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Extraordinario | Julio Martínez Calzón

Un hombre bueno

Javier Asencio Marchante

Ingeniero de caminos, canales y puertos.

Luis Peset González

Ingeniero de caminos, canales y puertos.

Felipe Tarquis Alfonso

Doctor ingeniero de caminos, canales y puertos.

Escribir un breve artículo entre tres personas siempre es complicado, pero cuando se trata de hacerlo sobre la figura de Julio Martínez Calzón la cosa se vuelve muy sencilla. Es fácil consensuar sobre lo que le debemos y lo que de él hemos aprendido durante nuestra vida profesional dedicada a la construcción. Pero, si en algo Julio se diferenciaba, era en su acercamiento personal a todos nosotros. El trato iba más allá de lo estrictamente profesional y siempre nos regalaba, con generosidad, algo de sus amplios conocimientos fuera de la ingeniería.

Los recuerdos de Julio van unidos obligatoriamente a su oficina de la calle de Víctor de la Serna en Madrid. El espacio era reducido, pero el ambiente era acogedor y distendido. La entrada se encontraba en el rellano del portal y la sala de reuniones, en un piso inferior, donde Julio nos recibía siempre amable; nos sentábamos alrededor de una pequeña mesa de cristal y él iba solucionando todas las inquietudes objeto de nuestra visita.

Si hubiera que definir a Julio de alguna forma, sería como un hombre del Renacimiento. Su capacidad creativa era extraordinaria, no solo en la ingeniería, sino en otras facetas como la arquitectura, la poesía o el arte en general. En una ocasión, interrumpió la reunión que manteníamos en su oficina y, sin decir palabra, nos hizo seguirlo a la calle. Una vez allí, nos repartió trozos de un carrete de fotos velado para no dañarnos la vista y pudimos observar un eclipse solar que no volvería a repetirse en años. Sus explicaciones sobre astronomía, claras y precisas, nos dieron a conocer una nueva y sorprendente faceta de él que desconocíamos hasta el momento.

Sus herramientas de trabajo eran básicamente papel cebolla y lápices de colores. Con ellos definía y dimensionaba estructuras, complicados refuerzos, o complejos procesos constructivos que, de forma sencilla, nos explicaba con unos pocos dibujos coloreados. Gracias a sus cualidades docentes lográbamos entender todo su proceso de pensamiento para solucionar los problemas que le presentábamos. Nunca rehusó ayudar ante cualquier problema que le planteásemos, aunque a veces pudiera ser comprometido para él.

Una de las facetas que más hemos admirado de Julio era su profundo conocimiento de la naturaleza de las estructuras. Siempre nos descubría la capacidad que tienen de generarse a sí mismas de forma que se penalicen lo mínimo posible para su construcción con dimensionamientos excesivos para su estado de servicio.

En ocasiones aportaba soluciones muy originales. Una vez le solicitamos que proyectara una nave en estructura metálica para el hormigonado de los tramos de 150 metros de longitud que se prefabricaban en Cádiz, en las instalaciones de Dragados Off Shore para el puente de Oresund, situado entre Dinamarca y Suecia. La nave debía permitir una luz libre de la longitud de los tramos para el paso de estos al interior por uno de sus laterales. Con este objeto Julio ideó un sistema de pilares móviles que se podían retirar para dejar el espacio libre necesario y volver a instalarse para las labores de ferrallado y hormigonado en el interior de la nave. Para la estabilidad de la estructura sin pilares en un lateral, se procedió a pretensar la estructura metálica con un sistema estándar para estructuras de hormigón. De este modo se evitaba que un determinado estado de uso, de muy breve duración, controlara el diseño.

Han sido muchos años y multitud de proyectos en lo que hemos colaborado: estructuras, puentes, procesos constructivos, rehabilitaciones o resolución de problemas estructurales. Uno de los últimos proyectos en que recurrimos a Julio fue el viaducto sobre el estrecho de Paredes. De nuevo, se evitó penalizar la estructura en su estado final por su proceso constructivo. En este caso, Julio puso en práctica un sistema ideado por él para poder lanzar el tablero desde un estribo con un canto constante salvando vanos de distintas luces. Para ello, a las pilas de los vanos de mayor luz se les dotaba en su parte superior de un sistema de ábacos o voladizos en estructura mixta, de forma que el tablero pudiera apoyarse en ellos antes de llegar a las pilas, con lo que se acortaba significativamente la longitud en voladizo del tablero durante su instalación. Una vez completado el lanzamiento, los ábacos se unían al tablero de modo que al final se obtenía un tablero de canto variable en los vanos máximos.

