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Extraordinario | Julio Martínez Calzón

Un sabio humanista del siglo XXI: ingeniero, poeta y ontólogo

Teresa Oñate y Zubía

Catedrática de Filosofía UNED y directora de la Cátedra Internacional de Investigación en Hermenéutica y Estética Críticas HERCRITIA.

I. Encuentros destinales

Conocí a Julio Martínez Calzón en el año 1980, cuando yo tenía 24 años y acaba de terminar Filosofía en la universidad Complutense de Madrid. Nos encontramos en una galería de arte y en cuanto nos presentaron nos hicimos amigos para siempre, desde el primer momento. Desde aquél entonces hasta su muerte el 26 de septiembre del año en que escribo estas líneas: el 2023, nuestra pura y hermosa amistad ha continuado siendo siempre tan rica, creativa y constante, en medio de sus diversas transformaciones, como profunda y leal. Actualmente se encuentra en una nueva fase de redimensión entre los órdenes espirituales y limítrofes de la existencia, constituyendo así uno de esos tesoros por los cuales la vida de los humanos mortales en este planeta nuestro de la tierra-celeste, merece tanto la pena y tanta gratitud como veneración.

Cuando nos conocimos yo preparaba mi Memoria de Licenciatura (entonces la llamábamos “Tesina”) sobre La Ontología de la Posibilidad y El Infinito en Aristóteles. Acababa de volver de Constanza en Alemania con una beca Göthe y me disponía a emprender, a la vez que investigar, mi andadura como Profesora en el San Pablo-CEU, impartiendo unos cursos de Historia de la Filosofía, sin dejar por ello la UCM con un Seminario sobre Kant y el Nacimiento del Idealismo Transcendental. Julio estaba muy interesado en la Filosofía y había seguido las Lecciones Hermenéuticas radiofónicas de Alfonso López Quintás. Una casualidad afortunada que develaría su importancia solo con el tiempo, pues tal sería precisamente: La Hermenéutica o Arte de la Interpretación, la especialidad en la cual yo habría de desembocar libremente, más adelante, a partir de mi maduro conocimiento de Nietzsche-Heidegger, Gadamer-Vattimo, y Deleuze-Foucault, siempre puestos en relación con la Ontología del Límite griega. López Quintás, que se jubilaba cuando yo empezaba y con quien apenas había coincidido en algunas clases como Profesor, declinaba La Hermenéutica en términos de un Existencialismo Humanista centrado en el sentido de la vida de la persona, pero también prestaba atención a la Estética y la Obra de Arte. Lo cual, si por Arte y Estética se entendía inseparablemente también: la Téchne y la Poesía (Poíesis o creatividad-receptividad y deseo del bien) que se plasma en las obras públicas (de la música, la ingeniería, la arquitectura, las creaciones plásticas, las literarias, las filosóficas, o las epistemes vinculantes histórico-científicas…) entonces, tanto a Martínez Calzón como a mí, tales problemas del Arte de la Interpretación nos interesaban sobremanera. Si bien desde una vertiente que afectaba, en primer lugar, al ser del Espacio-Tiempo y la Aistheis (Percepción Interpretativa), en la cual confluíamos muy ampliamente Julio y yo, tanto desde los problemas ya abiertos y acentuados por el Kant Pre-Crítico (en discusión con Suarez, Hume, Leibniz, Newton…) como desde los parámetros de la Física científica teórica, propia de la Mecánica Cuántica que ponía en cuestión el paso (y “el dónde”: en qué ámbitos de aplicación legislativa  racional) entre Newton, Einstein y Cantor, justo convergiendo en cuestiones atingentes al Transfinito y el Continuo-Discreto. Asuntos que, de nuevo (en realidad desde Los Griegos), guardaban estrecha relación con las cuestiones triádicas y análogas del:

Límite-limitante: ilimitado-limitado.

Transfinito: infinito-finito.

Determinante: indeterminado-determinado.

Condicionante: incondicionado-condicionado.

Causante: incausado-causado.

Legislante: alegislado-legislado.

Y situaban el problema de las Causas primeras, así como del Arché y los Archai (Principio y Principios legislador/es de la Naturaleza (Physis)) y sus categorías de inteligibilidad, en el primer plano de una consideración radical: que se remonta a las raíces del lenguaje (Lógos) de la Naturaleza y, por ende, de la Pólis. El plano de la Causalidad conexa con la Henología de lo uno-múltiple y el de ésta con lo específicamente “estético” del Espacio-Tiempo y su Percepción (Aístheis) racional (y no solo sensible) localizado como contexto diferencial y plural para la inscripción de todos los fenómenos posibles. Sin olvidar, claro está, la diferencia ontológica entre el plano causal-condicional y el de los fenómenos causados-condicionados. Un asunto básico: de principios, leyes y elementos, que como ya digo, comienza con los primeros filósofos griegos y el nacimiento de la filosofía y la ciencia en Occidente y sigue constituyendo y nutriendo históricamente a las raíces vivas de nuestra racionalidad epistémica o sistémica, topológica y crítica, siendo por ello necesariamente discutible y dialogal, a la vez que crítico, comunicable y universal; pues tal razón se encuentra en todos los seres humanos y probablemente en todos los seres animados, tengan o no de ella alguna autoconciencia.

