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Monográfico | La Rioja / Logroño
Obras hidráulicas de la Confederación Hidrográfica del Ebro en La Rioja: cien años de historia
Alfonso Pérez Pascual
Jefe de Área de Coordinación Técnica. Dirección Técnica de la Confederación Hidrográfica del Ebro.
En el presente artículo sobre obras hidráulicas dentro de un monográfico dedicado a la Comunidad Autónoma de La Rioja se pretende hacer una descripción de las infraestructuras hidráulicas construidas y explotadas por el Estado dentro de esta Comunidad, desde su concepción inicial con motivo de la creación de la Confederación Sindical del Ebro, pasando por su evolución a lo largo del tiempo y con la importancia, cada vez más creciente, dentro del contexto actual.
En La Rioja disponemos de obras de regulación en los ríos más importantes que afluyen al río Ebro por su margen derecha. Por parte del Estado se inició la construcción de infraestructuras de regulación en el siglo XX pasado hasta completar el esquema actual durante este siglo XXI. A continuación, realizaremos un repaso cronológico de estas infraestructuras esenciales.
El hito histórico principal que debe destacarse fue la creación del primer organismo de cuenca a nivel nacional, la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro, el 5 de marzo de 1926. Se trataba de un nuevo organismo participativo e innovador en el marco natural de la cuenca hidrográfica del Ebro que resaltaba el concepto de unidad de cuenca. Su objeto era aprovechar el potencial de recursos hídricos de la cuenca del Ebro para posibilitar en sus tierras el despegue económico y social por medio de la iniciativa pública, pero contando con la corresponsabilidad de los beneficiarios de las obras. Actualmente se está preparando la celebración de los actos conmemorativos del centenario de su creación para el próximo 5 de marzo del 2026.
La Confederación Sindical, conocida posteriormente como Mancomunidad, editaba cada mes publicaciones en forma de revistas en las que se recogía la actualidad del organismo recién creado y se hacía divulgación de sus actuaciones. Ya en su momento se plasmó la colaboración entre la Confederación y la Revista de Obras Públicas, tal y como se recoge en el número 46 de esta en abril del año 1931.
Desde la creación de la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro, el ingeniero encargado de la zona del valle superior del Ebro fue José González Lacasa, que tuvo gran relevancia en las primeras obras riojanas. En un artículo suyo publicado en la revista de la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro en agosto del año 1931, ya analizaba pormenorizadamente las posibilidades de regulación en los ríos riojanos y su aprovechamiento. En esos años se produjeron avances importantísimos en la configuración actual de los elementos de regulación existentes. Fueron verdaderos estudios de alternativas donde, partiendo de la inexistencia de obra de regulación, se pusieron las bases para elegir aquellas que mejor optimizaban los recursos hídricos y económicos.
Los ríos Najerilla e Iregua fueron los primeros ríos incluidos en los estudios generales de la Confederación del Ebro. El Najerilla, por ser el más caudaloso de los ríos riojanos y el Iregua, por el gran potencial que tenía su regulación y aprovechamiento.
En el río Najerilla, en un terreno accidentado, se buscaron emplazamientos aprovechando los ensanchamientos existentes en los puntos de reunión de los arroyos afluentes al río principal. El inconveniente principal era que en esos mismos lugares estaban también instaladas las poblaciones y esto suponía su inundación. La ubicación óptima implicaba la inundación del municipio de Mansilla. Se buscaron alternativas para evitar tener que inundar el pueblo de Mansilla, pero la ubicación elegida era la más viable ya que permitía un embalse de más de 65 hm3, lo que proporcionaría las garantías necesarias para el aprovechamiento de la extensa zona regable. El llenado estaba garantizado, ya que en su momento los datos de los aforos de que se disponía, realizados en años anteriores, indicaban una aportación media anual de 271 hm3. La zona abastecida por el embalse de Mansilla tenía un gran potencial. Una zona regable de unas 24 000 hectáreas en 28 municipios, que no solo abarcaba la zona baja del río Najerilla, sino que, mediante unos canales principales, se podía distribuir también a las zonas bajas de los ríos Tirón y Glera. La construcción de los canales de la margen izquierda y derecha del Najerilla haría esto posible. Desde el punto de vista industrial también tenía un gran potencial para el aprovechamiento hidroeléctrico.
Por otro lado, en el río Iregua, aunque ya existía la idea del embalse de Pajares, en el año 1926 se hicieron los primeros estudios referentes al embalse de Ortigosa. El área regable en la zona baja del río Iregua era de 7.500 hectáreas. Al igual que en el caso del río Najerilla, también se estudiaron varias alternativas de regulación para complementar el embalse de Ortigosa.
Las ejecuciones de ambas presas, Mansilla y Ortigosa, siguieron vidas paralelas en el tiempo en cuanto al momento de su inicio y finalización. Comenzaron con sus respectivos proyectos como presas de gravedad de hormigón en los albores de los años 30, ambos realizados por el ingeniero de caminos José González Lacasa. Su construcción se inició durante la segunda República y a ambas les pilló de lleno la crisis económica mundial, el levantamiento militar, el estallido de la guerra y la postguerra. En este último período, los problemas de suministro de cemento fueron acuciantes. Estos y otros muchos motivos, tanto de índole técnica como coyuntural, hicieron que hasta principio de los años 60 no se terminaran dichas infraestructuras y entraran en la fase de explotación. La presa de Mansilla regula el río Najerilla y tiene una capacidad de 67 hm3 mientras que la presa de González Lacasa tiene una capacidad de 33 hm3. Este último es un embalse en derivación que se sirve de las aportaciones del río Iregua, aunque la presa está situada en el río Albercos, afluente del río Iregua por su margen izquierda. Para ello dispone de un azud de derivación y de un canal de alimentación.
