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La Clave | El diseño en la obra pública 3

La belleza del diseño multidisciplinar

Carlos Muriel Vázquez

Arquitecto.

Director del TYPSA Design Lab. División de Arquitectura y Ciudades. Técnica y Proyectos, S.A. (TYPSA).

Propuesta de vivienda industrializada de alquiler accesible.

Todo lo artificial que nos rodea está diseñado por el ser humano. Desde las ciudades donde vivimos a los medios de transporte que utilizamos, la ropa que vestimos, o el chupete que le damos a un bebé. Podríamos decir que nuestra vida está totalmente marcada por el diseño.

Valorar el éxito o fracaso de un diseño puede ser subjetivo, aunque se intente valorar con parámetros más o menos objetivos, como pueden ser su funcionalidad, adaptabilidad, sostenibilidad, constructibilidad, usabilidad, coste y, por supuesto, su belleza.

Quizás este último parámetro sea el más subjetivo de todos los que existen, ya que ¿cuándo podemos considerar que un diseño es bello?

Está demostrado que el cerebro humano es capaz de asimilar que un rostro es atractivo cuando lo puede descomponer en geometrías simples que se integran de forma armónica entre ellas. Con los espacios arquitectónicos ocurre lo mismo; cuando un lugar nos parece seductor, cómodo y confortable, no deja de ser porque, de manera imperceptible, nuestro cerebro es capaz de percibir el espacio de una manera clara y armónica. Sin embargo, esto no quiere decir que haya que tender a crear espacios totalmente simétricos y anodinos para que se perciban como bellos.

Nissan lanzó hace algún tiempo una serie de anuncios en los que se hacía un montaje fotográfico con rostros de personas a los que se les había practicado una simetría. El resultado eran unos rostros que, aunque simétricos, parecían totalmente desfigurados. Esto demuestra que la armonía no solo reside en la simetría perfecta de los elementos, sino en una serie de factores más complejos y no perceptibles a primera vista.

Cada persona percibe el mundo de manera diferente, y lo que para alguien puede ser una maravilla para otro puede ser algo carente de cualquier interés. El sentido del buen gusto es algo muy particular que depende del contexto y la cultura en la que hayamos vivido.

El equilibrio perfecto entre arte y técnica puede convertir cualquier objeto, vehículo, edificio o infraestructura en un diseño de culto atemporal más allá de las modas. El Partenón de Atenas, la torre Eiffel, la ópera de Sídney, el Ferrari Testarossa o el IPhone de Apple son ejemplo de ello y además son todos el resultado del trabajo de un equipo multidisciplinar tremendamente talentoso y colaborando al unísono con un mismo objetivo: crear algo único.

Steve Jobs estaba tan obsesionado con el diseño perfecto del iPhone que quería incluso que las partes que no se vieran de sus ordenadores —como la placa base o el revestimiento interior del armazón— tuvieran un diseño impecable. El cofundador de Apple heredó este perfeccionismo de su padre, que era restaurador de muebles y coches. Paul Jobs inculcó a su hijo el placer de crear un objeto en el que hasta el más mínimo detalle está pensado y cuidado. El joven Jobs aprendió una valiosa lección el día en que su padre, que estaba haciendo un mueble de madera para su casa, le indicó la importancia de la trasera del mueble, para la cual, aunque prácticamente nunca se vería, era necesario utilizar una madera de la misma calidad que el resto para que el diseño fuese perfecto. Nunca olvidó esta lección, y la aplicó siempre en los productos de Apple.

En arquitectura y diseño urbano nos encontramos con que definir lo bello es una tarea muy complicada ya que lo bello pasa también por ser algo funcional, resultado del cruce entre las humanidades y la tecnología.

El grado de sofisticación técnica requerida por las numerosas normativas y regulaciones a nivel local, estatal y europeo ha hecho que cualquier proyecto que se desarrolla en la actualidad sea infinitamente más complejo que lo que hubiera podido suceder hace tan solo diez años, y esta complejidad no deja de aumentar. Es por esta razón que actualmente es muy difícil que una sola persona, o incluso un pequeño grupo de personas, sea capaz de albergar todo el conocimiento necesario para dar respuesta a los desafíos proyectuales presentes. De ahí la importancia de rodearse de un equipo multidisciplinar que pueda aglutinar el suficiente conocimiento para dar respuesta a los múltiples desafíos actuales y futuros que un proyecto puede tener. En un equipo eficiente debería haber perfiles técnicos que puedan resolver los desafíos de un proyecto y perfiles creativos que puedan liderar la visión del mismo.

Banco lineal continuo de Breinco diseñado en hormigón.
Pavimento solar, apuesta por la autogeneración y el autoconsumo, para un futuro más sostenible.
Nodo Lúdico de juegos, espacio revestido de caucho que se dobla y se ondula.

