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Monográfico | DANA

El riesgo en Andalucía está identificado y requiere actuaciones

Caminos Andalucía prioriza ocho presas en la comunidad

Juan Manuel Medina Torres

Decano de la Demarcación de Andalucía, Ceuta y Melilla del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos

Tanque de tormentas en Tomares (Sevilla).

La mitad de las 437 Áreas de Riesgo Potencial Significativo de Inundación (ARPSI) identificadas en Andalucía se concentran en las Cuencas Mediterráneas Andaluzas. El riesgo está medido y las actuaciones para minimizarlo identificadas, pero se requiere decisión política, inversión y la materialización de infraestructuras que llevan más de veinte años esperando en los cajones de las administraciones.

Desmigar las causas, consecuencias y soluciones en torno a la DANA en Andalucía precisa, en este umbral de entrada, de una visión de conjunto con relación a la gestión hídrica y sus características pluviométricas y orográficas. La comunidad está dividida principalmente en cuatro cuencas, de las que el 60% están bajo el control de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), de dependencia estatal, y el 30% son cuencas intracomunitarias, bajo la competencia de la Junta de Andalucía: Cuencas Mediterráneas Andaluzas (CMA), Guadalete-Barbate y Tinto-Odiel-Piedras. El 10% restante pertenece a las cuencas del Segura y del Guadiana, ambas de competencia estatal.

Entre las cuencas de la vertiente Atlántica (Guadalquivir, Tinto-Odiel-Piedras y Guadalete-Barbate) y las Cuencas Medite-rráneas Andaluzas existen diferencias esenciales de orografía y pluviometría. Estas particularidades inciden en los niveles de riesgo y en la probabilidad de que se sucedan situaciones de emergencia. La climatología en las Cuencas Mediterráneas Andaluzas presenta episodios de «gota fría» parecidos a los de Valencia. Este hecho, sumado a que los ríos o ramblas tienen una elevada pendiente, las cuencas presentan poca vegetación y las zonas de costa están densamente pobladas — con una alta ocupación de zonas inundables y cauces—, crea una ecuación de riesgo que debemos atender y priorizar. De hecho, de las 437 ARPSI identificadas en las cuatro demarcaciones de Andalucía, la mitad se sitúa en las CMA.

Las Cuencas Mediterráneas Andaluzas (20 010 km2) tienen cerca del 30% de la superficie regulada y disponen de 14 embalses principales. En ellas se identifican 160 ARPSI de naturaleza fluvial, que afectan a un total de 806 km de cauces. De ahí, hay cuatro puntos recogidos en el PGRI (Plan de Gestión del Riesgo de Inundación) como de peligrosidad muy alta, y valores de riesgo también muy alto o casi extremo: el río Guadalhorce, desde el pie de la presa de la Encantada hasta la confluencia con el río Campanillas; el río Guadiaro, desde San Martín del Tesorillo hasta la desembocadura; el río Fuengirola; y el río Andarax, desde Santa Fe de Mondújar hasta Pechina. Además, hay otros cinco puntos que, aún con valores medios de peligrosidad, destacan por niveles de riesgo alto: los ríos Guadarranque, Palmones, Vélez, Verde y Andarax desde aguas abajo de Pechina; hay, además, otros dos que comparten valores muy altos de peligrosidad con valores medios de riesgo: el Guadalhorce, desde Villanueva del Rosario a Bobadilla, y el barranco de Carcauz. Además, hay otras 66 ARPSI de origen costero.

La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (57 000 km2) tiene regulado casi el 50% de la cuenca con 49 embalses. La precipitación total anual está en una media de 581.6 mm, con un máximo de 982.34 mm. En ella se identifican 128 ARPSI en 1082 km de cauces y tres zonas costeras (Matalascañas, Sanlúcar de Barrameda y la desembocadura del Guadalquivir). Para un periodo de retorno de 500 años, se estima que los habitantes en zonas inundables superarán el medio millón. El 85% de la población afectada se concentra en 5 ARPSI de la zona baja del Guadalquivir, entre Córdoba y Sevilla, principalmente en esta última, donde se ubica el 60%.

Cuencas hidrográficas de Andalucía
Fuente: Elaboración propia.