Puente basculante. Puerto de Valencia. (Cortesía de Dragados)
Viaducto del estrecho de Paredes, Tarancón. (Cortesía de Dragados)

Uno los procesos constructivos más originales ideados por él está el propuesto para la construcción de la torre de comunicaciones para la Ciudad de las Ciencias en Valencia. La torre, proyecto de Santiago Calatrava, consistía en una aguja vertical de 263 metros de altura que, apoyada en tres edificios, conseguía una altura total de 382 metros. El procedimiento ideado fue la construcción de la aguja mediante el empuje vertical por dovelas, un sistema de gran sencillez; una vez completada, aun reposando en la base, se procedía a su izado desde la parte superior de los edificios hasta situarla en su posición definitiva. Considerando las dimensiones y alturas que se manejaban, el sistema propuesto era atrevido, pero perfectamente realizable. Con él se logró la adjudicación del contrato de construcción, aunque finalmente no se llevó a cabo.

En la rehabilitación y adecuación de la estación de Sants para la llegada del AVE a Barcelona, Julio nos prestó, una vez más, una ayuda inestimable. Se trataba de operar sobre una estructura antigua de hormigón pretensado, realizando demoliciones y amplios huecos en sus losas, aumentando luces y cambiando pilas de emplazamiento para el nuevo trazado de las vías. La información sobre el proyecto de lo ya realizado era escasa y poco fiable. Toda la obra había que desarrollarla con la estación en funcionamiento y accesible a los viajeros. A pesar de la responsabilidad y delicadeza de los trabajos a ejecutar, Julio se comprometió con soluciones y definiciones que nos permitieron realizar la obra en completas condiciones de seguridad, cumpliendo los plazos que en esos momentos eran absolutamente perentorios.

Otro caso notable de su pericia en el manejo de las estructuras es el de los puentes móviles del Puerto de Valencia. El primero de ellos fue récord del mundo en su categoría de puente de ferrocarril basculante, con una luz entre ejes de giro de 98 metros. Ganamos con este proyecto un «concurso de proyecto y obra», evidentemente, con diseño de Julio. Dado lo estricto del trazado por su condición de puente ferroviario, su rasante se encontraba a poca altura del nivel del mar, lo cual hacía crítica la longitud de la culata y el necesario contrapeso. Todo ello nos llevó a un compromiso que limitó el peso específico de los contrapesos a cuatro, algo difícil de alcanzar con una longitud de culata de 14 metros. Para alojar estas piezas hubo que ejecutar sendos fosos de 16 metros de profundidad de excavación y 13 metros de carga de agua.

Pero no acaba aquí la proeza. Años después el puerto sufrió una remodelación importante que obligó a la transformación del puente ferroviario basculante de dos hojas en un puente rotatorio, también de dos hojas, pero de mayor luz y anchura y destinado al tráfico carretero, y en una ubicación nueva. Hubo que desmontar el tablero del puente basculante, transportarlo a su nuevo emplazamiento y, con una estructura metálica complementaria, ensancharlo y alargarlo. Los contrapesos de hormigón en masa, más sencillos que los anteriores, permitieron encajar el tablero dentro de nuevos fosos, de mayor área, pero comparativamente menos profundidad. Con ello se lograron acortar los plazos.

Viajar con Julio era un privilegio. Con ocasión de la adjudicación de un tramo de autopista, tuvimos la fortuna de viajar a Canadá con él. Comenzamos el viaje en Toronto y recorrimos además Montreal y Fredericton. Fue una semana intensa de trabajo y reuniones, que se vio recompensada por el disfrute de tardes y el fin de semana organizados por Julio, que nos preparaba actividades culturales y gastronómicas. Unas experiencias solo comparables con caminar sobre una espesa capa de hielo que cubría los anchos cauces de los ríos que atravesaba el trazado de la autopista.

“Concéntrate en tu sencillo lugar para actuar todo lo mejor que puedas y que los de tu alrededor lo realicen también, siguiendo tu ejemplo a través de la bondad y el coraje que puede ponerse en las pequeñas cosas que todos tenemos pendientes”.

A mi existir y al tuyo. Un homenaje.

Julio Martínez Calzón

En el puente del Arenal —un proyecto compartido con José Antonio Fernández Ordóñez, una joya de puente, una preciosidad recubierta de cobre con un diseño estructural complicado, pensado y diseñado por Julio—, él, haciendo gala una vez más de su honestidad profesional, escuchó las sugerencias que le hicimos sobre aquellos apoyos tan complicados. Como era de esperar, aceptó las propuestas buenas y nos explicó por qué desestimaba las malas. Siempre daba explicaciones, su condición de profesor estaba permanentemente presente en él.

No queremos terminar esta breve semblanza, estos recuerdos, sin decir lo que consideramos más sobresaliente de Julio, además de lo que ya hemos dejado expuesto en estas letras: Julio fue un hombre bueno y nuestro amigo. Así de sencillo. D.E.P.

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