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Extraordinario | Julio Martínez Calzón
Su obra escrita y dibujada
Antonio Mayor y María José Bastante fueron colaboradores perennes de Julio Martínez Calzón desde los años 70 del pasado siglo hasta la fecha de su jubilación en la década pasada, acompañándole prácticamente a lo largo de toda su vida profesional, dibujando y escribiendo su obra.
Del papel cebolla al CAD
Antonio Mayor Sánchez
Delineante.
Han sido 38 años trabajando para él, empezando en MART2 (Martínez y Martitegui), una empresa dirigida por dos técnicos —el uno ingeniero y el otro arquitecto— y un socio capitalista, que era Agustín Uriarte Aldama, desde 1973 hasta 1979. A causa de la crisis de esos años fui pasando por Nexor Constructora, Nexín, Julio Martínez Calzón S. L. y, por último, por MC2 en la que me jubilé en 2011.
Siempre he admirado su capacidad de trabajo. Decíamos que no se cansaba nunca, pues las jornadas con él eran interminables. Era único para resolver problemas y tenía gran habilidad para rodearse de los mejores colaboradores, a los que elegía con ojo crítico entre los primeros de su promoción para luego irles enseñando según iba descubriendo nuevos hitos en la ingeniería.
Cuando empecé a trabajar para él eran tiempos de compás, tiralíneas y plantillas de radios, que entonces eran de madera. En aquellos momentos empezó a utilizarse la pluma técnica Graphos, que consistía en una pluma que permitía su uso continuado sin tener que estarla cargando continuamente como un tiralíneas, y cuya ventaja respecto a este es que se servía de un grupo de plumillas intercambiables que permitían distintos espesores manteniendo el mismo trazo. Después ya vino el Rotring y las plantillas caladas para rotular, que suponían un avance y una ventaja a la hora de dibujar. Más tarde, aparecieron las plantillas Leroy, las cuales vinieron a sustituir a las caladas.
Posteriormente se incorporó al gabinete un sistema de dibujo que consistía en un ordenador Hewlett Packard 2.100 con cinta magnética y lectores de tarjetas y cintas perforadas y un plóter Xynetic 1100. Su tamaño permitía el dibujo en formato hasta DIN A0 con una cabeza flotante por colchón de aire que permitía cuatro espesores de plumas. El papel se fijaba a la base mediante la absorción.
Como curiosidad, dadas las dimensiones y necesidades del plóter, para ubicarlo fue necesario demoler un tabique de la fachada e instalar en su emplazamiento el aire acondicionado. Aquel aparato era casi único en España, pues solamente había otros dos: uno en Dragados y otro, en El Corte Inglés. Cuando se estropeaba venía un técnico de París que era el encargado de su mantenimiento. Aquello un avance frente a la delineación clásica y cambió mi forma de trabajo al incorporarme como operador de este nuevo sistema. Cuando más tarde también quedó obsoleto, se pasó al CAD.
En los tiempos de MART2 nuestra principal ocupación era la elaboración de proyectos de estructura de edificios de viviendas así como de unos libros de arquitectura conocidos como Cuadernos Cupla, que eran unos tomos con normas y detalles de edificación. Después, ya con Julio, pasamos a incorporar trabajos de puentes y obras singulares. Quiero destacar las reuniones entre Julio y José Antonio Fernández Ordoñez para decidir la estética de los puentes en las que cada uno defendía sus ideas frente al otro tratando de mejorar lo presentado.
Tema aparte era su especialísima forma de presentar su trabajo a delineación para que lo pasáramos a vegetal. Sus croquis eran tan precisos que la única ventaja de pasarlos a vegetal era que se podían reproducir con mayor calidad. Estos croquis en cebolla eran algo muy particular de él, dibujando en rojo y azul lo que quería destacar, dando detalles y secciones como base para desarrollar el resto y hacer comprensible su idea, definiendo las secciones y los detalles que él creía necesarios para que yo pudiera desarrollarlos e hicieran comprensible el proyecto. En caso de que yo no entendiera algo de su diseño, pasaba a dibujarme una perspectiva de ello para que la entendiera.
Hay que resaltar que en las entregas él siempre estaba presente para poder consultarle sobre cualquier problema que se presentara y poder decidir al respecto, siempre dispuesto a echar una mano en cualquier cosa que se necesitara.
También conviene recordar las diapositivas que hacía de sus obras y de los avances en la construcción, así como de los detalles de armado, pretensados, soldaduras etc., y de todo lo que creía que podía ser interesante y útil; tenía además de una extensa colección de edificios, puentes, etc. extraordinarios que había ido encontrando en sus viajes. Era un hombre afable y de trato cordial con sus empleados a los que siempre mostró respeto.
