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Monográfico | DANA

La restauración de servicios tras la DANA

Y el reto de la restauración de barrancos y llanuras aluviales

José-Vicente Benadero García-Morato

Ingeniero de caminos, canales y puertos. Licenciado en Ciencias Ambientales. Subdirector general de Planificación e Infraestructuras Hidráulicas de la Generalitat Valenciana

© José Luis Santa Isabel

Los efectos de la tragedia vivida en distintos pueblos de España por la DANA del pasado 29 de octubre aún perduran en muchos miles de hogares y empresas, núcleos urbanos y polígonos industriales, parcelas agrícolas, infraestructuras y en el medioambiente. Estos efectos tardarán en borrarse: han puesto a prueba nuestra preparación para afrontar esta clase de eventos y la respuesta ha sido muy insatisfactoria en demasiados aspectos.

Si tenemos en cuenta que la inversión prevista por el Plan de Gestión de Riesgos de Inundación (PGRI) vigente para el ciclo 2022-2027 en toda la demarcación hidrográfica del Júcar es de solo 163,73 M€ (Tabla adjunta), podemos hacernos una idea de lo insuficiente que ha quedado este presupuesto; basta compararlo con la suma de los importes de las medidas de ayuda aprobadas hasta ahora, que son cien veces superiores.

Hay que tener en cuenta que en esta tabla no aparecen datos de inversión en la fase de recuperación, ya que la DANA sucedió con posterioridad a la aprobación del plan y en ese capítulo se consideraba que todos los costes de recuperación de una inundación podrían ser cubiertos por el Consorcio de Compensación de Seguros y la Entidad Estatal de Seguros Agrarios.

Aspectos que han fallado:

  1. Los actuales sistemas automáticos de alerta hidrológica (SAIH) solo proporcionan datos en tiempo real. Es preciso que evolucionen a sistemas de alerta temprana y sistemas de ayuda a la decisión (SAD) aprovechando las posibilidades de la inteligencia artificial.
  2. Es preciso mejorar la coordinación administrativa entre los actores que intervienen en la gestión del riesgo.
Fuente: MITECO.

3. Se ha perdido la percepción del riesgo, y las estrategias de autoprotección por parte de la población son mínimas. Teniendo en cuenta que son las menos costosas y las que salvan más vidas, hay que darles un impulso decidido y deben ser una constante en todas las zonas en riesgo.

4. Han faltado medidas de protección. Falta tiempo para saber cuál va a ser el coste total de la reconstrucción, pero habrá que sumarle el coste de estas medidas, ya que el riesgo es demasiado elevado para no adoptarlas.

Ahora bien, si la reconstrucción se conduce adecuadamente, puede convertirse en una oportunidad para aumentar la resiliencia y garantizar un crecimiento más sólido.

Restauración de servicios básicos dependientes de la ingeniería

En estos momentos solo tiene sentido hacer un breve resumen de la respuesta dada por los ingenieros y muchos otros profesionales y empresas constructoras a fin de lograr el restablecimiento de los servicios básicos. Al menos en esto, podemos decir que no se ha fallado: en líneas generales, la «ingeniería de emergencia» ha funcionado muy bien.

Respecto al abastecimiento de agua potable, a fecha 2 de diciembre solo faltaba por restituir el servicio a 600 personas del municipio de Godelleta. Al área metropolitana de Valencia se le presta este servicio desde dos potabilizadoras que reciben aguas del Júcar y del Turia y que están interconectadas mediante un canal (el Canal Júcar-Turia), lo que da robustez al sistema. No obstante, ha habido muchas roturas en la red de suministro en baja. Se estima una inversión en reparaciones de 140 M€ en baja y de 45 M€ en los canales de suministro en alta.

En saneamiento, inicialmente se vieron afectadas 123 depuradoras, la mayoría por no poder tratar aguas con una carga tan elevada de lodos. A los diez días de la DANA, solo quedaban 25 plantas que no estaban operativas o que solo podían operarse de forma parcial. A fecha de 2 de diciembre quedan 5 EDAR no operativas y 11 que operan parcialmente y ya no se producen vertidos a la Albufera. Un problema importante ha sido la retirada de lodos de los colectores, tarea que aún no ha finalizado. La inversión en reparaciones se estima en 93 M€ por parte de la EPSAR, más 229 M€ en las redes de alcantarillado municipal.

