Asenjo Díaz

Concejal de Urbanismo en la primera corporación democrática de Málaga

“Las nuevas corporaciones trajeron una nueva forma de entender y gobernar Málaga”

José Luis Asenjo fue concejal de urbanismo en la primera corporación democrática de Málaga, una coalición entre el Partido Socialista y el Partido Comunista presidida por Pedro Aparicio. En esta entrevista nos habla de cómo era Málaga al comienzo de la Transición, de los principales retos que tuvieron para iniciar la transformación de la ciudad y de sus logros más importantes. También recuerda la figura de Pedro Aparicio, alcalde de Málaga desde 1979 a 1995.

Pablo Otaola Ubieta (coordinador del monográfico)

©Amparo García

¿Cómo era Málaga a finales de los 70?

Evidentemente, era una Málaga por completo distinta a la actual. En pleno auge del desarrollismo urbanístico en nuestro país, la ciudad había duplicado su población, con un crecimiento descontrolado y sin planificación urbanística. Además, su expansión en cuanto a ocupación del territorio era mínima, de modo que había una acumulación de densidades y de alturas muy grande.

Los nuevos barrios se habían hecho en función de las vías de salida de la ciudad —la carretera de Cádiz, El Palo, Ciudad Jardín— lo que daba una sensación de desorden, de aglomeración; la ciudad tenía una estética terrible y una falta de infraestructuras de todo tipo. Dos tercios de las calles de la ciudad carecían de alguno de los servicios básicos considerados necesarios para que una parcela fuera edificable. Por otro lado, la ciudad necesitaba viviendas porque venía mucha inmigración a trabajar en la construcción. Todo eso había producido un crecimiento muy intenso y de baja calidad, tanto en la residencia, como en la estructura urbana.

Por poner algún ejemplo de lo que sucedía: todo el tráfico este-oeste de la ciudad —miles de vehículos al día— pasaba por la plaza de La Marina porque no existían las rondas. Por otro lado, Málaga entonces no tenía hoteles; solo había el Málaga Palacio, envejecido, y otro que acababa de cerrar.

Hábleme de Pedro Aparicio como alcalde.

Fue un gran alcalde, muy culto e inteligente. No tenía un perfil populista y, sin embargo, conectó muy bien con la ciudad y fue un personaje muy querido. Tuvo la visión de que la tarea fundamental del ayuntamiento en esas primeras décadas era recomponer la división existente entre la nueva ciudad y la ciudad histórica. Toda la inversión que se hizo entonces fue para que la ciudad tuviera los servicios básicos, para lograr una normalidad. Se venía de una anormalidad, de una carencia de servicios muy pronunciada.

Pedro Aparicio tenía muy a gala la defensa de la ciudad y le daba igual con quién se tuviera que pelear. Como anécdota, cuando se construyó la Ronda Este —para la cual el Ayuntamiento había aportado los terrenos y que suponía un importante esfuerzo económico para la ciudad— en la invitación para la inauguración que envió el Gobierno Civil solo estaba su membrete y no figuraba el del Ayuntamiento como anfitrión. Esto provocó el enfado que Pedro y, a pesar de que vino el ministro Borrell, él no asistió al acto. No quiso. ¡Era un personaje!

Él quiso irse antes de su último mandato, del 1991 a 1995, pero le pedimos que siguiese y aunque se resistió, entendió nuestras razones y finalmente accedió. Ese último mandato lo hizo sin ninguna ilusión. Los problemas se le venían encima y le pesaba la segregación de Torremolinos, que ya arrastraba del mandato anterior. Tuvo un final que no se merecía. Creo que fue un gran alcalde, que entendió bien la ciudad. En gran medida, la base de lo que Málaga ha sido con posterioridad se le debe a la gestión iniciada por Pedro.

¿Cuáles fueron sus principales intereses?

Era una persona con una importante visión cultural. Para él la recuperación del Teatro Cervantes y de la Casa Natal de Picasso fueron sus obras más queridas. También quiso lanzar el proyecto del Auditorio, pero no logró un acuerdo con el ministerio y no llegó a concretarse.

Teatro Cervantes, construido en 1869 y rehabilitado en 1987. Fuente: Ayuntamiento de Málaga.

Además de los temas culturales, Aparicio puso mucho interés en el Parque Tecnológico. Conseguimos una ubicación que tuviera las condiciones necesarias: cerca del aeropuerto y de la ciudad. Encontramos una finca cuya compra pudimos negociar y que tenía las dimensiones apropiadas. Se encargó el proyecto a Carlos Miró junto con Marcial Echenique, que había hecho un proyecto parecido en Cambridge. Aquel fue uno de los grandes hitos de Pedro Aparicio como alcalde.

Es curioso, porque entonces aquella era la única experiencia de parque en España en el que participaba un ayuntamiento y una comunidad autónoma. En otros sitios o era de la administración central, o de la comunidad autónoma. La Junta eligió Málaga frente a Sevilla porque aquí había empresas tecnológicas, como ITT y Alcatel, y había una semilla de ingenieros. Por eso, aquí se puso la Escuela de Ingenieros de Telecomunicaciones. Se suponía que Sevilla era la capital política y Málaga, la económica. Y la verdad es que funcionó muy bien. También porque Pedro Aparicio propuso como director a Felipe Romera, que fue un acierto total.

Otro proyecto que ha funcionado bien ha sido la Escuela de Hostelería de la Cónsula, perteneciente a la Consejería de Trabajo y para la que el Ayuntamiento de Málaga puso el edificio. Se nombró director a una persona del sector y muy querida, Rafael Lafuente, y gracias a él la Cónsula ha sido lo que ha sido.