Así pues, Julio Martínez Calzón y yo nos pusimos al estudio de la Filosofía juntos y desde su comienzo, remontándonos hasta El Nacimiento de la Filosofía en Grecia: Viaje al Inicio de Occidente [así intitulé yo a un libro mío posterior, que vio la luz en el 2004], partiendo de la especial motivación por algunas de las problemáticas antedichas. ¿Y cómo procedimos? Pues intentando la máxima simplicidad operativa, pero sin perder de vista la complejidad que vinculaba entre sí al estudio de la Historia de la Filosofía en Occidente con la Ciencia (en especial La Física) la Técnica, el Arte y la Poesía; que roturaban el lenguaje racional de la Naturaleza. Todos estos ámbitos cruzados transversalmente por la interpretación creativa del Espacio-Tiempo y el Límite. Eso en cuanto al “objeto”: material y formal (por decirlo en lenguaje clásico) de las perspectivas que nos proponíamos. Mientras que, en cuanto al método, decidimos ser asiduos y regulares en la medida de lo posible. Y durante años nos reuníamos para tener una clase a la semana o máximo espaciarla cada quince días, varias horas, tres o cuatro, por la tarde, desde las 16h en adelante. Durante mucho tiempo disfrutamos de la hospitalidad de una heladería que se llamaba Bruín y estaba situada en la calle Marqués de Urquijo esquina con el Paseo de Rosales. Tenía un sencillo salón en la parte de arriba donde no había mucho ruido y se estudiaba bien. Yo impartía las lecciones que tenía muy frescas pues ya en el CEU-San Pablo, ya en La Facultad de Filosofía de la UCM estaba tratando problemas similares o conexos. Julio intervenía siempre que le parecía oportuno durante la exposición y después se entablaba una conversación maravillosa en la cual se intercambiaban los papeles pues más bien era yo quien aprendía numerosas y diversas cuestiones de Física o de Tecnología o Julio me comentaba sus lecciones en la Escuela de Caminos y Puentes. Uno de los aspectos recurrentes de tales conversaciones era el estatuto de la Matemática y la Música. Pero también la Historia de las Ideas Políticas nos permitía comprender, por ejemplo, el paso de la Grecia Clásica al Alejandrinismo con el final de la Pólis, o la posterior llegada del Neoplatonismo a partir del encuentro en Alejandría de Grecia, Egipto y las Culturas Semitas. Como Julio Martínez Calzón era un sabio, el contraste entre algunas de las tópicas respuestas religiosas y antropológicas a similares problemas universales traía a la conversación las instancias orientales de India y China, que a mí me apasionaban y Julio me daba a conocer y estudiar. Como alumno, Julio era impresionante: aplicado y pulcro. Leía todo lo que yo le señalaba. Recuerdo como era de fecundo en los Cuadernos de Julio el contraste comparado entre los textos de Werner Jaeger dedicados a la “Teología de los Primeros Filósofos Griegos” y la Historia de la Filosofía de Guillermo Fraile, un neoescolástico erudito, dominico español, cultísimo, que yo siempre recomiendo consultar teniendo en cuenta sus varios volúmenes. Julio leía también, claro está, además de a éstos, a los originales: los textos de los filósofos. Los Presocráticos, Sócrates, Platón, Aristóteles, la Stoa, los Epicúreos o Los Neoplatónicos, en la llamada “Antigüedad”; y tras ellos a los principales de entre los filósofos Medievales: Agustín de Hipona; Los “Árabes”: Ibn’Sina (Avicena) y Averroes (Ibn’Ruhsd); Tomás de Aquino; San Anselmo de Canterbury, Guillermo de Ockham… para pasar con júbilo a los Renacentistas y con especial profundidad a estudiar después el Racionalismo de Descartes y Leibniz; o el Empirismo de Locke y Hume; hasta llegar a Kant. En Kant estuvimos casi un año y nuestras conversaciones se hicieron particularmente fructíferas en esa época. Pues no solo tuvimos que leer las Tres Críticas del alemán: La Crítica de la Razón Pura; la Práctica y la del Juicio…sino que abordamos la polémica de Leibniz-Clarke (y Newton) sobre los Infinitesimales y la cuestión de la divisibilidad o no de las magnitudes y cualidades; siempre la cuestión del Espacio y el Límite conexa con la Imaginación transcendenal. Lo cual nos exigió volver también a Spinoza como preludio de Hegel y de Schelling. Entonces Julio me explicaba en profundidad la Mecánica Clásica de Newton, en lo posible, y siempre de acuerdo con nuestro hilo conductor del máximo interés prioritario por el ser del tiempo-espacio y su vínculo con la Percepción-Aísthesis. Lo cual en la Modernidad ya idealista (transcendental o absoluta) desde Kant a Schelling, no dejaba de vincularse con la Teología racional y las cuestiones críticas de la Secularización, dando lugar a la Filosofía de la Historia como Teodicea o justificación del mal. Asuntos que desembocaban en el Romanticismo y en Hegel, pero estallaban en Nietzsche y Schopenhauer, donde ya el arte, la música y la poesía, estaban, por expresarlo así, en todas partes. Y aquí tuvimos que hacer un parón de recapitulación, pues Nietzsche y la brillante crítica (recepción y prosecución) de Heidegger a Nietzsche, requerían de una nueva fase de nuestro estudio.

Julio estaba muy interesado en la Filosofía y había seguido las ‘Lecciones hermenéuticas’ radiofónicas de Alfonso López Quintás

II. Prosecuciones creativas

Mientras tanto la vida seguía, por así decirlo: Julio fue padrino de mi primera boda en 1982, siendo mi padre: Ricardo Oñate de Pedro, Capitán General de Granada y la Andalucía Oriental. Boda que compartimos con mi amada hermana Paloma y su novio; y celebramos, por ello, en la Capilla del Palacio de dicha Capitanía granadina. Julio y mi primer marido eran amigos, naturalmente, y cuando mi padre murió en 1984 y yo estaba absolutamente desolada, donde nos ofrecieron refugio y amparo, a ambos, a mi marido y a mí, fue en una bonita casa familiar, que tenían Julio Martínez Calzón y su esposa: María Corral, en Torrevieja, Alicante, donde conocí a sus hijos encantadores y a otros amigos suyos. Yo estaba sumida en el desconsuelo y solo el mar y la “buena sociedad” en tan buena compañía, lograron que recuperara el talante y el habla, pues casi había enmudecido. Recuerdo un largo poema dedicado a mi padre que conseguí poder escribir allí en la playa, sobre unas páginas de un ejemplar de “Los Dioses en el Exilio” de Heinrich Heine. Entonces empecé a recuperar el equilibrio. Y fue de la mano sobre todo de María Corral. Una de las personas más elegantes, dulces e inteligentes que he conocido. A partir de ahí, mi carácter tendente a la devoción y la correspondiente gratitud por la suavidad de aquellos días decisivos, cristalizaron en mí en una disposición de incondicionalidad hacia toda la familia de Julio Martínez Calzón, que perdura hasta hoy. Justo ese mismo año mi posición se había consolidado como Profesora Ayudante en la Facultad de Filosofía de la UCM y dejé, con tristeza, los Grupos del San Pablo CEU. Tenía que concentrarme en mi Tesis, que seguía dedicando a Aristóteles bajo el rótulo de “Causalidad, Teleología y Modalidad” con especial preocupación por la categoría modal de la Posibilidad y lo Posibilitante, enfocados desde la Ontología del Límite y el Espacio-Tiempo que ya descubría muy diferente en el Estagirita para la Acción poética y para la física del Movimiento…  A ello no era ajeno que Nietzsche hubiera prestado una atención espiritual tan creativa al Origen de la Tragedia (Ática) y el Espíritu de la Música; ni que Heidegger hubiera redescubierto en 1936 que “El arte es la puesta en obra (pública) de la verdad”. Si bien el Aristóteles Griego, sepultado por capas neoplatónicas, luego medievales y escolásticas, iba más lejos y en su Poética enseñaba que la verdad puesta en obra en el arte de la Pólis instituye el Lógos como lazo social vinculante del Éthos de la ciudadanía. Siendo su ejemplo más excelente el de la Tragedia Ática en el Teatro.  Tampoco resultaba para nada ajeno a mi búsqueda el descubrir que el Ser y Tiempo de Martín Heidegger del 1927, probablemente la obra filosófica más influyente del siglo XX, estaba reescribiendo: reactualizando hermenéuticamente la Ética a Nicómaco de Aristóteles. ¿Qué estaba pasando, entonces, con el Eterno Retorno de Nietzsche llevado no a una cosmología física del tiempo sino al plano de las investigaciones hermenéuticas sobre la Filosofía de la Historia y la apelación de Hölderlin al convocarnos hacia otro Inicio (Ein Anderer Anfang) de Occidente menos violento? Para entenderlo, me fui a estudiar con Jean François Lyotard en el 1986 y tras ello, desde el 1988, me fui a estudiar con Gianni Vattimo y me volqué en la Postmodernidad que proseguía hermenéuticamente la ontología estética de Nietzsche, Heidegger y los Griegos, para poder pensar después de Hegel. Estaba próxima la Caída del Muro de Berlín y el “Fin de la Historia” declarado por Francis Fukuyama, quizá supusiera una chance para deslegitimar e interrumpir la racionalidad dialéctica belicista dicotómica. No fue así, como es sabido, y tras el desmantelamiento de la URSS, se entablaron las nuevas Cruzadas de las Guerras contra-islámicas en pugna por los recursos energéticos. La racionalidad dialéctica había encontrado nuevas fuerzas antagónicas que se exterminaban para avanzar.       