© Albert Valiente

En carreteras, la red estatal se ha reparado en tiempo récord; se han visto afectadas 18 carreteras de la red autonómica y 146 de las redes provincial y local, esto son, 1300 km en total, así como distintas obras de paso en 25 municipios. La estimación de estas inversiones es de 62 M€ en la red autonómica, 54 M€ en las redes provincial y local, y 50 M€ para arreglar obras de paso. Mayores problemas han ocasionado los daños en vías férreas, como el AVE Madrid-Valencia, trenes de cercanías y la red de Metro de Valencia, incluidas las cuatro líneas de tranvía.

El sector agrario ha sido un gran damnificado: se han visto afectadas 40 000 ha de riego por destrozos en caminos, acequias, equipos y redes de distribución. Los costes de la reparación se estiman en más de 100 M€, pero pueden duplicarse porque muchos daños aún no han sido cuantificados.

La inversión necesaria para reponer la seguridad en las presas cuya capacidad se ha visto superada (Forata y Buseo) se estima en 6 M€ y 4 M€, respectivamente.

Las elevadas velocidades y calados del agua y el importante volumen de arrastres han provocado fuertes erosiones en los cauces público y cambios en su morfología, descabezado de taludes, socavamientos y derrumbes o afecciones en las márgenes, tanto en tramos urbanos como no urbanos. Las reparaciones urgentes para garantizar la estabilidad y seguridad supondrán una inversión aproximada de 140 M€. No hay que confundir estas reparaciones con las obras de protección para reducir el riesgo ante futuros eventos.

La reposición de elementos de medida en los sistemas de información (SAIH) se ha valorado en 22 M€.

En la red eléctrica ha sido necesario recuperar una línea de AT, once de MT, cuatro de BT, un centro de transformación y la sustitución de numerosos apoyos.

Más de 15 000 construcciones han sido destruidas o dañadas (viviendas, comercios, oficinas, edificios públicos de todo tipo).

Finalmente, La Albufera de Valencia (imágenes de abajo) donde desembocan algunos de los cauces que han recibido los mayores aportes de agua, también necesita atención urgente para su descontaminación.

Imágenes de La Albufera de Valencia en distintas fechas: Imagen Sentinel 2 del 26/10/2024, Imagen Landsat 8 NASA del 30/10/2024 y Imagen Sentinel 2 del 21/11/2024.

Restauración de barrancos. Hay que conocer el territorio

Más allá de la reposición de bienes y servicios, la pérdida de vidas humanas y los elevados daños justifican sobradamente que, además de adoptar medidas de prevención y preparación, se deban ejecutar con urgencia obras de protección que minimicen el riesgo en el futuro. Este tipo de obras, cuando se han ejecutado, han funcionado bien y tenemos ejemplos destacados: el desvío del cauce del río Turia en su desembocadura —conocido como Plan Sur de Valencia—, que se acabó en 1969 y fue diseñado a raíz de las inundaciones de 1957, y el Plan contra inundaciones de Alicante, que acabó en 2001 y que se llevó a cabo tras las inundaciones de 1997.

La cuestión que se debate es cuál ha de ser la tipología de actuaciones en este tipo de barrancos y para eventos de tanta envergadura. Para responder adecuadamente hay que tener un conocimiento profundo del territorio y de su hidrogeomorfología.

El relieve de la Comunidad Valenciana se caracteriza, principalmente, por llanuras en su litoral y montañas en su interior, con cumbres de unos 1000 metros de altura. Este relieve propicia que el aire cálido y húmedo del Mediterráneo se eleve y, si choca con una masa de aire muy frío, provoque fuertes descargas de agua. Si a ello se le une una elevada torrencialidad con una larga duración de las lluvias, la infiltración de agua hacia los acuíferos es mínima, aunque se lleven a cabo actuaciones de restauración hidrológico-forestal, si bien estas actuaciones pueden reducir la erosión y el consecuente aumento de caudal sólido.

En todo caso, en el tramo alto de estos cauces, donde hay abundante vegetación, esta no ha evitado una fuerte erosión. Esto se puede apreciar en las imágenes de la parte superior, y lo demuestra también la gran cantidad de lodos retenidos en los embalses de Forata y Buseo (ríos Magro y Sot, respectivamente).