Felipe Romera y Rafael Lafuente, dos personas independientes, sin nada que ver con los partidos políticos, fueron los que consiguieron sacar adelante dos proyectos que han tenido mucha incidencia en el tejido económico y social de esta ciudad.

¿Cuáles fueron los principales retos de aquella primera corporación democrática?

Se podría afirmar que las nuevas corporaciones trajeron una nueva forma de entender y gobernar Málaga y supusieron el origen de la ciudad que hoy nos sorprende a los que conocimos su situación en los 70. Se creó una administración con la estructura propia de una ciudad grande. Teníamos una economía precaria y nuestra llegada supuso mejorarla, asumiendo las transferencias y creando la hacienda municipal.

Otro gran reto fue abordar la redacción de un nuevo Plan General ya que el vigente, aprobado en 1971 y que apenas se había aplicado, resultaba inoperante para abordar los graves problemas que tenía Málaga en esos momentos. El Plan General de 1983, que fue Premio Nacional de Urbanismo, planteó una ordenación de la ciudad de la que se carecía.

El Plan General intentó darle a la ciudad una cierta coherencia, cosiendo toda la trama desordenada y planteando también las zonas de ensanche futuras, como Teatinos.

¿Cómo se gestionó el Plan General?

Creamos un equipo con grandes profesionales, encabezado por los arquitectos Damián Quero, Salvador Moreno y José Seguí. Se hizo un plan muy participativo, con la intervención de todos los sectores de la ciudad, multitud de asociaciones y de instituciones. Fue un momento muy interesante y apasionante que sirvió para dar cierta coherencia a todas las políticas posteriores.

Hay que tener en cuenta que en aquella época el movimiento vecinal era potente. Había sido muy activo a finales de la dictadura y estaba organizado y bien estructurado. El Plan General se redactó a través de innumerables asambleas con las asociaciones de vecinos, con los promotores y los interesados, es decir, con todos. Se discutió dónde tenía que ir el colegio, el centro de salud, etc. Fue muy complejo de llevar a cabo, había que atender muchas reivindicaciones y, a la vez, fue muy apasionante porque hubo una participación muy intensa en todo el Plan General.

¿Qué otras aportaciones se hicieron en esa época?

Se iniciaron los primeros grandes parques en la ciudad. El del Oeste fue tal vez el más representativo de esos primeros grandes espacios verdes en las barriadas; luego vinieron el de El Cuarto, Los Manantiales, etc. Hasta ese momento, el único parque de Málaga era el de Cánovas gracias a los rellenos del puerto. Fue, junto con los nuevos centros escolares, el primero de los saltos cualitativos de Málaga.

Cuando hubo las terribles inundaciones de Málaga en 1989 —recuerdo que estuvo lloviendo todos los días durante un mes— conseguimos que el Ministerio de Obras Públicas, gracias a una inversión muy importante, renovara toda la red de saneamiento y encauzara los arroyos. La ciudad empezó a funcionar normalmente, cuando llovía ya no se inundaba. Aquello quedó enterrado y nadie lo valora porque forma parte de la normalidad. Creo que fue una necesidad absoluta: renovar toda la infraestructura de saneamiento de la ciudad que estaba en unas condiciones pésimas.

José Luis Asenjo delante del Centro de Cultura Activa Pedro Aparicio. © Amparo García.
José Luis Asenjo presenta las conclusiones del Plan Estratégico en la asamblea de CIEDES para su aprobación. Fuente: Fundación CIEDES.

Pedro Aparicio tenía muy a gala la defensa de la ciudad

¿Cuándo surge el Plan Estratégico?

En 1990 creamos la asociación CIEDES con el objetivo de que pusiera en marcha el Plan Estratégico, lo que se hizo a finales de los años 90, con Vicente Granados como primer gerente. Como todos los planes estratégicos, se trabajó a base de intentar consensuar y debatir con distintos sectores de la ciudad. Fue también otro momento muy interesante.

¿Qué impacto tuvo para Málaga la segregación de Torremolinos en 1988?

El Parque del Oeste, con 74.000 m2, fue inaugurado en 1992.Fuente: Ayuntamiento de Málaga.

A finales de los años 70, Torremolinos era un centro turístico mundial y, a la vez, un barrio de la ciudad de Málaga. Sin embargo, era mucho más que eso, era una auténtica ciudad. De hecho, el Plan General de 1971 estaba dividido en dos partes: el Plan General del Este y el Plan General del Oeste, que era, claro está, Torremolinos. Y aquel era un plan independiente del de Málaga, aunque se llevaba desde Málaga. La precaria capacidad de gestión del servicio de arquitectura y urbanismo del ayuntamiento hacía muy difícil gestionar todo aquello, porque en Torremolinos se invertía y se construía muchísimo y había poco control.

Con los años fue creciendo un movimiento pro autonomía. Había una contestación muy fuerte al Ayuntamiento de Málaga, lo cual era razonable, porque Torremolinos ya era una ciudad. Había un malestar constante. Se empezó a tramitar el expediente administrativo de la segregación y, al final, el ayuntamiento y la ciudad la aceptaron.

Para la ciudad de Málaga la segregación fue un poco traumática, pero se asumió bien. En aquel momento se produjo la psicosis de que la ciudad se había quedado sin hoteles, sin sector turístico. Lo cierto es que todo el turismo que llegaba al aeropuerto se iba para la costa y no entraba en la ciudad. De hecho, se hizo una revisión del Plan General y se empezaron a contemplar zonas turísticas para favorecer el uso hotelero; sin embargo, nadie invertía en hoteles en Málaga, ni siquiera regalándole el suelo. Ahora, en cambio, hay un hotel en cada esquina. ¡Cómo son las cosas! En aquel momento era impensable que Málaga se convirtiera en un centro de turismo urbano como el que es hoy.

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