Pero ¿Y Julio Martínez Calzón? Pues él seguía ahí, firme y espléndido como siempre, en cuanto al cultivo de la belleza creciente de su personalidad integral y cosechando éxito tras éxito, también por lo referido a la asombrosa obra pública creativa que le debemos como ingeniero, a él y a sus equipos, alcanzando a configurar el lugar para esos puentes soberbios suyos que sobresalen y conmueven tanto en España como en el espacio internacional. Los Puentes de Julio Martínez Calzón, que su inmensa inteligencia espiritual, racional y poética (Nóesis) nos ha regalado. También él continuaba con sus propias Lecciones desde la Cátedra de la Escuela de Caminos y Puentes en la UCM-Madrid, donde inventaba materiales híbridos de hormigón y acero, dotando de un carácter más flexibles a las posibilidades originales de su obra. Además, en paralelo, asentaba novedosas soluciones y excelentes prácticas para la ingeniería y su transmisión desde la cotidianidad del Estudio de Ingenieros de MC2 y se ocupaba de su familia y sus muchas amistades. En Filosofía seguíamos juntos, ahora con Seminarios y Cursos en la UCM, a los cuales Julio asistía, estudiando en profundidad a Heidegger y leyendo y comentando, para ello, en primer lugar: Ser y tiempo. Mientras que, por iniciativa del propio Julio, nos dispusimos también a deletrear justo después El Origen de la Obra de Arte (1936) del maestro de Messkirch. Incluso hicimos algunas sesiones de tal Seminario heideggeriano extraordinario en el Museo de Arte Contemporáneo de Cuenca. Por otra parte, Julio nunca había dejado de lado mi educación estética y viendo cuanto me absorbía la Filosofía se presentaba un día con unas entradas para la Ópera en Barcelona o para algún concierto en el Real Musical de Madrid, o me instaba a visitar alguna exposición. Por mi parte, yo también le invitaba a Seminarios en Francia o Italia, y a los Cursos de Verano que hacíamos con la UCM, sobre todo en El Escorial, de manera que compartíamos tantos amigos como problemas e investigaciones, siempre interesados en el arte y en el pensamiento. Yo, de todos modos, tenía que vivir bastante retirada, pues mi investigación no dejaba de crecer en complejidad por concernir al sorprendente redescubrimiento y reescritura actual del Aristóteles Griego y “sus Presocráticos” (como dice Gadamer) y ello no solo a partir de Hegel, Nietzsche y Heidegger; pues también era tal el caso de Gilles Deleuze y de Michel Foucault, especialmente puestos en relación con la Estoa griega. Y más concretamente aún, si cabe, el caso de Paul Ricoeur y de Gianni Vattimo, justo en relación con el Aristóteles heleno originario y aún no colonizado por las escolásticas neoplatónicas del helenismo tardío y las metafísicas bíblicas medievales. Baste pensar que en el centro radial de Verdad y Método de Gadamer (la obra cumbre del recreador de la Hermenéutica Actual) está la ontología modal de la acción poiésica y técnica de Aristóteles que sustituye a la conciencia estética subjetiva e intersubjetiva (individual-universal) moderna, afincada sobre todo en Kant. Así pues, Aristóteles después de Kant, por así decirlo, en nombre de retomar la estética ontológica de la acción-obra pública comunitaria, poética y tecnológica, como puesta en obra de la verdad ontológica del ser (Alétheia). La estética basada en la obra-acción del arte público del Bien Común, propia del Aristóteles Griego desconocido. Mientras que la Ética del Estagirita es reescrita no solo por Heidegger y por Gadamer sino también por Paul Ricoeur quien la sitúa en el centro de su obra cumbre: “Sí mismo como Otro”; a la vez que la Tesis Doctoral de Vattimo, quien se fue convirtiendo durante esos años en mi Maestro Postmoderno, investigaba lo mismo: “El concepto de Acción en Aristóteles”. Pues Vattimo desde muy joven se hace cargo (leyendo a Heidegger) de la diferencia y conexión aristotélica entre praxis, téchne y poéisis con la verdad de la obra pública y su interpretación retransmisiva o histórico-comunicativa del sentido: hermenéutica. Véase para ello la reciente edición y traducción española de Paloma & Teresa Oñate de la Opera Prima de Vattimo: Ser, Historia, Lenguaje en Heidegger. Así pues, “el Aristóteles Griego venía después de Kant”, venía a retornar en el contexto de la postsecuralización post-cristiana de Occidente, subrayando enérgicamente el nexo entre la verdad y la excelencia de la obra pública en medio de las ontologías de la comunicación comunitaria en auge telemático, que transformaban a la vez el sentido y decurso del progreso de la Historia de la paz, y el sentido del ser del tiempo, abierto ahora a la vez por la Pietas de los pasados posibles. Y Julio Martínez Calzón entendía todo esto con suma lucidez. No solo lo entendía, sino que lo hacía más bien, y lo llevaba a un cumplimento tan hermoso como asombroso.   