El tramo medio de estos cauces hasta llegar a la llanura litoral es, en todos los casos, muy corto, de no más de 40 kilómetros. Cuando se llega a estas planas se forman abanicos aluviales y los cauces pueden incluso desaparecer. En la imagen de la página siguiene se observa con claridad que estas planas están ocupadas por un continuo de frentes deltaicos de los ríos principales (Mijares, Palancia, Turia y Júcar), pero también de algunos barrancos menores. En muchos casos estas llanuras aluviales están conexas entre sí (p. ej., Turia-Albufera-Júcar). Se da la circunstancia de que los conos deltaicos suelen tener sección transversal convexa.

Finalmente, en paralelo al litoral se suceden distintos humedales (marjales), entre los que destaca La Albufera de Valencia, que están separados de la línea de costa por barreras litorales o restingas formadas por las corriente norte-sur.

Rambla del Poyo en Chiva antes de la DANA.
Rambla del Poyo en Chiva después de la DANA.

Ante este marco físico, el planteamiento de cualquier solución ha de tener en cuenta las confluencias de flujos que se producen justo aguas arriba de los humedales y que es donde, precisamente, se sitúa la mayor parte de la población. Por ello, el análisis no solo debe contemplar la totalidad de la cuenca, sino también las cuencas vecinas y no reducirse tampoco a las cuestiones hidrológicas, sino abarcar también consideraciones urbanísticas y otras infraestructuras. Por ejemplo, los barrancos Pozalet y la Saleta, que, junto al barranco del Poyo, han sido zona cero de esta DANA, son actualmente endorreísmos si no se logra su desagüe hacia el río Turia o hacia el barranco del Poyo.

Aplicar soluciones basadas en la naturaleza en el tramo medio-bajo de estos barrancos es casi una utopía, pues el espacio natural ocupado por las aguas sería toda la plana litoral, más aún si tenemos en cuenta el perfil convexo de los conos deltaicos. Y «vaciar» el litoral de la Comunidad Valenciana de personas no es posible.

A falta de datos más precisos, a partir del mapa de isoyetas del informe de AEMET sobre la lluvia del 29 de octubre, se puede estimar grosso modo que la precipitación total en la zona tuvo que ser superior a los 2000 hm3, equivalente a seis embalses de Tous. Tal volumen de agua no es fácil de retener ni laminar: se ha comentado que la posibilidad de infiltración es ínfima y los volúmenes que pueden recogerse en «zonas de sacrificio» son varios órdenes de magnitud inferiores a esa cantidad y que «soluciones» como la implantación de sistemas de drenaje urbano sostenible o la construcción de tanques de tormenta, aun siendo buenas actuaciones para otros objetivos de carácter ambiental, son irrisorias para reducir el riesgo de estas inundaciones; basta recordar que la mayoría de los garajes de las poblaciones y centros comerciales afectados funcionaron como «tanques de tormenta» sin haber minimizado la inundación, ya que se llenaron de agua en muy pocos minutos.
 
Solo cabe construir cauces que puedan desviar caudales importantes hacia los marjales (con el riesgo de contaminación y aterramiento que esto supone, aunque esa es la evolución natural de un sistema lagunar) o hacia al mar. Un cauce capaz es aquel en el que tenemos que compensar la falta de espacio (sección) con una velocidad de circulación mayor, o viceversa, aquel que para reducir la velocidad hay que dar más espacio (si lo hay) al cauce. Es Física elemental. Los milagros no existen.
 

Finalmente, un apunte para recordar, no menor, es que estos barrancos tienen flujos efímeros o, como mucho, intermitentes. Las guías sobre restauración de ríos, incluso las de restauración de riberas, se inspiran en ríos europeos con flujos continuos y, normalmente, de gran caudal, con crecidas ordinarias o extraordinarias, pero con tiempos de concentración elevados; no contemplan tormentas relámpago muy intensas, en los que los tiempos de concentración y respuesta son muy bajos. Se trata de medidas pensadas para la mejora de ecosistemas acuáticos, por lo que difícilmente se pueden extrapolar a barrancos que, salvo durante eventos catastróficos como este, suelen estar secos.

Golfo de Valencia, desde el cabo de Oropesa al norte hasta el cabo de San Antonio al sur. Abanicos aluviales, marjales y conos deltaicos. Fuente: Elaboración propia a partir del Mapa de divisorias hidrográficas en el Golfo de Valencia (Juan F. Mateu Bellés, 2018).

De izquierda a derecha, puente-arco del río Buñol.Antes y después de la DANA.

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