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Extraordinario | Julio Martínez Calzón

Julio Martínez Calzón en el Grupo TYPSA

José Luis Sánchez Jiménez

Director del Departamento de Estructuras de TYPSA.

La última etapa profesional de Julio Martínez Calzón se inicia con la integración de MC2 en el Grupo TYPSA. Cabría suponer que el paso de ser una empresa especializada independiente a encontrarse integrada en una consultora multidisciplinar de gran tamaño podría haber implicado un gran reto, con el giro a la orientación cultivada por Julio durante tantos años.

Sin embargo, la integración resultó desde el primer momento algo natural y no implicó grandes distorsiones, manteniendo MC2 su carácter distintivo y su funcionamiento autónomo, al tiempo que adoptaba las inercias propias del grupo internacional. Merece la pena una reflexión sobre las razones que subyacen en este apacible proceso de unificación porque reflejan cualidades de Julio que imprimió en el ADN de su empresa.

En primer lugar, es importante destacar que, de los grandes ingenieros de su generación, Julio ha sido uno de los que más, y de forma más explícita, ha apostado y argumentado sobre la necesidad de hacer proyectos integrados, donde la aportación de cada especialista es una pieza indispensable pero complementaria en el intrincado proceso del diseño. A pesar de su marcado carácter polifacético, amante de las artes, de la filosofía y de las ciencias, y de su permanente búsqueda del conocimiento de cualquier disciplina, Julio primaba la colaboración frente a la actividad del ingeniero aislado; el diseño en equipo frente al gurú. Aunque eso implicase ceder el protagonismo y el liderazgo del proceso creativo.

Esta actitud se evidencia especialmente en su relación con grandes arquitectos, una aproximación que dio lugar a grandes obras y que le provocó no pocas satisfacciones. Cabe reproducir a continuación un extracto de su obra Puentes, estructuras, actitudes [Turner 2006, pág. 193-194]:

La finalidad, creo, consiste en alcanzar, con la máxima eficacia de los recursos técnicos —resistencia, ligereza, economía, proceso, etc.—, aquellos aspectos que el arquitecto demande para su obra: levedad, fuerza, transparencia, proporción, ajuste y tantos otros más que permiten que el diálogo arquitectura-ingeniería sea perfecto. Hay para ello que situarse en totalidad, y decididamente, hacia el sentido que dicho arquitecto señale, como si se tratara de lo que un director de orquesta reclama de sus instrumentistas. Se debe actuar como el intérprete perfecto; se ha de lograr la nota sublime en su momento, con el tempo que el director marca; de ello depende el resultado. La arquitectura final, la música, puede ser mejor o peor, y tal es el papel del arquitecto, pero la interpretación ha de ser cabal y exacta.

Existe una falsa interpretación de la dialéctica que se produce entre la arquitectura y la estructura. En un seminario acerca de lo visible y lo invisible de la estructura en la arquitectura, pude demostrar que no existe una disposición fiel y unívoca, o un plan preciso acerca de cómo debe ser la expresión final de dicha colaboración; sino que el papel de la estructura debe ser el que el arquitecto marque: desde la conceptual y contributiva a la esencia fundamental del edificio, apareciendo luego en todo su esplendor hacia el exterior, o desapareciendo por completo, a voluntad del arquitecto, para convertirse en un mero conjunto óseo, totalmente recubierto por la piel para constituir el más perfecto o el más horrible rostro. Son válidas todas las posibilidades de relación, pero ello no garantiza ni la validez de la estructura ni la de la arquitectura que se integran en un edificio.

La clave de la cuestión respecto al papel de la ingeniería estructural en la arquitectura, el que claramente me ha interesado asumir en los edificios y con los arquitectos con los que he tenido la oportunidad de trabajar, está en alcanzar plenamente la idea que éstos persiguen.

[…] Se puede ser un creador profundo aunque invisible. Para ello debe aceptarse con total honestidad el papel de servidor, casi esclavo, de una gran arquitectura; porque siempre se puede conseguir una aportación en la estructura que cualifique realmente la obra en su conjunto.

Pila del puente de Granadilla (Santa Cruz de Tenerife, España).

Este planteamiento, profundamente generoso en favor de la obra arquitectónica globalmente considerada, refleja la admiración intelectual hacia la figura del gran arquitecto creador —director de orquesta—, como integrador de las colaboraciones de los especialistas para maximizar la riqueza formal, filosófica y estética de la obra final.

Es una concepción que engrana a la perfección con la tendencia imparable de la consultoría de ingeniería a nivel internacional de grandes empresas, que antepone el trabajo multidisciplinar de equipos integrados frente al ingeniero–autor. Aunque la reflexión de Julio se centra en la obra de arquitectura, es fácil extrapolar sus conclusiones a cualquier obra de ingeniería. La obra final como objeto de la creación, máxime cuando es una obra pública que contribuye al bienestar y progreso de sus usuarios, que permanece y puede aportar belleza y utilidad al entorno y a la sociedad que lo disfruta, se transforma en el centro y verdadera protagonista del proceso arquitectónico e ingenieril, superando trasnochados personalismos.