Justo entonces dimos lugar en el Museo Nacional y Centro de Arte Contemporáneo Reina Sofía (MNCARS) del cual era Directora María Corral, a unos Cursos excepcionales de Ontología Estética del Espacio-Tiempo y la Obra de Arte a los cuales llamé: “Pensar las Artes: un Tiempo Estético”. Vattimo era la estrella junto conmigo y llenamos el Salón de Actos varios años. La Tesis heideggeriana-aristotélica que interpreta el Arte como la Puesta en obra pública de la verdad, no solo nos permitía entender a Nietzsche y a la ontología actual, también nos permitía entender las obras de arte y los debates estéticos de la postmodernidad, desde otro enfoque no relativista ni consumista. En el 1990 leí mi Tesis. Gané la oposición a Profesora Titular del Departamento de Historia de la Filosofía de la UCM-Madrid, y ese mismo verano nació mi hija Marina. Julio en todo apoyaba; debatíamos, conversábamos y pensábamos juntos en el sentido de las corrientes, los movimientos, y las obras públicas a las que Gadamer llamaba “Monumenta” e interpretaba como textos incluso si eran edificios, y Derrida llamaba “Escriturales” mientras trataba de Desconstruir los sentidos hegemónicos del poder textual acostumbrado para dejar que aflore, desde ellos mismos, la heterogeneidad de una Diferencia indominable. Vattimo y yo andábamos, a la par, en Debilitar los discursos hegemónicos perentorios, todopoderosos, que no se dejan interpelar porque no se dejan discutir ni permiten la conversación dialogal. Mientras tanto, Vattimo fue elegido

La plaza de la historia

III. Culminaciones dinámicas

Durante la década de los 90, tanto Julio Martínez Calzón en su campo, como yo en el mío, nos dedicamos a trabajar con ahínco en la consolidación de nuestras respectivas vocaciones y profesiones, simultáneamente atendiendo a nuestras familias y círculos de amistades. De modo tal, que los años que siguieron discurrieron, no sin un enorme esfuerzo, por los anchurosos cauces ya trazados por los parámetros antedichos. Yo gané mi Cátedra de Historia de la Filosofía en la UNED en el año 2000 y accedí a un espacio menos angosto que el de la UCM, donde no me dejaban publicar mis libros, en un clima de rivalidad y patriarcalismo muy provinciano; si bien con un alumnado inolvidable y muchos buenos amigos/as entre el profesorado; mientras que en la Universidad a distancia y pública del Estado, reinaba por el contrario, la interdisciplinareidad facultativa y la internacionalidad que yo misma contribuía a fomentar, junto con la necesidad telemática y tecnológica que me permitió cumplir el sueño de hacer Filosofía en Televisión, centrada en el Programa que creé: “Voces del Pensamiento” (TVE2-UNED) que seguimos emitiendo; así como múltiples grabaciones audiovisuales y digitales de enfoque altamente divulgativo para la Filosofía. Todo ello, además de seguir desempeñando la enseñanza universitaria presencial y dar lugar a los numerosos libros (más de veinte) individuales y colectivos que jalonan mi trayectoria hasta el día de hoy. Mientras que Julio desde la plataforma de su Cátedra en la Escuela de Caminos y Puentes UCM-Madrid; a la vez que dirigiendo los equipos del Estudio MC2 de ingeniería, seguía dando lugar a una obra nacional e internacional de impacto extraordinario y de parejo y creciente reconocimiento, situada en la primera línea de una cumbre tan inigualable como hermosa. En ella sobresalen, sin duda, las creaciones y soluciones de ingeniería civil que se concretan en la magna obra pública de sus afamados puentes. Una figura: el puente, que, desde la propia ingeniería de Martínez Calzón, tiende la mano a la arquitectura y a la política (en el sentido amplio de la Polis ciudadana tecnológica y sus fecundas topologías de enlace comunicacional). El año 2006 señala un hito: una marca en estas sendas. Uno de los Wegmarken, como decía Heidegger, donde destacan dos creaciones de ambos, de Julio Martínez Calzón y mías. Por su parte se trata del libro: Puentes Estructuras Actitudes. Donde se recoge una consistente muestra gráfica y reflexiva de su ingente obra y de su pensamiento. Tengo mucho cariño a ese libro (amenizado por bonitos y pequeños dibujos de su propia mano) porque en él, Julio incluye algunas de las páginas de sus esmerados Cuadernos de Filosofía, pulidos a partir de mis Lecciones y de nuestras Conversaciones juntos, seleccionando en concreto las páginas correspondientes a sus estudios avanzados en Filosofía Griega. Y por mi parte, el hito se concreta en investir en ese mismo 2006 a mi maestro Gianni Vattimo como Doctor Honoris Causa de la UNED, siendo yo su Madrina Académica. Con ello, la ontología hermenéutica se consolidó en el mundo entero. Y una vez muerto Gadamer (en el 2002): el padre de la hermenéutica crítica, discípulo de Heidegger; y siendo el Segundo Heidegger seguidor de Nietzsche; y ahora investido Vattimo, discípulo de Gadamer, de Heidegger y de Nietzsche y maestro mío, en España, el trazado genealógico del futuro más atendible de la Filosofía después de Nietzsche-Heidegger se trasladaba desde su cuna en Alemania a La Academia de la Latinidad, abierta a América desde Italia y España, tal y como Vattimo proponía llamar a la Hermenéutica en tanto que nueva Koiné, o nueva comunidad convergente y conversacional del espacio público atento a los debates, consensos y disensos del pensamiento crítico vivo: el interpretativo pluralista pero no relativista, sino enlazado por el límite de las diferencias y los puentes creativos a descubrir entre ellas y sus múltiples combinatorias sinérgicas de sentido composible.

A este acontecimiento siguieron tantas publicaciones, televisiones, congresos, seminarios y encuentros internacionales (presididos en general por Italia y España) en innúmeras universidades del mundo, como se pueda imaginar. Siendo recogidos y documentados sus trabajos y obras por nosotros, en el marco de un Grupo de Investigación doctoral que creamos al efecto en la UNED: ONLENHERES [Ontología. Lenguaje. Hermenéutica], que absorbía al primer Grupo de Investigación de doctorandos y jóvenes doctores que ya trabajaba conmigo y con Vattimo en los Cursos de Estética del Reina Sofía desde los años 80-90, y se denominaba Palimpsestos. Julio Martínez Calzón, estaba en todo ello, claro está, y participaba activamente muy a menudo: siempre que le era posible, con conferencias, escritos, grabaciones y todo tipo de apoyos: desde recabar recursos para los más jóvenes investigadores/as hasta propiciar espacios institucionales y salones exquisitos dentro de los templos laicos de nuestra cultura ilustrada. Un modo de hacer que Martínez Calzón y yo compartíamos por entero, también con Gianni Vattimo y con otras personalidades a quienes nos íbamos encomendando; destacadamente, por ejemplo, la de Ángel Gabilondo, Ministro de Educación, socialista como nosotros y Filósofo, quien en el 2011 funda conmigo en la UNED, la Cátedra Internacional de Investigación en Hermenéutica y Estética Críticas Hercritia, que él mismo preside junto con Vattimo. Una institución que absorbe el trabajo investigador de ONLENHERES y yo dirijo, desde entonces, con la Profesora Ángela Sierra, Decana de la Facultad de Filosofía de la Universidad de La Laguna-Tenerife, hasta el día de hoy. Cuando su Presidencia descansa en Manuel Cruz: brillante filósofo e intelectual, senador y expresidente del Senado de España y nos orientamos al eje Madrid-Barcelona (sin dejar por ello los de Europa, en especial Italia, y Latinoamérica, en especial México) contando con el apoyo extraordinario de Mercedes Boixareu, quien fuera Vicerrectora Primera de la UNED y acaece brindando el exquisito amparo de su inteligente fortaleza en medio de las dolorosas transformaciones que nos ha traído la vida en este año 2023. Cuando Gianni Vattimo ha fallecido el 19 de septiembre, precediendo en tan solo una semana a la muerte de su buen amigo Julio Martínez Calzón, a quien Vattimo apreciaba sobremanera, el día 26 del mismo mes de septiembre. Ambas pérdidas y tan seguidas nos han sumido en una honda, máxima y amarga tristeza. La de Gianni Vattimo, mientras aún era Presidente de Hercritia, y la de Julio Martínez Calzón, fundador y destacado colaborador y miembro investigador de Hercritia desde los días de su creación y a lo largo de toda su andadura. Las condolencias recibidas han llegado desde todas las partes del mundo. Mi duelo por estos dos grandes hombres, amigos míos del alma, es insondable, mi consuelo está en su obra y en darla a conocer con todo mi aliento.