Además, recuerdo con particular agrado los llamados «viajes largos» para comprobar la marcha o la finalización de algún proyecto especial —como el de Hong Kong, Uruguay o China— en los que participaba la oficina al completo más los allegados, es decir, cónyuges y demás. En ellos compartimos momentos inolvidables, disfrutando en las comidas de sus increíbles relatos y de su especial sentido del humor.
Creo que era un hombre generoso al que le tengo mucho que agradecer por todo lo que me dio y me enseñó al irme adaptando a las últimas tecnologías que iba incorporando al gabinete.
Julio Martínez Calzón, un trabajador incansable
María José Bastante Barrero
Echo la vista atrás, a los comienzos, al año 1974. Mi primer contacto con Julio. Ahora me doy cuenta que no ha pasado tanto tiempo… La suerte me concedió que comenzara a trabajar en el estudio de ingeniería MART2, que abordaba una disciplina cuyas materias eran desconocidas e incomprensibles para una auxiliar administrativa sin experiencia.
Siempre me fascinó su creatividad. Fue un trabajador incansable que disfrutaba de su profesión. Alguien exigente consigo mismo y reservado. Sabía delegar cuando era necesario y liderar si el tema lo exigía. Su objetivo fue siempre construir equipos que funcionasen de manera óptima, donde existiera el equilibrio y donde cada persona pudiera explotar todo su potencial. Este no solo fue su deseo sino que además lo logró.
Gracias, Julio, por creer en mis capacidades.
Desarrollo
MART2 destacó por ser una empresa innovadora en varios frentes: el primero, en programación, con Francisco Millanes y Jesús Ortiz, entre otros, como creadores de los programas en Fortran (¿recuerdan?) para poder realizar el cálculo y el dibujo de los proyectos. Posteriormente, gracias a este lenguaje escrito, los datos se leían a través de un lector de tarjetas perforadas cuya información era procesada por el ordenador y traducida en anejos de cálculo y dibujo de los planos a fin de realizar el proyecto. proceso difícil de comprender entonces e incluso en la actualidad.
El otro frente en el que destacó como empresa innovadora fue en tecnología. Fue mi primera experiencia de trabajo con máquinas de escribir IBM electrónicas con memoria, con el primer ordenador HP-150 MS-DOS, empleé la transmisión de datos a través de un teléfono fax Panasonic (telefax, telecopia); esto en cuanto a tareas administrativas. En relación con las tareas de ingeniería, Julio siempre se aseguró estar a la vanguardia en los últimos avances en informática, disponiendo de los medios y colaboradores más idóneos para obtener los mejores resultados en este tipo de trabajos. Con todo aquello, creó en la oficina un minimuseo del que se sentía muy satisfecho. Su afán era agilizar el trabajo sin perder en precisión.
Nos involucró también en la edición de sus libros y en las conferencias que impartía, al igual que en los tres congresos sobre puentes mixtos, nacionales e internacionales, que organizó en el Colegio de Caminos; ninguno teníamos experiencia en esas cosas, pero fue algo que, tras los buenos resultados, nos llenó de satisfacción.
Además, a todos sus empleados nos hacía partícipes de sus obras, llevándonos a visitarlas para, de alguna manera, acercárnoslas y hacérnoslas comprender; como docente que era, fue siempre muy generoso con sus conocimientos. Sus consejos y su dirección fueron inestimables para mí. Su ejemplo y tenacidad me hicieron crecer como persona y sentar prioridades.
Julio, gracias por todas las oportunidades y experiencias de aprendizaje que me has dado.
Conclusión
Mi último contacto con él fue a raíz de su cumpleaños, el pasado día 11 de marzo de 2023. En su mensaje de agradecimiento me contó las incidencias que tuvo en una obra y que le acabaron provocando un problema en las vértebras lumbares; eso luego se sumó a su posterior enfermedad, la cual afrontaba con optimismo.
Teníamos pendiente una comida. En sus propias palabras: «me gusta mucho oír eso de «jefe” que nos retrotrae a otros tiempos, pero que tiene claramente una connotación cariñosa de tanto tiempo compartido. De verdad que, al pensarlo, me he dado cuenta de cómo ha pasado tanto tiempo. Me gustaría que quedáramos a comer un día para recordar lo antedicho».
Julio siempre causó en mí una gran admiración. Su capacidad intelectual, humana y de liderazgo fue admirable e inolvidable. Un orgullo trabajar con él. Una enseñanza y vivencia perdurables en el tiempo. Por todo ello, le estaré siempre muy agradecida.