Esta lección es un importante legado para todo el sector de la ingeniería. Siguiendo la analogía tan querida de Julio, solo cuando el proyecto de ingeniería resulta como un proceso integrado de aportaciones armónicas —como en una gran orquesta con intérpretes que buscan la excelencia y exactitud de su interpretación, pero siempre con el objetivo prioritario e irrenunciable de la perfección del conjunto de la melodía—, se dará verdadero servicio a la sociedad. El éxito, y el reto, de las grandes empresas multidisciplinares es conseguir este objetivo.

Otra de las líneas argumentales que aparece de forma recurrente en el pensamiento de Julio Martínez Calzón es la integración del procedimiento constructivo en el proceso de diseño ingenieril. Julio aprecia especialmente lo que él denomina «estructuras autogenerativas», como referencia a aquellos procesos que permiten evolucionar sistemas resistentes iniciales en sucesivas etapas autoportantes, generando evolutivamente la estructura final, como «la apertura de una hermosa flor». Julio es sensible a la belleza de la dinámica de crecimiento, aspecto que en su experiencia no era frecuentemente percibida por el arquitecto, centrado en el estado final de la obra; es un pensamiento que repite tanto para obras de puentes como de arquitectura. Priorizar el sistema constructivo durante la fase de concepción de la estructura marca en gran medida el proceso creativo, y conduce generalmente a soluciones coherentes, bien concebidas y altamente eficientes.

Esta aproximación permitió históricamente a MC2 y a Julio establecer estrechas colaboraciones con empresas constructoras con las que desarrolló importantes obras. También le empujó a explorar sistemas industrializados, en especial, las posibilidades de la prefabricación, incorporando soluciones integradas de gran éxito. Este carácter, transmitido a MC2, se mantiene en el tiempo y se potencia también en esta fase de su empresa integrada en un grupo internacional.

Nuevamente esta actitud refleja un concepto muy moderno de la ingeniería, en el que no puede desligarse una obra del modo en que va a ser construida, de los sistemas a emplear y de las fases temporales sobre las que evoluciona. La colaboración entre las empresas constructoras y las de ingeniería surge así de manera natural, más que necesaria: es imprescindible en la consecución del objetivo real de la inversión, que es el servicio a la sociedad. Cuando se prioriza el beneficio propio de las empresas constructoras o de ingeniería con enfrentamientos miopes, el perjuicio acaba en la obra y en sus destinatarios. Este es otro importante legado de las actitudes de Julio Martínez Calzón que conviene tener presente ahora y en el futuro.

Por último, otro de los ejes rectores en el proceso creativo de la ingeniería de Julio Martínez Calzón que se quiere destacar aquí es el foco puesto en el comportamiento estructural de cada elemento del sistema global, haciéndose énfasis en las propiedades intrínsecas de cada material. La profunda comprensión del fenómeno resistente le permite proponer soluciones muy optimizadas aprovechando al máximo las oportunidades al alcance del ingeniero. Son muy conocidas sus aportaciones en estructuras mixtas y la doble acción mixta, por ejemplo; pero puede considerarse una actitud radical, esto es, en la raíz de sus planteamientos, y que se aplica a cada actuación en la que se involucra, ya sea grande o pequeña, de obra nueva o en reparaciones y rehabilitaciones. Es así como debe entenderse su concepción de estructuras estrictas, la búsqueda de mecanismos simples pero efectivos, y las propuestas de aprovechamiento de las estructuras existentes, como en las ampliaciones de luces de pasos superiores en los ensanches de autovías y autopistas en las que se evita la demolición de la obra existente.

También esta línea de trabajo, tan característica de Julio, encaja perfectamente en las directrices de diseño sostenible y en el planteamiento de los objetivos ODS, prioritarios en la ingeniería actual. Los planteamientos rigurosos en la ingeniería, desde siempre, manejan recursos escasos para dar el mejor servicio posible a la sociedad, preservando el medioambiente. Bien entendidos, compatibilizan del desarrollo de las poblaciones menos favorecidas y el bienestar de la sociedad, al tiempo que garantizan el futuro del planeta. El abuso irreflexivo en el consumo de materiales y energía junto con la emisión incontrolada de contaminantes son los enemigos a abatir.

De arriba a abajo, Ejemplo de megaestructura espacial mixta. Edificio Orona Cero (Hernani, Guipúzcoa). ©MC2 Proyecto de ejecución de la rehabilitación de la pasarela de El Cabo sobre el barranco de Santos. (Santa Cruz de Tenerife, España).

Se han querido destacar aquí tres ejes vertebradores del carácter de Julio Martínez Calzón forjados a lo largo de toda su vida y que también formaron parte de las aportaciones de su última etapa profesional en la que se incorporó al Grupo TYPSA. Son lecciones que han quedado impresas en MC2 y que enriquecen extraordinariamente no solo a TYPSA, sino al conjunto de la ingeniería española. En cierto modo, estas actitudes caracterizan en buena medida la escuela española de hacer ingeniería, con grandes frutos en las últimas décadas. Este es el legado de Julio Martínez Calzón.

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