El puente,  desde la propia ingeniería de Martínez Calzón, tiende la mano a la arquitectura y a la política

IV. Conversaciones: acuerdos y disensos

Como se pueden figurar los lectores/as, todos los grandes amigos de verdad conversan. Discuten, intercambian ideas y experiencias de sus vidas. Lo cual se acrecienta si cabe, en el caso de aquellas personas que se entregan a crear su “propia” obra pública y a insertarla en el contexto histórico oportuno regido por la temporalidad del Kairós (esencialmente determinada por la Káris greco-cristiana de la risa, caridad, gracia, donación, oportunidad, propiciamiento…); ese modo crucial del ser del espacio-tiempo, que es propio del Aión o instante eterno. Eterno, porque es un límite divino de plenitud y gracia, que se da y a la cual nada se puede restar ni añadir, pero se ausenta súbitamente, pues en él se cruzan la eternidad inmanente y la muerte trágica, que ya experimentamos en la inmensa alegría y el dolor simultáneos de la vida vivida: de nuestra existencia lúcidamente consciente. Sobre todo, por el dolor y sufrimiento de los que amamos y de su ausencia. Bien, pues, en medio de tales conversaciones que han durado en el caso de Julio y yo, una “vida entera” (síntoma temporal que como dice Aristóteles permite distinguir por medio de tal diferencia de la unidad del tiempo, la amistad verdadera) cabe preguntarse: ¿qué compartíamos y qué no, de qué discutíamos Julio y yo? Lo compartido era perteneciente a ese infinito desbordante de plenitud [Rechtes Umendlichkeit] que ya Hegel diferenciaba netamente del falso infinito extenso indeterminado y confuso [Schlechtes Umendlickkeit], pues compartíamos lo esencial: para empezar, regirse por la prioridad de la Amistad Incondicional y su firme constante lealtad de apoyo y comprensión, anterior ontológicamente a todas las contingencias y avatares de la existencia. Una noción de Amistad y Solidaridad (y hasta de Filantropía, para decirlo ahora con Gadamer-Aristóteles) que basándome en mi propia experiencia puedo decir que comparten por lo general todos los creadores que se inscriben en lo público y transforman para bien el arte y el espacio de lo público. Así ha sido para mí la experiencia de tal modo de Amistad Verdadera, a partir de mi propio padre: Ricardo Oñate y luego con Julio Martínez Calzón, Gianni Vattimo, Ángel Gabilondo; mis Rectores de la UNED, en especial: Ricardo Mairal…  y todas mis grandes amigas, por lo general filósofas o pensadoras y creadoras de obra y responsabilidad institucional excelente y reconocida, que ahora no citaré pues ello me haría abrir otro capítulo matizado, a partir de mi gran Amistad con mi propia madre: María Teresa Zubía y con mi amada hermana Paloma… a quien Julio quería mucho, desde niña, cuando ella entonaba con una voz y sensibilidad maravillosas algunas baladas inglesas medievales que a todos nos deleitaban elevando al cielo nuestras almas poéticas, enamoradas de la música y de ese instrumento incomparable: la voz cantora…  Así pues, Julio y yo compartíamos el sentido rector de la Amistad. Lo cual implica ya una posición racional determinada por la Nóesis o espiritualidad racional suprajudicativa que pertenece a la gratitud del reconocimiento y el legado: Danken-Denken dicen los alemanes: Agradecer-Pensar y Gedanken-Dichten: rememorar-agradecer y poetizar o recrear un mundo mejor para los venideros. Siempre agradecer, pero ¿el qué? Pues, para empezar, agradecer y reconocer, el enlace (lógos, puente) que opera por medio del Bien y la Philía tensado entre sí y por su diferencia la tríada sincrónica que vincula las posibilidades-ausencias distintas del tiempo presente; con las posibilidades-ausencias rememoradas del pensar abierto al pasado; y las posibilidades-ausencias diversas del futuro. Una sincronía enlazada por el “a la vez” de lo posible diferencial entre los éxtasis temporales, que se enlazan entre sí gracias al espacio como cuarta dimensión del tiempo. Un espacio ontológico que actúa desde la gratitud del don y del darse que se oculta (retiene, difiere, se espacia y ausenta) a favor de la efectiva receptividad y concreción destinal del don. Lo que Heidegger llama en Tiempo y Ser (1962) y Arte y Espacio (1964) Verdad ontológica: Alétheia, haciendo sonar la léthe de lo olvidado, callado, velado: inaparente; que se retira a favor del don, como condición de posibilidad de que el fenómeno sea recibido por la Aístheis-Nóesis de la percepción histórica y contextual correspondiente. El filósofo catalán Eugenio Trías lo resumía muy bien cuando decía que la puerta abierta a Heidegger está en comprender que: “La Ausencia es”. Un asunto que, insisto, sobre-determina al juicio dual (bueno/malo, verdadero/falso y sobrepasa a los conceptos y a la Justicia, a los cuales posibilita y se agencia para darse sin reducirse por ello al concepto. Pues la verdad y el bien ontológicos no tienen contrario: se alcanzan o no, como la obra de arte. Y su acción-obra corresponde al pensar propio de la Nóesis del “thêorein tes praxeos” (contemplar participativo y recreativo de las acciones-obras) que viene en apoyo virtual de la fragilidad del bien. Ese bien frágil que busca darse-ocultarse en el acontecer de la obra misma, agenciándose para tal fin, de todas las estructuras judicativas racionales disponibles y de cualesquiera de sus conceptos abstractos materialmente indispensables. En su límite está la última conexión irrebasable entre La Léthe (el olvido y misterio infranqueable de la Alétheia) y la Lichtung como Espacio originario del Despejamiento, anterior a todo darse a la vez de obscuridad y luz, sonido y silencio. Una conexión y dimensión que se alcanza y pliega en la obra de arte técnica y poética, gracias a o porque el ser como límite pone para el pensar-tiempo del ser, la diferencia entre lo posible y lo imposible, en cada caso. Pone el espacio-límite que permite enlazar lo sí posible de los éxtasis temporales reunidos cada vez. Si se le responde con la gratitud del pensar que sí crea sin imponer. Una cuestión de ontología del amor-amistad al espacio que ponen en obra pública los ingenieros-arquitectos, poetas-filósofos, más conscientes y capaces de escuchar e interpretar lo sí posible actualizable, sobre todo cuando se trata de dar lugar al ensamblaje álgido de su conexión: el Logós del Puente. Para lo cual hace falta cultivar (como para toda creatividad) la virtud de la Amistad.    