En la Demarcación del Guadalate-Barbate (5900 km2 y 10 presas) se identifican 48 ARPSI: 30 de origen fluvial y 18 costeras. Hay cuatro puntos recogidos en el PGRI con una peligrosidad muy alta y valores de riesgo también muy alto o casi extremo: el río Guadalete, desde Arcos hasta Jerez y desde Jerez hasta la desembocadura; y los tramos bajos de los ríos Iro y Barbate. Además, dos zonas presentan niveles altos de peligrosidad y riesgo: el río Ubrique y el Almodóvar.

En la Demarcación del Tinto-Odiel- Piedras hay identificadas 6 ARPSI de origen costero y 29 ARPSI de origen fluvial. La más problemática, con diferencia, es la del río Odiel, desde Gibraleón hasta la desembocadura, con valores extremos de peligrosidad y riesgo. Con elevada peligrosidad y riesgo significativo están el río Piedras, por aguas debajo de la presa; y el río Tinto, desde San Juan del Puerto hasta la desembocadura.

Valoración y medidas

Los datos anteriores son públicos y están estudiados con detalle en los Planes de Gestión del Riesgo de Inundación, actualizados en 2023, que recogen además todas las actuaciones necesarias para proteger las zonas sensibles. El problema es que nadie pone los fondos que se requieren para materializarlos. A esto hay que sumarle los planes de cuencas y, por supuesto, el Plan Hidrológico Nacional, aprobado por ley vigente desde 2001 y cuya última modificación está fechada en 2005. Llevamos 20 años mirando para otro lado y se requiere urgentemente una revisión. En lo que se refiere a infraestructuras hidráulicas, disponemos de la planificación más completa y consensuada de la historia; sin embargo, no se ejecuta.

Debemos reconocer que en los últimos cinco años en Andalucía tenemos una tendencia creciente en inversión. Los índices son exponencialmente superiores a años anteriores gracias a la movilización de fondos europeos y a que se ejecuta en un 100% los recursos que se recaudan con el canon del agua. Con todo, pese a que la línea sube, sigue siendo totalmente insuficiente. Las inversiones previstas en los planes de cuencas no se están cumpliendo, los porcentajes de ejecución son irrisorios y, a este ritmo, todo apunta a que volverán a incumplirse los plazos establecidos. No hay margen real para llevar a cabo las actuaciones recogidas como prioritarias que darían respuesta a muchas de las preocupaciones actuales.

Hablamos de obras muy costosas, impopulares por sus afectaciones medioambientales en la mayoría de los casos —por tanto, con una ingente tramitación burocrática— y que, por su magnitud y tiempos de ejecución, reducen la probabilidad de rédito político de quien las impulsa. Pese a ello, son actuaciones totalmente necesarias y salvan vidas. Podemos demostrarlo: un estudio de este mismo año de la CHG valora los «daños evitados y la población protegida» durante la borrasca Nelson. En ese momento, los embalses se encontraban al 30% de su capacidad. Esta situación de sequía previa, similar al escenario en el que sucedió la última DANA, permitió retener el agua, evitando desembalses y el peligroso incremento del caudal de los ríos saturados. Si no existieran las actuales presas, el caudal punta que hubiera pasado por el río Guadalquivir entre Mengíbar y su desembocadura hubiera sido equivalente al de 100 y 400 años de periodo de retorno, dependiendo del tramo. ¿Qué sucedió realmente?

  • El periodo de retorno de los caudales reales registrados alcanzó valores mínimos.
  • El volumen embalsado se incrementó en 1236 hm3, lo que supone más de 15 puntos porcentuales en los recursos embalsados respecto a la capacidad de embalse.

Los daños evitados por el efecto de la laminación de las presas se han calculado en 6161 millones en la actividad económica, y la población protegida se estima en torno a las 39 300 personas.

Evidenciada así la necesidad, utilidad y rentabilidad de estas infraestructuras, ponemos el foco sobre aquellas que son prioritarias en Andalucía. En nuestra comunidad consideramos necesarias ocho presas, de las cuales tres son fundamentales no solo por su uso para embalsar recursos, sino por su utilidad en caso de avenidas:

  • Presa de San Calixto, entre Écija y Palma del Río (Sevilla). El Gobierno concluyó en junio el pliego de bases previo a la licitación de este proyecto, demandado desde hace más de veinte años, y el estudio de coste-beneficio realizado por el Ejecutivo para ver la viabilidad de la solución ha sido favorable.
  • Presa de Alcolea (Huelva). Con una ejecución al 23%, lleva abandonada desde hace más de ocho años. Es otra presa que lleva veinte años pendientes. Nació para evitar inundaciones por riesgo de riadas en el Odiel y, de hecho, habría reducido considerablemente el miedo en Gibraleón durante las pasadas lluvias. Está asumida como una inversión estratégica por parte del Gobierno central y de la Junta de Andalucía, y así se recoge en el Plan Hidrológico de la Cuenca Tinto-Odiel-Piedras.
  • Presa de Cerro Blanco (Málaga). Aún sin proyecto y arrastrando años de retraso, se proyectó en los años 80. Regula el río Grande, afluente del Guadalhorce. Una obra declarada de interés general del Estado, que aportaría agua de calidad y reduciría el riesgo de inundación en la capital.
Número de habitantes estimados en zonas inundables por municipios
Fuente: Elaboración propia.

En el siguiente escalón se situarían la presa de Gibralmedina, la Cerrada de la Puerta, la de La Coronada, Pedro Arco y Corunjoso, así como el recrecimiento del río Agrio y el de la Concepción. Esto sin entrar en los encauzamientos, insuficientes en muchas zonas, con especial atención a los desarrollos urbanísticos y edificaciones sobre cauces vivos o zonas inundables. Por destacar alguno, el encauzamiento del río Cubillas, en Valderrubio; y, en la zona de Málaga, es esencial el encauzamiento del río Campanillas así como completar la presa de Cerro Blanco. En cuanto a desvíos de cauces, entendemos que no existe ninguno urgente en Andalucía, aunque Sevilla es un ejemplo histórico de su buen funcionamiento. Otro elemento interesante que ha demostrado su utilidad son los tanques de tormenta, y todavía faltan muchos: reducen los niveles de inundación en las zonas urbanas y evitan daños en las depuradoras. La conservación permanente de los cauces y de las canalizaciones es una asignatura prioritaria, así como modificar y actualizar los índices de seguridad para nuestras infraestructuras, y modernizar y adaptar las existentes a los nuevos valores provocados por el cambio climático.

Consecuencias y balance

Es cierto que, en el último episodio de DANA, las consecuencias en Andalucía distan mucho de las vividas en Valencia. En Andalucía, los índices oscilaron entre los 100 y los 150 litros por metro cuadrado en doce horas en distintas zonas. La zona con mayores incidencias se concentró en las Cuencas Mediterráneas Andaluzas, principalmente en Málaga y, dentro de la cuenca del Guadalquivir, en Guadix. El Guadalmedina se desbordó en Casabermeja, así como el río Vélez; el río Campanillas estuvo a punto y el Benamargosa llegó a su máximo nivel histórico. Aquí confluyen condiciones que acentúan el riesgo con la ausencia de algunas actuaciones clave necesarias. Resulta complicado cuantificar qué habría sucedido en nuestra comunidad con los índices caídos de Valencia, pero lo que sí podemos afirmar tras la situación vivida es que el comportamiento de nuestras infraestructuras, a nivel general, fue óptimo.

Imagen de los trabajos de construción de la Presa de Alcolea (Huelva).

Uno de nuestros puntos fuertes son los sistemas de monitoreo en cuencas y redes fluviales, principalmente en el Guadalquivir, que dispone de 3000 sensores y 439 puntos de control, y recibe 8000 señales por minuto. Esta elevada tecnificación, combinada con los avances en la predicción meteorológica, ha mejorado la capacidad de respuesta: permite anticiparse a las crecidas y activar los protocolos de emergencia con mayor celeridad. El Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) gestiona avisos hidrológicos en tiempo real y, en momentos de riesgo, se activan los equipos de guardia que están vigilantes 24 horas y que comunican al minuto a los servicios de emergencia los cambios en los cauces y la evolución de las crecidas. El siguiente paso es poner atención a las medidas no estructurales del sistema: una mayor cultura de la prevención y una mejora de la coordinación y de la gestión de inundaciones y emergencias. La preocupación debe centrarse también en el efecto del cambio climático, que está radicalizando y acelerando los fenómenos meteorológicos extremos e imprevistos. Es preciso, como apuntábamos antes, modificar y actualizar los índices de seguridad para nuestras infraestructuras, modernizar y adaptar las existentes y, siempre, conservar y mantener.

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