En la Antigüedad, los perfiles del ingeniero y del arquitecto coincidían en una misma persona. Quizá no fue hasta la época helenística cuando empezó a surgir la figura del arquitecto por sí sola. Es en la antigua Grecia cuando empezó a prestarse especial atención a elementos más ornamentales que escapaban del mero cálculo de estructuras con el que se conseguía que los edificios no cayeran. Es en este momento de la historia cuando aparece por primera vez el concepto de «estilo» en la arquitectura, con el dórico, el jónico y el corintio de las columnas de los templos. Siglos después, en el Imperio romano, las figuras del ingeniero y del arquitecto seguían encontrándose en un mismo individuo. Y es en esta época cuando se avanza más en el campo de la ingeniería. Los acueductos, teatros y estadios que aun hoy se conservan son el mejor testimonio del buen hacer de la época. Impresionantes estructuras lograron levantarse sin el empleo de hormigón armado, ni mucho menos de acero, que por entonces no existía.

Un punto clave de la historia de la arquitectura es, sin duda, el gótico. El gótico evoluciona a partir del románico, periodo en el que las iglesias eran bastante toscas porque se empleaban estructuras densas y pesadas para mantener en pie edificios que empezaban a ser de talla importante. Es en el gótico cuando el arquitecto intenta hacer las estructuras más eficaces y esbeltas con el objetivo de poder llevar más luz al interior de las catedrales.

Los diseñadores que formamos parte de un equipo multidisciplinar tenemos la gran suerte de poder interactuar con todas las disciplinas de manera directa, fomentando en todo momento el debate, la mejora y la evolución de las ideas. Esta manera de trabajar como equipo perfectamente engranado hace que no solo el diseño se desarrolle de manera muy eficiente, esto es, sin focalizarse en un parámetro específico del proyecto, sino que se aborda el proyecto desde una perspectiva holística por completo. Tan solo hay un único objetivo común: desarrollar la mejor propuesta posible dentro de las restricciones lógicas impuestas por las regulaciones y normativas, el presupuesto, el programa, o los criterios de sostenibilidad. Poder tener acceso directo a todos los expertos necesarios en el desarrollo de un proyecto es algo excepcional y tremendamente enriquecedor para el proceso creativo.

También es importante resaltar el valor de tener un equipo internacional de profesionales en un mundo cada vez más globalizado. Este valor es doble: primero, porque las experiencias y desafíos puntuales en un lugar casi siempre son habituales en otra parte del planeta. Por lo tanto, enfrentarse a estos desafíos puntuales con el conocimiento de un equipo habituado en su día a día a resolver problemas parecidos es una enorme ventaja frente a los equipos que tienen una experiencia exclusivamente local. El segundo elemento de valor es el poder trabajar en un ciclo de 24 horas, algo que se ha facilitado mucho con las herramientas de teletrabajo que ya son utilizadas de forma generalizada por todos. Sin duda, es un factor único de competitividad en aquellos proyectos que tienen unos tiempos de desarrollo extremadamente justos. No solo por lo evidente de poder tener un ritmo de trabajo continuo, sin interrupciones, sin que ello afecte al bienestar de los trabajadores, sino también por el hecho de tener acceso a un proceso creativo, siempre fresco y valorado desde puntos de vista diferentes, enriqueciendo de manera continua la labor de desarrollo de un proyecto. Ser capaz de hacer más, probar más y estudiar más en profundidad en un tiempo de proyecto más corto de lo habitual.

En un mundo perfecto, lineal, sin fisuras y pragmático, pareciera que tuviésemos la clave del éxito. Sin embargo, para aspirar a ese producto, espacio, o edificio perfecto es fundamental la belleza. Y, como hemos visto antes, esto es tremendamente subjetivo a la vez que fascinante. Como ejemplo, un puente que hemos diseñado hace poco.

En su acepción más sencilla, un puente no es más que la unión más directa entre dos puntos que de otra manera no podrían estar conectados. Desde el pragmatismo, si fuésemos a diseñar un puente, plantearíamos la estructura más sencilla y económicamente eficiente que pudiese trasladarnos desde el punto A al B. ¿Cuántos cientos de puentes nos rodean y atravesamos diariamente sin que nos percatemos lo más mínimo de ello? ¿Cuántos de esos puentes, más allá de ofrecer una conexión que previamente no existía, aportan además un valor urbano y de experiencia de calidad del usuario?

Diseño de una pasarela peatonal realizado por TYPSA Design Lab

Esta pregunta inició nuestro proceso creativo para diseñar una pasarela peatonal en la que nuestro punto de partida fue que un puente se convirtiera en algo que fuese más allá de una mera conexión. La intención era mejorar la experiencia del usuario, ofreciendo vistas que no eran accesibles hasta ese momento, y además hacer que la forma y los materiales empleados contasen una historia relevante al lugar. En este caso, una estructura inspirada en un sistema de celosía cuajada, a veces llamado también diagrid, tradicionalmente usado en los primeros puentes ferroviarios, compuesto por múltiples elementos diagonales de pequeña entidad colocados en dos familias, cada una con una orientación, formando una superficie semicontinua que permite a la vez dar una gran rigidez vertical y crear visualmente una superficie semipermeable.