Pues, como correspondiente a la Nóesis, la Amistad verdadera es espiritual y sobrepasa al juicio. Y a tal condición de Amistad, Solidaridad, Buena Voluntad, Filantropía y Gratitud, corresponde, a su vez, la racionalidad espiritual hermenéutica que subordina el juzgar severo al comprender virtualizante de lo otro y suele dar lugar a caracteres regidos por la bonhomía: la jovialidad; la buena conversación; la buena sociedad y la buena educación; donde las problemáticas del arte, el pensamiento, la ciencia y la técnica, se traducen en ese intercambio amable o crítico, de ideas y experiencias, que presiden la cultura ciudadana social y sus instituciones. Julio era un maestro en todas estas artes de la interpretación social compartida, entre las cuales y entre amigos, se desenvuelve el Lógos como un juego abierto a profundizaciones posteriores. Por esa amabilidad social exquisita le amaban todos cuantos tenían la dicha de conocerle. Y esto que estoy diciendo, no era fácil de hacer en su caso: en el de un hombre de gran conocimiento en casi todas las ramas, disciplinas y virtudes del saber, las ciencias, las artes y las técnicas; incluido el pensamiento crítico y social. Pues la ligereza tan conveniente al juego de la cultura social, a menudo se haya en relación de inversa proporción con respecto al rigor y profundidad del campo cognoscitivo del que se trate; pero Julio era un Humanista y un Ontólogo. Como los sabios humanistas renacentistas y hasta erasmistas: amaba lo humano y la educación estética, culta, cultivada, del hombre y la mujer ilustrados, que contando con esa misma fragilidad del bien compartido (para decirlo ahora con la neoaristotélica Marta Nussbaum) resisten a la violencia de toda barbarie. Todo esto lo compartíamos tanto, que lo hacíamos juntos, participando de consuno en favorecer el bien común y experimentando ese tesoro vivo que está en la raíz de la paideía helena: que tanto más y mejor se piensa cuanto más se piensa; mejor se hace el bien cuanto más se hace; y más se ama lo público y común cuanto más se pone en obra de arte-téchne. Siendo la esencia compartida de todas estas acciones intensivas autoincrementativas ¿el qué?  pues la esencia misma de todo aprendizaje que se resume en el esquema del “learning by doing” intensivo, porque no entraña división sino la unidad-mismidad modal de la obra: En-érgeia que se pone en escena-acción por mor de la obra pública participada, compartida por la comunidad en cuanto el amigo, el público y cualquier modo de philiación reinterpreta transformado el mismo-otro mensaje que se altera y diverge creativamente a través del tiempo. También compartíamos, por lo mismo, en profundidad, el dolor social por los desfavorecidos y excluidos: los más frágiles en cualesquiera de los contextos de integración humana; y ambos, cada uno en su cauce y de mil modos, trabajábamos por la Debilitación de la violencia, para decirlo en las palabras de nuestro común amigo: Gianni Vattimo. De la misma manera que Ángel Gabilondo actuaba eficazmente a favor de que ninguna persona se quedara sin recursos educativos o excluida, debido a sus condiciones económicas o sociales, así como consecuentemente, en llevar la igualdad de oportunidades y de derechos educativos, la salud social y la fraternidad, a un cabal cumplimiento universal y personalizado. Lo cual dibuja exactamente los mismos ideales prácticos de la UNED que alcanza a llevar la Educación Superior a todos los contextos (también de edad, localidad o condiciones fisiológicas) de todas las personas. La sintonía esencial en este punto era también entre nosotros la de una amplia y exigente Ilustración social llevada a cumplimiento. Y ello por igualmente aplicarse a la paideía democrática de una exigencia excelente que transforma lo cotidiano. En tal sentido nos cupo un honor singular y es que mi esposo ingeniero-poeta belga: Wim van Hoye, entrara a colaborar y formar parte de algunos equipos de MC2 y aprendiera directamente, en su Estudio, de la enseñanza viva de Julio, entablando una relación de sólida amistad, al mismo tiempo, con algunos de sus discípulos más amados y creativos, por medio del trabajo conjunto.   

Pero y entonces ¿de qué discutíamos, en qué disentíamos, pues? ¿Cuál era la alteridad y diferencia correspondiente a la mismidad estructural que distingue a “lo mismo” de lo “idéntico”? ¿Qué no compartíamos y de qué sí debatíamos? Estos días, tras la muerte de mi amado amigo Julio, he pensado mucho en ello, como es natural. En la última fase de nuestra memoria conjunta Julio y yo seguíamos reuniéndonos como habíamos hecho siempre, no solo con los numerosos círculos de amigos/as, investigadores, estudiantes y familiares; sino manteniendo la conversación solitaria y serena entre los dos, que no se había visto interrumpida nunca a lo largo de nuestras vidas. De modo tal, que además de las reuniones universitarias en los Cursos de Verano, Congresos y Seminarios: recuerdo sobre todo los de La Granja en Segovia; los de Ávila y Salamanca; pero también los de Tenerife La Laguna, y siempre los muchos Encuentros en Madrid y Barcelona, ya que en éstos se integraban las amenas reuniones científicas y filosóficas que a menudo Julio mismo convocaba como Talleres, por ejemplo, de Ingeniería, Arquitectura y Filosofía, de Música o Poesía, ya en hoteles, ya en su propia casa; y también la celebración de sus Cumpleaños; para los cuales se inventaba juegos ingeniosos, recitales de música y hasta una tómbola en la que nos correspondía a cada un@, al azar,  recitar en público un poema previamente seleccionado por nuestro querido anfitrión. La apuesta de Julio Martínez Calzón por la conversación comunitaria de la buena sociedad como intercambio de ideas y experiencias mediadas por la virtud de las obras o “Monumenta”, interpretaba con sumo buen gusto que el aura de éstas (para decirlo ahora con Walter Benjamin) brilla aún más, como ya he señalado antes, con la atención distraída de la cotidianidad, que a veces  nos envuelve en lo bello y diseña entonces de modo sutil e imperceptible el alma de nuestras intersubjetualidades puestas en común, mediadas por las obras y dispuestas a la intensidad de la interpretación vibrante dotada de una diferencia personal, venida de los otros y  dedicada a los otros… De nuevo aquí, no puedo sino evocar tantas y tantas veladas entrañables como llenarían unos copiosos libros de memorias protagonizados por muchísimos de nuestros amigos y conocidos. La Phylía en su sentido más amplio: desde el histórico cultural e institucional de “las filiaciones” hasta el más próximo: el de los núcleos familiares más íntimos, reinaba en el alma de Julio (muy amigo también de sus propios hijos y luego de sus nietos) como eso que ya era para el mundo griego filosófico: la virtud por excelencia y la condición de posibilidad de la armonización entre las virtudes éticas propias de la Justicia: característica del éthos de las personas bien templadas y educadas; con el superior equilibrio posterior entre éstas anteriores básicas y las virtudes dianoéticas más difíciles, las propias ya del ethos-nóesis cultivado por mor de la Amistad: la ciencia, arte-técnica, la filosofía y la sabiduría o Sophía. Siendo aquí la Sophía o la Amistad superior la virtud de la reunión de todas ellas en las combinatorias mejores de las posibles. Casi parece una descripción “sinfónica” del alma plural y armónica de Julio Martínez Calzón. Aristóteles le llamaba “Eudaimonía”; Felicidad, haciendo explícita la complejidad de armonizar todos nuestros daímones, esos bienes o dioses rectores de nuestros deseos, entre sí. Y enseñaba también que solo el alma espiritual entregada a la obra creativa del bien común y a la amistad verdadera tiene la posibilidad de lograrlo en el máximo grado.    

