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Extraordinario | Julio Martínez Calzón
Julio me enseñó a mirar los puentes
José Manuel Ballester
Premio Nacional de Fotografía 2010.
Conocí a Julio a través de su hija Lorena ya hace muchos años. Nos encontrábamos a menudo en ferias de arte y en múltiples actos culturales, y él siempre mostraba un gran interés y entusiasmo por el arte en todas sus facetas. Aunque el mundo por el que ha sido más conocido y en el que fue un gran profesional de merecido prestigio, fue la ingeniería, siempre estuvo muy próximo al arte.
Un día tuve el privilegio de hacer un viaje con él para visitar una de las obras que estaba llevando a cabo. Se trataba de un puente, concretamente, del puente de la Autovía del Cantábrico, sobre el río Nalón, que se encontraba en un proceso de construcción bastante avanzado. Durante el viaje hasta ahí, mientras paseábamos por la obra y en el restaurante donde comimos, en todo momento, él me estuvo contando y se esforzó por explicarme los secretos que esconde un puente de estas características.
A la vez, con ello me reveló la esencia de toda ingeniería, que consiste en resolver problemas a través del ingenio, el conocimiento y la destreza. Un oficio que, mediante complejas fórmulas matemáticas, convierte las ideas en dibujos mágicos y poderosos, llenos de creatividad y belleza. Ese era el día a día de una persona como Julio: unir ciencia y belleza.
Antes de la pandemia hablamos del proyecto que él tenía en marcha sobre China. Julio sabía que yo tenía muchos trabajos sobre ese inmenso país y quería verlos y, de paso, contarme lo que estaba haciendo con vistas a una publicación. Fueron pasando los días de la pandemia, los meses, e incluso algunos años, y no encontramos el momento.
Me imagino la de proyectos que dejó sin concluir. A pesar de la gran tristeza que me produjo su marcha, ahora, cada vez que atravieso un puente, me viene a la cabeza su recuerdo y la sonrisa eterna que siempre llevaba consigo.