Transversalmente, la pasarela tiene una sección abierta en forma de C que varía a lo largo de su longitud. La parte superior de la sección genera una cubierta para el paso de los peatones, a la vez que también aporta rigidez longitudinal a la propia estructura. La parte inferior se completa con una losa de hormigón que proporciona rigidez transversal y controla la distorsión de la sección abierta de la pasarela.

Así mismo, la sostenibilidad medioambiental y social tienen mucho peso en nuestra idea de proyecto. Por ejemplo, reduciendo la huella de carbono con el uso de materiales de fabricación local, así como maximizando el empleo de elementos prefabricados. Se garantiza la seguridad dentro de la pasarela asegurando una visión ininterrumpida desde el exterior del puente al interior, empleando una paleta de materiales y colores agradables y luminosos, así como proponiendo una correcta iluminación nocturna, y segregando la circulación de bicicletas y peatones.

Otro ejemplo, esta vez a nivel urbano, fue nuestra propuesta para peatonalizar la Gran Vía de Barcelona en su conexión con la plaza de Glorias, donde nuestra aproximación al proyecto fue, de nuevo, ir más allá de conectar de manera inmediata los puntos A y B. En este caso entendimos la oportunidad de leer la calle como un tránsito y disfrute de la actividad de caminar y no como una vía rápida para el peatón. Concebimos una experiencia sensorial a través de la vegetación propuesta que acompaña al viandante con policromías y aromaterapia de plantas y flores. Además, ese espacio de tránsito se salpica de múltiples espacios de actividades al exterior como calistenia, zonas de exposición, auditorio, zona de restauración y zonas de juegos infantiles.

Propuesta de viales y recorridos para la peatonalización de la Gran Vía de Les Corts Catalanes (Barcelona)

Conseguir que un lugar de paso se convierta en un lugar de estancia no es fácil. Sin duda, los servicios y actividades que se ofrecen son de suma importancia, pero tanto más lo son los caminos que animen a las personas a ir a este nuevo lugar. Abordamos nuestra propuesta para la transformación de la Gran Vía como una gran artería de conexión a Glorias que se vertebra alrededor de la experiencia del peatón, pero sin dejar de lado la funcionalidad de los medios de transporte más tradicionales.

Nuestro camino nace de manera orgánica, conectando nuevos puntos de interés de dinamización socioeconómica y cultural, generando llenos programáticos y vacíos estanciales.

La propuesta quiere cambiar las reglas del juego ayudando a crear una ciudad más justa, saludable, inclusiva, diversa y productiva enfatizando la idea de un espacio público como infraestructura ambiental y pretende también aportar una visión ecosistémica con capacidad de resiliencia.

Nuestra idea de proyecto es un nuevo corredor verde en la ciudad, transformando una zona muy importante de la Gran Vía y dando continuidad al parque de Canòpia, potenciando la conectividad, conservando y mejorando la infraestructura verde y la diversidad biológica.

La vegetación tiene que actuar como un refugio climático, tanto en cuanto al amortiguamiento del incremento de las temperaturas debidas al cambio climático, como a su efecto de protección de la insolación y corrección del efecto isla de calor de la ciudad. El paseo litoral tiene que implementar sombras a gran escala, ya sea con arbolado u otras soluciones basadas en la natura. El arbolado público propuesto será un gran generador de sombra, un gran cenador verde, proponiendo especies que sean de hoja caduca y, por tanto, hagan sombra en verano y no tengan hoja en invierno para favorecer más la entrada de sol a los espacios.

Sombra = verano / Sol = invierno.

Gran Vía de Les Corts Catalanes (Barcelona).

Para que propuestas como el proyecto de la pasarela o la transformación de la Gran Vía de Barcelona salgan adelante es necesaria la involucración de profesionales con diferentes perfiles que no solamente se aproximen al proyecto desde su punto de vista técnico, sino que enriquezcan el proyecto al valorarlo desde una lente distinta a los demás. Como en una orquesta sinfónica, donde siempre es necesaria la labor del director de orquesta, que marca el ritmo y asegura que todos los instrumentos estén acompasados y juntos sean capaces de interpretar una bella melodía sencilla en apariencia, pero con una gran complejidad detrás, así es como debe funcionar un buen equipo multidisciplinar: cada uno de los individuos es consciente de su rol y de su importancia, dejándose guiar por el director del proyecto, que tiene la visión global del conjunto y va alineando y manejando los tiempos para conseguir el resultado deseado. No hay nada más satisfactorio para un equipo de diseño que, después de haber dedicado cientos de horas analizando múltiples opciones, avanzando y retrocediendo con ideas continuamente, construyendo y probando maquetas físicas y virtuales, y haciendo cálculos de todo tipo, el resultado sea observar la elegancia y pureza de un diseño que es aparentemente sencillo, pero que ha conllevado un gran esfuerzo para aunar técnica, visión y creatividad. Esta puede ser una gran descripción de lo que significa belleza y con la que nos sentimos totalmente identificados en TYPSA.

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