Pero entonces ¿de qué discutíamos si es que había tal?… En los últimos tiempos de la vida de Julio nos solíamos reunir en una cafetería-restaurante llamada “El Manolo” que está en la Calle Princesa del madrileño barrio universitario de Argüelles, situada a unos diez minutos a pie de donde nos reuníamos desde 1980 para estudiar Filosofía, hace ahora 43 años, en aquel lugar llamado Bruín, en Marqués de Urquijo esquina al Paseo Rosales. Un Paseo muy bonito donde Julio había fijado su última residencia. Pues bien, quizá sea en El Manolo, en esta última fase de la vida de Julio, donde más hayamos sacado a luz las preocupaciones que ya nos hacían diferir desde hacía mucho tiempo en torno a un asunto de fundamental importancia: el problema del Mal. Un asunto complejo donde los haya, que, en nuestro caso, tal y como se comprenderá fácilmente, a partir de todo lo dicho hasta aquí, se declinaba no precisamente en términos morales sino como el “Mal Ecológico de la Naturaleza” y el “Mal Social de la Pobreza en el Mundo”, por decirlo esquemáticamente. Ambos convergíamos de nuevo en el diagnóstico sí, pero no en su aitiología o en la localización precisa de sus causas. Pues para Julio el factor determinante principal se dejaba captar en el abismo entre la política mediocre (y la economía mediocre) y los altos niveles ya alcanzados por el arte y la tecnología. Un abismo que seguía recurriendo a la guerra sin fin y a la violencia atroz para suprimir los conflictos como consecuencia de la no distribución de la riqueza, en vez de apoyar económicamente la investigación y sus aplicaciones para la paz. Yo compartía el diagnóstico, desde luego, pero no sus causas, ya que el desajuste brutal entre las tecnologías de la guerra y las de la paz, bien localizo, sí, se debe en mi interpretación al Antropocentrismo, que olvida a Lo Otro (como límite y alteridad constituyente) del Hombre: la Phýsis viva, soberana, autolegislada, convertida en mero objeto y producto del racionalismo humano (demasiado humano, diría Nietzsche) por el Capitalismo ilimitado de Consumo. Así como olvida a lo Otro divino y sagrado indisponible, superior al hombre, como límite de alteridad constituyente para la libertad de la Razón Instrumental Moderna. Y olvida a lo Otro del Tiempo-Espacio: los pasados posibles no clausurados y sí grávidos de futuro anterior para una Filosofía de la Historia hermenéutica y postsecularizada; así como el derecho de los otros pueblos y culturas animadas del planeta vivo, para una Ecología tecnológica que sí se sabe poética y responsable en cuanto a la Cura o cuidado del ser y la diferencia del misterio inviolable del ser. Pues si la Diferencia Ontológica del ser se reduce al hombre, es el hombre mismo el que se “objetiva” y se convierte en esos meros productos y recursos humanos que se utilizan o desechan para una explotación ilimitada y errática, indiferente, de la vida-muerte. De modo tal, que en mi propuesta de “Cura” para el Mal está en el decrecionismo, la relentitación, la desaceleración… y la desconstrucción del historicismo desarrollista de un Progreso que se ha vuelto ciego y ha de darse ahora la vuelta hacia el límite del ser para que el hombre asuma el cuidado del ser. Tesis propias de la Postmodernidad y la Postsecularización que afectan a la ontología del Tiempo-Espacio y al reconocimiento del límite posibilitante de la Finitud positiva, así como del Transfinito continuo; la pluralidad originaria y el enlace de las diferencias, transformando en menos violentos todos los ámbitos consecuentes y orientados a la posibilidad de la paz.

Tal debate es el de nuestra época: “El tema de nuestro tiempo”, diría Ortega y Gasset. Pero no se deja solo subsumir en meras diferencias generacionales. Los ámbitos afectados han dejado de pertenecer a la racionalidad común, así como a los medios de comunicación. Afectan a la Filosofía de la Historia de Occidente y a la Ontología Estética y Tecnológica del Espacio-Tiempo y las obras de Arte-Técnica Públicas. Tampoco bastan las amplificaciones que brindan “los modelos orientales” para armonizar soluciones individuales psico-físicas. La cuestión muerde en el seno de la esencia de la técnica misma, que, siendo capaz de la Nada Letal y la alienación de las conciencias banales, es capaz también del Cuidado poético (creativo) del ser al que se orienta en cuanto reflexiona en el límite. Julio Martínez Calzón lo sabía. Lo sabía hasta tal punto que en su última fase de gran creatividad emprendió una última obra “monumental” de una belleza extraordinaria, dedicada a investigar y descubrir la Pintura Paisajística del siglo XIX, propia de los varios países y continentes, si no todos, del Mundo. Una investigación posibilitada por nuestros ordenadores y recursos digitales y animada no únicamente por dar a conocer de un modo sistemático las diferencias y convergencias que su estudio registraba entre los distintos lugares y obras, originarios de tales creaciones plásticas; sino concernido a su vez por una genialidad muy elocuente con respecto a todo lo que venimos discutiendo y es esto: como Martínez Calzón da a conocer y prueba en esos volúmenes asombrosos, que, vistas en las pantallas de nuestros dispositivos, tales imágenes visuales adquieren una transparencia e ingravidez tan ligera como la luz-velamiento que el lienzo de materia papel-madera y oleos o aguas, o paredes, decimonónicas, no les dejaba alcanzar por gravarlas de otra manera con un tacto y un peso más opaco. Una investigación estética y tecnológica de la verdad ontológica (desvelamiento) de una inteligencia y relevancia geniales. En “Voces del Pensamiento (TVE2)” le dedicamos un Programa de Filosofía en televisión, que grabamos con Julio en Las Escuelas Pías de la UNED en Madrid. Y tras ello presentamos también con su autor, en la Metalibrería de Madrid, los preciosos libros correspondientes a la parte de esta obra ingente que ya estaba entonces publicada. Ahora, recientemente, me han pedido estos libros en el Museo de Arte de la UNAM-México DF., a partir del interés de unos jóvenes filósofos que tratan la ontología estética, desde el prisma de la poética tecnológica de las obras de arte. Qué apasionante ¿verdad? Hacer visible a los futuros venideros aquello ya pensado por ellos y plasmado en su obra, pero invisible incluso para sus propios históricos creadores a causa de las razones tecnológicas del arte… Sin duda podría verse en este acercamiento ciclópeo de Julio Martínez Calzón a la investigación detallada de la pintura “de la naturaleza” (que no puede preceder al ser del paisaje interpretado y culto, sino que se da en verdad a través del mismo) y de tantos años y años: sus últimos años, volcado Julio sobre este pormenorizado estudio, que en él yace además un secreto y bellísimo homenaje a su esposa María Corral: una de las más excelentes conocedoras de los universos pictóricos del mundo actual; responsable no solo de tantas exposiciones impresionantes como de las destacadas colecciones permanentes que conforman el Reina Sofía, sino de haber conseguido que se trajera bajo su gobierno, no sin ardua polémica, al Gernika del malagueño Pablo Picasso, al seno de este Museo Nacional de Arte Contemporáneo, desde donde la emoción de su canto pictórico a la Paz irradia hacia hasta todo el mundo.      