Estas dos infraestructuras de regulación fueron vitales para el desarrollo de los sistemas de regadío de los canales del Najerilla y de la zona regable del río Iregua. Esa fue la motivación de su construcción. Constituyeron un motor para el impulso de la economía de la zona, garantizando el recurso necesario para abastecer dichos sistemas de regadío. También permitieron la producción de energía eléctrica de carácter renovable.
Posteriormente, como complemento en la cuenca del río Iregua, se desarrolló el embalse de Pajares (35 hm3) en el río Piqueras, mediante una presa de materiales sueltos adjudicada en el año 1987 y concluida en el año 1996. Dicho embalse se proyectó inicialmente para permitir y garantizar los usos de agua de boca de Logroño y de los municipios de la cuenca del Bajo Iregua (Albelda, Alberite, Lardero, Villamediana, Navarrete, Fuenmayor). Dichos municipios posteriormente se han ido ampliando a otros, como los de la cuenca baja del río Leza (Agoncillo, Murillo de Leza, Ribafrecha). Tiene además la función de mejora de las dotaciones de los usuarios de regadío existentes en la cuenca, agrupados ya en el Sindicato Central del Embalse de González Lacasa, así como para futuras ampliaciones potenciales.
III Plan de Obras y trabajos varios. Plan General de Organización y Funcionamiento. Año 1928.
Finalmente, y en una última fase, se han construido las presas de Enciso y de Soto- Terroba. La presa de Enciso (47 hm3) regula el río Cidacos y ya está en fase de explotación, con usos de regadío y abastecimiento de población. La presa de Soto-Terroba (7 hm3) regula el río Leza y está a falta de la realización del proceso de puesta en carga para que pueda entrar también próximamente en explotación.
La ejecución de estas presas de regulación estaba motivada por la variabilidad estacional de las aportaciones y sus funciones perseguían el impulso económico de sus zonas de influencia. Ahora, cien años después del comienzo de la andadura de las Confederaciones, nos encontramos en un contexto de variabilidad mucho más extremo por los efectos del cambio climático. La variabilidad no es solo estacional, sino que también afecta a periodos de distinta duración. Los impactos del cambio climático se han acelerado en forma de episodios extremos con grandes consecuencias sobre la gestión de los recursos hídricos. Es necesaria la adaptación del territorio a estos efectos, y las infraestructuras hidráulicas tienen una función esencial en ello. Los embalses y presas existentes son y han sido vitales para afrontar estos fenómenos extremos.
Los últimos años lo hemos experimentado con fenómenos como la sequía que tuvo lugar en la cuenca del Ebro durante los años 2022-2023, que afectó a todas las unidades territoriales de la cuenca del Ebro y que obligó a aplicar el Plan Especial de Sequía y a tomar medidas de gestión para afrontar este fenómeno extremo de la mejor forma posible. Se pusieron en marcha los mecanismos de gobernanza para la coordinación de los distintos actores implicados mediante la convocatoria de los Órganos Colegiados de gestión previstos, la restricción de usos, la intensificación de los controles de consumos, la reducción excepcional de caudales ambientales, los planes de emergencia de abastecimiento urbano y la vigilancia ambiental. Las infraestructuras de regulación cumplieron una función esencial y estratégica para la gestión de la situación de sequía. La buena gestión de las reservas existentes en los embalses de la cuenca (también los riojanos) hizo que se pudieran salvar los cultivos más vulnerables, como son los cultivos leñosos. La unidad de cuenca funcionó. El episodio se superó y vinieron años de aportaciones más generosas durante los años hidrológicos 2023-2024 y 2024-2025. Es más, en estos últimos años, los fenómenos convectivos intensos han sido reiterados, produciéndose varios casos en la cuenca del Ebro, siendo el caso extremo el episodio de la DANA que afectó principalmente a la Comunidad Valenciana y a la cuenca del Júcar con los efectos dramáticos conocidos.
En La Rioja, en las cuencas del Najerilla y del Iregua se producen los principales fenómenos de aportaciones extremas. Las infraestructuras de regulación que se han enumerado son esenciales para la gestión de estos eventos. Su labor de laminación de avenidas es una función esencial para minimizar los daños en los fenómenos de crecidas.
En el momento de elaboración de este artículo, en noviembre del año 2025, los últimos tres meses y, particularmente octubre, vuelven a ser secos, con escasas precipitaciones en el norte y oeste de la cuenca y, como consecuencia, los índices de aproximadamente la mitad de la cuenca se encuentran en sequía. Varias unidades territoriales se hallan de nuevo en situación de sequía.
Como conclusión, en el contexto actual de gran variabilidad de aportaciones entre distintos años, las presas y sus embalses permiten garantizar los caudales ambientales de los ríos que regulan, así como las demandas de los distintos usos para los que se proyectaron, y permiten también laminar las avenidas que se produzcan. Constituyeron, por tanto, unas herramientas vitales para el desarrollo actual de las zonas que abastecen, y son esenciales para la adaptación al contexto actual de cambio climático y fenómenos extremos.
El recorrido futuro pasa por seguir avanzando. Por parte de la Administración se están tomando medidas en la innovación, mejora de la previsión, mejora del conocimiento, comunicación, gobernanza, organización y digitalización. Mediante los fondos de recuperación, transformación y resiliencia se han llevado a cabo actuaciones en esas líneas de actuación. Por otra parte, también con la ayuda de dichos fondos, los usuarios y beneficiarios de las obras de regulación avanzan en los procesos de modernización de sus zonas regables para optimizar los recursos existentes, y acometen también procesos de digitalización con los Planes Estratégicos para la Transformación y Recuperación Económica (los PERTE de regadío y del ciclo urbano del agua).