V. Elogio, Ejemplo y Esperanza

Para terminar estos breves recuerdos de Julio Martínez Calzón diré cuanta esperanza racional nos proporcionaban a ambos los descubrimientos de la Física Nuclear de Fusión como posibilidad de crear la misma energía del sol y las estrellas para alimentar al planeta tierra por síntesis y no por división, por enlace y no por antítesis como la anterior Fisión. Otro camino hacia la racionalidad de la paz que este cultísimo ingeniero español, arquitecto, físico, matemático, científico, artista, tecnólogo, filósofo, poeta, y humanista, nos insta a recorrer bajo el amparo de su ejemplo. El ejemplo de un sabio humanista del Siglo XXI: ingeniero, ontólogo y poeta, que armonizó en su persona ejemplar todas las artes, los saberes y las virtudes de Occidente. Un hombre integral, jovial, guiado por la Amistad y la Solidaridad de una filantropía personal y social tan generosa y portentosa como el legado ingente de sus obras, abriendo el tiempo-espacio desde nuestro ahora estremecido, hacia ese futuro mejor, ya posible, gracias a la existencia de ellas mismas, de esas obras que harán posible que nos pueda sobrevenir y acontecer más plenamente el ser gracias a ellas, en cuanto recibamos y comprendamos la pluralidad enlazada de sus múltiples superficies de inscripción y facetas, así como la reciedumbre titánica de su unidad tallada en lo eterno. Gracias Julio, por tanta belleza.

Porque si contemplamos un largo continuo de luz, esbelto e ingrávido, que se eleva hasta el cielo por los arcos del agua, y salta hasta sus orillas, hondamente afincado en la tierra desde poderosas estructuras de hormigón y de acero, entonces: Es un puente de Julio Martínez Calzón. Un puente de infinita gracia y elegancia que está en la verdad sin contrario (dice Julio reinterpretando la Alétheia de Parménides). Un puente que apenas se curva sosteniendo el firmamento, pero dejando libre la apertura inmensa del espacio que enlaza y mantiene tensados en la distancia diferencial entre sí, a los Elementos del ser. Un puente que se traza tensando intensivamente la eternidad del tiempo por en medio del juego de espejos de su diferencia y posibilidad, para hacer habitable el lugar sobre el rumor de los ríos y los mares de la memoria y el olvido. Sobre el rumor y la resonancia de nuestras evocaciones y ensueños, cumpliendo rigurosamente la tríada del límite que ha explicitado su creador al interpretar con sus propias palabras la encarnación del Espíritu del puente: amparo, contención y dominio. Ayyy Julio… Pero oigamos a Julio Martínez Calzón ahora, para cerrar con su propio verbo esta breve memoria filosófica a él dedicada, en conversación con él, cuando él mismo se expresa poéticamente con el acento de un pensador heideggeriano actual, atenido al acontecer del Misterio del Ser y a su Serenidad (Gelassenheit), como íntimos motivos invocados por el propio poeta-filósofo, por Julio Martínez Calzón, en tantos textos y lugares. Motivos profundos orientadores de su acción creadora, vertidos en la reflexión sobre su origen y esencia, diciendo sobre el Puente

“En su origen piedra o liana hechos arte, que domaron las grávidas leyes para salvar la ancestral corriente o el profundo valle. Luego, milagro técnico de acero, hecho festones para enlazar orillas antes impensables. Hoy, objeto casi sumiso, inmerso en el dédalo de nuestros caminos, siente haber perdido parte de su misteriosa herencia que le unía al demiurgo y a la fábula. Y, sin embargo, anclado en la gran tradición griega del impulso aquietado, de la severa función transformada en belleza, aún conserva la esencia de la serenidad más alta y austera.

Detente hoy sobre uno, o bajo sus ocultas y levitantes fuerzas, para reflexionar acerca del dulce dominio que te ofrece del tiempo y del espacio.

Haber tensado creativamente la materia sobre el río es núcleo de mi vida y yo me soporto en su coraje”.

[En Puentes Estructuras Actitudes. P. 58-59].

¡Qué maravilla!… El impulso aquietado… Hasta siempre Julio Martínez Calzón, tu entrega apasionada al Puente del Lógos (Heráclito) que enlaza en el Límite, porque une y separa, a las únicas posibilidades sí realizables en el tiempo-espacio trágico del instante eterno y sus mundos posibles (Anaximandro); en medio de las fuerzas y potencias dominadas por la creatividad del hombre a favor del estar en la verdad (Parménides-Platón); cuya acción-pensar tecnológico y poético se plasma en la obra comunitaria y ciudadana (Aristóteles); si éste actúa a la escucha de lo abierto y velado del ser-tiempo, su ley y su memoria retornada del mejor futuro anterior (Nietzsche y Heidegger), te hacen también eternos a ti y a tu obra, Oh Julio, y nos muestran a nosotros el camino a seguir. A quienes tanto te amamos, y a todos, ahora y después, los que conserven el poder de admirarse y de saber preguntar y comprender. Pues tenemos poetas, sí. Tenemos filósofos, sí, y hasta filósofos poetas. Éstos son los mejores. Pero no tantos ingenieros, por ahora tenemos, que tiendan puentes, como tú, entre la ingeniería, la arquitectura y la filosofía poética de la creatividad, tensando un arco iris de paz y esperanza entre la tierra y el cielo. Entre los límites-raíces primigenios de nuestra viva memoria histórica (del pensamiento-acción y su puesta en obra de la verdad) y un posible futuro mejor, que nos catapulta y alcanza hasta la energía de las estrellas. Larga vida, Julio Martínez Calzón, querido amigo, seguimos y seguiremos conversando.

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